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lunes, 14 de mayo de 2012

‘Contra el papado de Roma, fundado por el diablo’, de Lutero, en castellano

‘Contra el papado de Roma, fundado por el diablo’, de Lutero, en castellano
Martín Lutero.  Contra el papado de Roma, fundado por el diablo; Imagen del papado . Edición a cargo de Gabriel Tomás. Barcelona: Publidisa, 2012.


 Gabriel Tomás, miembro de la Iglesia Reformada Presbiteriana de Barcelona ha editado el libro "Contra el papado de Roma, fundado por el diablo" (1545), que cuenta con un apéndice iconográfico titulado "Imagen del papado"  (1545).

Se trata de  “la primera traducción al español del último libro completo de Dr. Martin Lutero”, explica Tomás , advirtiendo que el libro es “polémico”.

 Tomás ofrece en su blog  un par de páginas de la obra en formato PDF, a modo de muestra de su contenido.

 UN LIBRO PARTICULAR

Aquí  encontramos al Lutero más fresco , pero al mismo tiempo, a un excelente difusor de la doctrina cristiana  que ofrece una lectura impecable de Mateo 16:18 y Juan 21:15”, advierte Gabriel Tomás.

Además, se adjunta “la obrita de caricaturas satíricas del papa llamada:  Imagen del papado , auténtica, obra maestra de la iconografía protestante. Indispensable para el lector evangélico, necesario para el erudito”, añade el editor.

Por ahora, la obra sólo puede adquirirse en las librerías evangélicas de la ciudad de Barcelona.

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Relatos del Autor de la traducción al español  antes de que Por Fin publicaren el libro ,Dios Te Bendiga Gabriel Tomás.

Contra el papado de Roma fundado por el diablo, 1545.

«En 1545, el año anterior a su muerte, Lutero encuentra por vez postrera su vigor de polemista. Enterado de que se va a reunir un concilio en Trento, publica su virulento panfleto Contra el papado romano fundado por el diablo. Con violencia, golpea por última vez al adversario a quien ha combatido durante toda su vida y recuerda a sus amigos el sentido del combate que siempre ha llevado a cabo:
'No, no es el Señor quien ha instituido el papado. Cuando dijo a san Pedro: 'Apacienta mis ovejas', dio el mismo poder a todos sus discípulos. Por otra parte, apacentar las ovejas del Señor, no quiere decir ejercer una autoridad soberana, tiranizar a los cristianos y hacerlos esclavos. Apacentar es predicar el Evangelio y la fe, edificar la Iglesia sobre la roca, administrar a las almas el bautismo y el sacramento, reprender a los descarriados, consolar a los afligidos, soportar a los débiles, usar de paciencia con todos, bendecir a Dios, rogar por los hombres y llevar una vida sobria y moderada que pueda servir de ejemplo a los demás. No, Roma es la potencia maldita que pierde a las almas y arruina a los pueblos; el papa es el enemigo del género humano, el Anticristo sentado en el lugar santo, el hombre de pecado que ha llenado el mundo con sus crímenes. El papado es, en una palabra, la gran calamidad de la tierra, la más espantosa desgracia que jamás haya suscitado el poder de Satanás.'»  Citado por Albert Greiner. Lutero. Barcelona: Aymá, 1968, pp. 158-159.
Por fin he acabado la traducción de este libelo luterano antipapal. El Dr. Lutero lo escribió entre enero y febrero de 1545, a petición del príncipe elector de Sajonia, Juan Federico, y como respuesta a dos breves (cartas papales) que el papa Pablo III había dirigido al emperador Carlos V en los que le amenazaba por las medidas de tolerancia religiosa adoptadas en la Dieta de Espira (10 de junio de 1544).
Este es el último trabajo de Herr Doktor, que se complementaría con otro libelo de ilustraciones satíricas llamado Abbildung des Bapstum (Imagen del papado) publicado dos meses después, en mayo. En general, la crítica histórica ha tratado muy mal ambas obras. Eric W. Gritsch en el volumen 41 de Luther's Works lo califica de "the most bitter of Luther's polemic writings". Por su parte, el jesuita español R. García-Villoslada en su biografía de Martín Lutero, como no podía ser de otra manera, no se queda corto en sus descalificaciones y, entre otras cosas, dice que es "un estruendoso disparo", "el colmo de la irreverencia".
Una vez traducido al español y dada la importancia del personaje, pensaba que no habría problema para que alguna editorial de aquí se interesase por su publicación. Me equivocaba (como la paloma). Desde el 28 de diciembre de 2010, fecha en que acabé oficialmente mi trabajo, me he puesto en contacto con decenas de editoriales españolas (Gredos, Alfaguara, Anaya, Planeta, etc.) y ninguna de ellas ha mostrado el más mínimo interés en su publicación. Sabía que no iba a ser fácil, pero esperaba un poco más de interés por su parte. Les recuerdo que es una obra excepcional, que sólo tiene una traducción moderna al inglés, que es la última obra acabada del Dr. Lutero, que ha sido una obrita maldita durante muchos años, ¡siglos! incluso por los protestantes, pero ni así.
Bueno, quizás tendré que publicarlo aquí, en mi blog, para que quien me sigue pueda tener el placer de leer una obra tan singular, de lenguaje chisporroteante y llena de humor (la sátira y el insulto soez no dejan de tener su punto de humor, especialmente cuando es Lutero quien los maneja).

