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jueves, 5 de julio de 2012

El Esperar vale la pena

Quizá tu estés pasando por uno de esos procesos en donde la visión esta tardando mas de lo planeado

Habacuc 2:3 “Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará”.
 
Todos hemos pasado momentos de espera en el Señor, de una u otra manera hemos pedido algo a Dios y esa respuesta en muchas ocasiones ha tardado, no porque Dios tarde para responder, sino porque el sabe el tiempo indicado o mejor dicho perfecto para contestar.


Posiblemente en algún momento de tu vida cristiana has sentido como Dios te dio una amplia visión de lo que haría contigo o lo que haría en tu vida. Quizá ya paso un buen lapso de tiempo y aun no vez como esa visión se hace realidad.

A mi me gusta ser soñador, de hecho soy un soñador de primera, paso mucho tiempo pensando en realizar muchas cosas que anhelo en el Señor, ha habido momento en donde esos sueños parecieran que son ya una realidad de tantas veces que los he soñado, pero en medio de todo eso he aprendido a saber esperar en Dios.

Dios puede hacer cualquier cosa que nos halla prometido o que nosotros le hallamos pedido, pero también tiene una forma única de contestar o de cumplir lo prometido. En el antiguo tiempo vemos a un Abraham que tuvo que esperar décadas para ver cumplida su promesa. No es por desalentarte, pero si Abraham que era considerado amigo de Dios tuvo que esperar muchos años para ver concretado su sueño, ¿Cuánto tiempo tendremos que esperar aquellos que muchas veces no estamos siendo amigos de Dios?

Pero Dios es tan lindo que aunque muchas veces no estamos en nuestro mejor momento espiritual, El viene y responde aquello que tanto habíamos anhelado, quizá no porque te lo merezcas, ni porque seas un súper cristiano, sino para mostrarte que pese a tus errores el quiere bendecirte en gran manera, para que de esa forma propongas mantener una vida santa delante de El y una verdadera relación personal.
Quizá tu estés pasando por uno de esos procesos en donde la visión esta tardando mas de lo planeado, de esos momento en donde dan ganas de gritar al cielo y preguntar: “¿Qué paso?”, de esos momentos que he vivido en muchas ocasiones y que en momento determinado me han llevado a casi desalentarme en ver cumplida esa visión o sueño.

Amado, solo quiero decirte que aunque la visión tardare, no te desanimes, espérala porque sin duda vendrá, no tires la toalla antes de tiempo, no quieras colgar los guantes antes de intentarlo, no te canses antes de haber luchado, esperarlo, mantente firme, busca del Señor, deléitate en El, busca primeramente su justicia, alábalo, exáltalo, sírvele y sobre todo que sea de animo voluntario.
Dios observara todas tus acciones y examinara tu corazón para saber si son acciones que son producidas por un corazón sincero y transparente en el cual no hay un interés de por medio, sino que mas bien esta cumpliendo con su parte como dice la Palabra: “deléitate así mismo en Jehová”, y cuando eso pase, entonces Dios hará su parte que es: “y El concederá todas las peticiones de tu corazón”.

Aun cuando la visión tardare, espérala, porque sin duda VENDRÁ.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Hoy escucharemos Genesi 22

martes, 13 de marzo de 2012

Hoy escucharemos Genesis 21

lunes, 12 de marzo de 2012

Hoy escucharemos Genesis 20



lunes, 5 de marzo de 2012

Hoy Escuchraemos Genesis 18


viernes, 2 de marzo de 2012

Hoy escucharemos Genesis 17

jueves, 1 de marzo de 2012

Hoy escucharemos Genesis 16


miércoles, 29 de febrero de 2012

Hoy escucharemos Genesis 15


martes, 28 de febrero de 2012

El cumplimiento de la Visión

El cumplimiento de la Visión


Rev. Samuel David Mejía
Dios nos entrega una visión exacta de sus planes, pero no estamos exentos de cometer errores. La visión siempre es perfecta, pero nosotros somos seres humanos llenos de imperfecciones.
“Pero Jehová había dicho a Abram: vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” Génesis12:1-3.

¿Qué significa el término “visión”? La visión consiste en una meta definida que Dios pone frente a nosotros. En la que alcanzamos a ver alguna tarea o misión cumplida antes de haberla realizado. En la visión, Dios define claramente sus expectativas: tanto lo que pretende hacer con nuestras vidas, como lo que espera de nuestra parte. Para ilustrar este mensaje, recurriremos a la vida del patriarca Abraham, y analizaremos los pasos que aquel hombre de fe dio, hasta lograr cumplir la visión.

I. COMUNIÓN Y OBEDIENCIA

En los versículos que citamos, hallamos que lo primero que Dios hizo con Abraham fue mostrarle una visión y hablar directamente con él, ordenándole que saliera de Ur de los Caldeos, una tierra pagana (v. 1). Este hecho denota que Abraham gozaba de una comunión profunda con Dios, y por lo tanto, Dios tenía tratos individuales con él.

La primera visión que Abraham tuvo fue de tipo general o global. En ella, Dios le dio una serie de directrices a seguir en el presente, para así poder alcanzar las promesas futuras que también incluía la visión. En obediencia abandonó sus posesiones y privilegios en la tierra de los Caldeos, y salió rumbo a la tierra de Canaán. He aquí el primer paso a seguir para que se cumplan los propósitos de Dios en nuestras vidas: debemos obedecer ante cualquier tipo de demanda o de sacrificio que Dios exija de nosotros para el cumplimiento de la visión.

