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martes, 13 de noviembre de 2012

No Mirando Las Cosas Que No se Ven,Sino las cosas que se ven son temporales,pero las que no se ven son eternas.

No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. – 2 Corintios 4:18





No centre su atención en lo que puede ver en la esfera del mundo físico y natural. Todo lo que usted ve es temporal y sujeto a cambio. Por lo tanto, ponga su fe en el reino invisible y eterno. Las cosas que son eternas no están sujetas a cambio.
La Palabra de Dios es eterna. En ella hay 7000 promesas que tratan con cualquier situación que usted pueda enfrentar en la vida. Esas promesas nunca cambiarán no importa lo que suceda en este mundo en constante cambio.
No importa lo mal que su cuerpo se sienta, la Palabra siempre dirá: “por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24). No importa lo mal que esté económicamente, la Palabra siempre dirá: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).
Usted no tiene que resignarse a la existencia precaria que el mundo le ofrece. Eche mano de lo que la Palabra dice que usted puede tener. Centre su atención en las verdades eternas de Dios, no en las cosas que se ven, porque, después de todo, esas cosas están sujetas a cambio.

viernes, 24 de febrero de 2012

Por Fe andamos...

Por Fe andamos...

Rev. Luis M. Ortiz
El pueblo de Israel estaba en cautiverio en Egipto, pero Dios les lanzó el reto a seguirle para conducirles a una “tierra que fluye leche y miel”.
Cuando partieron, querían llegar enseguida sin ningún contratiempo. Ellos no estaban preparados para pelear contra los gigantes, moradores de aquellos lugares. Su fe no estaba edificada como para conquistar ciudades. Dios optó por conducirlos cruzando el Mar Rojo, a través de desiertos inhóspitos donde no había agua ni alimentos, de manera que tuviera la oportunidad de mostrar Su amor, Su poder, cuidándolos y ayudándoles en todas las cosas.
 
Dios quería que aprendieran a confiar y a depender enteramente de Él. Por eso, cuando tenían de frente al Mar Rojo, a sus lados inexpugnables montañas, y detrás el ejército del Faraón que les perseguía, Dios mostró Su amor y poder, y dividió el mar, y el pueblo cruzó a salvo.
 
Por eso, no habiendo agua en el desierto, Dios hacía que de la roca brotara agua. No habiendo alimento, les mandaba cada mañana el maná del cielo. No habiendo sombra en el desierto, les hacía sombra en el calor del día con la nube. No habiendo luz, les alumbraba en la noche con la columna de fuego. No habiendo ley en el desierto, les dio Ley. No habiendo templo, les proveyó de un tabernáculo desmontable. Dios quería que ellos ejercieran su fe en Él para cada necesidad.
 
Pero de muchos de ellos, no se agradó. No querían vivir dependiendo por fe en las promesas de Dios, y puesto que “sin fe es imposible agradar a Dios”, cayeron postrados en el desierto.
 
Y el Espíritu nos dice que estas cosas fueron escritas para nuestra advertencia, para que no caigamos en las mismas dudas, incredulidad y desobediencia.
 
Hay los que piensan que vivir por fe es vivir en necesidad y en penurias. Si su fe está puesta en hombres y en recursos humanos, éstos siempre fallan. Pero si está puesta en la inmutable fidelidad de la Palabra de Dios y en los inagotables recursos de la gracia y el poder de Dios, usted vivirá una vida victoriosa, de contentamiento tanto en la abundancia como en la escasez, porque sabe que todo lo puede en Cristo que le fortalece... que Dios suplirá todo lo que le falta conforme a sus riquezas en gloria; porque sabe que no hay muro que resista al impacto de la fe, no hay boca de león que se abra ante el testimonio de la fe, que no hay gloria mayor que la gloria de la fe.
 
La Biblia dice: “La justicia de Dios se revela por fe y para fe... Mas el justo por la fe vivirá”.