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jueves, 26 de julio de 2012

Por Poco…


Por Poco…

Conozco, Señor, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos. – Jeremías 10:23.
Por el Señor son ordenados los pasos del hombre. Él aprueba su camino. –Salmo 37:23.
 
Los que esperan al Señor tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán. – Isaías 40:31.
 
El creyente no está libre de tener una caída moral. En el Antiguo Testamento vemos que David, quien estaba a punto de matar para vengarse por haber sido ofendido, fue detenido gracias a la intervención oportuna de una sabia mujer (1 Samuel 25). ¡Cuántas veces hemos estado a punto de alejarnos o de caer, y Dios, en su gracia, ha detenido nuestros pasos! Cuando comparezcamos ante el tribunal de Cristo (2 Corintios 5:10), Dios nos mostrará todas las intervenciones de su gracia en el momento en que, seducidos por Satanás, íbamos a caer. ¿Quién no podría apropiarse de la confesión de Asaf y decir: “En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos”? (Salmo 73:2).
 
Con un corazón contrito y agradecido a la vez, digamos también: “Él… no permitió que nuestros pies resbalasen” (Salmo 66:9). Pero eso no nos autoriza a ser negligentes y a no velar. La exhortación sigue siendo actual: “El que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12). Para resistir a la tentación no debemos contar con nuestras propias fuerzas, sino acercarnos confiadamente al Señor, quien sabe “librar de tentación a los piadosos” (2 Pedro 2:9).
 
Fuente:amen-amen

martes, 10 de julio de 2012

Dios escucha Nuestras Oraciones.

Dios escucha Nuestras Oraciones.

Tú oyes la oración… El que hizo el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá? –Salmos 65:2 y 94:9.
Orar no es repetir una y otra vez frases comodines aprendidas de memoria. No, orar es dirigirse a Dios al igual que un hijo habla a su padre, con confianza y respeto. Millones de personas en toda la tierra pueden hablar con el Señor al mismo tiempo, pues ningún pensamiento de ningún hombre puede escapar a su perfecto conocimiento. Varios Salmos de David así lo afirman: “Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme… Todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Señor, tú la sabes toda” (Salmo 139:2-4). “Desde los cielos miró el Señor; vio a todos los hijos de los hombres; desde el lugar de su morada miró sobre todos los moradores de la tierra” (Salmo 33:13-14).
 
Orar es exponer a Dios nuestras tristezas y necesidades, también es darle gracias. Es tener la seguridad de que él escucha y responde según su conocimiento perfecto de lo que es bueno para cada uno de los suyos. Si nos habla por medio de su Palabra, la Biblia, quiere que nosotros también le hablemos por medio de la oración. Dios es amor, y el hecho de que nos escuche es la prueba de ello.
 
Jesucristo, Dios hecho hombre, es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2:5). Aunque a menudo sus oraciones sean torpes, los creyentes se gozan orando a Dios por medio de Jesucristo o en su nombre. Jesús también enseña a los suyos a dirigirse a Dios como al Padre, a quien él les dio a conocer, y los anima diciéndoles: “El Padre mismo os ama” (Juan 16:27).
 
Funte:Amen-amen.net

miércoles, 14 de marzo de 2012

Los líderes necesitan ayuda para llevar su carga

Los líderes necesitan ayuda para llevar su carga
Rev. Gustavo Martínez Garavito
“Habló Saúl a Jonatán su hijo, y a todos sus siervos, para que matasen a David… y dio aviso a David, diciendo: Saúl mi padre procura matarte; por tanto cuídate hasta la mañana, y estate en lugar oculto y escóndete...
Y Jonatán habló bien de David a Saúl su padre, y le dijo: No peque el rey contra su siervo David, porque ninguna cosa ha cometido contra ti, y porque sus obras han sido muy buenas para contigo; pues él tomó su vida en su mano, y mató al filisteo, y Jehová dio gran salvación a todo Israel… Y escuchó Saúl la voz de Jonatán… Y el espíritu malo de parte de Jehová vino sobre Saúl… Y Saúl procuró enclavar a David con la lanza a la pared, pero él se apartó de delante de Saúl, el cual hirió con la lanza en la pared; y David huyó, y escapó aquella noche. Saúl envió luego mensajeros a casa de David para que lo vigilasen, y lo matasen a la mañana. Mas Mical su mujer avisó a David… y él se fue y huyó, y escapó.” 1 Samuel 19:1-12.
 