Durante su recorrido por la tierra de Canaán, Abraham tuvo un segundo encuentro de poder con Dios. En aquel lugar de peregrinación, Dios le entregó otra promesa a aquel hombre de fe, y esta fue: “A tu descendencia daré esta tierra” (Génesis 12:7). Aquella promesa consistía en un detalle o aspecto que no habían sido incluidos en la visión general que Dios le entregó a Abraham en Génesis 12:1-3. Cuando damos el paso de la obediencia, el Señor nos concede una visión más concreta e individualizada de los planes que Él tiene para con nosotros. En efecto, en la segunda visión que encierra el verso 7, Dios se muestra más exacto que en la primera visión.

Abraham supo cuál sería su participación dentro de aquella primera visión general o global. Asimismo, Dios le ha entregado a esta obra del Movimiento Misionero Mundial una visión global en cuanto a la evangelización del mundo; pero en esta visión general, nosotros tenemos una visión individual y una participación personal o específica.

II. CORREGIR LAS EQUIVOCACIONES

A pesar de haber recibido las dos mencionadas anteriormente, Abraham cometió una serie de errores. En Génesis 12:10, vemos a Abraham preocupado por el hambre que hubo en la tierra, por lo que decidió, sin consultar a Dios, descender a Egipto. A este primer error, sumó el de mentir con respecto a su esposa, Sara, a quien hizo pasar por su hermana. Faraón oyó alabar por sus súbditos la belleza de Sara, y empezó a entregarle dones como vacas, ovejas, siervos, criadas, etc.

¡Cuidado con los negocios que nos mantienen fuera de la voluntad de Dios! Los negocios no son para una persona a quien Dios le ha entregado una visión. Entre aquellas criadas que le regaló Faraón, estaba Agar, que con el transcurso de los años, se convirtió en una fuente de problemas entre Abraham y Sara.

Siempre hemos de tener presente que, aun cuando Dios nos entrega una visión exacta de sus planes para con nuestra vidas, no estamos exentos de cometer errores. La visión siempre es perfecta, pero nosotros somos seres humanos llenos de imperfecciones. El tercer paso a dar, para que se cumpla la visión, pues, consiste tanto en reconocer nuestras faltas como también estar dispuestos a corregirlas.

Esto requiere que tengamos un espíritu humilde. Hay personas a quienes Dios les ha entregado una visión perfecta, pero que se han desviado del propósito de Dios, y en vez de corregir su error, se mantienen empecinados en su conducta. No tienen la capacidad de doblegarse y humillarse ante Dios para reconocer sus faltas.

Asimismo, por su orgullo, se niegan a confesar sus errores ante los demás.

Abraham recapacitó, y rectificó su conducta. En Génesis 13:3-4, leemos: “Y volvió por sus jornadas desde el Neguev hacia Bet-el, hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Bet-el y Hai, al lugar del altar que había hecho allí; e invocó allí Abram el nombre de Jehová”. Es menester que volvamos al lugar donde Dios quiere que estemos, si por equivocación nos hemos salido del lugar que Dios nos había mostrado, como individuos, iglesias locales o concilio. No importa cuál sea la posición que ocupemos en la obra de Dios, si no somos capaces de corregir nuestras faltas, no servimos.

Por ejemplo, hay líderes que salen de la posición que Dios les ha dado, y cuando se le llama la atención para que vuelvan a ocupar su lugar, se enfurecen, se sienten mal, y comienzan a defender sus propios puntos de vista. Es que el orgullo humano hace que no corrijamos nuestras equivocaciones, y que empecemos a justificar nuestros errores. Uno piensa que, aunque se encuentra en Egipto y fuera de la voluntad de Dios, la visión habrá de cumplirse en nuestras vidas. Sin embargo, esto no es así. La visión se cumple en la tierra que Dios nos ha mostrado (Génesis 12:1), en la posición que él nos ha dado, en el lugar espiritual que Dios ha escogido para usted en la iglesia. Cuando una persona decide apartarse de la visión, las repercusiones en su vida espiritual y personal son inmediatas.

Hermano, si usted quiere que la visión se cumpla en su vida, no tiene otra opción sino la de regresar al lugar de la revelación, allí donde está el altar de Jehová. De no hacerlo, la visión quedará truncada, cortada a mitad de camino.

III. TENER UN CONTACTO FÍSICO CON EL OBJETO DE LA VISIÓN

En Génesis 13:14-17, Dios le revela a Abraham un detalle suplementario de la visión que tenía para él: “Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti a tu descendencia para siempre (...) Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré”.

Dios ordenó a Abraham que éste recorriera la tierra de Canaán de norte a sur y de este a oeste. En otras palabras, Dios quería que Abraham tuviera un contacto físico con la tierra que Él le había otorgado. Esto indica que la visión no puede cumplirse, si no tenemos un contacto directo con el objeto de esa visión. Por ejemplo, si Dios le indica a una persona que lo usará como predicador, esta visión no se cumplirá si la persona no empieza a predicar en su propio barrio o en la puerta de su casa. Si usted no tiene ese contacto directo con la visión, la misma se atrofia y nunca se llegará a cumplir.

