viernes, 23 de diciembre de 2011

Las anunciaciones

Las anunciaciones
“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios… y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.”Lucas 1:30-31.
 Lucas 1:5-38; Mateo 1:18-25
Sería de extrañarse que un suceso tan trascendental como el nacimiento del Mesías no hubiera sido anunciado clara y específicamente por Dios. “Sus detalles, que eran de carácter sobrenatural, necesitaban una aclaración que también fuera sobrenatural; de lo contrario, no habrían sido dignos de creerse”. Los evangelios presentan tres anunciaciones, dirigidas respectivamente a Zacarías, a María y a José. Lucas relata las dos primeras, y Mateo relata la tercera. Lucas menciona el nombre del ángel, Gabriel (“varón de Dios”); en cambio, Mateo se limita a decir: “Un ángel del Señor”.
 
1. La anunciación del nacimiento del precursor(Lucas 1:5-25). El nacimiento de Juan es anunciado con palabras casi tan majestuosas como las reservadas a Jesús. Esto se debe a que Juan fue el heraldo del Mesías, el vínculo entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, el hombre más grande de su época (Lucas 7:28). No obstante, Lucas añade a la narración diversas profecías relativas a la singular importancia de Jesús (Lucas 2:22-38), y de esta forma señala la trascendencia de su persona y misión.
 
Zacarías y su esposa Elisabet vivían en la región montañosa situada al sur de Jerusalén. Pertenecían al linaje sacerdotal y eran devotos miembros de la antigua dispensación. Su vida intachable y su piedad no los habían eximido de pesares, ya que no tenían hijos y eran ancianos. Además, en aquellos tiempos se creía que la esterilidad era evidencia de que la pareja no había agradado a Dios.
 
En cierta ocasión, le tocó en suerte a Zacarías entrar en el lugar santo del templo para quemar incienso sobre el altar a la hora  de la oración. Es probable que fuera su única oportunidad de actuar como sacerdote, puesto que el oficio sacerdotal era hereditario y había unos veinte mil descendientes de Aarón. No todos podían servir en el  templo, de modo que era necesario escoger a la suerte a quienes lo harían. Se permitía que un sacerdote oficiara en el santuario una sola vez en su vida, por lo cual esta ocasión debe haber sido el momento supremo en su vida, por lo cual esta ocasión debe de haber sido el momento supremo en la existencia de Zacarías.
 
Al elevarse la nube de incienso, símbolo de que eran aceptadas las súplicas de los adoradores, se le apareció un ángel al anciano sacerdote. Le aseguró que su petición había sido escuchada y que su esposa daría a luz un hijo. ¿Le pidió Zacarías a Dios que le diera un hijo? La incredulidad que manifestó el anciano al reaccionar parece desmentir tal interpretación. Es probable que orara por la redención de Israel; esto es, por la venida de Cristo. Cuando el ángel habla del nacimiento del precursor, lo relaciona con la próxima aparición del Mesías, cumplimiento de la súplica que estaba en el corazón de todos los israelitas piadosos.
 
El hijo prometido se llamaría Juan (“Jehová da gracia”), y prepararía el camino para la venida del Señor. Sería nazareo, y por tanto, apartado para servir a Dios; además, el Espíritu lo capacitaría para cumplir su misión. Su gran tarea sería nacer que los corazones de los hombres se volviesen a Dios. Actuaría “con el espíritu y el poder de Elías”, el cual se destacó por su valentía, fogosidad y severidad en su lucha contra el pecado. La expresión “para hacer volver los corazones de los padres a los hijos” (versículo 17) parece significar que haría volver a los descendientes de los patriarcas a su antigua fe.
 
Este anuncio era demasiado bueno para que Zacarías lo creyera inmediatamente, por lo que pidió una confirmación. El ángel le respondió dándole su nombre, su misión y una señal. Esta sirve a la vez de censura y de bendición. Gabriel, que así se llama el ángel, censura la incredulidad del sacerdote, y al mismo tiempo fortalece su fe para que reciba la promesa. Su lengua permanecerá muda hasta que se cumplan las palabras del ángel; entonces prorrumpirá en una jubilosa acción de gracias.
 
