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jueves, 5 de julio de 2012

El Esperar vale la pena

Quizá tu estés pasando por uno de esos procesos en donde la visión esta tardando mas de lo planeado

Habacuc 2:3 “Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará”.
 
Todos hemos pasado momentos de espera en el Señor, de una u otra manera hemos pedido algo a Dios y esa respuesta en muchas ocasiones ha tardado, no porque Dios tarde para responder, sino porque el sabe el tiempo indicado o mejor dicho perfecto para contestar.


Posiblemente en algún momento de tu vida cristiana has sentido como Dios te dio una amplia visión de lo que haría contigo o lo que haría en tu vida. Quizá ya paso un buen lapso de tiempo y aun no vez como esa visión se hace realidad.

A mi me gusta ser soñador, de hecho soy un soñador de primera, paso mucho tiempo pensando en realizar muchas cosas que anhelo en el Señor, ha habido momento en donde esos sueños parecieran que son ya una realidad de tantas veces que los he soñado, pero en medio de todo eso he aprendido a saber esperar en Dios.

Dios puede hacer cualquier cosa que nos halla prometido o que nosotros le hallamos pedido, pero también tiene una forma única de contestar o de cumplir lo prometido. En el antiguo tiempo vemos a un Abraham que tuvo que esperar décadas para ver cumplida su promesa. No es por desalentarte, pero si Abraham que era considerado amigo de Dios tuvo que esperar muchos años para ver concretado su sueño, ¿Cuánto tiempo tendremos que esperar aquellos que muchas veces no estamos siendo amigos de Dios?

Pero Dios es tan lindo que aunque muchas veces no estamos en nuestro mejor momento espiritual, El viene y responde aquello que tanto habíamos anhelado, quizá no porque te lo merezcas, ni porque seas un súper cristiano, sino para mostrarte que pese a tus errores el quiere bendecirte en gran manera, para que de esa forma propongas mantener una vida santa delante de El y una verdadera relación personal.
Quizá tu estés pasando por uno de esos procesos en donde la visión esta tardando mas de lo planeado, de esos momento en donde dan ganas de gritar al cielo y preguntar: “¿Qué paso?”, de esos momentos que he vivido en muchas ocasiones y que en momento determinado me han llevado a casi desalentarme en ver cumplida esa visión o sueño.

Amado, solo quiero decirte que aunque la visión tardare, no te desanimes, espérala porque sin duda vendrá, no tires la toalla antes de tiempo, no quieras colgar los guantes antes de intentarlo, no te canses antes de haber luchado, esperarlo, mantente firme, busca del Señor, deléitate en El, busca primeramente su justicia, alábalo, exáltalo, sírvele y sobre todo que sea de animo voluntario.
Dios observara todas tus acciones y examinara tu corazón para saber si son acciones que son producidas por un corazón sincero y transparente en el cual no hay un interés de por medio, sino que mas bien esta cumpliendo con su parte como dice la Palabra: “deléitate así mismo en Jehová”, y cuando eso pase, entonces Dios hará su parte que es: “y El concederá todas las peticiones de tu corazón”.

Aun cuando la visión tardare, espérala, porque sin duda VENDRÁ.

lunes, 20 de febrero de 2012

¿Cuál es la edad de la tierra?