La visión genuina o auténtica siempre confronta obstáculos y problemas. Por lo tanto, si Dios le ha llamado, póngase en contacto con la visión, y camine a lo largo y a lo ancho, para que se le quiten los temores.

Dios quería que Abraham sintiera, tocara, y palpara el objeto de su visión. Dios le instó a que conociera de cerca el lugar que Él le habría de dar. Durante su vida, Abraham sólo poseyó un cementerio en Canaán, porque él no tenía el dinero suficiente para comprar toda la tierra. Sin embargo, no necesitaba hacerlo, porque Dios se la había entregado. Cuando el patriarca empezó a recorrer la tierra a lo largo y a lo ancho, se olvidó de sus limitaciones, de sus temores, del hecho de que no tenía dinero para comprarla.

Al recorrer la tierra, al tener contacto con el objeto de la visión, Abraham recibió la fe de aquel territorio que le pertenecería un día. Asimismo, amado lector, usted ha de mantener un contacto mínimo con la visión que Dios le ha dado. Esto le infundirá fe de que la visión le pertenece, y que Dios cumplirá su promesa.

IV. ENCONTRARNOS CON EL SUMO SACERDOTE

En Génesis capítulo 14 leemos acerca de cuatro reyes que se aliaron para hacerles la guerra a las ciudades de Sodoma y de Gomorra. Aunque aquella guerra no le concernía, vemos que Abraham se vio indirectamente involucrado en la misma, por cuanto su sobrino, Lot, residía en Sodoma y fue llevado cautivo. Por causa de Lot, pues, Abraham armó a sus criados y fue a pelear contra aquellos reyes para rescatar a su sobrino.

Tras haber perseguido y vencido a aquel ejército, Abraham tuvo un encuentro con un hombre a quien no conocía: Melquisedec, rey de Salem y sacerdote de Dios (Génesis 14:18-20). Aquel sacerdote lo bendijo, y Abraham le entregó el diezmo de todo cuanto poseía. Hasta aquel momento, Abraham siempre había tenido encuentros con el Dios Altísimo.

En cada uno de aquellos encuentros, Dios le había revelado su omnipotencia y su magnificencia. Sin embargo, para que la visión se cumpliera, Abraham tuvo que ver a Dios en su verdadera dimensión. Hay quienes le sirven a Dios, quienes le han entregado sus corazones a Cristo, pero que no han conocido a Dios en su verdadera dimensión. No obstante, hasta que no hayan tenido ese encuentro de poder con Dios, esas personas nunca serán capaces de cumplir la visión que Dios tiene para ellas. En efecto, como seres humanos que somos, tenemos limitaciones y vemos todo desde nuestro prisma limitado. Dios quería que Abraham ampliara su visión, porque si nos mantenemos confinados en nuestras limitaciones, encerrados en nuestros miedos, nunca podremos llegar a nada con Dios.

Si usted ha recibido una visión y tiene temores, es porque no conoce a Dios en su verdadera dimensión, ¿Acaso existe algo imposible para Dios? ¡Nada! Por lo tanto, aquel que conoce a Dios en su verdadera dimensión, no le da lugar al miedo ni al temor.

Después de la batalla, Abraham conoció a Dios como el Dios Altísimo. Este hecho implica que tenemos que estar dispuestos a pelear, a entrar en la batalla contra nuestros pensamientos y nuestros conceptos humanos. Dios dice en su Palabra: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos” (Isaías 55:8).

Cuando recibimos una visión de Dios, tenemos que preservarla y pararnos firmes sobre ella. No podemos permitir que nada ni nadie nos aparte de la misma. El Señor nos da esta advertencia en las Sagradas Escrituras: “He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona” (Apocalipsis 3:11).

V. LA MUERTE DE LA VISIÓN MISMA

En Juan 12:24, leemos: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”. Este es el paso más doloroso, difícil y delicado de todos, es decir: que la visión misma muera.

Existe un proceso triste para todo aquel que tiene una visión de parte de Dios. Este es que dicha persona debe estar dispuesta a ver morirse la visión. Cuando Moisés salió a visitar a sus hermanos, recibió la visión divina relativa a su función de libertador. Así que, cuando vio al capataz egipcio golpeando a un israelí, decidió matarlo y esconderlo en la arena. Sin embargo, le denunciaron a Faraón, y tuvo que huir como un criminal a la tierra de Madián. En aquel lugar, y tras una espera de cuarenta años, la visión murió.

Después de aquellas cuatro décadas, Moisés vio una zarza ardiendo, la cual no se consumía. Cuando él se acercó, Dios le ordenó que quitara el calzado de sus pies porque se encontraba en un lugar santo. Moisés obedeció, y se postró delante de Dios. En aquel momento, Dios le llamó y le ordenó que sacara al pueblo de Israel. Las diferentes excusas que puso Moisés para no obedecer al llamado, nos plantean una serie de preguntas. ¿Qué había sucedido con lo que él había experimentado y sentido cuarenta años atrás? ¿Por qué él había querido, en aquella época, libertar al pueblo, y ahora se negaba a hacerlo? Porque la visión había muerto en él.