Pronto comienza a cumplirse la promesa de Gabriel. Elisabet se oculta cinco meses, probablemente porque no quiere que la vean hasta que sea obvio para todos  que Dios le ha quitado su esterilidad y ha cumplido su promesa.
 
2. La anunciación a María del nacimiento de Jesús(Lucas 1:26-38). Al leer este pasaje, tenemos que exclamar con el Apóstol: “Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad”. Con gran dignidad y exquisita delicadeza, Lucas narra el anuncio del ángel referente al nacimiento de Jesús. Esta vez no se aparece en Jerusalén, sino en una oscura aldea de Galilea; no en un magnífico templo, sino en un humilde hogar. La predicción encierra la culminación de las profecías del Antiguo Testamento y “revela el misterio supremo de la fe cristiana; a saber, la naturaleza de nuestro Señor, humana y divina a la vez”.
 
Era necesario que María supiera lo que le iba a pasar. Estaba comprometida con José. En aquellos tiempos el compromiso duraba un año, y durante este período eran considerados marido y mujer, aunque aún no convivían. El compromiso era tan serio como el mismo matrimonio, y sólo el divorcio lo podía disolver (véase Deuteronomio 22:20-24). El anuncio le presentó a María un problema delicado. ¿Qué pensaría José de su embarazo?
 
“¡Salve(o “te saludo”), muy favorecida!” es la traducción correcta de la salutación de Gabriel. La traducción “llena de gracia”, que se encuentra en algunas versiones de la Biblia, insinúa que María es “una fuente de gracia”, algo que es contrario al sentido de la expresión del ángel. María fue alguien que recibió el favor divino; no una fuente de la gracia para dispensarla a los demás. La gracia que recibió consistía en haber sido elegida para ser la madre del unigénito Hijo de Dios, privilegio singular que ha hecho de ella la más bendita entre todas las mujeres.
 
María sintió temor ante el mensajero celestial. En su modestia, le extrañaban los elogiosos términos del saludo, pero la sorprendió mucho más el anuncio de que concebiría y daría a luz un hijo, a quien pondría por nombre “Jesús” (nombre griego que es equivalente al hebreo “Josué”, el cual significa “Jehová es salvación” o “Salvador”). Este hijo sería el heredero del trono de David, pero no se trataría de un simple rey terrenal adoptado por Dios, sino del “Hijo del Altísimo”, y su reinado sería eterno.
 
No debemos considerar la pregunta de María (versículo 34) una expresión de incredulidad, como el caso de Zacarías. Es probable que ella entendiera que iba a concebir de inmediato, y no comprendiera cómo iba a ser esto posible sin la intervención de un varón. El ángel le explicó que el Espíritu Santo vendría sobre ella, como la nube de gloria había descendido sobre el antiguo tabernáculo de Israel, y que su hijo sería “santo” (esto es, no heredaría la naturaleza caída de la que participa todo el resto de la humanidad). María concebiría por un acto creativo del Espíritu en su cuerpo. Como confirmación de sus palabras, Gabriel le refirió el milagro ya experimentado por su parienta Elisabet.
 
La fe y la sumisión de María son hermosas. Esta sencilla doncella se considera como la esclava del Señor, y está dispuesta a obedecerlo, aunque sabe que estará expuesta a los chismes de sus vecinos, al malentendido de su novio e incluso a un posible repudio por parte de él. Sin embargo, los que confían en las promesas de Dios se someten a su voluntad y miran más allá del oprobio; así alcanzan por fe la gloria venidera. María sería la madre del Hijo de Dios. No cabe duda alguna de que el nacimiento virginal es un concepto difícil de armonizar con los procesos biológicos conocidos. Sin embargo, ¿acaso la ciencia lo sabe todo? Lo cierto es que el nacimiento virginal no es un obstáculo más formidable a la fe que la resurrección de Cristo, y la ciencia tampoco puede explicar este fenómeno.
 
La negación de la doctrina de la encarnación tiene por consecuencia la creación de un misterio aun más grande. ¿Cómo se podría explicar satisfactoriamente el lecho incontrovertible de que Jesucristo no cometió pecado alguno? ¿Cómo explicar que Él es el Dios-hombre? Además de esto, si podemos aceptar el milagro de la encarnación, ¿hay razones para que nos cueste aceptar los medios sobrenaturales que empleó Dios en su realización? Dios sí puede hacer milagros. Si no pudiera, dejaría de ser Dios.
 