Amados, en toda la historia de la humanidad y, especialmente, en lo que concierne a la vida espiritual, está escrito en la Palabra de Dios que Dios desde el principio ha levantado hombres y mujeres otorgándoles liderazgo, capacidades, sabiduría, y les ha encomendado misiones importantes para cumplirlas durante su trayectoria en esta tierra. También se puede ver que, desde el principio Dios colocó al lado de ellos, personas de apoyo, con el propósito de ayudarles en los momentos difíciles.
 
Hoy, en tiempos de mucha crueldad y menosprecio, con una generación materialista, amantes de los lujos y el placer, sin amor, ni afecto, que no saben reconocer la gloria de Dios; se han levantado hombres y mujeres para cada necesidad, con llamamiento, para liderar y llevar adelante un trabajo en determinado lugar del mundo. Asimismo, es necesario que estos hombres y mujeres que Dios ha levantado cuenten con personas cercanas que con lealtad y fidelidad se conviertan en su escudero, dándole ánimo y ayudándole a guardar su testimonio.
 
Una de las cosas que necesita el líder que Dios levanta, son personas de apoyo; primeramente fieles, cuidándolos de los peligros, de la mala voluntad y de muchos falsos “hermanos” que, encubiertamente, se acercan a ellos.
 
El apóstol Pablo fue víctima de esos falsos “hermanos” que, fingiendo amor y deseo de estar con él, al darles la espalda, le traicionaban, le difamaban y se oponían a su ministerio.
 
Por este y otros motivos, se necesitan personas de apoyo, que amen y sean fieles a Dios y a su líder. Los inmediatos a él, sus familiares, son los primeros que deben apoyar la labor del líder. Todos los que están cerca a un siervo de Dios, deben servir fielmente y no dejarse llevar por el diablo, para atacar o destruir.
 
En los versículos leídos podemos ver la actitud de Jonatán. Él era el hijo del rey Saúl, inmediato al trono, tenía motivos de sobra para colaborar con la muerte de David. Mical, su hermana, esposa de David e hija del rey también, podría haber apoyado a su padre y asesinado a David, pero hubo algo en ellos: amaban a David en gran manera; y aunque su padre era el rey, no se aliaron para dañar a David, porque reconocían que era un hombre que Dios había escogido, ungido y levantado. Mantuvieron su lealtad, se negaron a colaborar con su padre, eso es “fidelidad”, ser una ayuda y no una carga.
 
En Éxodo 17:8-16 encontramos, también, el caso de Moisés. La Biblia presenta a este hombre con unas cualidades extraordinarias, increíbles, tenía más de 80 años y conduciendo al pueblo de Israel por el desierto, camino a la tierra prometida, tuvo que pelear con otra nación: Amalec. Moisés dio instrucciones a Josué, servidor suyo, para enfrentar al enemigo, dice la Biblia: “E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.”
 
Aquí la Biblia presenta como hombres escogidos a seres humanos con características normales: débiles, que se cansan, que tienen hambre, que pueden rendirse por la carga. Vemos que Moisés se cansaba también, y era necesaria la presencia de dos hombres que le ayudaran: Aarón y Hur.
 
Era tan real esto, que cuando Moisés levantaba sus manos en señal de adoración a Dios e implorando su favor, Israel tomaba ventaja; pero cuando se cansaba y bajaba los brazos, prevalecía Amalec. Es así que Aarón y Hur se dieron cuenta de la realidad humana de Moisés, que aunque era un hombre de Dios, necesitaba de la fidelidad de sus ayudantes; se dieron cuenta que Dios los había llamado para esa hora, los había puesto cerca; más que un lujo o privilegio, Dios los había unido para que fuesen una ayuda y fortalezcan en determinado momento las manos de Moisés. Se percataron que su líder necesitaba ayuda; que tomaran sus brazos y los levantaran a Dios, entonces ya no eran solamente las manos de Moisés, sino también las de Aarón y Hur, que se levantaban también, para implorar el favor y la gracia de Dios.
 
Fue importante que Aarón y Hur comprendieran que el apoyo era necesario, entendieron que Moisés los requería, se le caían los brazos e inmediatamente prevalecía el enemigo. Mientras Moisés descansaba, bajaba los brazos y se fortalecía, morían israelitas en el campo de batalla, y allí estaban Hur y Aarón, que al ver esto, reaccionaron y dijeron: “El secreto está en que mientras Moisés se mantenga intercediendo, nuestro pueblo prevalecerá, porque Dios está de nuestra parte”. Inmediatamente levantaron sus brazos, y los enemigos empezaron a caer. Pero ellos también se cansaron, entonces colocaron una piedra y lo sentaron, sostuvieron sus brazos e Israel prevaleció, obteniendo una gran victoria.
 