Es necesario que la visión muera en nosotros. ¿Por qué? Para que se nos desgarre el corazón al constatar que está muerta; y también para que Dios pueda resucitarla desde el medio de la zarza. La visión resucita en el desierto, en terreno santo y divino. Aquel día, la visión de liberación resucitó para Moisés. Amado lector, hoy ha llegado el día para que la visión resucite. Acércate al lugar santo, y Dios lo hará desde el medio de la zarza. Para Él no existe nada imposible. Dios les bendiga.

lunes, 27 de febrero de 2012

Hoy escucharemos: Genesis 13

miércoles, 8 de febrero de 2012

Hoy eschuchemos : Genesis capitulo 4

jueves, 26 de enero de 2012

¿Cuántos hijos tuvo Abraham, uno o dos?

¿Cuántos hijos tuvo Abraham, uno o dos?

"Decidme, los que queréis estar bajo la Ley: ¿no habéis oído la Ley?, pues está escrito que Abraham tuvo dos hijos: uno de la esclava y el otro de la libre." Gálatas 4:22.
En Génesis 22:2 y Hebreos 11:17, la Biblia parece afirmar que Abraham tuvo un solo hijo: "Y Dios le dijo: -Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, vete a tierra de Moriah y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré." (Génesis 22:2). "Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac: el que había recibido las promesas, ofrecía su unigénito." (Hebreos 11:17).
Sin embargo, en otra porción bíblica la Biblia parece contradecirse cuando dice que Abraham tenía dos hijos: "Decidme, los que queréis estar bajo la Ley: ¿no habéis oído la Ley?, pues está escrito que Abraham tuvo dos hijos: uno de la esclava y el otro de la libre." (Gálatas 4:22). La respuesta a esta aparente contradicción se encuentra en entender la representación tipológica de Isaac, claramente el segundo hijo de Abraham, como un tipo de Cristo.
Todos sabemos que Abraham tuvo dos hijos: a Ismael (de su esclava Agar) y también tuvo a Isaac, el hijo de Sara, la esposa de Abraham.
Pues para resolver este aparente problema tenemos que entender que para los planes de Dios, Isaac era el hijo de la promesa, no Ismael: "Entonces dijo Dios a Abraham: «No te preocupes por el muchacho ni por tu sierva. Escucha todo cuanto te diga Sara, porque en Isaac te será llamada descendencia. También del hijo de la sierva haré una nación, porque es tu descendiente". (Génesis 21:12).
Todos sabemos que hoy día logramos la salvación porque al aceptar a Jesús, nos hemos hecho herederos de la promesa hecha a Abraham, no por sangre, sino por fe. Pues de la misma forma en la que Abraham no se negó a sacrificar a su hijo a Dios, Dios no se negó a sacrificar a su hijo por los descendientes de Abraham, tanto por los descendientes por sangre -los Israelitas, como por los descendientes por la fe- nosotros, la Iglesia de Jesucristo.
ISAAC, TIPO DE CRISTO
Para presentar apoyo adicional a nuestra conclusión, he preparado la tabla siguiente, para mostrar las similitudes entre Isaac y Jesús; para presentar cómo Isaac es el tipo de Cristo que siglos más tarde sería sacrificado por Dios para cumplir con el pacto hecho entre Él y Abraham. Jesús mismo avala nuestra conclusión cuando afirmó: "Abraham, vuestro padre, se gozó de que había de ver mi día; y lo vio y se gozó." (Juan 8:56).
Jesús aquí nos dice que Abraham había visto la representación del Evangelio en su ofrenda de su hijo, su "único hijo." Así que cuando se usa el término "único hijo" se hace una referencia a que el único hijo de Abraham, Isaac, estaba cumpliendo un sacrificio profético de que un día el Único Hijo de Dios sería también sacrificado.
En otras palabras, la lógica del pacto entre Dios y Abraham es la siguiente: Como tú (Abraham) sacrificaste a tu "único hijo" por mí, yo también un día sacrificaré a mi "Único Hijo" por ti y por tu descendencia. Aunque Abraham no sacrificó su hijo en el mundo físico, en el conocimiento futuro de las cosas que Dios tiene, Dios supo que si el ángel no detiene a Abraham, él lo hubiera sacrificado. En otras palabras, en efecto, para Dios, Abraham sacrificó a su "único hijo" para mostrar su amor, obediencia y entrega total a Dios.
¿POR QUÉ DICE LA BIBLIA QUE ISAAC ERA EL "ÚNICO HIJO" DE ABRAHAM?
¡Porque dadas las circunstancias, en efecto lo era! Desde el punto de vista espiritual, universal y divino, Isaac era el "único hijo" de la promesa o del pacto. De todos los hijos que Abraham tuvo 8 en total, Isaac fue el "único hijo" que Dios tenía en mente desde antes de la fundación del mundo para desarrollar su plan de salvación universal. No a Ismael, ni a Zimram, ni a Jocsán, etc. Ismael, aunque inocente, fue víctima del error de sus padres. Pero Dios no tenía por qué alterar su plan de salvación por el pecado de Abraham y Sara.
Además, desde el punto de vista práctico, Abraham también era el "único hijo" de Abraham y de Sara. Cuando Dios dijo: "Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac…", Dios hacía una declaración técnicamente y factualmente cierta, ya que Ismael y su madre se habían marchado varios años antes. Isaac era entonces, el "único hijo" de Abraham y de Sara. Isaac era el hijo de un esposo y una esposa; no el resultado de un pecado, como lo fue Ismael, quien era hijo del esposo de Sara y un de sus esclavas, no de Sara y su esposo. Isaac era el hijo matrimonio a quien le confería la promesa y Dios no tenía por qué alterar su Plan para acomodar un pecado.
"Pero Sara vio que el hijo de Agar, la egipcia, el cual esta le había dado a luz a Abraham, se burlaba de su hijo Isaac. Por eso dijo a Abraham: Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac, mi hijo" (Génesis 21:9-10).
Cuando esta declaración de Dios se hizo, los demás hijos de Abraham tampoco habían nacido, esto, de acuerdo a lo que nos dice el récord histórico. "Abraham tomó otra mujer, cuyo nombre era Cetura, la cual le dio a luz a Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa." (Génesis 25:1). Estos seis hijos adicionales que tuvo Abraham nacieron después de Isaac a través de su esposa Katurah, con quien se casó después de la muerte de Sara. Este hecho debió ser conocido por los escritores de Génesis, Hebreos y Gálatas.
¿ES POSIBLE QUE HAYA UN ERROR Y LOS PERGAMINOS ORIGINALES NO DIGAN "ÚNICO"?
No. La Biblia dice literalmente: "Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas". No es necesario forzar la Biblia para que diga lo que a nosotros nos parece correcto. Lo correcto es lo que dice la Biblia, la que no contiene errores en su forma original o en su forma "autógrafa".
La explicación disponible es totalmente coherente, tanto desde el punto de vista histórico y factual, como desde el punto de vista del Plan de Salvación contenido en su totalidad por la Biblia, la Palabra de Dios.
Fuente: Autor: Lic. Dawlin A. Ureña (El Lic. Ureña es Pastor, y miembro de la Asociación Científica CRS - Creation Research Society).