3. El cántico de María(Lucas 1:39-56). Mientras oía el anuncio del ángel, crecieron en el interior de María una gran cantidad de extraños sentimientos. Quería compartir la noticia con una persona muy allegada, alguien de su propio sexo que la creyera y comprendiera su situación. Tal vez estuviera ansiosa también de confirmar lo que había dicho Gabriel acerca de su parienta. Por eso se apresuró a ir hasta la casa de Elisabet, aunque el viaje era algo largo.
 
Cuando Elisabet oyó la salutación de María, la criatura que llevaba en su vientre saltó de gozo, y ella fue llena del Espíritu, comenzando a hablar en lenguaje profético. Sólo por revelación del Espíritu pudo ella tener tan asombroso conocimiento de la concepción sobrenatural de Jesús, lo cual sirvió para confirmarle a María el mensaje del ángel.
 
El cántico de María en esta ocasión recibe el nombre de “Magníficat”. Esta es la primera palabra de  su versión en latín, traducida por la palabra “engrandece” en castellano. El himno está saturado de citas del Antiguo Testamento y sigue la pauta del cántico de Ana (1 Samuel 2:1-10). Está dividido en cuatro estrofas.
 
a)Alaba a Dios por haberla bendecido (versículo 46-48). ¿Se glorifica María a sí misma en este grandioso cántico? Por el contrario, afirma que todas las generaciones la llamarán bienaventurada; esto es, feliz o afortunada. Se maravillan de que una persona tan poco importante e indigna haya sido escogida por Dios para ser la madre de su Hijo.
 
Al mismo tiempo, se reconoce como una persona que conoce el pecado, puesto que llama a Dios “mi Salvador”. Un gran teólogo de la Edad Media sostuvo que si Dios es el Salvador de María, eso quiere decir que la salvó del pecado; por tanto, María no era incapaz de pecar, ni había sido concebida inmaculada.
 
b) Alaba a Dios por su poder, santidad y misericordia eterna (versículos 49, 50). Se regocija en la grandeza del poder que Él ha manifestado con ella y en la misericordia que ha mostrado para con su pueblo a lo largo de los siglos.
 
c)Alaba a Dios, porque su misericordia y su juicio se extienden a toda clase de personas (versículos 51-53). Esta parte del himno respira un espíritu de innovación total. El hecho de que Dios escogiera a una humilde doncella, comprometida con un pobre carpintero de Nazaret era algo ciertamente inusitado. María lo interpretó como indicio de que Dios estaba respondiendo a las injusticias y tristezas del mundo; como una señal de que Él transformaría el orden religioso y social imperante en aquellos tiempos. Sus palabras revelan una clara visión profética de los tiempos mesiánicos (véase Daniel 2:34, 35, 44). Estas profundas transformaciones suceden también en el tiempo presente, cada vez que los hombres deciden creer y servir a Cristo.
 
d) Alaba a Dios porque ha bendecido a Israel(versículos 54 y 55). Esta parte del cántico “subraya la fidelidad de Dios a sus antiguas promesas, que María ve cumplidas en el nacimiento de su Hijo” Con todo, María no piensa solamente en la gracia de Dios sobre Israel, sino que también ve la gracia que toda la humanidad alcanzará por medio de su pueblo (véanse Génesis 12:3; 22:18).
 
4. El anuncio del ángel a José(Mateo 1:18-25). El relato de Mateo en cuanto al nacimiento de Jesús es completamente independiente de Lucas. Este narra la historia desde el punto de vista de María, mientras que Mateo lo hace desde el punto de vista de José. Sin embargo, ambos evangelistas concuerdan en atribuir la concepción de Jesús a la obra del Espíritu Santo en María.
 
No transcurre mucho tiempo antes de que José observe que María está en cinta. Como están desposados, considera la infidelidad como adulterio. Podemos imaginarnos la desilusión y la pena que siente José. Como es un hombre bondadoso y no quiere armar un escándalo, resuelve separarse secretamente de su prometida, pero Dios interviene, enviándole un ángel que le habla en sueños. Con profundo respeto y delicadeza, el ángel le revela a José el misterio.
 