Si supiera usted que importante es su apoyo, su colaboración; que no es mañana, ni dentro de unos años, ¡Es ahora, ahora o nunca!
 
Nunca antes la Obra de Dios había sido tan atacada; por esto, Dios necesita un pueblo unido, fortalecido en las manos del Señor, ¡Dios necesita hombres y mujeres fieles, que sean transparentes, con un testimonio intachable, consagrados, desinteresados, confiables, no asalariados, ni codiciosos, que no se queden con la heredad de Dios, que no se apropien de lo que Dios le ha dado a la Obra: los templos, el dinero de los creyentes, ¡Esto es transparencia, integridad! En esta hora, Dios necesita que sus brazos se levanten y se unan a los siervos de Dios.
 
Hay momentos cruciales dentro de la Obra del Señor, momentos determinantes en los que hay que decidir y ponerse del lado de los hombres de Dios. Si un familiar, por muy querido que sea, está en contra de la Obra, no es su amigo, usted no puede tener comunión con alguien que está haciendo daño a la Obra de Dios. Usted mismo no puede decir que es fiel cuando, en determinado momento, no apoya a quien sostiene la Obra de Dios; si no lo hace, es parte de los adversarios, que quieren ver destruida esta Obra y no desean que se predique este mensaje, definitivo para la salvación del mundo.
 
No nos callaremos mientras haya vida, mientras haya fuerzas, no nos rendiremos, no dejaremos de predicar esta Palabra de santidad, no dejaremos de confrontar al diablo. Los hombres de Dios necesitan el apoyo de colaboradores, para que puedan cumplir las múltiples responsabilidades que le han sido asignadas.
 
En 1 de Samuel 14:1-15, encontramos la acción de otro hombre: el paje de armas de Jonatán. Transcurrían dos años del reinado de Saúl y se presentó una guerra contra los filisteos. El pueblo de Israel estaba temeroso, los filisteos los habían acorralado y desarmado, el versículo 6 detalla: “Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: ven pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos”. Mire usted la respuesta de un verdadero escudero, un verdadero colaborador, dispuesto a ir al sacrificio, con lealtad a su señor: “Haz todo lo que tienes en tu corazón; ve, pues aquí estoy contigo a tu voluntad” (v.7). Él no refutó nada, este hombre respetaba a su líder de tal manera, que no se atrevió a presentar excusa.
 
Entonces Jonatán responde: “Vamos a pasar a esos hombres, y nos mostraremos a ellos. Si nos dijeren así: Esperad hasta que lleguemos a vosotros, entonces nos sentaremos en nuestro lugar, y no subiremos a ellos. Más si nos dijeren así: Subid a nosotros, entonces subiremos, porque Jehová los ha entregado en nuestra mano; y esto nos será por señal” (vv. 8-10). Dice el versículo 13: “Y subió Jonatán trepando con sus manos y sus pies, y tras él su paje de armas; y a los que caían delante de Jonatán, su paje de armas que iba tras él los mataba”. El paje cubrió la espalda de su señor, no permitió que lo atacaran. Este tipo de personas son los que Dios está buscando.
 
En estos días difíciles, es necesario que se levante una generación valiente que rodee con lealtad a los hombres que Dios verdaderamente ha levantado, que no se acerquen por interés -como en los tiempos de Jesús, cuando la gente lo seguía por los “panes y peces”- , que no busquen “posiciones”, ¡no!, se necesitan personas que digan: “¡Cuente conmigo para lo que sea necesario!”
 
Al escuchar la respuesta de su paje de armas, Jonatán se decidió. Las dudas se disiparon, porque hubo un hombre dispuesto a sostener sus brazos. Jonatán cobro ánimo y alcanzó su propósito: derrotar a los filisteos.
 
Volviendo al pasaje inicial, Jonatán defendió a David, habló bien de él frente a su padre, sabiendo que le incomodaba, jamás hubo una sombra de duda en sus palabras, basó su defensa en la justicia, no en sus sentimientos, ni en sus preferencias. Sabía que David era un hombre justo, escogido por Dios.
 
La posición firme con lo recto depende de nuestro compromiso con Dios y con la justicia, de nuestra comunión con Él.
 
En 1 de Samuel 23:17, Jonatán le dice a David: “No temas, pues no te hallará la mano de Saúl mi padre, y tu reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti; y aun Saúl mi padre así lo sabe”. Jonatán entendió que David fue ungido en lugar de Saúl; para él, la voluntad de Dios era más importante que el bienestar personal.
 