miércoles, 18 de enero de 2012

Mensaje: Ampliando la Visión

Ampliando la Visión

Rev. Rubén Concepción

“Pero Jehová había dicho a Abraham: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”, Génesis 12:1.
Cada organización tiene una misión, tiene una visión, un propósito y unos objetivos, ninguna organización trabaja desorganizadamente, tampoco puede estar improvisando. La Obra tiene una visión, pero uno no puede ampliar la visión de la Obra; por eso está la visión de la Obra y está la visión del visionario. La Obra no va a ampliar la visión, es el visionario que ha recibido la visión, él es el que va a ampliar su visión para poder observar y tener una perspectiva más clara.
 
Esta visión de la Obra es sólida, y no tan sólo es una visión, sino también una misión. No siempre se puede mirar los campos, tenemos que tener una misión, porque no es sólo el ver, sino el hacer. La misión trae sacrificio, la misión conlleva compromiso, la misión demanda una entrega total. Hay una misión que realizar, hay una labor que hacer, por tanto una misión tiene que tener una comisión. Pero alguien comisiona, ¿quién es el que comisiona? ¿El supervisor o el presidente? ¡No! El que comisiona es el Señor. Tengo visión, tengo misión, tengo una comisión, por lo tanto, necesito un eslabón para poder moverme hacia el propósito de Dios, y eso se llama el método. Debemos tener un método para poder alcanzar el objetivo.
 
Dios nos ha llamado no para ser seguidores, sino para ser líderes, porque el líder ve hacia el futuro, el líder mira a la distancia, el líder puede levantar la mirada ahí donde está el desafío, el líder es el que sueña. El verdadero líder está mirando el próximo año, la próxima década y hasta la próxima generación. La visión de esta Obra no se entierra con los líderes, murió el Rev. Ortiz, pero la visión no murió, la visión continúa.
 
Así que uno tiene que dejar de ser un seguidor y convertirse en líder, y como líder ver hacia el futuro, para ser líder no necesitamos que nos nombren, un líder es aquel que tiene capacidad de poder llevar a cabo los proyectos de Dios, lo nombre la gente, le den un título o no, es un hombre y una mujer que no está detrás de los puestos, sino que está en la disposición de servir al Señor.
 
Jehová había dicho a Abraham: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”. Abraham cuando recibe estas palabras aprovechó el momento, no estaba mirando los desafíos, pero sí aprovechó las bendiciones. Dios le dijo que dejara las comodidades del hogar, que dejara a sus parientes y todo lo demás. No era fácil responder a ese compromiso con Dios, pero Abraham lo dejó y entró en el propósito de Dios, así pudo entrar a nuevas experiencias, apartado de las ataduras del pasado. A veces el pasado nos detiene, porque el pasado se convierte en un peso tan fuerte que hay gente detenida en su presente; y qué triste es que pasen los días y pasen los años y uno detenido dando vuelta en lo mismo, haciendo lo mismo; por eso hay pastores, iglesias que están detenidos porque siguen haciendo lo mismo.
 
Dios le da la esperanza a Abraham de ser padre de una nación, y no solamente de una nación, sino que se convertiría en padre de muchas naciones. Por lo tanto Abraham sintió la necesidad de seguir esta gran visión, Jehová le había dicho: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”. No se le dio una dirección específica, solamente una visión.
 
