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lunes, 24 de septiembre de 2012

Pastor Youcef Nadarkhani agradece por estar en libertad

TEHERÁN, Irán.- Youcef Nadarkhani, el pastor iraní que recientemente fue liberado de prisión, ha escrito una carta de agradecimiento al mundo por las oraciones que se levantaron por su liberación.

Nadarkhani estuvo en prisión durante tres años y fue liberado el pasado 8 de septiembre. El pastor fue absuelto de la acusación de apostasía que pesaba en su contra.

En la carta de agradecimiento el pastor asegura que “estoy especialmente agradecido por su bondad y protección divina que caracteriza el momento de mi detención”.

A esto agrega que “también quiero expresar mi gratitud hacia quienes han trabajado por mi causa, en todo el mundo, o debo decir la causa que defiendo. Quiero expresar mi gratitud a todos aquellos que me han apoyado, abiertamente o en secreto. Son todos muy queridos en mi corazón. Que el Señor te bendiga y te dé su gracia perfecta y soberana”, expresa Nadarkhani en su carta.

El pastor iraní asegura que durante todo el tiempo que estuvo en prisión vió como la mano del Señor lo respaldaba en todo. “De hecho he sido puesto a prueba, la prueba de fe que es, según las Escrituras "más precioso que el oro perecedero". Pero nunca me he sentido en la soledad, estuve todo el tiempo consciente del hecho de que no era una batalla solitaria, porque he sentido toda la energía y el apoyo de quien obedeció a su conciencia y luchó por la promoción de la justicia y los derechos de todos los seres humanos. Gracias a estos esfuerzos, ahora tengo la enorme alegría de estar con mi esposa maravillosa y mis hijos. Estoy agradecido por estas personas a través del cual Dios ha estado trabajando. Todo esto es muy alentador”, comenta.

“Durante ese período, tuve la oportunidad de experimentar de manera maravillosa la escritura que dice: "De hecho, como los sufrimientos de Cristo abundan para nosotros, nuestro aliento abundan a través de Cristo..." Ha consolado a mi familia y les ha dado los medios para hacer frente a esta difícil situación”, explica el predicador.

Además asegura que ha sido el Señor quien le ha proporcionado fuerza a través de la prueba y quien le ha permitido enfrentar los desafíos que estaban ante él. Asegura que “como dicen las Escrituras, "él no nos permitirá probar más allá de nuestras fuerzas..." A pesar de que he sido encontrado culpable de apostasía según una determinada lectura de la Sharia, le agradezco que dio a los líderes del país, la sabiduría para romper esa toma de sentencia en cuenta otros hechos de ese mismo Sharia. Es evidente que los defensores del derecho iraní y los expertos jurídicos han realizado un importante esfuerzo para hacer cumplir la ley y el derecho. Quiero agradecer a quienes han defendido el derecho hasta el final”.

Antes de terminar, dijo: “Quiero expresar una oración para el establecimiento de una paz infinita y universal, para hacer la voluntad del Padre en la tierra como en el cielo. De hecho, todo pasa, pero la palabra de Dios, fuente de toda paz, durará eternamente”, concluye el pastor en su carta de agradecimiento a Dios y a los cristianos que oraron por él durante tres años que estuvo en prisión. www.AcontecerCristiano.net

miércoles, 29 de febrero de 2012

El Alfarero Celestial

El Alfarero Celestial


Rev. Luis M. Ortiz
En el libro del profeta Jeremías 18:6, leemos: “¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová.
He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel”.
 
EL ALFARERO CELESTIAL Y TRES VASIJAS ESPECIALES
 
En Jeremías 18:1-6, leemos: “Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? Dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel”.
 
Antes de considerar este pasaje, notemos el lugar tan prominente que ocupa la Palabra de Dios en el mismo. Fue por palabra de Dios que Jeremías fue a casa del alfarero. Una vez en el taller del alfarero recibió el mensaje de la palabra de Dios, mensaje que luego comunicó al pueblo. Jeremías es enviado a la casa, o al taller del alfarero, no a predicar un sermón, sino a recibir uno de parte de Dios, a través del alfarero en su taller, para que luego lo predicara al pueblo.
 
Aquí hay un mensaje especial para el pueblo de Israel en aquel tiempo, y en nuestro tiempo, pero en esta ocasión queremos ocuparnos del Alfarero celestial y tres vasijas especiales. El Alfarero Celestial es Dios. El taller del Alfarero es esta Tierra, la cual vino a ser como su taller, pues el Alfarero Celestial trabajó con barro, y “formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7). Ésta es la primera vasija.
 