¡Cuando se es espiritual, no importan el dinero, ni las posesiones; la única gloria que se busca es la de Jesucristo! Es deber del colaborador guardar a su líder en lo espiritual y moral, orar por él, estar atento a sus necesidades, no permitir que nadie le haga daño, estar a su lado para apoyarlo y animarlo a alcanzar sus metas, garantizando su respaldo incondicional; pues es su privilegio.
 
Si usted lee la Biblia, Goliat, el guerrero filisteo, contaba con un escudero. En 1 de Samuel 17:7 se describe parte del armamento de Goliat: “El asta de su lanza era como un rodillo de telar, y tenía el hierro de su lanza seiscientos siclos de hierro; e iba su escudero delante de él”. Y el versículo 41, refuerza: “y el filisteo venía andando y acercándose a David, y su escudero delante de él”. Pero cuando David lanza la piedra con la honda y mata a Goliat, ¿dónde quedó el escudero? ¡Huyó, como todos los otros! ¡Ese tipo de hombres no valen! ¡Hombres que huyen cuando ven el problema, no sirven!
 
En esos tiempos, el escudero iba delante. En la actualidad, nuestro “escudero colaborador” va detrás; porque delante va nuestro general ¡Cristo, el guerrero por excelencia, poderoso, al que no le tiemblan las piernas!
 
En 2 de Reyes 10:15, Jehú rey de Israel, ejecutando las órdenes que Dios le había encomendado, se encontró con Jonadab hijo de Recab y le dijo: “¿Es recto tu corazón, como el mío es recto con el tuyo? Jonadab dijo: Lo es”; y añade: “Pues que lo es, dame la mano”. Y lo hizo subir al carro consigo.
 
Ha llegado el momento de estrechar la mano de su líder y expresarle las mismas palabras: “¡Estoy contigo, cuentas conmigo, estoy para colaborar! ¡Vamos juntos a la obra misionera! ¡Eso es lo que Dios quiere!”

jueves, 2 de febrero de 2012

CON JEHOVA NO HAY FRACASO

Añadió David: «Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo». Y dijo Saúl a David: «Ve, y Jehová esté contigo».

                                                                        1 Samuel 17:37



Desde muy jovencito, David experimentó, de la manera más profunda, el poder de Dios. En el cumplimiento de su deber como pastor, había arriesgado la vida muchas veces para salvar a sus ovejas. Él mismo dijo que «cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba» (1 Sam. 17: 34,35).

Si estas palabras no las hubiera pronunciado un hombre como David, en momentos tan solemnes, uno diría que aquello no era más que jactancia. Hasta donde sepamos, no hay en nuestros días un solo hombre vivo que pueda hacerle frente a un león con las manos desnudas y matarlo. Para hacer eso se necesitan, por lo menos, dos cosas: valor en toda regla, y fortaleza sobrehumana. ¿Cómo se puede agarrar un león por la mandíbula y desquijararlo? ¿Cómo se puede agarrar a un león por la quijada sin ser alcanzado primero por las garras de cinco centímetros de largo? Con el poder, el valor y la protección que solo Dios puede dar.
Esa experiencia y esa confianza las adquirió David viviendo cada día por fe. No fue una inspiración momentánea. No se sintió capaz por fe en el instante en que vio a Goliat. Cuando llegó el momento de crisis, su experiencia con Dios le dio la seguridad y el valor para decir: «Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo».
David creía y sabía que Dios, no él, había vencido a los leones y a los osos. Por eso salió a pelear con Goliat con solo cinco piedras y una honda. Sabía que Dios saldría a pelear en su favor. Son emocionantes las palabras que le dirigió al filisteo: «Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré».
Solo un hombre lleno de fe y carente totalmente de temor puede articular palabras tan bien dichas en la hora de lo que podía haber sido una muerte fulminante. Vivamos como David para poder vencer al “gigante”. Podemos, porque «Jehová lo entregará en nuestras manos».

miércoles, 18 de enero de 2012

Mensaje: Ampliando la Visión

Ampliando la Visión

Rev. Rubén Concepción

“Pero Jehová había dicho a Abraham: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”, Génesis 12:1.
Cada organización tiene una misión, tiene una visión, un propósito y unos objetivos, ninguna organización trabaja desorganizadamente, tampoco puede estar improvisando. La Obra tiene una visión, pero uno no puede ampliar la visión de la Obra; por eso está la visión de la Obra y está la visión del visionario. La Obra no va a ampliar la visión, es el visionario que ha recibido la visión, él es el que va a ampliar su visión para poder observar y tener una perspectiva más clara.
 