En este relato se notan dos de los temas centrales en el evangelio de Mateo: Jesús es Rey, y el Rey es rechazado. José piensa repudiar a la futura madre del rey, y el ángel se dirige a él llamándolo “José, hijo de David”, con lo cual hace hincapié en el linaje real y mesiánico del futuro padre legal de Jesús.
 
María dará a luz un hijo, y José le debe poner por nombre Jesús. Este había sido el nombre de Josué, el sucesor de Moisés que había conducido al pueblo a través del Jordán y había conquistado Canaán. Sin embargo, este nuevo Josué sería más que un libertador militar. Su misión no sería liberarnos de la opresión política y económica, sino “salvar a su pueblo de sus pecados”; es decir, de la culpa y el poder esclavizador de su maldad. ¿Quiénes forman “su pueblo”? ¿Sólo Israel? A luz del Nuevo Testamento vemos que no se limita a los judíos, la raza escogida. Su pueblo está formado por todos aquellos que pertenecen a Dios. De esta forma, desde el primer momento se le promete a este niño que tendrá  su propio pueblo.
 
A continuación, el evangelista señala que las misteriosas circunstancias que han perturbado a José no son tan sensacionalmente nuevas como éste ha pensado. Cita Isaías 7:14 para demostrar que el nacimiento virginal había sido profetizado unos setecientos años antes. Agrega también un segundo dato que proporciona el profeta: un nombre que es tan profundo y rico como el nombre de “Jesús”: “Emanuel” (Dios con nosotros). Su concepción sobrenatural ha tenido por consecuencia que ahora Dios está con nosotros en la persona de Jesucristo. De esta forma, el nombre “Jesús” señala su misión, mientras que el título “Emanuel” habla de su naturaleza divina.
 
Al despertar, José hace lo que se le ha encargado. Toma a María por esposa, pero no viven como esposos hasta que ella da a luz a su hijo (Mateo 1:25). Luego llevan una vida conyugal normal y tienen varios hijos: Jacobo, José, Simón y Judas, además de algunas hijas (Mateo 13:55, 56; Juan 7:3-5).

Jesucristo no nació un 25 de diciembre

Jesucristo no nació un 25 de diciembre
Un análisis cuidadoso de la Biblia nos indica claramente que el 25 de diciembre es una fecha muy poco probable para el nacimiento de Jesús.
 LAS PRUEBAS BÍBLICAS DEMUESTRAN QUE JESUCRISTO NO NACIÓ UN 25 DE DICIEMBRE
 La historia nos demuestra de manera muy convincente que el 25 de diciembre fue adoptado como la fecha de la Navidad, no porque Jesús haya nacido en ese día sino porque ya era una celebración pagana muy popular en honor al “nacimiento” del sol.
 
Pero ¿existe alguna posibilidad de que el nacimiento de Jesús haya ocurrido un 25 de diciembre? “Ante la absoluta ausencia de pasajes bíblicos que dieran alguna señal sobre la fecha del nacimiento de Jesús, los primeros maestros cristianos sugirieron fechas muy variadas. Clemente... eligió el 18 de noviembre. Hipólito... calculó que Cristo debió haber nacido un miércoles.
 
Un documento anónimo que se cree fue escrito en el norte de África alrededor del año 243 d.C., afirma que Jesucristo nació un 28 de marzo” (Jeffrey Sheler, “In Search of Christmas” [“En busca de la Navidad”], revista U.S. News & World Report, 23 de diciembre de 1996, p. 58).
 
Sin embargo, un análisis cuidadoso de la Biblia nos indica claramente que el 25 de diciembre es una fecha muy poco probable para el nacimiento de Jesús. Y hay dos razones principales que lo comprueban:
 
Primero, sabemos que cuando nació Jesús los pastores estaban en los campos cuidando sus rebaños (Lucas 2:7-8), cosa que no hacían durante el mes de diciembre. El relato del Evangelio de Lucas sugiere que Jesús pudo haber nacido en el verano o a principios del otoño. Como en Judea el mes de diciembre es frío y lluvioso, el clima no habría permitido que los pastores permanecieran de noche en los campos cuidando sus rebaños.
 
