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viernes, 23 de marzo de 2012

Cuando se seca el arroyo

Cuando se seca el arroyo

Rev. Gustavo Martínez Garavito
Dios espera que le sigamos viendo igual, aceptando Su soberanía, no desubicándonos espiritualmente y para ello tenemos que confiar en Dios, conocerle y esperar en Él. Si la voluntad de Dios es que esté frente a multitudes o en un desierto, mi sentir debe ser el mismo.
“Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra. Y vino a él palabra de Jehová, diciendo: Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer. Y él fue e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde; y bebía del arroyo. Pasados algunos días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra.” (1 Reyes 17:1-7).
 
Al leer estos versos de la Palabra de nuestro Dios, uno trata de meditar a la vez de imaginar el ambiente en el cual Dios sometió al profeta Elías. Era un ambiente de mucha presión, un ambiente hostil, uno muy difícil. Pero Dios, que conoce el futuro y el presente de cada persona, sabía que era necesario pasar al profeta por estas etapas dentro del proceso de formación para cumplir ese propósito por lo cual Dios había levantado a Elías.
 
En el plan de Dios hay muchas sorpresas y hasta misterios que nos sorprenden y quedamos maravillados sin respuestas, y muchas veces sin entenderlos. Dios utiliza cualquier circunstancia dentro de sus planes en la formación de un hombre. Dios utiliza las personas y las circunstancias, utiliza la familia, los amigos y aun los que no son amigos, y a otras muchas personas en nuestra preparación para que podamos llegar y dar una medida al servicio de Dios como Él quiere.
 
“Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.” (v.1). Vemos cosas importantes con las que Dios trabaja y perfecciona la vida de un hombre. ¿Por qué el Señor saca a Elías de la comodidad de la ciudad? Puesto que era una persona muy conocida, con fama y respeto, pero Dios le da un mensaje para que lo lleve al Rey Acab, un mensaje sencillo, corto, pero muy comprometedor porque no le está anunciando victorias, no le hablaba de prosperidad –que es lo que hubiese querido oír Acab– y tal vez muchas personas deseen oír estos mensajes, mensajes que los exalten, que levanten su ánimo y su ego, mensajes  de prosperidad y victorias, y de cosas extraordinarias.
 
El Señor le da el mensaje para que lo comunique a Acab, mensaje que decía que no llovería, que no habría lluvia ni rocío en años, no en una semana ni un mes ni dos, sino de años, sabemos que la sequía duró más de tres años en Israel, “que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.” Así como Dios utilizó a este hombre para anunciar la sequía, lo utilizaría para que volviera a llover. Este mensaje despertó furia e ira en Acab y se sentía impotente para atacar al profeta, pero después de pensarlo usted ve que Acab mandó a buscar al profeta por todos los rincones y por todos los lugares.
 
“Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer.” (vv.3, 4). Dios ordena a Elías a esconderse en el arroyo de Querit. Primero para ser librado de la persecución de Acab y segundo para enseñar al profeta a depender de Dios en sus necesidades diarias. “Y él fue e hizo conforme a la Palabra de Jehová” (v.5). Elías era un hombre obediente, sumiso, respetuoso, entendido de lo que es la voz y la Palabra de Dios, que no debe contradecirse, posponerse, sino que debe obedecerse y acatarse tal como Él lo dice. Obedeció, “fue e hizo conforme a la Palabra de Jehová”. Si hay algo difícil es hacer las cosas conforme se nos ordena. El hombre prefiere hacer las cosas a su manera, pero no de la manera que le ordena Dios. Pero el profeta obedeció e hizo conforme a la Palabra de Jehová. Si hay algo que Dios toma en cuenta es cuando se hace conforme a su voluntad. Él se da cuenta y procura se haga conforme lo ha ordenado.
 