Wider das Bap#tum zu Rom vom Teuffel ge#tifft,
Mart. Luther D.
Der aller Helli#<t Vater Sanct Paulus Tertius, als were er ein Bi#<off der Römi#<en kir<en, hat zwey breve an Carolum Quintum un#ern Herrn Kei#er ge#<rieben,  darinnen er #i< fa#t zornig #tellet, murret und rhuemet #einer Vorfarn Exempel na<, Es gebuere ni<t einem Kei#er no< jmand ein Concilium anzu#etzen,  au< ni<t ein National, #ondern allein dem Bap#t,  der allein ma<t habe zu#etzen, ordiniren,  #<affen, alles was in der Kir<en zu gleuben und zuleben i#t. Hat au< eine Bulla (mit urlaub zu reden) ausla##en gehen, nu fa#t zum fuenfften mal, Und #ol nu abermal zu Trennt das Concilium werden, do< #o fern, das niemand dahin kome, on allein #eine grund#uppe, Epicurer, und was jm leidli< i#t. Hierauff i#t mi< lu#t ankomen zu antworten, mit Gottes gnad und huelffe, Amen.

El Satanísimo Padre san Pablo III, como si fuera un obispo de la iglesia romana, ha escrito dos breves a nuestro señor emperador Carlos V, en los que se muestra poco menos que furioso, refunfuña y, siguiendo el ejemplo de sus antecesores, se jacta de que no le corresponde al emperador ni a nadie convocar un concilio –ni siquiera uno nacional–, sino sólo al papa, que es el único que tiene potestad para disponer, ordenar y establecer todo cuanto hay que creer y cómo hay que vivir en la Iglesia. También ha emitido una bula (si se puede decir así), al menos ya por quinta vez, y ahora el concilio tiene que reunirse otra vez en Trento, con tal de que nadie vaya allí, salvo su escoria de epicúreos y lo que para él sea admisible. En seguida me vinieron ganas de responder, con la gracia y la ayuda de Dios. Amén.

ER#tli<, Bit i< di< umb Gottes willen, wer du bi#t, ein Chri#t, ja au< wer du no< natuerli<e vernunfft ha#t, Sag mir do<, ob du es ver#tehen oder begreiffen muege#t, Was das fuer ein Concilium #ey, oder obs ein Concilium #ein koenne, wo der grewli<e Grewel zu Rom, der #i< Bap#t nennet,  #ol<en vorbehalt, ma<t und re<t hat, alles was im Concilio be#<lo##en wird, zu rei##en, zu endern und zu ni<tigen, wie #einer Decret viel und fa#t alle bruellen. Duen>t di< ni<t, Mein lieber Bruder in Chri#to, oder mein lieber, na< natuerli<er vernunfft, freund, das #ol< Concilium mue##e ni<ts denn ein gau>el#piel #ein, dem Bap#t in der Fa#tna<t zur kurtzweil zubereit?

