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martes, 27 de marzo de 2012

Persecución contra los cristianos

Persecución contra los cristianos

Los primeros años de la iglesia estuvieron marcados por una persecución que supieron soportar los creyentes de la Palabra del Señor ofrendando su vida misma.
Durante el período que estudiamos, prosiguió latente el odio de los paganos contra los cristianos. El vulgo persistió en la errónea creencia de que los cristianos se comían a los niños, que aprovechaban la oscuridad para entregarse a desórdenes y que, finalmente, adoraban la cabeza de un asno. A pesar de las virtudes de la vida cristiana, aquellas calumnias acarrearon a los cristianos, durante mucho tiempo, el desprecio de sus adversarios. Con este motivo, escribió Tertuliano:
 
"El odio que la mayor parte de las veces despierta el nombre cristiano llega a tal punto, que hasta hablan de su profesión, como de un crimen:
 
-Cayo Leyo es un hombre virtuoso; pero es cristiano –dicen.
-Parece extraño –dice otro- que un hombre tan prudente como Lucio se haya hecho cristiano…
-¡Parece increíble! Aquella mujer ha sido tan galante y tan despreocupada, y aquel joven tan virtuoso, ambos se han hecho cristianos…
 
Algunos se sacrifican en su interés de satisfacer su propia venganza. Marido hay que, aunque esté seguro de la castidad de su esposa, la repudia, porque al hacerse cristiana, se ha vuelto casta. Padre hay que antes soportaba los desórdenes de su hijo, al cual deshereda ahora que es bueno y obediente. Un amo despide a un esclavo fiel, al que antes de su conversión trataba con cariño…".
 
A pesar del desprecio público y de las persecuciones oficiales, los cristianos eran ciudadanos fieles y pacíficos:
 
"Los cristianos –decía Justino Mártir- estamos dispuestos a todas horas a pagar impuesto ordinarios y extraordinarios que se nos señalen. Obedeciendo al orden del Maestro, en todas partes somos los primeros en efectuar estos pagos (…) Solo adoramos a Dios, pero nos complacemos en honrar a los reyes y a los príncipes del mundo."
 
Y AÑADÍA TERTULIANO:
 
"No podemos por menos que honrar y amar al emperador, ya que sabemos que ha sido investido por Dios. Al mismo tiempo, deseamos el bienestar perdurable del imperio sobre el que reina, puesto que Roma permanecerá hasta el fin del mundo. Debierais, sin embargo, saber que nuestra religión nos inculca una paciencia que procede de Dios. A pesar del número considerable que somos, ya que formamos la mayoría en todas las ciudades, nuestra conducta es tranquila y moderada, por lo cual, se puede afirmar que somos más conocidos individualmente que en colectividad, porque solo se nos reconoce porque hemos dejado nuestros antiguos vicios".
 
Se acusaba a los cristianos de la disimulación de las ofrendas en los templos paganos. Tertuliano respondía de este modo a dicha acusación:
 
"Decís que nadie se atreverá a negar que todos los días se siente la disminución de ofrendas en vuestros templos… Es que nosotros no podemos dar a la vez a los hombres y a los dioses; solo damos a los que nos piden. Si Júpiter alarga la mano, también le daremos algo. Vosotros dais menos ofrenda a vuestros templos, que nosotros hacemos limosnas en las calles. La hacienda pública debe estar agradecida a los cristianos, porque si fuéramos a examinar vuestras declaraciones, nos convenceríamos de vuestros fraudes para con ella; mientras los cristianos, con la misma buena fe que nos impide perjudicar a nadie, pagamos lo que se nos señala. Si se nos acusa de ser inútiles al Estado en un solo punto, en cambio, le recompensamos en los demás".
 
Con este motivo, rechaza con indignación algunas acusaciones de que eran objeto los cristianos, como, por ejemplo, cuando se les declaraba causantes de las desgracias públicas, como también de ser parásitos de la sociedad. Dirigiéndose a sus adversarios, Tertuliano les asegura que cuanto más hagan contra los cristianos, más aumentarán éstos en número y en poder:
 
"Acusáis a los cristianos de todos los desastres y de todas las calamidades. Si el Tiber inunda Roma, si el Nilo deja de inundar los campos, si deja de llover, si hay terremotos, si padecemos hambre o pestilencias, se oye gritar por todas partes: ¡Echad a los cristianos a los leones! Pero, ¿es que antes del nacimiento de Jesucristo no ocurrían tales desgracias?"
 