LA PRIMERA VASIJA
 
Jeremías notó en el taller del alfarero que la primera vasija “se echó a perder”. Es interesante notar que no fue por error de parte del alfarero, sino en la naturaleza del mismo barro. Y esta primera vasija de barro, que hizo el Alfarero celestial, o sea, el primer Adán, se echó a perder. Desobedeciendo a Dios, pecó contra Él y se alejó de Dios. Pecó contra su espíritu, y éste murió, pues quedó separado de Dios. Pecó contra su alma, y ésta se corrompió en vicios y pecados. Pecó contra su cuerpo y éste enfermó hasta volver al polvo. Pecó contra su posteridad, pues “el pecado entró en el mundo por un hombre... así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12), “y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).
 
Pero el profeta, también ve que el alfarero “hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla”. Esto es, esta segunda vasija, el alfarero la hizo mucho mejor. De igual modo, “cuando vino el cumplimiento del tiempo”, el Alfarero celestial volvió a bregar con el barro de la naturaleza humana, y “la virgen concebirá, y dará a la luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel” (Isaías 7:14), y “envió a su Hijo, nacido de mujer” (Gálatas 4:4).
 
LA SEGUNDA VASIJA
 
Este es el postrer Adán, o sea, la segunda vasija, la cual ciertamente quedó perfecta, maravillosamente perfecta. ¡Él es Admirable! “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). “En él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria” (1 Timoteo 3:16). “Nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca” (Isaías 53:9). “No conoció pecado” (2 Corintios 5:21). “Santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos” (Hebreos 7:26).
 
Y así como el enemigo atacó y logró echar a perder la primera vasija, el primer Adán, aún con mayor fuerza atacó y trató de dañar y echar a perder esta segunda vasija, el postrer Adán, nuestro Señor Jesucristo, por medio de la muerte prematura, la tentación, la persecución, el insulto, la acusación falsa; fue crucificado, y allá en la cruz, “despojando a los principados y a las potestades (a Satanás y su poderío), los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:15).
 
La segunda vasija, nuestro Señor Jesucristo, triunfó cabalmente y decretó el eterno confinamiento del enemigo en el lago de fuego y azufre. Pero en el pasaje del profeta Jeremías hay una vasija: Dios dice: “¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero…? Dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano de alfarero, así sois vosotros en mi mano” (Jeremías 18:6). La primera vasija Adán es básicamente barro con el soplo del Espíritu de Dios, o sea la naturaleza humana con el aliento de vida de Dios. La segunda vasija, el postrer Adán, Cristo, es básicamente la Divinidad concebida en el barro por la obra del Espíritu Santo, o sea, la plenitud de la Divinidad, habitando corporalmente en la naturaleza humana (Colosenses 2:9).
 
LA TERCERA VASIJA
 
La tercera vasija que Dios hace es básicamente la presencia de la naturaleza Divina en el barro, que el apóstol Pedro le llama “participantes de la naturaleza divina” (2 Pedro 1:4). En la naturaleza humana se produce por un acto de engendro de Dios (Juan 1:13), y el resultado es un nuevo nacimiento, “nacido del Espíritu” de Dios (Juan 3:1- 8), “nacido de Dios” (1 Juan 5:1), “renacidos… por la Palabra de Dios” (1 Pedro 1:23), y “hechos hijos de Dios” (Juan 1:12; 1 Juan 3:1-2) y recibe la vida eterna (Juan 3:16) por el cual “nueva criatura es (o nueva creación); las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).
 
Esta “participación de la naturaleza divina” en la naturaleza humana, o sea, esta regeneración, esta transformación, este nuevo nacimiento, esta criatura, es característica única del verdadero Evangelio de Jesucristo.
 
En las religiones paganas, o pseudos-cristianas, no se produce un cambio, una transformación, un nuevo nacimiento, las cosas viejas no pasan y nada es hecho nuevo. El verdadero Evangelio es el único que reconoce la naturaleza caída y corrompida del hombre y la regenera, la transforma y le imparte la vida de Dios, la vida eterna. Esta es la necesidad básica, temporal y eterna del ser humano; es una necesidad urgente del alma. ¡Ser transformado, recibir la vida de Dios!
 
Coloquémonos en las manos del Señor como el barro en las manos del alfarero para que el Señor nos transforme. Él nos pueda hacer una nueva criatura, darnos vida eterna, y hacernos una vasija de “honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra” (2 Timoteo 2:21).
 
Rinde tu vida al Señor, para que seas un vaso útil en sus manos, alcanzando también a otros con su favor.