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lunes, 26 de marzo de 2012

Crecimiento Personal » ¡No me Gustan los Conflictos!

Para una buena relación son necesarios los conflictos.”
 
La palabra conflicto es una de las menos gustadas por la gente. Cuando pensamos en conflictos lo relacionamos con situaciones negativas o no deseadas y lo que buscamos es evitarlo o eliminarlo. Te has puesto a pensar en todos los conflictos que estás presentando en tu matrimonio o en tu trabajo, en tu familia o en tu negocio, y te preguntas “¿Por qué a mí? Si lo único que quiero es ser feliz, tener paz y tranquilidad y siempre termino en problemas.”

¿Cuáles son los conflictos que estás presentando hoy?

Se dice que un hombre había naufragado y permanecido en una isla desierta durante casi cuatro años hasta que un día vio un barco pasar. Corrió hasta el borde de la isla para realizar todo tipo de señales y llamar la atención de la tripulación.
Afortunadamente, el capitán alcanzó a verlo y ordenó que varios miembros de la tripulación fueran a investigar. A medida que se acercaba a la playa, se maravillaron de lo que vieron.
El hombre había hecho buenas cosas a pesar de los pocos recursos que disponía.
“Esto es increíble”, dijo el líder.
Luego dijo: “Antes de irnos, ¿te importa si mis hombres y yo damos una vista rápida a la isla?”
“En absoluto”, dijo el náufrago calmado.
En su recorrido por la isla, se dieron cuenta de tres cabañas. “¿Por qué tres cabañas?” preguntó el líder.
“Yo vivo en la primera“,  respondió el hombre. “La segunda es la iglesia a donde voy. Pensé que sería importante tener un lugar de  adoración en otra cabaña.”
El líder y sus hombres estaban impresionados. “¿Y para qué sirve la tercera cabaña?”
“Oh, eso es la iglesia que solía ir.”
Probablemente esto te cause risa, pero aquí encontramos una realidad que cuando no enfrentamos los conflictos en el matrimonio o en el trabajo, nuestra tendencia es huir antes de resolver el conflicto porque pensamos que los conflictos son destructivos y hay que eliminarlos.
¿Cómo resuelves tus conflictos en el matrimonio o en tu familia?
¿Cómo resuelves los conflictos laborales?
La manera como evadimos o resolvemos los conflictos habla de nosotros. Es importante entender que los conflictos son parte de la vida mientras estemos vivos. No hay tal cosa como una zona libre de conflictos. Siempre que haya dos o tres personas reunidas allí encontraremos un conflicto porque tenemos creencias diferentes. Si en tu vida no hay conflictos es porque vives en otro planeta o estás en el cementerio durmiendo.
Hay diferentes maneras de resolver los conflictos:
Huyendo del Conflicto. ¿Será que desaparece el problema?
Me quedo quieto. ¿Para qué entrar en conflicto? ¿Vivirá feliz esta persona?
Luchando. “El culpable es el otro y me voy a vengar”
Mediando. Buscando un término medio para favorecer a una persona.
Armonizando. Interviniendo sobre nuestro carácter y nuestras emociones. Buscando soluciones que sean justas para ambas partes.
Los conflictos difíciles se originan por la resistencia entre creencias diferentes. Y es la falta de flexibilidad la que hace que muchas veces no nos podamos desarrollar como personas, y no podamos crecer en nuestro matrimonio o en los negocios. Lo que te detiene de alcanzar el éxito son los conflictos no resueltos, son tus creencias limitantes y es allí donde el coaching puede ayudarte a buscar nuevas miradas para avanzar en el logro de tus metas.
Los conflictos nos ayudan en nuestro crecimiento, es algo que siempre lo será. El conflicto no es  ni bueno ni malo, simplemente es. El conflicto es una oportunidad de cambio.
Hoy es el mejor momento para resolver los conflictos que hay en tu vida y convertirte en un pacificador. Elige ser sabio! “…la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera.
En fin, el fruto de la justicia se siembra en paz para los que hacen la paz.” Santiago 3:17,1

miércoles, 21 de marzo de 2012

¿Andarán dos juntos, si no están de acuerdo?