Y AÑADE:
 
"En nada nos parecemos ni a los brahmanes, ni a los gimnosofistas6 de la India; ni habitantes en los bosques, ni huimos del comercio de los demás hombres. Damos gracias a Dios, Señor y Creador de todas las cosas; nada rechazamos en cuento ha creado, de todo usamos con moderación. Nos juntamos con vosotros en la plaza, en el mercado, en los baños, en las tiendas, en las posadas, en las ferias y en todo lugar necesario para las relaciones sociales. Navegamos juntamente con vosotros, formamos parte del mismo ejército, juntos labramos la tierra (…) Vanos son los triunfos del populacho contra los cristianos.
 
La victoria será nuestra porque preferimos ser castigados a ser infieles a Dios (…) Se nos declara ante los tribunales, porque peleamos por la verdad. Triunfamos, porque conseguimos lo que es objeto de nuestra lucha; nuestro triunfo consiste en complacer a Dios, conquistando la vida eterna. Es cierto que perecemos; pero al morir, nos llevamos lo que es objeto de nuestra ambición.
 
Morimos bendiciendo, y por la muerte escapamos a nuestros enemigos. Ridiculizadnos cuanto os plazca, porque somos atados a los palos y se nos quema como sarmientos. Estos son los instrumentos de nuestra victoria; nuestros adornos y nuestro carro triunfal… Y vosotros, dignos magistrados, cuantos más cristianos inmoléis, más aplausos alcanzaréis del pueblo. Podéis condenarnos, torturarnos y aplastarnos. Vuestra injusticia demuestra nuestra inocencia. Por esta razón, Dios permite que seamos perseguidos (…) Tened entendido que vuestras crueldades son el mayor atractivo de nuestra religión. Cuanto más procuráis destruirnos, tanto más nos multiplicamos; nuestra sangre es la semilla de los cristianos"7.
 
Otra clase de enemigos del Evangelio, aparte de los magistrados, de los sacerdotes y del populacho, fueron los filósofos paganos, que manejaban hábilmente contra los cristianos las poderosas armas del sofisma y del sarcasmo. Anteriormente hemos hecho mención de cómo Cecilio atacaba el cristianismo y defendía el paganismo en el Octavio de Minucio Félix8. Sangrientos impugnadores se sucedieron hasta la época de Constantino…
 
Entre los que escribieron en este sentido durante los dos primeros siglos, distínguese el epícureo Celso9. En el año 160 escribió su Verdadero discurso, el cual es conocido únicamente por la refutación que, un siglo más tarde, hizo del mismo el sabio Orígenes.
 
Entre las críticas de Celso a la doctrina cristiana, en la obra de Orígenes Contra Celso, es curiosa la que dirige contra los predicadores del cristianismo y contra sus oyentes. En términos falsos e injustos, las más de las veces, da testimonio de la verdad cristiana, tanto más de admirar, cuanto que ese testimonio… He aquí cómo describió a los evangelistas:
 
"Son gentes sin reputación, que se atreven a llamarse inspirados. Van de ciudad en ciudad, y con sus declaraciones llenan los templos y las plazas públicas; se introducen en el ejército, haciendo cuanto les es posible para llamar la atención de todos. Dicen:
 
Yo soy Dios, soy el Hijo de Dios, soy el Espíritu Santo. El mundo perecía y yo he venido a salvarle. Vosotros. Que me oís, moriréis a causa de vuestros pecados. Quiero salvaros; ya volveré revestido con el poder divino. Bendito será el que me honre. En cuanto a los que no me hacen caso, ellos y sus casas serán destruidos por el fuego eterno. Los que desconocen los castigos que les esperan, entonces se arrepentirán y se lamentarán en vano. En cambio, los que han sido fieles gozarán de la vida eterna.
 
Para esta propaganda se sirven de palabras ininteligibles, con las que aquellos impostores pretenden apoyar sus perversos designios"10.
 
LUEGO AÑADE:
 
"En general, los que desean hacer prosélitos para cualquier misterio religioso empiezan por decir que los que quieran participar de la nueva religión deberán ser puros de toda la inmundicia, tener un alma inocente y llevar una vida íntegra. Entre los cristianos, sucede lo contrario: llaman a los pecadores, a los simples, a los niños y a los desgraciados, a los cuales ofrecen el Reino de Dios. ¿Sabéis quiénes son estos pecadores? Pues son gente injusta, ladrones, envenenadores, sacrílegos, profanadores de sepulturas".
 