Esta visión de la Obra es sólida, y no tan sólo es una visión, sino también una misión. No siempre se puede mirar los campos, tenemos que tener una misión, porque no es sólo el ver, sino el hacer. La misión trae sacrificio, la misión conlleva compromiso, la misión demanda una entrega total. Hay una misión que realizar, hay una labor que hacer, por tanto una misión tiene que tener una comisión. Pero alguien comisiona, ¿quién es el que comisiona? ¿El supervisor o el presidente? ¡No! El que comisiona es el Señor. Tengo visión, tengo misión, tengo una comisión, por lo tanto, necesito un eslabón para poder moverme hacia el propósito de Dios, y eso se llama el método. Debemos tener un método para poder alcanzar el objetivo.
 
Dios nos ha llamado no para ser seguidores, sino para ser líderes, porque el líder ve hacia el futuro, el líder mira a la distancia, el líder puede levantar la mirada ahí donde está el desafío, el líder es el que sueña. El verdadero líder está mirando el próximo año, la próxima década y hasta la próxima generación. La visión de esta Obra no se entierra con los líderes, murió el Rev. Ortiz, pero la visión no murió, la visión continúa.
 
Así que uno tiene que dejar de ser un seguidor y convertirse en líder, y como líder ver hacia el futuro, para ser líder no necesitamos que nos nombren, un líder es aquel que tiene capacidad de poder llevar a cabo los proyectos de Dios, lo nombre la gente, le den un título o no, es un hombre y una mujer que no está detrás de los puestos, sino que está en la disposición de servir al Señor.
 
Jehová había dicho a Abraham: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”. Abraham cuando recibe estas palabras aprovechó el momento, no estaba mirando los desafíos, pero sí aprovechó las bendiciones. Dios le dijo que dejara las comodidades del hogar, que dejara a sus parientes y todo lo demás. No era fácil responder a ese compromiso con Dios, pero Abraham lo dejó y entró en el propósito de Dios, así pudo entrar a nuevas experiencias, apartado de las ataduras del pasado. A veces el pasado nos detiene, porque el pasado se convierte en un peso tan fuerte que hay gente detenida en su presente; y qué triste es que pasen los días y pasen los años y uno detenido dando vuelta en lo mismo, haciendo lo mismo; por eso hay pastores, iglesias que están detenidos porque siguen haciendo lo mismo.
 
Dios le da la esperanza a Abraham de ser padre de una nación, y no solamente de una nación, sino que se convertiría en padre de muchas naciones. Por lo tanto Abraham sintió la necesidad de seguir esta gran visión, Jehová le había dicho: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”. No se le dio una dirección específica, solamente una visión.
 
Observamos en la experiencia que vive Abraham y lo que pudo pasar como proceso de Dios para alcanzar el objetivo del Señor, de convertirse en padre de naciones, observamos lo siguiente: 1) Una visión debe empezar con las prioridades de Dios, 2) la visión debe conectarse con la identidad del líder, 3) la visión tiene que incluir a otros, 4) la visión tiene que ser más grande que el líder, 5) la visión de Dios tiene que conectarse con las convicciones más profundas que tiene el líder, 6) la visión tiene que ser tangible y fácil de comunicarse, y 7) la visión tiene un valor eterno.
 
1°) UNA VISIÓN DEBE EMPEZAR CON LAS PRIORIDADES DE DIOS
 
La visión debe comenzar con las prioridades de Dios, en el libro de Génesis 12:1-2, leemos: “Pero Jehová había dicho a Abraham: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición”. ¿Quién da inicio a la visión? La visión no se inicia en los hombres, la visión no se inicia en una organización que está registrada en algún país, la visión la inicia Dios. Dios inició la visión en Abraham, la visión del Movimiento Misionero Mundial no se inició en el Rev. Luis M. Ortiz, la visión la inició Dios. Por eso hay que empezar con las prioridades de Dios.
 
Hoy la gente ve esta Obra, del Movimiento Misionero Mundial, fuerte, poderosa, considerada en el mundo como una de las primeras obras de habla hispana con un crecimiento extraordinario. El que ahora ve la Obra piensa que cayó del cielo y se está olvidando de las raíces del sacrificio, de la entrega; y hasta piensan que esto es un negocio, pero esto no es un negocio de nadie, esto es la visión de Dios. Esta visión no es de los hombres, esta es la visión iniciada por Dios en el corazón de los hombres. Por eso es que esta Obra se ha podido sostener a través de tantos golpes y desafíos, se ha mantenido porque el que inició la visión es el mismo Dios, y la visión se la dio al Rev. Ortiz y ahora él está en la presencia del Señor, pero la visión continúa, porque es la visión de Dios.
 