Observamos en la experiencia que vive Abraham y lo que pudo pasar como proceso de Dios para alcanzar el objetivo del Señor, de convertirse en padre de naciones, observamos lo siguiente: 1) Una visión debe empezar con las prioridades de Dios, 2) la visión debe conectarse con la identidad del líder, 3) la visión tiene que incluir a otros, 4) la visión tiene que ser más grande que el líder, 5) la visión de Dios tiene que conectarse con las convicciones más profundas que tiene el líder, 6) la visión tiene que ser tangible y fácil de comunicarse, y 7) la visión tiene un valor eterno.
 
1°) UNA VISIÓN DEBE EMPEZAR CON LAS PRIORIDADES DE DIOS
 
La visión debe comenzar con las prioridades de Dios, en el libro de Génesis 12:1-2, leemos: “Pero Jehová había dicho a Abraham: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición”. ¿Quién da inicio a la visión? La visión no se inicia en los hombres, la visión no se inicia en una organización que está registrada en algún país, la visión la inicia Dios. Dios inició la visión en Abraham, la visión del Movimiento Misionero Mundial no se inició en el Rev. Luis M. Ortiz, la visión la inició Dios. Por eso hay que empezar con las prioridades de Dios.
 
Hoy la gente ve esta Obra, del Movimiento Misionero Mundial, fuerte, poderosa, considerada en el mundo como una de las primeras obras de habla hispana con un crecimiento extraordinario. El que ahora ve la Obra piensa que cayó del cielo y se está olvidando de las raíces del sacrificio, de la entrega; y hasta piensan que esto es un negocio, pero esto no es un negocio de nadie, esto es la visión de Dios. Esta visión no es de los hombres, esta es la visión iniciada por Dios en el corazón de los hombres. Por eso es que esta Obra se ha podido sostener a través de tantos golpes y desafíos, se ha mantenido porque el que inició la visión es el mismo Dios, y la visión se la dio al Rev. Ortiz y ahora él está en la presencia del Señor, pero la visión continúa, porque es la visión de Dios.
 
Dios inició la visión no fue Abraham. Y el día que el Señor lo necesite hay que entregárselo porque es de Él. Es fácil entregar un pollino, pero difícil entregar una estructura poderosa. Así que cuando los líderes empiezan con la visión de Dios, ellos pueden mantenerse en curso y pueden seguir con motivos puros, cuando la visión es iniciada por Dios, Dios comienza a bendecir la Obra. Esta Obra comenzó con esfuerzo y sacrificio, ¿por qué ha crecido hasta esta magnitud? Ha crecido porque los que están al frente de la Obra mantienen el mismo curso, por allá dicen que hemos cambiado, cambiarán los hombres, pero la visión no ha cambiado.
 
Así que cuando la visión es iniciada por Dios, el hombre de Dios se mantiene con pasos firmes y puros, porque en medio de tanta bendición, los hombres se dañan, porque mientras más alto uno está más fuerte soplan los vientos. Dios ha llevado a esta Obra a unos niveles tan altos que hay que tener cuidado, hay que caminar firmes, no podemos improvisar, con la Obra de Dios no podemos jugar, la Obra es seria. Hay que dar pasos seguros, esto no es del que más corre, esto no es del que más avanza, esto no es del que más brinca y salta, esto es del que camina firme y seguro, y da pasos en la voluntad de Dios.
 
2°) LA VISIÓN DEBE CONECTARSE CON LA IDENTIDAD DEL LÍDER
 
Esa visión de Dios tiene que estar conectada, tiene que concordar con el líder. Cuando Abraham recibió la visión fue exacta para él y para Sara, Dios no le dio una visión para Abraham y otra para Sara. El llamado no puede destruir hogares, hay los que salen corriendo y dejan familias y lo dejan todo; y cuando se encuentran con la realidad del campo, se va a encontrar con la soledad, con la crisis; pero cuando entendamos que el que nos ha llamado es fiel y verdadero, estaremos en el campo no importando la realidad.
 
La visión tiene que conectarse con la identidad del líder, tiene que concordar con las necesidades y los deseos del líder, porque Abraham y Sara tenían necesidades y deseos, era una pareja estéril, y Dios se les reveló y les dijo: “Yo sé que eres estéril, pero antes de trabajar con este asunto, yo sé que tienes deseos, pero permíteme meterte en mi visión, y yo me voy a encargar de tus deseos, yo me voy a encargar de hacer mi voluntad en tu vida, yo me voy a encargar de hacerte fértil”.
 
3°) LA VISIÓN TIENE QUE INCLUIR A OTROS
 
La visión no puede ser la visión de un hombre, porque el hombre se puede convertir en lo que llaman “el hombre orquesta” y saben ¿cuántos hombres orquestas han dejado de sonar? Por lo tanto hay que incluir a otros en esta visión. Tiene que haber un espíritu de unidad en la Obra, no de competencia, no es decir cuál es el país más grande o el más alto, cuando a uno lo convoquen para un lugar ahí debe estar. Cuando alguien se levanta contra alguno de la Obra yo me paro como león a defender al hombre o a la mujer de Dios, yo no puedo permitir que alguien destruya el testimonio de uno de mis compañeros, si lo permito, mañana lo harán conmigo, puedo tener diferencias en cuanto a métodos se refiere, pero esta visión la tengo que compartir, tengo que defenderla con todas mis fuerzas.
 