Para empezar, te ruego por el amor de Dios, si eres cristiano, incluso si todavía tienes razón natural, que me digas –si es que lo puedes entender o concebir–, qué clase de concilio es, o si puede ser un concilio, ese en el que la abominable abominación de Roma (que se llama papa) se reserva el poder y el derecho de suprimir, cambiar y anular todo cuanto se decrete en el concilio, tal y como a menudo berrean casi todos sus decretos. ¿No te parece, mi querido hermano en Cristo o mi querido amigo que te guías según la razón natural, que un concilio de esa naturaleza no puede ser otra cosa que una bufonada puesta en escena para servir de pasatiempo al papa durante los carnavales?
Nota: 
          * Para  más información y novedad aquí les dejo su  Blog de Gabriel Tomás
          * Muestra del Libro

Direcciones de las Librerias  y Palabras de Gabriel Tomás.

  Gracias a todos por vuestros ánimos. En efecto, el libro se puede encontrar en:
       Librería Alibri (como bien dijo Javier)
       Librería Abba: Girona, 7 (Barcelona)
       Espero que esta semana también estará disponible en
       Librería Alfa y Omega: Paseo San Juan, 172 (Barcelona)


Dejen sus comentarios y preguntas en el Blog  de  Gabriel Tomás  ☺

 http://gabibloc.blogspot.com.es/2012/04/contra-el-papado-de-roma-fundado-por-el.html




martes, 21 de febrero de 2012

La preparación del mundo para el Evangelio


La preparación del mundo para el Evangelio

Veamos a continuación los factores que prepararon el camino para la venida de Jesucristo.
El apóstol Pablo afirma que “cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo” (Gálatas 4:4).
No fue un accidente que Jesús viniera en el momento preciso, cuando las condiciones favorecían más la rápida divulgación del Evangelio. Esto sucedió según el plan divino.
1. La preparación política. El imperio romano le había dado a la cuenca del Mediterráneo una unidad nunca antes vista. Las formidables barreras políticas que había separado a las naciones durante siglos y milenios fueron quitadas, permitiendo un libre intercambio entre los pueblos. Roma fomentaba la mayor uniformidad posible entre las costumbres y leyes de todas las regiones. Además de esto, otorgaba la ciudadanía romana a muchos de los hombres libres del Imperio, sin discriminar por lugar de nacimiento o raza. Así fue como apareció la noción de solidaridad entre los seres humanos, concepto que preparó a los hombres para recibir el mensaje de una redención universal.

El emperador Augusto (27 a.C. – 14 d.C.) le había dado al mundo conocido un respiro de la guerra. Ocurrió lo que había pasado solamente nueve veces en más de mil años: desde el año 6 a.C. hasta el año 2 d.C., las puertas del templo del dios guerrero Jano en Roma estuvieron cerradas, lo que simboliza que había absoluta paz en todo el Imperio. La notable red de caminos romana, obra en piedra que no fue superada hasta la llegada de los ferrocarriles, facilitó en gran manera los viajes y el comercio. El general romano Pompeyo limpió de piratas el mar Mediterráneo. Por todo esto, el comercio florecía y las personas iban de un lugar a otro sin temor de verse envueltas en guerras o asaltos. Tanto los misioneros cristianos como los mercaderes, esclavos y otras personas que se habían convertido, viajaban sin obstáculo hasta los más apartados rincones del Imperio, divulgando el mensaje de la cruz.

Al mismo tiempo que reinaba la “pax romana”, regía también la “lex romana”, magnífico sistema de leyes que protegía los derechos de los ciudadanos y aseguraba que los malhechores fuesen juzgados según normas fijas y rectas, y no conforme al criterio y los prejuicios de jueces arbitrarios. En el libro de los Hechos observamos a menudo cómo la ley romana protegía al apóstol Pablo cuando se tenía que enfrentar a sus enemigos judíos y paganos.

2. La preparación intelectual. De igual importancia que la unidad política que dio Roma al mundo civilizado, fue la contribución griega a la preparación de la humanidad para recibir el Evangelio.

En primer lugar, Alejandro Magno había diseminado la cultura helenística con su imperio, y Roma había heredado dicha cultura, de modo que la cultura prevaleciente en el tiempo de Cristo no era la romana, sino la helenística. El idioma universal era el griego, lengua hablada en un territorio tan amplio, que era el medio de comunicación en regiones tan separadas entre sí como África, España, Italia y Asia Menor. Anteriormente, cada nación había tenido su propio idioma; ahora se les podía evangelizar a todas empleando el idioma griego.