Se puede obedecer, pero hacerlo a su manera y no a la manera de Dios. Los hombres de Dios no se deben maravillar por lo que en un momento dado Dios pueda hacer con ellos en un lugar. Esto no es lo que hace admirable al hombre de Dios. Es su conducta, son sus acciones lo que le hace admirable a una persona, es esa sencillez, esa madurez, esa sensatez para actuar en los momentos difíciles, en los momentos adversos, en su actitud para obedecer, para atender la voz de Dios. Es ahí donde se sabe quién es quién. ¿Cómo actúa esa misma persona en sus momentos de crisis? ¿Cómo actúa frente a la prueba, frente a la crítica, a la aflicción, en aquellas áreas donde parece que Dios no estuviera? ¿Acaso mantiene esa misma calma, sabe que callar cuando hay que callar; es prudente cuando actúa, murmura, trata de pasar a los demás por su misma amargura a través de su desconfianza, de su resentimiento, a través de lo que esta moviéndose dentro su corazón?
 
Ahí es donde como oyentes y como personas tenemos que medir su trayectoria, y cómo se ha desarrollado a través de los tiempos, cómo ha actuado cuando hay gloria, admiración o cuando hay desprecios, críticas o cuando se está atravesando por un desierto. Es ahí donde se sabe la calidad de cada profeta, de cada predicador, de cada hombre de Dios porque en los momentos de euforia cuando todo está bien, todos respondemos bien. Cuando no respondemos bien es “CUANDO SE SECA EL ARROYO”. Es ahí donde fallamos, donde decimos quiénes somos y qué trato de Dios hemos tenido, a quién creemos, si esta Palabra la estudiamos para aplicársela a otros, pero no para nosotros en los momentos difíciles.
 
Cómo reaccionaría si le dijera Dios: deje todo y retírese un tiempo, escóndase donde nadie lo conozca, deje sus cargos y responsabilidades y siéntese atrás. ¿Cuál sería su actitud? ¿Vendría de la misma manera, ofrendaría con el mismo gozo? Porque si el motor que nos mueve es el motor de los cargos, de los nombramientos, entonces somos dignos de conmiseración, dignos de lástima. Lo que nos debe mover es el amor de Cristo, es el amor de Su obra redentora. Debemos estar dispuestos a servir a Dios tanto en la multitud como el desierto. Debemos aprender a aceptar las cosas dentro de la voluntad de Dios, aceptando Su soberanía. Cuando nos acostumbramos a cargos y de pronto no los tenemos, pensamos ¿qué paso? ¿Acaso no dice la Palabra que iremos de poder en poder?
 
Cuando pensamos lo que pudo significar para Elías el que Dios le dijere vete, escóndete (dejar de ser reconocido para agradar a Dios), Elías tuvo la misma disposición que cuando llevó el mensaje a Acab al palacio, no se le ve que se haya restado su ánimo ni amargado por las pruebas, vemos un hombre sereno y tranquilo, capaz de dominar las circunstancias, sirviendo a Dios de la misma manera. Dios puede suplir, dar, guardar, sanar, Él puede dar vida, provee, suple, oye, salva, liberta, pero, también Dios puede reservarse el derecho de no hacerlo.
 
Aceptamos y declaramos que Dios es sanador, pero Él puede decidir no obrar. Aceptamos todas las cosas que Dios puede hacer, pero no aceptamos las que no quiere hacer. De momento Dios decide voy a ver cómo reaccionará mi hijo “CUANDO SE LE SEQUE EL ARROYO”, para ver cómo se comporta. Él espera que le sigamos viendo igual, aceptando su soberanía, no desubicándonos espiritualmente y para ello tenemos que confiar en Dios, conocerle y esperar en Él. Si la voluntad de Dios es que esté frente a multitudes o en un desierto, mi sentir debe ser el mismo. Tenemos que aceptar Su soberanía, aceptar la voluntad de Dios para no amargarnos.
 
Job, un hombre que conocía en verdad a Dios, no lo veía como en un momento de emoción. ¿Cuál fue la actitud de este hombre ante tanta adversidad? Job adoró a Dios y retuvo su integridad. Siempre hablaba de la bondad de Dios y no pecó. Decía Job: “De oídas te había oído” (Job 42:5), después de salir del crisol le dice a Dios que siente Su gloria. Ahora veo que Tú eres Dios eternamente y para siempre (Job 42:5). Siguiendo la Palabra, cuando se está triste uno no adora, llora, se aflige, se siente y se queja.
 