Dios inició la visión no fue Abraham. Y el día que el Señor lo necesite hay que entregárselo porque es de Él. Es fácil entregar un pollino, pero difícil entregar una estructura poderosa. Así que cuando los líderes empiezan con la visión de Dios, ellos pueden mantenerse en curso y pueden seguir con motivos puros, cuando la visión es iniciada por Dios, Dios comienza a bendecir la Obra. Esta Obra comenzó con esfuerzo y sacrificio, ¿por qué ha crecido hasta esta magnitud? Ha crecido porque los que están al frente de la Obra mantienen el mismo curso, por allá dicen que hemos cambiado, cambiarán los hombres, pero la visión no ha cambiado.
 
Así que cuando la visión es iniciada por Dios, el hombre de Dios se mantiene con pasos firmes y puros, porque en medio de tanta bendición, los hombres se dañan, porque mientras más alto uno está más fuerte soplan los vientos. Dios ha llevado a esta Obra a unos niveles tan altos que hay que tener cuidado, hay que caminar firmes, no podemos improvisar, con la Obra de Dios no podemos jugar, la Obra es seria. Hay que dar pasos seguros, esto no es del que más corre, esto no es del que más avanza, esto no es del que más brinca y salta, esto es del que camina firme y seguro, y da pasos en la voluntad de Dios.
 
2°) LA VISIÓN DEBE CONECTARSE CON LA IDENTIDAD DEL LÍDER
 
Esa visión de Dios tiene que estar conectada, tiene que concordar con el líder. Cuando Abraham recibió la visión fue exacta para él y para Sara, Dios no le dio una visión para Abraham y otra para Sara. El llamado no puede destruir hogares, hay los que salen corriendo y dejan familias y lo dejan todo; y cuando se encuentran con la realidad del campo, se va a encontrar con la soledad, con la crisis; pero cuando entendamos que el que nos ha llamado es fiel y verdadero, estaremos en el campo no importando la realidad.
 
La visión tiene que conectarse con la identidad del líder, tiene que concordar con las necesidades y los deseos del líder, porque Abraham y Sara tenían necesidades y deseos, era una pareja estéril, y Dios se les reveló y les dijo: “Yo sé que eres estéril, pero antes de trabajar con este asunto, yo sé que tienes deseos, pero permíteme meterte en mi visión, y yo me voy a encargar de tus deseos, yo me voy a encargar de hacer mi voluntad en tu vida, yo me voy a encargar de hacerte fértil”.
 
3°) LA VISIÓN TIENE QUE INCLUIR A OTROS
 
La visión no puede ser la visión de un hombre, porque el hombre se puede convertir en lo que llaman “el hombre orquesta” y saben ¿cuántos hombres orquestas han dejado de sonar? Por lo tanto hay que incluir a otros en esta visión. Tiene que haber un espíritu de unidad en la Obra, no de competencia, no es decir cuál es el país más grande o el más alto, cuando a uno lo convoquen para un lugar ahí debe estar. Cuando alguien se levanta contra alguno de la Obra yo me paro como león a defender al hombre o a la mujer de Dios, yo no puedo permitir que alguien destruya el testimonio de uno de mis compañeros, si lo permito, mañana lo harán conmigo, puedo tener diferencias en cuanto a métodos se refiere, pero esta visión la tengo que compartir, tengo que defenderla con todas mis fuerzas.
 
En la visión hay que incluir a otros, porque la visión de Dios involucra y bendice a otros. No puedo trabajar para que Dios me bendiga, yo tengo que sembrar y transmitir en otros, y motivarlos para que también Dios los bendiga. Dios ha bendecido la Obra y cada país tiene una forma como Dios la está usando, hay países que son la fuerza económica, hay países que son la fuerza de las comunicaciones, hay los que tienen la fuerza de la teología, de la enseñanza de la Palabra, hay los que tienen el recurso humano; y no son competencia porque tiene que unirse, tiene que unirse el recurso económico, tienen que unirse a las comunicaciones, tiene que unirse el recurso humano, tiene que haber una unidad de espíritu, no puede haber una competencia, no puede decir uno porque yo tengo el recurso humano yo soy el que controlo, no mi amado, todos son importantes, todos son necesarios.
 
4°) LA VISIÓN TIENE QUE SER MÁS GRANDE QUE EL LÍDER
 
Nunca el líder puede ser más grande que la visión, la visión tiene que ser más grande que el líder. Abraham quería ser el padre de un hijo, mientras que Dios quería que él fuera el padre de muchas naciones; hay gente conformista esperando una cosa nada más pero Dios quiere darle muchas cosas. Hay obreros que se conforman con lo que tienen y dicen estar en victoria, pero por qué conformarse con poco, si otras misiones alcanzaron grandes logros y no tienen la esencia ni la excelencia de la Palabra; por qué quedarse en un rincón si podemos estar en un lugar estratégico para que otros puedan conocer al Señor, no se conforme con poco cuando Dios quiere darle grandes cosas.
 