El Antiguo Testamento había sido traducido a este idioma durante los siglos anteriores a la era cristiana. Esta traducción, que recibió el nombre de Versión de los Setenta, tuvo enorme importancia para la Iglesia primitiva, pues fue la Biblia que emplearon los apóstoles. Los creyentes que se dispersaron por todo el Imperio Romano encontraron en esta versión un instrumento útil para comunicar su mensaje. El idioma griego se prestó admirablemente para formular la teología cristiana, por la exactitud de sus expresiones.

También la filosofía griega socavaba las creencias politeístas de los paganos. Los filósofos habían enseñado a las personas a pensar por sí mismas y habían puesto en ridículo los mitos acerca de las divinidades paganas. Había un escepticismo ampliamente diseminado acerca de los antiguos dioses, el cual puso a la gente en condiciones de acoger la fe monoteísta. Algunos de los filósofos griegos, como Platón y Aristóteles, habían llegado por medio del raciocinio al concepto de un solo Dios; pero du filosofía era abstracta y fría. No satisfacía el corazón de los hombres. Sólo el cristianismo podía llenar el vacío espiritual que existía en aquellos tiempos.

3. La preparación religiosa. Los romanos eran tolerantes con las religiones de los pueblos sometidos a su imperio, incluso la de los judíos, que insistían en una fe monoteísta y se negaban a practicar ritos paganos. Estos recibieron privilegios especiales que protegieron su forma de culto. Al principio, el cristianismo fue considerado como una secta judía y disfrutó de la tolerancia de los romanos. No obstante, por regla general, sus peores enemigos no eran los paganos, sino los judíos mismos.

Mientras que los filósofos griegos prepararon negativamente a los pueblos para recibir al cristianismo, los judíos de la “dispersión” los prepararon positivamente. En todas las ciudades de importancia del imperio romano había judíos y sinagogas. Estos habían sembrado la doctrina monoteísta, así como un sistema de ética no igualado en el mundo pagano. Muchos paganos, desilusionados con las absurdas leyendas de su religión y con la degenerada moralidad del paganismo, anhelaban una fe digna de ser creída y un sistema de valores elevado, y por eso se convertían al judaísmo. Los judíos de la dispersión también habían diseminado la esperanza mesiánica. No es de extrañar que el apóstol Pablo predicara el Evangelio primero en las sinagogas. Allí encontró fértil terreno para sembrar la semilla del cristianismo.

4. La preparación social. Se ha dicho acertadamente que la mayoría de los cristianos de la Iglesia primitiva pertenecían a lo peor entre la clase obrera de las ciudades: los desposeídos, los esclavos y los libertos (véanse 1 Corintios 1:26-28; Santiago 2:5). Había millones de esclavos y desposeídos en el imperio romano, pues este sistema desarraigó a muchos de sus hogares para que fueran siervos de sus nuevos amos, los romanos. El miserable estado en que se hallaba toda esta gente llevó a muchos de ellos a buscar seguridad y hermandad en la fe de Jesucristo. Desprovistos de las cosas de este mundo, encontraron consuelo en la esperanza del porvenir celestial y en la dignidad de hijos de Dios. Así fue como las condiciones sociales de aquellos tiempos contribuyeron a la preparación del mundo para el advenimiento de Cristo.

Jesucristo llegó al mundo cuando las condiciones eran más propicias para recibir su mensaje y para extender su Iglesia en la tierra. “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley” (Gálatas 4:4).

martes, 14 de febrero de 2012

Casos de abuso sexual le han costado a la Iglesia católica dos mil millones de dólares


Ciudad del Vaticano. Los casos de abuso sexual a menores ya le costaron a la Iglesia Católica a nivel internacional más de dos mil millones de dólares, informaron ayer los estadounidenses Michael Bemi y Patricia Neal en el simposio organizado por el Vaticano para afrontar los escándalos de clérigos pederastas.

Michael Bemi, del National Catholic Risk Retention Group, de Vermont, y Patricia Neal, directora del programa de protección de niños Virtus, manifestaron en la tercera jornada del simposio, que se celebra en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, que esos casos han tenido “profundas consecuencias negativas” para la Iglesia Católica, “cuyo corazón han perforado”.

Los dos expertos precisaron que no hay valoración que pueda hacerse sobre las miles de víctimas, niños y adultos vulnerables, cuyas vidas cambiaron para siempre; que simplemente analizaron los daños causados a la Iglesia por estos escándalos, que nunca se conocerán en su totalidad.
Los dos mil millones de dólares se pagaron en los acuerdos a los que se llegó con las víctimas, en juicios, asesoramientos legales, terapias y seguimiento de los agresores, entre otras.