¿Cuál es la edad de la tierra?
Cuando empezamos en el Génesis y sumamos todas las fechas que nos da la Biblia, encontramos que Dios creó todo sólo hace unos cuantos miles de años atrás.
¿Cuántos años tiene la tierra?
El hecho que de acuerdo con la Biblia, Adán fue creado en el sexto día de la existencia de nuestro planeta, podemos determinar con bases bíblicas la edad aproximada de la tierra, viendo los detalles cronológicos de la raza humana. Esto por supuesto asume que los datos de Génesis son precisos, que el sexto día de la creación descrito en Génesis fue literalmente un período de 24 horas, y que no hubo intervalos cronológicos ambiguos.
Las genealogías descritas en los capítulos cinco y once de Génesis, nos dicen la edad en la cual Adán y cada uno de sus descendientes iniciaron la siguiente generación en una ancestral línea sucesiva desde Adán hasta Abraham. Determinando dónde encaja Abraham cronológicamente en la historia y añadiendo las edades mencionadas en los capítulos cinco y once de Génesis, la Biblia enseña que la tierra tiene aproximadamente 6,000 años de edad, agregando o restando algunos pocos cientos de años.
¿Qué hay de la popular idea de que tiene 4.6 billones de años, aceptada por la mayoría de los científicos actuales y enseñados en la gran mayoría de las instituciones académicas? Esta edad es primeramente derivada de dos datos técnicos: el método del carbono 14 que determina la edad de vestigios orgánicos (radiometría), y la escala del tiempo geológico. Los científicos que abogan por una edad menor de aproximadamente 6,000 años, insisten que la prueba del carbono 14 es defectuosa porque se basa en una serie de suposiciones inexactas, mientras que la escala del tiempo geológico es poco acertada, porque emplea un razonamiento circular. Es más, ellos exponen la falsedad de los antiguos mitos sobre la edad de tierra; como la popular y malentendida creencia de que la estratificación, fosilización y la formación de diamantes, carbón, petróleo, estalactitas y estalagmitas, etc., requieren de largos períodos de tiempo para su formación.
Finalmente, los defensores de una menor edad de la tierra, presentan evidencias positivas, en vez de las evidencias presentadas para una larga edad, las cuales son invalidadas por ellos. Los científicos partidarios de una tierra joven, saben que representan actualmente una minoría, pero insisten en que sus seguidores aumentarán con el tiempo, mientras más y más científicos reexaminan la evidencia y ven más de cerca el paradigma actualmente aceptado de una tierra vieja.
Ya sean 6,000 o 4.6 billones de años – ambas posturas (y todas aquellas en medio de estas) se basan en la fe y las suposiciones. Aquellos que sostienen los 4.6 billones de años, confían en que los métodos tales como la radiometría son confiables, y que nada ha ocurrido en la historia que pueda haber perturbado la desintegración del radio-hisopo. Los que sostienen los 6,000 años, confían en que la Biblia es la verdad, y que otros factores explican la “aparente” edad de la tierra, tales como el diluvio universal, o la creación de Dios del universo en un estado que “parece” darle una muy larga edad. Como ejemplo tenemos que, Dios creó a Adán y a Eva como seres humanos adultos y desarrollados. Si un doctor hubiera tenido que examinar a Adán y a Eva en el día de su creación, el doctor habría estimado su edad en 20 años (o cualquier edad que ellos parecían tener) – cuando, de hecho, Adán tenía menos de un día de su creación. Cualquiera que sea el caso, siempre hay una buena razón para confiar en la Palabra de Dios sobre las palabras de científicos ateos con una agenda evolucionista.
Cuando un cristiano le diga que la Tierra tiene miles de millones de años, pídale a esa persona que le muestre dónde se encuentra en la Biblia. El punto es que si Ud. toma la Biblia sola, nunca tendrá la idea de miles de millones de años. Entonces, ¿podemos saber la edad de la tierra?
¡Cuando empezamos en el Génesis y sumamos todas las fechas que nos da la Biblia, encontramos que Dios creó todo sólo hace unos cuantos miles de años atrás! ¡Decir que la creación sucedió hace millones de años es simplemente llamar a Jesucristo, a Pedro, a Pablo y a varios otros hombres de Dios, mentirosos!

miércoles, 1 de febrero de 2012

El mensaje De hoy : El ministerio fructífero



La causa principal de mi pobreza e ineficacia es debido a una inexplicable negligencia en la oración. Puede escribir, leer, conversar y oír con voluntad presta pero la oración es más íntima e espiritual que estas cosas y por eso mi corazón carnal fácilmente la rehúye. La oración, la paciencia y la fe nunca quedan sin efecto. Hace tiempo que he aprendido que si llego a ser un ministro será por la oración y la fe. Cuando mi corazón está en aptitud y libertad para orar, cualquier otra tarea es comparativamente sencilla. Richard Newton
Es necesario establecercomo un axioma espiritual que en todo buen ministerio la oración es una fuerza dominante y manifiesta no sólo en la vida del predicador, sino en la espiritualidad profunda de su obra. Un ministro puede ser todo lo dedicado que se quiera sin oración, asegurar fama y popularidad sin oración; toda la maquinaria de la vida y obra del predicador puesta en movimiento sin el aceite de la oración o con un poco apenas para engrasar alguno de los dientes de las ruedas, pero ningún ministerio puede ser espiritual y lograr la santidad del predicador y de su pueblo, sin la oración como fuerza dominante y manifiesta.