Segundo, los padres de Jesús fueron a Belén para registrarse en el censo romano (Lucas 2:1-4). Tales censos no se efectuaban en invierno, cuando las temperaturas descendían bajo cero y los caminos se hallaban en malas condiciones. La realización de un censo en esas condiciones habría sido contraproducente.
 
Debido a las dificultades y al deseo de integrar a los paganos al cristianismo, “el hecho importante... y que debe quedar bien claro en nuestra mente, es que la declaración del 25 de diciembre fue una forma de acomodarse con el paganismo” (William Walsh, The Story of Santa Klaus [“La historia de Santa Claus”], 1970, p. 62).
 
Si Jesús no nació un 25 de diciembre, ¿hay alguna indicación bíblica sobre la fecha de su nacimiento? Con base en la concepción y el nacimiento de Juan el Bautista, los relatos bíblicos apuntan hacia el otoño como la temporada más probable de su nacimiento.
 
Como Elisabet (la madre de Juan) estaba en su sexto mes de embarazo cuando Jesús fue concebido (Lucas 1:24-36), podemos determinar la época aproximada del año en que nació Jesús si es que sabemos cuándo nació Juan. El padre de éste, Zacarías, era un sacerdote que servía en el templo de Jerusalén durante el período de Abías (Lucas 1:5). Los cálculos históricos señalan que este turno de servicio en aquel año cayó entre el 13 y el 23 de junio (The Companion Bible, 1974, apéndice 179, p. 200).
 
Fue durante este período de servicio en el templo que Zacarías supo, por medio de un ángel, que él y su esposa Elisabet iban a tener un hijo (Lucas 1:8-13). Después de completar su servicio y volver a casa, Elisabet concibió (vv. 23-24). Suponiendo que Juan fue concebido a finales de junio, si agregamos nueve meses tendremos los días finales de marzo como la fecha más probable del nacimiento de Juan. Si añadimos otros seis meses (la diferencia entre las edades de Juan y Jesús) nos encontramos con que los últimos días de septiembre son la fecha más factible del nacimiento de Jesús.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

canción “Al mundo paz, nació Jesús”

“Al mundo paz, nació Jesús”

“Al mundo paz, nació Jesús”
Isaac Watts lo escribió basado en el texto de la segunda parte del Salmo 98, que celebra la llegada del Señor para juzgar el mundo con justicia. El salmista hace un llamado a toda la creación para cantar y gritar de gozo ante su venida.
ISAAC WATTS (1674-1748)
 
Isaac Watts es reconocido como el “padre de la himnología inglesa”. Sus más de 750 himnos acreditados fueron traducidos a varios idiomas y aun hoy en día sus melodías inundan los templos cristianos. En su escuela local aprendió latín, griego y hebreo, y exhibió una propensión especial hacia la rima. Watt, de espíritu inquieto, inteligente y analítico, se destacó en sus estudios. Sin embargo, no pudo completarlos debido a la manifiesta disidencia de su padre con respecto a la Iglesia Oficial. Su educación lo condujo al pastorado de una gran capilla en Londres.
 
Trabajó como profesor privado y aunque en disidencia y habitualmente descalificado por la curia oficial, nunca dejó de proclamar sus ideas. Además de poeta, Isaac Watts fue un renombrado teólogo y filósofo, autor de numerosos tratados, muchos de los cuales pasaron a ser parte de la bibliografía obligada en las principales universidades británicas, aun en la actualidad.
 
A fines del siglo XVII muchas iglesias cristianas cantaban salmos bíblicos en versos. Generalmente la gente tenía poco conocimiento musical y era de ejercicio frecuente el "encajar a la fuerza" los versos de los salmos bíblicos en métrica y rima.
 
El resultado era un caos semi improvisado. Esto motivó al joven Isaac Watts cuando un domingo llegaba a casa después de la iglesia quejándose de lo pesado, lo monótono y sin vida que eran los himnos. En un momento de inspiración providencial su padre le retó diciendo: "¡No te quejes y escribe algo mejor!” Y eso hizo.
 
El domingo de la semana siguiente la congregación cantó un himno, "Mirad las Glorias del Cordero". Este vino a ser el primero de los 750 himnos que Watts compuso para la Iglesia. Sus himnarios más exitosos fueron "Himnos y Cantos Espirituales"(1707) y "Salmos de David"(1719). Algunas de sus letras se siguen cantando hoy en día como el tradicional canto navideño "Al mundo paz" o los himnos "Oh Dios Nuestra Ayuda en Tiempos Pasados", "¡Ay! ¿Sangró mi Salvador?" y "Yo Canto del Glorioso Poder de Dios" entre otros.
 