A lo cual, responde Orígenes con las palabras del Evangelio:
 
"…los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos" (Mt. 9:12).
Celso acusa, además, a los cristianos de decir a menudo a sus discípulos:
"No examinéis; creed solamente: la fe os salvará. La sabiduría del mundo es locura; y la locura de la fe es sabiduría".
 
A lo cual contestó Orígenes que lo mejor sería que todos pudieran abandonar sus quehaceres para consagrarse al estudio de la sabiduría…
 
"…pero, ya sea por las necesidades de la vida, ya sea por las debilidades humanas, lo cierto es que son poco los hombres que pueden dedicarse y realmente se dedican a este estudio. En estas circunstancias, ¿no es preferible que muchos hombres, que antes vivían en el pecado, hayan sido purificados por la fe, aunque no se hayan dado cuenta exacta de ello, ni hayan tenido tiempo, ni medios, para hacer un profundo estudio de las razones en que se apoyan?".
 
Entre los filósofos enemigos del cristianismo, hay que mencionar también a un amigo de Celso, Luciano de Samosata, que se esforzó en ridiculizar a los cristianos en su libro "La muerte de Peregrino". Solo mencionamos este escrito por las afirmaciones que hace el autor sobre la fe y las virtudes de los cristianos:
 
"Estas pobres gentes se imaginan ser inmortales; por eso, lo desprecian todo, incluso la muerte, ofreciéndose voluntariamente para el suplicio. Su legislador les ha convencido de que son todos hermanos, de que deben abandonar a nuestros dioses, adorar al crucificado y seguir sus leyes. En ellas, aprenden a despreciar las riquezas terrestres y a practicar la comunidad de bienes, cuyas órdenes acatan sin darse cuenta de ellas, ni razonar los motivos en que se fundan".

miércoles, 1 de febrero de 2012

Juan Bunyan

Juan Bunyan
"Caminando por el desierto de este mundo, paré en un sitio donde había una caverna; allí me acosté para descansar. Pronto me quedé dormido y tuve un sueño.
Vi a un hombre cubierto de andrajos, de pie y dando la espalda a su habitación, que llevaba una pesada carga sobre los hombros y en las manos un libro". A pesar de que sus padres eran muy pobres, consiguieron que aprendiera a leer y a escribir.
 
El mismo se llamó "el principal de los pecadores".Se casó con una joven cuya familia entera eran cristianos fervorosos. Bunyan era hojalatero y por lo tanto pobrísimo. Ella no poseía ni un plato, ni una cuchara, solamente tenía dos libros: "El camino al Cielo para el hombre sencillo" y "La práctica de la piedad", obras que le dejó su padre al fallecer. Bunyan solo encontró en los cultos la convicción de ir camino al infierno.Había leído una obra de los "Ranters" y entonces cuenta que oró fervorosamente:
 
"Oh Señor, no sé juzgar entre el error y la verdad. Señor, no me dejes solo en esto de aceptar o rechazar esta doctrina ciegamente; si es de Dios, no me dejes despreciarla; si es obra del diablo, no me dejes abrazarla"- y alabado sea Dios por haberme guiado a clamar desconfiando de mi propia sabiduría, y por haberme guardado del error de los "Ranters"-Bunyan cuenta por sí mismo lo siguiente: 12"Durante el tiempo en que me sentí condenado a las penas eternas, me admiraba de cómo los hombres se esforzaban por conseguir los bienes terrenales, como si esperasen vivir aquí eternamente...
 
Si yo hubiese tenido la seguridad de la salvación de mi alma, cómo me sentiría eternamente rico, aun cuando no tuviese para comer más que frijoles"."Busqué al Señor, orando y llorando, y desde el fondo de mi alma clamé: 'Oh Señor, muéstrame, te ruego, que me amas con amor eterno'. Entonces escuché repetidas mis palabras, como en un eco: 'Yo te amo con amor eterno'. Me acosté y, al despertarme al día siguiente, la misma paz inundaba mi alma. El Señor me aseguró:
 
'Te amé cuando vivías en pecado; te amé antes, te amo después y te amaré siempre'."Cierta mañana, mientras yo oraba temblando porque pensaba que no obtendría una palabra de Dios para consolarme, El me dio esta frase: 'Te basta mi gracia'."Mi entendimiento se llenó de tanta claridad, como si el Señor Jesús me hubiese estado mirando desde el cielo a través del tejado de la casa y me hubiese dirigido esas palabras. Volví a mi casa llorando, transportado de gozo, y humillado hasta el polvo".
 