El predicador que ora tiene la ayuda efectiva de Dios en su obra. Dios no muestra su presencia en la obra del predicador como cosa natural o en principios generales, sino que viene por la oración urgente y especial. Que Dios puede ser hallado el día que le busquemos con todo el corazón, es tan cierto para el predicador como para el penitente. Un ministerio donde la oración es el único medio capaz de poner al predicador en simpatía con el pueblo. La predicación le liga tanto a lo humano como a lo divino. Solo el ministerio donde hay oración es idóneo para los altos oficios y responsabilidades de la predicación. Los colegios, el saber, los libros, la teología, la predicación, no pueden hacer por el predicador lo que hace la oración. La comisión para predicar dado a los apóstoles fue una hoja en blanco hasta que no la llenó el Pentecostés pedido en oración.

Un ministro devoto ha ido más allá de las regiones de lo popular, es más que un hombre ocupado de actividad mundana, de atractivo en el púlpito. Ha ido más allá del organizador o director eclesiástico hasta alcanzar lo sublime y poderoso, lo espiritual. La santidad es el producto de su obra; los corazones y vidas transfiguradas son el blasón de la realidad de su trabajo, de su naturaleza genuina y substancial. Dios está con él. Su ministerio no se proyecta sobre principios mundanos o superficiales. Tiene grandes reservas y conocimientos profundos de los bienes de Dios. Su comunión frecuente e íntima con Dios de su pueblo y la agonía de su espíritu luchador le han coronado como un príncipe en el reino de Dios. El hielo del simple profesional se ha derretido con la intensidad de su oración.

Los resultados superficiales del ministerio de algunos, la inercia del de otros, tienen que explicarse en la falta de oración. Ningún ministerio puede alcanzar éxito sin mucha oración, y esta oración ha de ser fundamental, constante y creciente. El texto, el sermón han de ser la consecuencia de la oración. Su cuarto de estudio ha de estar bañado en oración, todos los actos impregnados de este espíritu. “Lamento haber orado muy poco”, fue la expresión de pesadumbre que tuvo en su lecho de muerte uno de los escogidos de Dios, remordimiento que nos entristece tratándose de un predicador. “Deseo una vida de muy grande, profunda y verdadera oración”, decía otro predicador notable. ¡Que esto digamos todos y para ello nos esforcemos!

Los genuinos predicadores de Dios se han distinguido por esta gran característica: han sido hombres de oración. A menudo difieren en algunos rasgos, pero han coincidido en el requisito central. Quizás han partido de diferentes puntos y atravesado distintos caminos pero están unidos en la oración. Para ellos Dios fue el centro de la atracción y la oración ha sido la ruta que los ha conducido a Él. Estos hombres no han orado ocasionalmente ni en cortas proporciones a horas regulares, sino que sus oraciones han penetrado y formado sus caracteres; han afectado sus propias vidas y las de otros, y han formado la historia de la Iglesia e influenciado la corriente de los tiempos. Han pasado mucho tiempo en oración, no porque lo marcaran en la sombra del reloj de sol o las manecillas de un reloj moderno, sino porque para ellos fue una ocupación tan importante y atractiva que difícilmente la abandonaban.

La oración para ellos ha sido como fue para Pablo, un ardiente esfuerzo del alma; lo que fue para Jacob, haber luchado y vencido; lo que fue para Cristo “gran clamor y lágrimas”. “La oración eficaz” ha sido el arma más poderosa de los soldados más denodados de Dios. “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”. Lo que se dice de Elías respecto de que “era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto”, incluye a todos los profetas y predicadores que han guiado hacia Dios la generación en que han vivido, dando a conocer el instrumento por el que han hecho maravillas.