Conocemos la prueba que enfrentó Job, la diferencia era que Job conocía a Dios. Job dijo: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá” (Job 1:21). Pero su mujer, que carecía de una experiencia con Dios y era menos espiritual, dijo: “Maldice a Dios, y muérete” (Job 2:9). Una persona que ha tenido un encuentro con Dios no se expresa de esta manera, una persona así necesita tener un encuentro real con Dios porque los encuentros con Dios nos cambian, nos hacen dóciles, nos transforman, nos sensibilizan, nos hacen buenos cristianos. Un hombre de Dios no anda hablando despropósitos, no anda sembrando cizaña, criticando, ni anda quejándose. Dios tiene derecho a bendecirnos como decidir no bendecirnos.
 
Como buenos cristianos debemos aprender a aceptar la soberanía de Dios, así como Job la aceptó. En ocasiones Dios nos mete en el crisol para que seamos oro puro, para que seamos verdaderos hombres y mujeres de Dios. Dios permite la adversidad en nuestras vidas, no para destruirnos sino para que tengamos un conocimiento más amplio. Dios quiere que tengamos un carácter fuerte y diferente; quiere hombres y mujeres que hagan las cosas según Él las ha ordenado. Dios quiere gente responsable, gente creyente que acepte la soberanía de Dios, quiere que tengamos un encuentro con su gloria. Dios solamente quiere verdaderos cristianos que sobrevivan “CUANDO SE SECA EL ARROYO”. Dios le bendiga.

martes, 24 de enero de 2012

Sometimiento 2012

Sometimiento 2012
Rev. Gustavo Martínez Garavito
Lema de trabajo del Movimiento Misionero Mundial: SOMETIMIENTO 2012, la llave que abre la puerta a las bendiciones de Dios.
“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” Santiago 4:7.
La palabra sometimiento en griego, tiene dos connotaciones: una pasiva, que significa someterse a, obedecer, sujetarse a, estar bajo la autoridad de, estar sumiso; y una connotación activa, que significa someter bajo fuerza, hostigar a que se someta.
 
Someterse significa renunciar voluntariamente al control de nuestra vida.  Esta palabra se resume en Filipenses 2:6-8, donde dice: “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Aquí se nos muestra que Cristo rindió sus derechos y prerrogativas como la segunda persona de la Trinidad a la voluntad y propósito del Padre. De esta sumisión nace el deseo de sacrificarse por el plan de Dios sin importar lo que esto significaba.
 
Someterse al plan de Dios requiere visión clara de los planes o metas que hemos hecho para nosotros mismos, tales como: paz, felicidad, prosperidad, seguridad, amistades, familia, buena salud, experiencias agradables y lograr el máximo de nuestro potencial. Esta lista haría que nuestra necesidad de sometimiento sea opcional, pues estos planes a menudo están en conflicto con el plan de Dios para nosotros. Cuando nuestra sumisión al plan de Dios es total, afirmamos que no vivimos por estas cosas ni éstas nos dirigen, sino que simplemente son beneficios adicionales que vienen a través de la voluntad soberana de Dios.
 
Sometimiento es una de las cosas que más nos cuesta cumplir ya que, por naturaleza, los seres humanos no nos gusta someternos a nadie. Pero en la vida cristiana y en el ámbito espiritual, es la llave que abre la puerta a las bendiciones de Dios.
 
Muchos de nosotros sabemos de memoria el versículo de Santiago 4:7: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” Pero este versículo, más allá de ser una frase popular entre el pueblo cristiano, debe ser vida en nuestro diario caminar. En primer lugar, debemos someternos a Dios y de esto depende que podamos resistir al diablo para que huya de nosotros.
 