Sobre las personas que sufrieron abusos, Bemi y Neal señalaron que todavía no existe un estudio a nivel mundial, pero que sólo en Estados Unidos se estima que fueron unas 100 mil, a las que hay que sumar los cientos de víctimas de los casos denunciados en Irlanda, Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Brasil, Canadá, Chile, India, Holanda, Filipinas y Suiza, entre otros países.

Indicaron que los escándalos sexuales, además de destruir a miles de personas y costar una cantidad de dinero que podía haberse destinado a la construcción de hospitales, escuelas, seminarios o iglesias, propiciaron que se sospechara de todos los curas y distanciaron a los laicos de la Iglesia.

miércoles, 25 de enero de 2012

Girolamo o Jerónimo Savonarola

Girolamo o Jerónimo Savonarola


Predicador y reformista italiano que predicó contra el lujo, el lucro, la depravación de los poderosos y la Iglesia, contra la búsqueda de la gloria y contra la homosexualidad.
Nació el 21 de septiembre de 1452, tercero de siete hijos de una familia noble en Ferrara, sus padres eran personas cultas y mundanas, y gozaban de mucha influencia. Su abuelo paterno era un famoso médico de la corte del Duque de Ferrara, y los padres de Jerónimo deseaban que su hijo llegase a ocupar el lugar de su abuelo. En el colegio fue un alumno que se distinguió por su aplicación.
 
De muy pequeño tenía costumbre de pasar muchas horas en oración; y a medida que fue creciendo su fervor a la oración y el ayuno fue en aumento, pasaba largas horas; de igual manera las Sagradas Escrituras influyeron para que el dedicase su vida enteramente a Dios.
 
Es muy probable que tuviera una desilusión con una joven florentina, por la oposición de la familia Strozzi. Además resentido por el mundo, desilusionado de sus propios anhelos, sin encontrar a nadie que le pudiere aconsejar; resolvió abrazar la vida monástica, y en 1474 ingresó en los dominicos en Bolonia.
 
Después de pasar siete años en Bolonia, Fray Jerónimo fue para el convento de San Marcos, en Florencia. En este lugar vio, con desilusión, que el pueblo florentino era tan depravado como cualquier otro lugar.
 
Hizo su primera aparición como predicador en 1482 en el priorato de San Marcos, la casa dominica de Florencia. Sus sermones se centraron cada vez más sobre el pecado de la sociedad, y atacó de forma abierta la corrupción y a los partidarios aristocráticos de los Medici.
 
En 1493 el Papa Alejandro VI, le nombró su primer vicario general, aprobó su propuesta de reformar la orden dominica en Toscana. Entonces sus sermones se hicieron políticos. En uno de sus discursos, señaló con claridad la próxima llegada de los franceses dirigidos por el rey Carlos VIII. Cuando esta predicción se cumplió con la aparición de las fuerzas francesas invasoras en 1494, ayudó a recibir a Carlos en Florencia. Cuando los franceses abandonaron la ciudad, se había creado una república de la que fueron excluidos los Medici, y él se convirtió, aunque sin funciones políticas, en su guía y espíritu animador.
 
Ni siquiera el papa Alejandro VI se vio libre de sus denuncias. Éstas, junto con la atribución de un don sobrenatural de profecía y su interpretación de las Sagradas Escrituras, disgustaron a Roma; y en 1495 fue acusado de herejía. Al no presentarse en Roma, se le prohibió predicar, y se revocó el expediente mediante el cual la rama florentina de su orden (dominica) obtuvo la independencia. Rechazó los intentos de conciliación del Papa con indignación, y de nuevo se le prohibió predicar, aunque ignoró esta orden.
 
Mientras tanto, las dificultades comenzaron a intensificarse en su patria. Las medidas de la nueva república resultaron impracticables. El partido de los Medici, llamado de los arrabbiati (en italiano, 'enfurecido'), comenzó a recuperar terreno, y se formó una conspiración para apoyarles. Se ejecutó a cinco de los conspiradores, lo que sólo sirvió para acelerar la reacción contra Savonarola, ya que más tarde fue acusado de ello. En el punto crítico de la lucha, en 1497, llegó una condena de excomunión de Roma. La declaró nula públicamente y se negó a someterse a ella. Durante la epidemia de peste, a pesar de no poder administrar los santos óleos por estar excomulgado, se dedicó con entusiasmo a atender a los monjes enfermos.
 