En la visión hay que incluir a otros, porque la visión de Dios involucra y bendice a otros. No puedo trabajar para que Dios me bendiga, yo tengo que sembrar y transmitir en otros, y motivarlos para que también Dios los bendiga. Dios ha bendecido la Obra y cada país tiene una forma como Dios la está usando, hay países que son la fuerza económica, hay países que son la fuerza de las comunicaciones, hay los que tienen la fuerza de la teología, de la enseñanza de la Palabra, hay los que tienen el recurso humano; y no son competencia porque tiene que unirse, tiene que unirse el recurso económico, tienen que unirse a las comunicaciones, tiene que unirse el recurso humano, tiene que haber una unidad de espíritu, no puede haber una competencia, no puede decir uno porque yo tengo el recurso humano yo soy el que controlo, no mi amado, todos son importantes, todos son necesarios.
 
4°) LA VISIÓN TIENE QUE SER MÁS GRANDE QUE EL LÍDER
 
Nunca el líder puede ser más grande que la visión, la visión tiene que ser más grande que el líder. Abraham quería ser el padre de un hijo, mientras que Dios quería que él fuera el padre de muchas naciones; hay gente conformista esperando una cosa nada más pero Dios quiere darle muchas cosas. Hay obreros que se conforman con lo que tienen y dicen estar en victoria, pero por qué conformarse con poco, si otras misiones alcanzaron grandes logros y no tienen la esencia ni la excelencia de la Palabra; por qué quedarse en un rincón si podemos estar en un lugar estratégico para que otros puedan conocer al Señor, no se conforme con poco cuando Dios quiere darle grandes cosas.
 
Es importante saber que no es la visión del líder, porque cuando se muere el líder ahí quedó la visión. Pero cuando la visión es más grande que el líder, el líder dice: “ya no puedo seguir”, como cuando David le dijo a Salomón: “Yo sigo el camino de todos en la tierra” (1 Reyes 2:2), David le está diciendo a su hijo Salomón que se va a morir; y le sigue diciendo: “esfuérzate, y sé hombre” (v. 2b), le está diciendo que se mantenga firme, porque se le está confiando una gran visión.
 
Nosotros hemos recibido una visión grande, se murió el líder, pero no se murió la visión. La visión es más grande que el líder, la visión de la Obra es muy grande. Hay que ver más allá. Hay líderes que enferman al pueblo hablándole de crisis y problemas, así están enfermando al pueblo. El siervo del profeta Eliseo cuando vio que estaban rodeado de un gran ejército, y sitiaron la ciudad, con gente a caballo y carros, dijo: “¡Ah, señor mío! ¿qué haremos? Él (Eliseo) le dijo: no tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea…” (2Reyes 6:15-17).
 
Dios va a enviar a muchos a otras naciones, no podemos tener la visión de Samuel, porque Samuel veía lo externo, tenemos que tener la visión de Dios que ve el corazón de los hombres, Dios ve la pureza, ve la sinceridad, ve el sacrificio, ve la humildad, ve el trabajo.
 
5°) La visión de Dios tiene que conectarse con las convicciones más profundas que tiene el líder
 
El líder debe tener convicciones profundas en cuanto al trato y al llamado de Dios se refiere, porque hay personas que no tienen convicciones claras y le prestan oído a cualquier cosa. Existen noticias o cosas nocivas a las que debemos cerrar nuestros oídos, porque si se les permite, pueden entrar a su ser y dañar su espíritu, por lo tanto, tenemos que aprender a cerrar los oídos. Hay cosas que no debemos estar escuchando, aquello que trae violencia, que trae disensión, discordia en medio del pueblo, no debemos escucharlo. Hay que tener convicciones profundas.
 
“Entonces dijo: De cierto volveré a ti; según el tiempo de la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda, que estaba detrás de él. Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres. Se rió, pues, Sara entre sí… Entonces Jehová dijo a Abraham: Por qué se ha reído Sara diciendo: ¿Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja? ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo. Entonces Sara negó, diciendo: No me reí; porque tuvo miedo. Y él dijo: No es así, sino que te has reído”, Génesis 18:10. Dios le hace una promesa a Abraham, y él debe tener convicciones claras. Cuando hablo de convicciones, no simplemente hablo de estar convencido, es tener una convicción de creerle a Dios.
 
6°) LA VISIÓN TIENE QUE SER TANGIBLE Y FÁCIL DE COMUNICARSE
 
No puede ser una visión que la gente no entienda, muchas veces si el sonido de nuestras actividades no está claro la gente no entiende lo que se habla, por lo tanto, se da una palabra pensando que entendió el pueblo, pero como no estaba diáfano el sonido no lo entendió el pueblo. La visión tiene que ser tangible y fácil de comunicarse, Dios habla claro. Dios le habló a Abraham claro y le dijo que mirara las estrellas del cielo y la arena de la orilla del mar, leemos en la Biblia: “De cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como la estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar” (Génesis 22:17).
 