Cuando la Biblia habla acerca de someternos a Dios, está hablando de tener una verdadera relación personal con Él, es vivir cada día agradecido, es obedecer su Palabra y convertirnos en siervos fieles de Dios que anhelan y luchan cada día por vivir en santidad.
 
Es cierto que nuestra personalidad carnal jamás querrá hacer tal cosa pero ahora ya no vivimos nosotros, mas Cristo vive en cada uno de los que le hemos rendido todo nuestro ser al Señor; y por esta razón, tenemos que renunciar a todo lo oculto y vergonzoso que esté evitando nuestro sometimiento total a quien nos compró a precio de sangre.
 
Seguramente todos anhelamos mantener una vida de bendición y que el enemigo no pueda acercarse a nosotros, pero para que esto ocurra necesitamos dar el primer paso y éste es someternos a Dios.
 
Nunca olvidemos el gran beneficio para la gloria y reino de Dios, que ha venido a través de la vida de cientos de personas que se han sometido a planes que no fueron los suyos, sino de Dios. Ejemplo: irse a tierras lejanas como misioneros, sin medir las consecuencias, abandonar trabajos bien remunerados o carreras profesionales para servir a una causa noble como servirle a Dios y a su pueblo.
 
En Filipenses 2:8 se dice de Cristo que “se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Al someterse a la voluntad del Padre, se despojó a sí mismo para que la voluntad de Dios pudiera cumplirse a través de su vida, muerte y resurrección.
 
Él asumió vivir aquí como hombre dispuesto a someterse y a estar sin riqueza, posición, estatus e incluso, sin aceptación de los suyos pues fue rechazado por ellos. Juan 1:11 dice: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”. En Mateo 8:20, Jesús dijo: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza”. Cristo, voluntariamente, se despojó de todo lo que se interpusiera en el camino de la gloria y beneficio de su Padre a través suyo.
 
¿Y qué de nosotros? Aun cuando los derechos, privilegios, placeres, posesiones, expectativas y planes bien desarrollados pueden ser legítimos en sí mismos, ¿estaremos dispuestos a deshacernos de ellos, dejarlos de lado y sacrificarlos? El hacerlo, nos capacita para cumplir el plan de Dios en nuestra vida.
 
Someternos a los planes de Dios puede significar sacrificar a nuestros seres queridos, bienes, reputación, comodidades, conveniencias, caprichos, como también esas cosas que deseamos y por las cuales hemos hecho planes. Es una gran lista de cosas que sostenemos fuertemente en nuestras manos, pero lo que cada uno haga con su vida depende de la claridad que se tenga de lo que es verdaderamente valioso y duradero.
 
Cristo dijo en Mateo 6:19-24, que las aspiraciones, deseos y búsquedas dependen del tesoro que tienen y dónde lo tienen, y lo que se atesora depende de las perspectivas o de la visón interna que se tenga de la vida, de acuerdo a los valores bíblicos y eternos. Aferrarse a estos valores espirituales determinará los objetivos que uno tenga y lo que estemos dispuestos a sacrificar para poner en primer lugar al Señor y poder estar libres para seguirlo, libres para tomar su cruz sin considerar el costo que esto conlleva. Mateo 10:16-24, Lucas 9:23.
 
Tomar su cruz, de acuerdo a la cultura de aquellos días, era un acto de sumisión y un deseo de pagar el precio y hacer lo que fuera que Dios pidiera. Histórica y culturalmente la analogía de tomar su cruz significaba dejar de rebelarse en contra de la ordenanza del rey y someterse a sus mandatos durante toda su vida. En términos prácticos, para el cristiano significa morir a los deseos y a la voluntad personal en completa sumisión a Dios e ir a hacer lo que Él nos pida. Un ejemplo de esto lo encontramos en Génesis 22 con la vida de Abraham, sacrificando a su hijo en obediencia a Dios.
 
Hermano, ¿cuáles son las cosas que pudiera estar pidiendo el Señor para sacrificar o abandonar y así cumplir su voluntad y propósito? Que Dios nos ayude en este año a someternos plenamente a Dios y a cumplir su propósito en nuestras vidas.