Durante su corta influencia, el predicador fue amenazado; excomulgado y en 1498, fue declarado culpable de herejía y enseñanza sediciosa, y condenado a muerte. El 23 de mayo de 1498, fue ejecutado (ahorcado) y luego su cuerpo fue quemado en la plaza pública.
 
El Predicador y reformista italiano, cuyo intento entusiasta de eliminar la corrupción terminó en martirio se le recuerda como uno que dejó en los márgenes de las páginas de su Biblia notas escritas mientras meditaba en las Escrituras. Conocía de memoria una gran parte de la Biblia y podía abrir el libro y hallar al instante cualquier texto bíblico. Pasaba noches enteras en oración; dentro de sus libros se encuentran: "La Humildad", "La Oración", "El Amor", etc.

miércoles, 18 de enero de 2012

¿Fue Pedro el primer Papa?

¿Fue Pedro el primer Papa?

Al frente de la Iglesia Católica Romana está el Papa de Roma. Este hombre, de acuerdo con la doctrina católica, es la cabeza de la Iglesia y sucesor del apóstol Pedro.

De acuerdo a esta creencia, Cristo eligió a Pedro como el primer Papa, quien entonces fue a Roma y sirvió en este puesto durante veinticinco años. Comenzando con Pedro, la Iglesia Católica reclama una sucesión de papas hasta el día de hoy y sobre esta creencia está construida la fundación de la Iglesia Católica en su totalidad. ¿Pero enseñan las Escrituras que Cristo haya ordenado a un hombre por encima de todos en la Iglesia? ¿Reconocieron los primeros cristianos a Pedro como tal? La respuesta a estas preguntas es ¡no! Las Escrituras enseñan claramente que había una igualdad dentro de los miembros de la Iglesia de Cristo y que Él “es la Cabeza de la Iglesia” (Efesios 5:23), ¡no el Papa!
 
Jacobo y Juan, junto con su madre, fueron al Señor una vez pidiendo que uno de ellos se sentara a la derecha y el otro a la izquierda en su reino (en los reinos orientales, los dos ministros principales del estado, segundos en autoridad tras el monarca, eran sentados uno a la derecha y otro a la izquierda). Bien, si la declaración católica fuera verdadera, Jesús les hubiera contestado que ya había otorgado el lado derecho a Pedro, ¡y que no pensaba crear sitio para nadie en su izquierda! Pero, sin embargo, he aquí la respuesta que Jesús les dio: “Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad” (Mateo 20:20-26 y Marcos 10:35-43).
 
En otras palabras, Jesús les dijo a sus discípulos que no debían actuar como reyes. ¡Ellos no eran para ponerse coronas, sentarse en tronos, ni asemejarse a los reyes gentiles! Pero todas estas cosas han hecho los papas a través de los siglos. En esta declaración, nuestro Señor dice claramente que ninguno de ellos debía hacerse grande sobre los demás. Por el contrario, les enseñó la igualdad, negando claramente los principios que involucra el tener a un Papa reinante sobre la Iglesia, como el “obispo de obispos” o “pastor de los pastores”.
 
El hecho de que debía haber igualdad entre los apóstoles, se ve también en Mateo 23:4-10. En este pasaje Jesús amonestó a los discípulos contra el uso de títulos como el de “padre” (la palabra papa significa “padre”), rabino o maestro, “porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos” y “porque uno es vuestro Maestro, el Cristo”, y “todos vosotros sois hermanos”. Ciertamente, la idea de que uno de ellos debiera ser exaltado a la posición de Papa está en desacuerdo completamente con estos textos.
 
Pero a los católicos romanos se les enseña que Pedro era tan superior a los otros discípulos, ¡que la Iglesia entera fue edificada sobre él! El versículo que usan para apoyar esta declaración, es Mateo 16:18: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro y sobre esta roca (piedra) edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”.
 