Hay momentos que Dios tiene que alzar su voz para hablarnos porque estamos un poco distantes de Él, pero a veces el Señor ya no grita, sino lo que quiere es hablarte al oído, ¿y cuándo es que Dios habla al oído de su siervo? Cuando su siervo pasa por el momento más crítico, donde la visión puede que esté un poco nublada, la visión del visionario, y me refiero al caso de Elías cuando estaba en un momento de crisis se metió en la cueva, y estando allí hubo revelación de vientos, de terremoto, de fuego, pero dice la Escritura que ahí no estaba la presencia de Dios, Dios quería hablarle al oído, entonces el Señor como nos ama tanto y amaba tanto a su siervo, vino y le habló, le susurro al oído, en el silbo apacible (1 Reyes 19:11-13), llega el momento que el Señor quiere hablarnos y hay que tener el oído presto a escucharlo.
 
Tenemos que tomar la postura de una mujer llamada Ana que se fue delante de la presencia de Dios, apenas abría sus labios, pero su alma gritaba en la presencia del Señor para que Dios se acordara de ella (1 Samuel 1:9-18). También Jesús estando en la agonía del Getsemaní necesitaba oír la voz del Padre (Mateo 26:39). Todos ellos querían salir de esa experiencia siendo diferentes, con una visión amplia.
 
7°) LA VISIÓN TIENE UN VALOR ETERNO
 
La visión tiene valor eterno, no es una visión por un tiempo. “Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él. Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él una gran nación” (Génesis 17:19-20). La visión de Abraham fue más allá de una tierra, incluyó riquezas, grandes bendiciones, la visión afectaría el destino de otras personas.
 
La visión de Jesús trasciende, se proyecta más allá. “Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas” (Marcos 6:34). Jesús vio a la multitud como ovejas sin pastor. Hoy por hoy hay muchos líderes pero pocos pastores, hay muchos administradores del altar, pero pocos pastores, porque el pastor tiene que tener la capacidad de conocer y de entender las ovejas. Un pastor es uno que se entrega, que va caminando y llevando las ovejas al mejor lugar. Hay muchas ovejas sin pastor, y una cosa es figura y personaje de pastor y otra es tener corazón de pastor; hay quienes visten hasta como pastor, pero no tiene corazón de pastor, no tienen compasión por las ovejas, las golpean, las maltratan, no le dan el alimento a tiempo, no cuidan de ellas, le están sacando la lana continuamente, las dominan, piensan que son unos dictadores y aquí no necesitamos el estilo de un militar, aquí necesitamos que sean pastores que cuiden el rebaño, que tengan el estilo de Jesús, el buen pastor que da su vida por las ovejas.
 
Uno tiene que sujetarse a su pastor, no puede ser autosuficiente, y si tiene una necesidad uno no va a cualquier persona, sino que va donde su pastor.  Jesús vio la multitud y la vio como ovejas sin pastor, entonces dijo a sus discípulos: “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:37-38).
 
Jesús vio los dolores de la cruz, porque qué lindo es hablar de la cruz, pero el efecto de la cruz es algo poderoso. Cuando Él ve los dolores de la cruz, cuando ve la agonía de su alma, Jesús va delante del Padre y le dice: “Padre yo sé que la hora ha llegado pero esto es doloroso, esto es difícil”. Hay los que presentan el Evangelio como si fuera cualquier cosa, algunos toman el ministerio como si fuera cualquier ocupación, pero debemos entender que esto es una entrega. Y ahí estaba el Señor en la agonía de la cruz y antes de llegar a esa cruz dice: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26:38). No se crea el súper espiritual, saque eso de su mente, hay angustia, hay amargura del alma, hay heridas profundas, luchamos todas las noches con cosas que golpean nuestro ser y necesitamos la sanidad, necesitamos el bálsamo, necesitamos del Señor.
 
Jesús viendo los dolores de la cruz, le dijo al Padre: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa” (Lucas 22:42), está diciendo Padre ya no puedo más, por eso no vamos a pensar que no sirve. Si Jesús dijo no puedo más, quiénes somos nosotros para tratar de demostrar fortaleza cuando no hay ninguna, Él dijo: “no puedo más Padre, pasa de mí esta copa”. Era el punto culminante de la rendición de la voluntad del Hijo al Padre y en ese punto culminante dice: “Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (v. 42b). Cuando Jesús vio los dolores de la cruz no salió corriendo, ni le echó la culpa al diablo, sino que afirmó su rostro y siguió adelante.
 
Aunque vino la adversidad Jesús fue fuerte, afirmó su rostro, y dijo: “muerte yo soy tu muerte”, y afirmando su rostro caminó al calvario firme y seguro que iba a alcanzar la redención nuestra y entregó su vida por nosotros. Después de los dolores de la cruz vio linaje, no vio las cosas en derrota, vio su entrega en la cruz en victoria y dentro de ese linaje te vio a ti, nos vio a nosotros.
 
La Biblia dice que Jesús vio los campos blancos listos para la siega y dijo: “Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores” (Juan 4:38); alguien sembró con lágrimas, alguien sembró con sacrificio, hermanos los campos están listos, las naciones están dispuestas, porque hubo uno que sembró con sacrificio y lo dejó listo para la siega, listo para la cosecha.
 
Ese es el criterio de una visión dada por Dios, no es la visión de lo hombres. Tenemos que decirle al Señor amplia mi visión para entender la visión de esta Obra. La Visión que Dios le ha dado a esta Obra no es la visión de un hombre, sino la visión de Dios. Al visionario que Dios le amplíe la visión.