No podemos subestimar la influencia de Watts en el canto congregacional. Isaac sostenía que los cantos que debían cantarse en la iglesia debían estar basados en las Escrituras, pero "compuestos en forma libre". Watts creía que los salmos eran de gran valor para la adoración cristiana, pero que los mismos eran insuficientes para expresar la amplitud de la experiencia cristiana. La influencia de Watts en su tiempo fue dramática y ésta perdura pues si revisamos los himnarios de la iglesia 150 años después de su muerte, notaremos que en ese entonces el 40 por ciento de los cantos fueron escritos por Isaac Watts.
 
Hay buenas razones que indican el motivo por los que los himnos de Isaac Watts han perdurado. Escribió en un estilo muy simple. Sus letras tocaban y eran fáciles de entender tanto para eruditos como para personas sin educación. Estaba comprometido con la Verdad del Nuevo Testamento. "Siempre enfocaba su atención a la persona de Jesucristo y a Su Obra y no le bastaba hablar en términos generales de Dios y Su Misericordia". Sus himnos asombran y maravillan.
 
“AL MUNDO PAZ, NACIÓ JESÚS”
 
Isaac Watts lo escribió basado en el texto de la segunda parte del Salmo 98, que celebra la llegada del Señor para juzgar el mundo con justicia. El salmista hace un llamado a toda la creación para cantar y gritar de gozo ante su venida. No hay nada en este salmo o en la paráfrasis de Watts que mencione específicamente el nacimiento de Cristo, solo el regreso del Señor para juicio.
 
Este himno celebra el involucramiento de Dios con su pueblo, y ese trabajo de Dios comenzó en un establo de Belén. En navidad necesitamos visión bifocal. Tenemos que mirar hacia atrás y alabar a Dios por el regalo precioso de su Hijo Jesús. Pero también tenemos que mirar hacia el regreso de Cristo, cuando Dios llevará todas las cosas a una justa conclusión. Solo entonces comenzaremos realmente a disfrutar de “su amor y su poder” por toda la eternidad.
 
¡AL MUNDO PAZ, NACIÓ JESÚS!
 
¡Al mundo paz, nació Jesús!
nació ya nuestro Rey;
el corazón ya tiene luz,
y paz su santa grey,
y paz su santa grey,
y paz, y paz su santa grey.
 
¡Al mundo paz, el Salvador
en tierra reinará!
ya es feliz el pecador,
Jesús perdón le da,
Jesús perdón le da,
Jesús, Jesús perdón le da.
 
Al mundo Él gobernará
con gracia y con poder;
a las naciones probará
Su amor y Su poder,
Su amor y Su poder,
Su amor, Su amor y Su poder.

Todos te buscan

Todos te buscan
“Y hallándole dijeron: Todos te buscan”, Marcos 1:37. Ningún personaje de la historia de la humanidad ha sido buscado como Jesús de Nazaret.
Le buscó un rey para matarlo; un gobernador, para justificarse ante César y los judíos; los religiosos, para detenerlo; Judas, para traicionarlo; Satanás, para tentarlo; el populacho, para pedir su ejecución; José de Arimatea, para sepultarlo; los ángeles, para servirle; los fieles agradecidos, para seguirle y adorarle; los ejércitos celestiales, para celebrar el triunfo de su muerte y resurrección.
 
Han pasado veintiuno siglos y todavía podemos decir a Jesús: TODOS TE BUSCAN. Y en la intención de los que le buscan están la bendición o el tropiezo.
 
Dos premios Nobel de literatura concedida a escritores soviéticos, a Pasternak en 1958 y a Soljenitsin en 1971 tratan sobre Cristo directa e indirectamente. En muchos años de ateísmo oficial, los rusos le siguen buscando.
 
Los poetas todavía le buscan como un adorno, una elevada verdad o un sueño de perfección o idealismo.
 
Los músicos, para despertar interés y sentimiento en sus canciones y óperas. Los títulos actuales son numerosos.
 