¿Andarán dos juntos, si no están de acuerdo?
Rev. Ramón L. Aponte
Si queremos ser pueblo de Dios, y andar con Dios, debemos estar de acuerdo con Él. En primer lugar debemos de estar de acuerdo con Él respecto del pecado. Dios declara en forma inequívoca, categórica, en las Sagradas Escrituras, que todos hemos pecado, que todos hemos escogido nuestro propio camino (Salmo 14:1-3).
Lo primero que nos dice Dios es que nos arrepintamos, que cambiemos de dirección. Hemos estado andando en la dirección equivocada, transitando por el camino del yo, del egoísmo. Debemos virar y abandonar ese camino equivocado, confesar y abandonar nuestros pecados, acudiendo al Señor, pidiéndole que nos perdone y nos de la libertad por amor de Jesús.
 
Ahora bien, existe un arrepentimiento que podríamos calificar de religioso y que solo busca eludir la sanción, librarse del castigo. Pero debemos dar un paso más, hasta alcanzar lo que podríamos llamar el arrepentimiento genuino, cristiano. Ese arrepentimiento abarca no solamente el temor al castigo, sino una pena genuina por haber pecado contra el amoroso Padre Celestial, un dolor piadoso porque hemos ofendido a Aquel que nos amó e hizo provisión para que alcanzásemos el perdón y la limpieza.
 
Debemos llegar a otro acuerdo si andamos con Dios, un acuerdo respecto del señorío de Cristo. Indiscutiblemente debemos considerarlo como nuestro Redentor Salvador. Con frecuencia leemos las Sagradas Escrituras que “todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:13). En esta oración resaltan dos palabras. Una de ellas naturalmente es salvo, pero la otra palabra importante en este pasaje bíblico es el vocablo Señor. Debemos ponernos de acuerdo con Dios respecto del Señorío de Cristo. Si hemos sido perdonados, si hemos nacido de nuevo, no es para que vivamos esta vida a nuestro antojo. Dios nos ha redimido y renovado para que cumplamos Sus propósitos. El único descanso, paz y gozo verdaderos se sienten al encontrar nuestro verdadero lugar con relación al Señorío de Jesucristo.
 
Las Sagradas Escrituras afirman que Cristo cargó nuestros pecados en la cruz. “Quien llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia…” (1 Pedro 2:24). Ahora bien, esta provisión se hizo para todos, en todas partes, pero no nos beneficiaron hasta que sepamos de ella y hagamos los ajustes morales y espirituales necesarios, es decir, la confesión y el abandono de todo pecado, recibiendo a Jesucristo como Señor y Salvador.
 
Las Sagradas Escrituras declaran a sí mismo que Cristo no solamente cargó sobre sí nuestros pecados en la cruz, sino que llevó los pecados de todos los hombres de todo el mundo, de toda la raza humana en la cruz. Pero esto tampoco nos beneficia hasta que lo sepamos y hasta que hagamos el necesario ajuste moral y espiritual, que significa una rendición a Dios total, incondicional e irrevocable, Jesús nos dice que equivale a tomar la cruz y seguirle. El apóstol Pablo, después de haber experimentado esta entrega, declara: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí…” (Gálatas 2:20). Esta crucifixión también está incluida en el andar de acuerdo con Dios.
 
Efesios 5:18 nos da otro imperativo: “Sed llenos del Espíritu Santo”. El Espíritu habita en todos los creyentes que han nacido del espíritu, pero necesitamos este revestimiento del Espíritu Santo a fin de fortalecer nuestro carácter cristiano y ser como Cristo. También el bautismo en el Espíritu Santo, que es una unción de poder, y que nos da como resultado una vida fructífera.
 
Un estudio muy provechoso de la Biblia de parte de cada uno de nosotros sería la búsqueda de otras formas en virtud de las cuales es de necesidad imperativa que estemos de acuerdo con Dios, a fin de que en forma inequívoca, podamos andar con Él. Amén.