"Sin embargo, cierto día, mientras caminaba por el campo, con mi conciencia intranquila, repentinamente estas palabras se apoderaron de mi alma: 'Tu justicia está en los cielos'. Con los ojos del alma me pareció ver a Jesucristo sentado a la diestra de Dios, que permanecía allí como mi justicia...
 
Además vi que no es mi buen corazón lo que mejora mi justicia, ni lo que tampoco la perjudica; porque mi justicia es el propio Cristo, el mismo ayer, hoy y para siempre. Entonces las cadenas cayeron de mis tobillos: quedé libre de mis angustias y las tentaciones que me acechaban perdieron su vigor; dejé de sentir temor por la severidad de Dios y regresé a casa regocijándome con la gracia y el amor de Dios. No encontré en la Biblia la frase:
 
'Tu justicia está en los cielos', pero hallé: 'El cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención' (1 Corintios 1:30), y vi que la otra frase era verdad"."Mientras así meditaba, la siguiente porción de las Escrituras penetró con poder en mi espíritu: 'Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia'. Así fui levantado a las alturas y me hallé en los brazos de la gracia y de la misericordia. Antes temía a la muerte, pero después clamé: 'Quiero morir'.
 
La muerte se volvió para mí una cosa deseable. No se vive verdaderamente antes de pasar a la otra vida. ¡Oh, pensaba yo, 'esta vida es apenas un sueño en comparación con la otra!'.Después de su conversión sintió un deseo grande de predicar el evangelio a todos los hombres necesitados, pues había comprendido el gran valor de los tesoros que Dios les ofrece a los hombres a través de su gracia.
 
En su ministerio empezó a cosechar éxitos y sus problemas con el enemigo de nuestras almas comenzaron, primero al atacarlo con la tentación de la vanagloria y al no dar resultado estos ataques se empezaron a esparcir rumores por todo el país de que Bunyan era un hechicero, jesuita y contrabandista, y además que vivía con una amante y tenía dos mujeres y que sus hijos eran ilegítimos.A pesar de estos grandes ataques Bunyan no desistió de la predicación del evangelio y la búsqueda de la salvación de los hombres. Entonces inició el ataque más fuerte del maligno.
 
Bunyan fue acusado de no observar los reglamentos de la iglesia oficial. Debido a esto las autoridades civiles de Inglaterra lo sentenciaron a prisión perpetua, hasta que jurase que no volvería a predicar nunca más.Un año antes de caer preso Bunyan hizo su oración principal: "Fui guiado a orar, a pedirle a Dios que me fortaleciese 'con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad, con gozo dando gracias al Padre'. Además fue llevado a considerar seriamente el pasaje "Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos".
 
En la prisión se fortaleció en el poder de Dios de manera que estaba dispuesto a sufrir cualquier castigo por la causa de Cristo. Veía que con toda probabilidad que en cualquier momento podía ser azotado o torturado en una picota. Temía el destierro, que lo llevaría a ser separado de sus seres queridos; su esposa y sus hijos. Especialmente sufría por la suerte que correría su hijita ciega.A pesar de todo meditaba en el horror del castigo eterno que correrían aquellos que se negaran a glorificar a Cristo y de su deber de dar testimonio de Cristo a pesar de todo. Más pensaba en la gloria que Cristo prepara para aquellos que con amor, fe y paciencia daban testimonio de El. Cuando le ofrecían su libertad a cambio de que nunca volviera a predicar el contestaba:
 
"Si hoy saliese de la prisión, mañana comenzaría a predicar, con la ayuda de Dios".Bunyan pasó 12 años en la cárcel. Un cuáquero llamado Whitehead consiguió que lo liberaran con la ayuda de Dios, Después de ser liberado continuó predicando con gran éxito en varias ciudades de Inglaterra. Continuó su ministerio fielmente hasta la edad de sesenta años, cuando fue atacado de fiebre y murió.Algunas de sus obras escritas son las siguientes: "Gracia abundante para el principal de los pecadores", "Llamado al ministerio", "La conducta del creyente", "La gloria del templo", "El pecador de Jerusalén es salvo", "Las guerras de la ciudad de Alma humana", "Vida y muerte del hombre malo", "El sermón del monte", "La higuera estéril", "Discursos sobre la oración", "El viajero celestial", "Gemidos de un alma en el infierno", "La justificación es imputada" y el libro más vendido después de la Biblia "El peregrino".