Sin embargo, si tomamos este versículo en su contenido, podemos ver claramente que la Iglesia no fue construida sobre Pedro, sino sobre Cristo. En los versículos anteriores, Jesús preguntó a sus discípulos sobre lo que decían los hombres que Él era. Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías y algunos decían que era uno de los profetas. Entonces Jesús les preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Y Pedro contestó: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Entonces Cristo contestó: “Tú eres Pedro (petros, una masa rocosa), y sobre esta roca (la gran roca de fundación, o sea, la gran verdad que Pedro expresó) edificaré mi Iglesia”. La Roca sobre la cual la verdadera Iglesia había de ser edificada, era conectada con la expresión de Pedro –“Tú eres el Cristo”– y así la verdadera fundación sobre la cual la Iglesia fue construida, fue sobre el mismo Cristo, no sobre Pedro.
 
Hay otros versículos que indican muy claramente quién es la verdadera roca de fundación; sabemos con entera seguridad que no fue Pedro, pues éste mismo declaró que Cristo era la roca de fundamento (1 Pedro 2:4-8). Dijo también el apóstol a los líderes israelitas que Cristo era la piedra “reprobada por vosotros los edificadores” y que “no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:11-12). La Iglesia fue construida sobre Cristo. El es el verdadero fundamento y no hay otro. “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Corintios 3:11).
 
Es obvio que los otros discípulos no tomaron las palabras de nuestro Señor –“sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”– como que estaba exaltando a Pedro para ser su papa, pues dos capítulos más adelante le preguntaron a Jesús acerca de quién sería el mayor (Mateo18:1). Si anteriormente Jesús hubiera declarado a Pedro como aquél sobre el cual se habría de edificara la Iglesia; si este verso probara que Pedro habría de ser el Papa, ¡entonces los discípulos hubieran sabido naturalmente quién era el mayor entre ellos y no lo hubieran preguntado!
 
Comparemos más de cerca de Pedro con los papas, ¡y veremos concretamente que Pedro no fue papa!
 
1. Pedro era casado. El hecho de que Pedro fuera un hombre casado no armoniza con la posición católica romana de que el Papa debe ser soltero. Las Escrituras nos dicen que la suegra de Pedro fue sanada de una fiebre (Marcos 1:30 y Mateo 8:14). ¡Naturalmente que Pedro no podía tener suegra, si no tuviera esposa!
 
Sin embargo, algunos tratan de explicar esta discrepancia diciendo que Pedro cesó de vivir con su esposa. Si así fue, ¿entonces su esposa lo dejó? ¿Por qué? ¿Fue acaso incompatibilidad de caracteres? ¿O tal vez él la dejó? Si así fue, entonces fue un desertor. En cualquiera de ambos casos, ¡fue una pobre fundación sobre la cual construir una Iglesia!
 
Pero la Biblia indica claramente que Pedro ¡no dejó a su esposa! Veinticinco años después de que Jesús regresase al cielo, el apóstol Pablo menciona que los diferentes apóstoles tenían esposas – incluso Cefas (1 Corintios 9:5). Cefas era el nombre en arameo de Pedro (Juan 1:42). Obviamente, Pedro no había abandonado a su esposa.
 
2. Pedro no permitía que un hombre se le arrodillara a sus pies. Cuando Pedro entró a la casa de Cornelio, leemos que “salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre” (Hechos 10:25-26). ¡Esto difiere mucho de lo que hubiera hecho y dicho un papa! Los hombres se humillan ante el Papa y él se complace en esto.
 
3. Los papas colocan la tradición en igual sitio que la Palabra de Dios. En el Evangelio según San Mateo 15:6-7, Jesús les dijo a los religiosos de su tiempo, los cuales no honraban a sus padres, leemos: “Así habéis invalidado (anulado) el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres”.  El sermón de Pedro en el día de Pentecostés estaba lleno de la Palabra de Dios, no de tradiciones de hombres, y cuando las gentes preguntaron qué debían hacer para agradar a Dios, Pedro les dijo: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38).
 
4. Pedro no fue papa ni portó corona alguna. Pedro mismo explicó que el pueblo de Dios no debía usar coronas en esta vida, pero “cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria” (1 Pedro 5:4). Hasta entonces, no hemos de portar corona ninguna. Y dado que Cristo no ha regresado, ¡la corona que el papa usa, no ha sido puesta sobre él por Cristo!
 
