viernes, 23 de marzo de 2012

*Más de 700 niñas menores de 10 años fueron “casadas” en Irán *

En Irán, 716 niñas menores de 10 años contrajeron matrimonio en 2011, según datos ofrecidos por la Oficina de Registros Civiles, que también indica un espectacular incremento de enlaces matrimoniales de adultos con niñas menores de 15 años

Farshid Yazdani, miembro de la Asociación para la Defensa de los Derechos del Niño, ha declarado que está aumentado el número de niñas menores de 10 años obligadas a contraer matrimonio.

Según la activista en 2009 fueron casadas 449 niñas y 716 en 2011. En Irán, es lícito contraer matrimonio pedófilo con una niña de 9 años si se cuenta el consentimiento del padre, ya que Mahoma, como indica un hadiz, mantuvo relaciones sexuales con Aisha, su esposa predilecta, cuando ésta tenía 9 años de edad, según informa Minuto Digital.

Ha añadido Yazdani en su informe, siempre basándose en datos oficiales, que el porcentaje de niñas casadas menores de 15 años se ha incrementado en un 45%. En 2006 fueron consideradas aptas para el consumo sexual 33. 383 menores de 15 años; en 2007 la cifra superó los 35.996 casos y en 2011 el número de este tipo de transacciones ascendió a 45.459.

Mahoma, que encarna la perfección moral para los mahometanos, tuvo un sueño en el que Alá le indicó que debía casarse con Aisa. Y el Profeta cumplió la sórdida ocurrencia divina cuando frisaba los sesenta años de edad, aunque él, por supuesto, únicamente violó a niña de nueve años porque Alá así lo dispuso. Al-Bujari relata el hecho en uno de sus hadices:

Y de los tiempos del pedófilo Mahoma llagamos a la era de la República Islámica de Irán, donde los ayatolas siguen avalando en el siglo XXI la repugnante violación de niñas, como hizo Jomeini cuando indicó a los padres:”No dejéis que vuestras hijas tengan el primer sangrado en casa”.

Combatimos la pedofilia y el abuso de menores en Filipinas o Tailandia; perseguimos en Occidente a los indeseables que intercambian vídeos y fotografías de carácter pedófilo por Internet, sin embargo, obviamos, no se sabe por qué oculta razón, que tal perversión está institucionalizada en el mundo islámico. Tal vez sea necesario recordar al hipócrita Occidente, “defensor” a ultranza de los Derechos Humanos, que la condición humana de una niña filipina, iraní, saudí o yemení es la misma. Agencias/MD

Echa tu Pan a las Aguas

“Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás. Reparte a siete, y aún a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra.”
Mayordomía, a veces la palabra cansa y a veces no reflexionamos en ella, a veces evadimos el tema de tantas veces que lo hemos oído y otras simplemente debemos reconocer que no la ponemos en práctica como se debe. Usualmente la asociamos a los diezmos y ofrendas, al tiempo dedicado a Dios y a la obra… pero más allá de ello, hay una mayordomía que posiblemente no hayas escuchado mucho.
“Echa tu pan sobre las aguas…” Que te parece si lo ves como si Dios te pidiera que usemos los talentos que él nos ha dado, que echemos nuestro “pan” en las aguas, que lo multipliquemos y perfeccionemos de manera tal que una vez nuestros talentos hayan llegado a su máximo esplendor (“después de muchos días lo hallarás…”) sean usados para bendecir, para impactar las vidas de otros y disfrutar de ellos con todo lo bueno que podamos hacer. (“Reparte a siete, y aun a ocho…”)
Una característica del pan es que al caer al agua se esponja y se vuelve más grande y si te lo comes en ese estado te sentirás mas lleno al comértelo. El agua para nuestros talentos será la práctica y el aprender a usarlos para hacer el bien, al terminar no solo nos sentiremos más plenos sino también mas preparados para utilizarlos para lo mejor.
Si utilizamos nuestros talentos para hacer bien seremos instrumentos de bendición, no solo para los demás sino para nosotros mismos. El propósito de tener un talento especial en una o más áreas no es para que lo guardemos y los escodamos sino para que logremos cosas grandes y maravillosas con ellos. Nunca permitas que nada ni nadie te impida desarrollar tus talentos al máximo y hacer el bien con ellos. ¡No hay talento que no valga la pena! Y esto es parte de nuestra buena mayordomía como cristianos y seres humanos, proteger y perfeccionar nuestros talentos.