Los directores de cine le siguen viendo como un personaje de interés con muchas facetas interesantes por descubrir.
 
Los políticos, para usarlo como un reclamo para cazar y conquistar las multitudes. Fidel Castro en Cuba comenzó hablando de Cristo en muchos de sus discursos.
 
Los negociantes, fabricando sus imágenes de barro, oro, plata, madera, etc. para negociar con Él.
 
Los ateos, para atacarle, y algunos se han hecho famosos a cuenta de combatir a Jesús.
 
Muchos siglos antes de venir al mundo los patriarcas lo buscaban en sus primogénitos como una sombra de bendición indefinida.
Los profetas lo buscaban en sus revelaciones y lo advertían en sus prédicas. Uno de ellos, Hageo, dijo acerca de Él: “Haré temblar a todas las naciones y vendrá el Deseado de todas las naciones”.
 
Le buscaron los magos del oriente guiados por señales sobrenaturales.
 
Le buscaron los esbirros de Herodes para eliminarlo como posible sustituto del trono.
 
Le buscaron los enfermos para ser sanados.
 
Le buscaban los demonios para ver si podían confundirlo. Le llamaban Hijo del Altísimo, y otras veces quedaban mudos para esconder su identidad.
 
Le buscaban los escribas y fariseos para contradecirle y acusarle.
 
Le buscaban los saduceos para hacerle preguntas capciosas, como aquella sobre la resurrección.
 
Le buscaban los griegos para verle, atraídos por su sabiduría.
 
Le buscaban los ricos para solicitar de Él la riqueza espiritual.
 
Le buscaban los desposeídos para hacerlo Rey, sabiendo que multiplicaba los panes y los peces.
 
Le buscaban las madres pidiendo misericordia para sus hijos.
 
Le buscaban los doctores de la ley para comparar las leyes antiguas con la ley del amor que Jesús encarnaba.
 
Le buscaban los niños para ser bendecidos por Él.
 
Le buscaban los hermanos pensando que estaba fuera de sí.
 
Le buscaban los discípulos de Juan para confirmar si era Él, el que había de venir.
 
Un periodista norteamericano dijo que Jesús está de moda, pero la realidad es otra, las modas pasan, pero sabemos que Jesús no pasará.
 
Señor todos te buscan, ¿dónde estás? Sí, lo sabemos, estás cerca y dentro del corazón contrito y humillado de los que procuran con la sencillez de los niños o con lágrimas como María; de los que tanto te anhelan que llegan a confundirse contigo; de los que siguiendo tu Palabra han experimentado el nuevo nacimiento necesario para entrar en tu reino.

martes, 20 de diciembre de 2011

Entrevista interesante sobre el evolucionismo


La Oración creadora de Devoción

La Oración creadora de Devoción
Pablo vivió sobre sus rodillas para que la Iglesia pudiera comprender la altura y la anchura y la profundidad de una santidad inmensurable, para que fuera llena de toda la plenitud de Dios.
Existe en la actualidad una falta manifiesta de espiritualidad en el ministerio. Lo siento en mi propio caso y lo veo en otros. Temo que la condición de nuestra mente sea demasiado artificiosa, mezquina e intrigante. Nos preocupamos más de lo debido en complacer los gustos de un hombre y los perjuicios de otro. El ministerio es sublime y puro y debe encontrar en nosotros hábitos sencillos de espíritu y una indiferencia santa pero humilde para todas las consecuencias.  El defecto principal en los ministros cristianos es la falta de hábitos devocionales.

Nunca ha habido unas necesidades más urgentes de hombres y mujeres consagrados, pero aún más imperativa es la demanda de predicadores santos y devotos de Dios. El mundo se mueve con pasos agigantados. Satanás mantiene su dominio y gobierno del mundo y se afana para que todos sus actos sirvan a sus fines. La Iglesia debe hacer su mejor obra, presentar sus modelos más atractivos y perfectos. Pablo vivió sobre sus rodillas para que la Iglesia de Éfeso pudiera comprender la altura y la anchura y la profundidad de una santidad inmensurable, para que fuera llena "de toda la plenitud de Dios" (Efesios 3:19). Epafras se entregó a obra consumidora y al conflicto tenaz de la oración ferviente, para que los de la iglesia de Colosas pudieran estar "firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere" (Colosenses 4:12). En todas partes, en los tiempos apostólicos, se tenía el intenso anhelo de que todo el pueblo de Dios pudiera llegar a la "unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Efesios 4:13).
 