En resumen, Pedro nunca actuó como papa. Nunca vistió como papa, nunca habló como papa, nunca escribió como papa, y el pueblo jamás se dirigió a él como tal. ¿Por qué? ¡Porque Pedro no era papa!
 
Probablemente en los primeros días de la Iglesia, Pedro tomó una posición preeminente entre los apóstoles. Esto no lo negamos. Fue Pedro quien predicó el primer sermón después de descender el Espíritu Santo en el día de Pentecostés y tres mil almas fueron añadidas al Señor ese día. Después fue Pedro quien primeramente llevó el Evangelio a los gentiles. Siempre que encontramos una lista de los doce apóstoles en la Biblia, Pedro es siempre el primero en mencionarse (Mateo 10:2, Marcos 3:16, Lucas 6:14 y Hechos 1:13). ¡Pero ninguno de estos casos, ni siquiera usando mucha imaginación, indica que Pedro fuese el papa y obispo universal de los obispos!
 
Aunque aparentemente Pedro tomó el sitio más sobresaliente dentro del apostolado en un principio, Pablo, años más tarde, es quien parece haber tenido el ministerio más notorio. Como escritor del Nuevo Testamento, por ejemplo, Pablo escribió 100 capítulos con 2.325 versículos, mientras que Pedro sólo escribió 8 capítulos con 166 versos. De modo que el ministerio de Pablo tuvo un alcance superior al de Pedro.
 
En Gálatas 2:9, Pablo escribió de Jacobo, Pedro (Cefas) y Juan como columnas de la Iglesia Cristiana. Pero Pablo pudo decir: “En nada he sido menos que aquellos grandes apóstoles, aunque nada soy” (2 Corintios, 12:11 y 11:5). Pero si Pedro hubiese sido el pontífice supremo, el Papa, ¡entonces, ciertamente, Pablo hubiera sido algo menor que Pedro! Obviamente no fue este el caso. Luego, en Gálatas 2:11, leemos que Pablo le llamó la atención a Pedro “porque era de condenar”. ¡De esto podemos deducir que Pedro no era considerado como un papa “infalible”!
 
Pablo dijo: “yo soy apóstol a los gentiles” (Romanos 11:13), en tanto que el ministerio de Pedro fue encaminado hacia el evangelio de la “circuncisión” (Gálatas 2:7-9). Este solo hecho parece prueba suficiente de que Pedro no fue obispo de Roma, como se enseña a los católicos, porque Roma era una ciudad gentil. Todo esto es sumamente significativo; especialmente cuando consideramos que el fundamento total del catolicismo romano está basado en la declaración de que Pedro fue el primer obispo romano.
 
Se pretende que Pedro fue a Roma por el año 41 d.C., y fue martirizado alrededor del 66 d.C., ¡pero ni tan siquiera existe la menor prueba de que Pedro estuviera en Roma! Al contrario, es evidente, en el Nuevo Testamento, que estuvo en Antioquía, Samaria, Cesarea, Jope y en otros sitios, ¡Pero nunca dice que fuera a Roma! Esta es una extraña omisión, ¡especialmente cuando recordamos que Roma era la capital del Imperio y se la tenía como la ciudad más importante del mundo!
 
Sin embargo, dicen los católicos romanos que Pedro sufrió martirio allí después de un pontificado de veinticinco años. Si aceptamos el año 66 d.C. como la fecha de su martirio, esto indicaría que fue obispo de Roma desde el año 41 al 66 d.C. Pero en el año 44 d.C., Pedro se hallaba en el Concilio de Jerusalén (Hechos 15). Cerca del 53 d.C. Pablo se reunió con él en Antioquía (Gálatas 2:11), cerca del 58 d.C., Pablo escribió su carta a los cristianos de Roma, en la cual envía saludos a 27 personas, pero ni siquiera menciona a Pedro. ¡Imagínese usted a un misionero escribiendo a la iglesia, saludando a los 27 miembros principales pero sin mencionar al pastor!
 
Ante la estatua de Pedro se han postrado miles de personas. Se supone que es la estatua de Pedro; pero, como hemos de ver en realidad tan sólo es un ídolo de origen no cristiano.
 
Con un estudio profundo de las Escrituras, encontramos que Pedro no fue obispo de Roma, que no fue el primer Papa y que el oficio papal no fue instituido por Cristo. Entonces, ¿cuál es el verdadero origen de tal oficio y por qué tratar de unir a Pedro con Roma?