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lunes, 6 de agosto de 2012

El Cielo para Mañana

El Cielo para Mañana

¡Vamos ahora! Los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año… cuando no sabéis lo que será mañana. – Santiago 4:13-14.
Con la expresión «cielo cubierto» o «cielo despejado» a menudo la radio anuncia el tiempo previsible para el día siguiente. Pero, hay otro cielo que sería necesario observar. Algunas gotas de lluvia e incluso un tiempo no muy clemente en general no tienen una importancia vital. Pero no preocuparse por este otro cielo y por lo que Dios previó puede acarrear trágicas consecuencias.
En un porvenir más o menos cercano cada uno tendrá que rendir cuentas de su vida y de la respuesta que dio a la salvación ofrecida por Dios. Jesucristo murió en la cruz para que el porvenir del ser humano no estuviese cargado de incertidumbre. El creyente sabe que Cristo abrió el camino hasta Dios y que le prepara un lugar en su maravillosa presencia.
A veces las predicciones meteorológicas no se confirman, e incluso fallan. En cambio lo que la Palabra de Dios declara es infalible.
Si no escuchamos el pronóstico meteorológico podemos decir: –Ya veremos mañana. En cambio, el asunto de nuestro porvenir eterno es demasiado serio para que permanezcamos indiferentes.
Al contrario de todos los seres humanos, Dios conoce el porvenir y en consecuencia puede hablar de él. Lo que dice se cumple invariablemente. Es, pues, indispensable que usted inquiera acerca del cielo para mañana, es decir, que se preocupe por su eterno porvenir y por su relación con Dios. Para ello lea la Biblia, la revelación de Dios.

Fuente:amen-amen.net

miércoles, 11 de julio de 2012

Las Consecuencias del Desánimo

 

Santiago 1:2-4 “ Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.
El desánimo es una de las armas más efectivas de Satanás; él sabe que si puede destruir nuestro ánimo, seremos inútiles en el logro de algo para Cristo. Veamos la espiral descendente creada por esta fuerza destructiva.
 
Una señal de desánimo es una mente dividida. Este desenfoque básico afecta todas las áreas y cada decisión. No importa lo que usted haga, siente como si una nube oscura estuviera cubriendo toda su mente.
 
El desánimo lleva también al “juego de la culpa”, en el que sentimos una profunda necesidad interior de acusar a alguien. Usted querrá reprender a Dios, porque ha permitido circunstancias dolorosas en su vida, o culpará a otros por la manera como lo tratan a usted. Quizás usted mismo se sienta culpable por las malas decisiones o los errores cometidos en el pasado.
 
Pero culpar a otros de nada sirve. Tratar de descargar la responsabilidad en los demás por los problemas que hay en su vida, jamás ha servido para nada.
 
El enojo es otra señal común de que alguien está desanimado. Cuando esto ocurre, el disgusto puede desarrollar un espíritu de venganza, y finalmente llevar al desquite. Si usted permite que el enojo crezca, sin resolverlo, el mismo se convertirá fácilmente en depresión. En este caso, el resentimiento actúa como un cáncer que se esparce lentamente y destruye toda la vida.
 
Las conductas antes descritas no son las que uno esperaría de un seguidor de Cristo, ¿verdad? Sin embargo, son demasiado evidentes entre los cristianos. Pídale al Padre celestial que escudriñe su corazón, le muestre cualquier señal de estas destructivas semillas, y evite que ellas traigan desánimo a su vida.
 
Fuente:Reflexiondevida.com