Es importante saber que no es la visión del líder, porque cuando se muere el líder ahí quedó la visión. Pero cuando la visión es más grande que el líder, el líder dice: “ya no puedo seguir”, como cuando David le dijo a Salomón: “Yo sigo el camino de todos en la tierra” (1 Reyes 2:2), David le está diciendo a su hijo Salomón que se va a morir; y le sigue diciendo: “esfuérzate, y sé hombre” (v. 2b), le está diciendo que se mantenga firme, porque se le está confiando una gran visión.
 
Nosotros hemos recibido una visión grande, se murió el líder, pero no se murió la visión. La visión es más grande que el líder, la visión de la Obra es muy grande. Hay que ver más allá. Hay líderes que enferman al pueblo hablándole de crisis y problemas, así están enfermando al pueblo. El siervo del profeta Eliseo cuando vio que estaban rodeado de un gran ejército, y sitiaron la ciudad, con gente a caballo y carros, dijo: “¡Ah, señor mío! ¿qué haremos? Él (Eliseo) le dijo: no tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea…” (2Reyes 6:15-17).
 
Dios va a enviar a muchos a otras naciones, no podemos tener la visión de Samuel, porque Samuel veía lo externo, tenemos que tener la visión de Dios que ve el corazón de los hombres, Dios ve la pureza, ve la sinceridad, ve el sacrificio, ve la humildad, ve el trabajo.
 
5°) La visión de Dios tiene que conectarse con las convicciones más profundas que tiene el líder
 
El líder debe tener convicciones profundas en cuanto al trato y al llamado de Dios se refiere, porque hay personas que no tienen convicciones claras y le prestan oído a cualquier cosa. Existen noticias o cosas nocivas a las que debemos cerrar nuestros oídos, porque si se les permite, pueden entrar a su ser y dañar su espíritu, por lo tanto, tenemos que aprender a cerrar los oídos. Hay cosas que no debemos estar escuchando, aquello que trae violencia, que trae disensión, discordia en medio del pueblo, no debemos escucharlo. Hay que tener convicciones profundas.
 
“Entonces dijo: De cierto volveré a ti; según el tiempo de la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda, que estaba detrás de él. Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres. Se rió, pues, Sara entre sí… Entonces Jehová dijo a Abraham: Por qué se ha reído Sara diciendo: ¿Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja? ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo. Entonces Sara negó, diciendo: No me reí; porque tuvo miedo. Y él dijo: No es así, sino que te has reído”, Génesis 18:10. Dios le hace una promesa a Abraham, y él debe tener convicciones claras. Cuando hablo de convicciones, no simplemente hablo de estar convencido, es tener una convicción de creerle a Dios.
 
6°) LA VISIÓN TIENE QUE SER TANGIBLE Y FÁCIL DE COMUNICARSE
 
No puede ser una visión que la gente no entienda, muchas veces si el sonido de nuestras actividades no está claro la gente no entiende lo que se habla, por lo tanto, se da una palabra pensando que entendió el pueblo, pero como no estaba diáfano el sonido no lo entendió el pueblo. La visión tiene que ser tangible y fácil de comunicarse, Dios habla claro. Dios le habló a Abraham claro y le dijo que mirara las estrellas del cielo y la arena de la orilla del mar, leemos en la Biblia: “De cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como la estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar” (Génesis 22:17).
 
Hay momentos que Dios tiene que alzar su voz para hablarnos porque estamos un poco distantes de Él, pero a veces el Señor ya no grita, sino lo que quiere es hablarte al oído, ¿y cuándo es que Dios habla al oído de su siervo? Cuando su siervo pasa por el momento más crítico, donde la visión puede que esté un poco nublada, la visión del visionario, y me refiero al caso de Elías cuando estaba en un momento de crisis se metió en la cueva, y estando allí hubo revelación de vientos, de terremoto, de fuego, pero dice la Escritura que ahí no estaba la presencia de Dios, Dios quería hablarle al oído, entonces el Señor como nos ama tanto y amaba tanto a su siervo, vino y le habló, le susurro al oído, en el silbo apacible (1 Reyes 19:11-13), llega el momento que el Señor quiere hablarnos y hay que tener el oído presto a escucharlo.
 