Ninguna cantidad de dinero, genio o cultura puede hacer progresar el reino de Dios. La santidad dando energía al alma, haciendo arder a todo el hombre con amor, con deseo de más fe, más oración, más celo, más consagración, éste es el secreto del poder. Hombres así necesitamos, que sean la encarnación de una devoción encendida por Cristo. Cuando faltan, el avance de Dios se estaciona, su causa se debilita y su nombre desmerece. El genio (aun el más elevado y escogido), la educación (aun la más inteligente y refinada), la posición, la dignidad, el rango, el cargo, los nombres privilegiados, los eclesiásticos ilustres, no pueden mover el carro de nuestro Dios. Por ser de fuego solo pueden empujarlo fuerzas ígneas. El genio de un Milton fracasa. La fuerza imperial de un León falla. Pero el espíritu de un Brainerd le pone en movimiento. El espíritu de Brainerd estaba encendido por Dios para hacer arder las almas.
 
La oración es la creadora y el canal de la devoción. El espíritu de la devoción es la oración. La oración y la devoción están unidas como el alma y el cuerpo, como la vida y el corazón. No hay verdadera oración sin devoción, ni devoción sin oración. El predicador debe estar rendido a Dios en la devoción más santa. No es un profesional. Su ministerio no es una profesión; es una institución divina. Está consagrado a Dios. Sus propósitos, sus aspiraciones y ambiciones son de Dios y para Dios, y a fin de lograr esto la oración es tan esencial como el alimento para la vida.
 
El predicador, sobre todas las cosas, debe estar consagrado a Dios. Las relaciones del predicador con Dios deben ser la insignia y las credenciales de su ministerio. Estas deben ser claras, conclusivas, inequívocas. El tipo de su piedad ha de estar exento de superficialidad y vulgaridad. Si no excede en la gracia no podrá sobresalir en ningún sentido. Si no predica por su vida, carácter y conducta, su predicación es vacía. Si su piedad es ligera, su predicación podrá ser tan suave y tan dulce como la música, tan hermosa como Apolo, pero su peso será como el de una pluma, visionaria, flotante, como la nube o el rocío de la mañana. La devoción a Dios no tiene sustituto en el carácter y la conducta del predicador. La devoción a una iglesia, a las opiniones, a una organización, a la ortodoxia, es despreciable, equivocada y vana, cuando se convierte en la fuente de inspiración, en el ánimo de una llamada.
 
Dios ha de ser el motivo principal del esfuerzo del predicador, la fuente y la corona de toda su labor. Todo su afán ha de ser el nombre y la gloria de Jesucristo y el avance de su causa. Entonces la oración será el veneno de su iluminación, el medio de adelanto perpetuo, la medida de su éxito. El único y constante anhelo que el predicador puede acariciar es tener a Dios con él.
 
Nunca como en la actualidad ha necesitado la causa de Dios perfectas ilustraciones de las posibilidades de la oración. Ni las épocas ni las personas pueden ser ejemplos del poder del Evangelio, excepto que sean personas y épocas de profunda y ferviente oración. Sin éstas las generaciones tendrán escasos modelos del poder divino y los corazones nunca se elevarán a las alturas. Un siglo puede ser mejor que el pasado, pero hay una distancia infinita entre el mejoramiento de una época por la fuerza de una civilización que avanza y su mejoramiento por el crecimiento en santidad y en semejanza a Cristo por medio de la energía de la oración. Los judíos fueron muchos mejores cuando vino Cristo que en los tiempos anteriores. Pero fue también la edad de oro de la religión farisaica. La edad de oro religiosa crucificó a Cristo.
 
Nunca más oración y menos oración; nunca más sacrificios y menos sacrificios; nunca menos idolatría y más idolatría; nunca más devoción por el templo y menos culto para Dios; nunca más servicio de labios y menos servicio del corazón, nunca más asistencia a la iglesia y menos santidad.
 
La fuerza de la oración hace santos. Los caracteres santos se forman por el poder de la oración genuina. Más santos verdaderos significa más oración; más oración significa más santos verdaderos.