Tenemos que tomar la postura de una mujer llamada Ana que se fue delante de la presencia de Dios, apenas abría sus labios, pero su alma gritaba en la presencia del Señor para que Dios se acordara de ella (1 Samuel 1:9-18). También Jesús estando en la agonía del Getsemaní necesitaba oír la voz del Padre (Mateo 26:39). Todos ellos querían salir de esa experiencia siendo diferentes, con una visión amplia.
 
7°) LA VISIÓN TIENE UN VALOR ETERNO
 
La visión tiene valor eterno, no es una visión por un tiempo. “Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él. Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él una gran nación” (Génesis 17:19-20). La visión de Abraham fue más allá de una tierra, incluyó riquezas, grandes bendiciones, la visión afectaría el destino de otras personas.
 
La visión de Jesús trasciende, se proyecta más allá. “Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas” (Marcos 6:34). Jesús vio a la multitud como ovejas sin pastor. Hoy por hoy hay muchos líderes pero pocos pastores, hay muchos administradores del altar, pero pocos pastores, porque el pastor tiene que tener la capacidad de conocer y de entender las ovejas. Un pastor es uno que se entrega, que va caminando y llevando las ovejas al mejor lugar. Hay muchas ovejas sin pastor, y una cosa es figura y personaje de pastor y otra es tener corazón de pastor; hay quienes visten hasta como pastor, pero no tiene corazón de pastor, no tienen compasión por las ovejas, las golpean, las maltratan, no le dan el alimento a tiempo, no cuidan de ellas, le están sacando la lana continuamente, las dominan, piensan que son unos dictadores y aquí no necesitamos el estilo de un militar, aquí necesitamos que sean pastores que cuiden el rebaño, que tengan el estilo de Jesús, el buen pastor que da su vida por las ovejas.
 
Uno tiene que sujetarse a su pastor, no puede ser autosuficiente, y si tiene una necesidad uno no va a cualquier persona, sino que va donde su pastor.  Jesús vio la multitud y la vio como ovejas sin pastor, entonces dijo a sus discípulos: “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:37-38).
 
Jesús vio los dolores de la cruz, porque qué lindo es hablar de la cruz, pero el efecto de la cruz es algo poderoso. Cuando Él ve los dolores de la cruz, cuando ve la agonía de su alma, Jesús va delante del Padre y le dice: “Padre yo sé que la hora ha llegado pero esto es doloroso, esto es difícil”. Hay los que presentan el Evangelio como si fuera cualquier cosa, algunos toman el ministerio como si fuera cualquier ocupación, pero debemos entender que esto es una entrega. Y ahí estaba el Señor en la agonía de la cruz y antes de llegar a esa cruz dice: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26:38). No se crea el súper espiritual, saque eso de su mente, hay angustia, hay amargura del alma, hay heridas profundas, luchamos todas las noches con cosas que golpean nuestro ser y necesitamos la sanidad, necesitamos el bálsamo, necesitamos del Señor.
 
Jesús viendo los dolores de la cruz, le dijo al Padre: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa” (Lucas 22:42), está diciendo Padre ya no puedo más, por eso no vamos a pensar que no sirve. Si Jesús dijo no puedo más, quiénes somos nosotros para tratar de demostrar fortaleza cuando no hay ninguna, Él dijo: “no puedo más Padre, pasa de mí esta copa”. Era el punto culminante de la rendición de la voluntad del Hijo al Padre y en ese punto culminante dice: “Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (v. 42b). Cuando Jesús vio los dolores de la cruz no salió corriendo, ni le echó la culpa al diablo, sino que afirmó su rostro y siguió adelante.
 
Aunque vino la adversidad Jesús fue fuerte, afirmó su rostro, y dijo: “muerte yo soy tu muerte”, y afirmando su rostro caminó al calvario firme y seguro que iba a alcanzar la redención nuestra y entregó su vida por nosotros. Después de los dolores de la cruz vio linaje, no vio las cosas en derrota, vio su entrega en la cruz en victoria y dentro de ese linaje te vio a ti, nos vio a nosotros.
 
La Biblia dice que Jesús vio los campos blancos listos para la siega y dijo: “Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores” (Juan 4:38); alguien sembró con lágrimas, alguien sembró con sacrificio, hermanos los campos están listos, las naciones están dispuestas, porque hubo uno que sembró con sacrificio y lo dejó listo para la siega, listo para la cosecha.
 
Ese es el criterio de una visión dada por Dios, no es la visión de lo hombres. Tenemos que decirle al Señor amplia mi visión para entender la visión de esta Obra. La Visión que Dios le ha dado a esta Obra no es la visión de un hombre, sino la visión de Dios. Al visionario que Dios le amplíe la visión.