viernes, 6 de enero de 2012

Demos a conocer la Palabra

Demos a conocer la Palabra


Rev. Rodolfo González Cruz
La falta de conocimiento de las Escrituras puede llevarnos a sí mismo a caer en pecados gravísimos por ignorancia; mas la maldición de Dios alcanzará a aquellos que conociendo la Palabra incurren en pecados conscientemente.
En los principios de los tiempos Dios tenía comunión con el hombre. El plan inicial de Dios  era que el hombre -una criatura perfecta en todos los sentidos y creada para su gloria y alabanza fuera feliz se multiplicara y habitara la tierra que Él había creado por el poder de su Palabra. Su meta nunca fue atormentarlo ni verlo sufrir.
 
No obstante, el pecado de desobediencia vino a romper aquella comunión íntima entre el ser humano y su Creador. Las consecuencias de este acto de desobediencia fueron terribles, pero Dios buscó la forma cómo volver a reinstaurar la comunión rota con el hombre.
 
En algunos casos Dios se reveló directamente, en otros casos uso ángeles, profetas e intermediarios que le dieron a conocer Sus designios y propósitos. El más grande de todos estos propósitos consistía en la rendición de la raza humana a través del Mesías. La venida de Cristo a esta tierra permitió, pues, restaurar definitivamente aquella comunión entre el hombre y el Dios Todopoderoso.
 
En las Escrituras, Dios nos dejó unas leyes perfectas que permiten vivir en paz, con Él primero y luego con nuestro prójimo, por este motivo, Jesucristo ordenó en que escudriñemos las Escrituras. Estas, en efecto, nos permiten conocer a Dios en forma más profunda e íntima, y nos permite saber qué cosas le agradan y cuáles son las que abomina. “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).
 
Si el hombre escudriñase las Escrituras. Sabría, por ejemplo que es abominación a Dios postrarse ante una imagen con el fin de tener comunión, y la práctica de idolatría implica desviarse de lo que es la verdadera adoración a Dios (Éxodo 20:4,5). La falta de conocimiento de las Escrituras puede llevarnos a sí mismo a caer en pecados gravísimos por ignorancia; mas la maldición de Dios alcanzará a aquellos que conociendo la Palabra incurren en pecados conscientemente.
 
PELIGROS DE LA IGNORANCIA
 
El pecado estriba en hacer algo en contra de todo lo bueno que Dios ha establecido para nuestra familia, nuestro prójimo y nosotros mismos. El pecado consiste también en negarnos a hacer el bien cuando podemos hacerlo. Ahora, bien existe dos tipos de pecados los pecados a sabiendas y los pecados por ignorancia.
 
Muchas personas se escudan bajo la excusa de la ignorancia tras haber cometido malos actos, por esta excusa es válida solo a mitad. En efecto cuando no conociésemos las leyes divinas, Dios nos dejó la conciencia y el Espíritu Santo para que estos nos reprendan antes, durante y después de haber cometido mal.
 
Refiriéndose al Espíritu Santo nuestro Señor Jesucristo dijo: “Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia; por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio por cuanto el príncipe de este mundo ya ha sido juzgado” (Juan 16:8-11).
 
¿Cuántas veces aun estando perdidos en el mundo, no hemos oído en nuestra mente aquella vocecita que nos dice: “no lo hagas”? ¿Cuántas personas que no conocen ni a Dios ni la Biblia, han sido reprendidas en su corazón para no cometer algún pecado? Dios habla a los incrédulos a través de los sueños también, por cuanto Él no quiere que Sus criaturas se pierdan si no que vuelvan a la comunión con Él. Quizás usted amado lector, es una de estas personas. No resista al Espíritu Santo, y ríndase a Dios pidiéndole perdón por todos sus pecados.
 
Nuestro Creador nos dio, en su infinita misericordia y amor, el libre albedrio. Esto significa que estamos capacitados para escoger entre el bien y el mal, el pecado y la sanidad, la vida y la muerte eterna, el cielo y el infierno. Estamos libres, tanto de hacer lo que queremos como de obedecer o no a Su Palabra. Dios no quiere que le sirvamos por miedo al infierno y a la condenación eterna, sino porque le amamos con todo nuestro ser.
 
En 1 Samuel 28:7-10 leemos como sigue: “Entonces Saúl dijo a sus criados: Buscadme una mujer que tenga espíritu de adivinación, para que yo vaya a ella y por medio de ella pregunte. Y sus criados le respondieron: He aquí hay una mujer en Endor que tiene espíritu de adivinación. Y se disfrazó Saúl, y se puso otros vestidos, y se fue con dos hombres, y vinieron a aquella mujer de noche; y él dijo: Yo te ruego que me adivines por el espíritu de adivinación, y me hagas subir a quien yo te dijere. Y la mujer le dijo: He aquí tú sabes lo que Saúl ha hecho, cómo ha cortado de la tierra a los evocadores y a los adivinos. ¿Por qué, pues, pones tropiezo a mi vida, para hacerme morir? Entonces Saúl le juró por Jehová, diciendo: Vive Jehová, que ningún mal te vendrá por esto.”
 
Dios había escogido a Saúl para ser el primer rey de Israel. A diferencia de los demás reyes de la tierra, su responsabilidad principal radicaba en mover a toda la población a conocer las leyes de Dios, para que sus súbditos no pecaran por ignorancia. Saúl conocía bien las Escrituras como lo demuestra el hecho que eliminó a todos los hechiceros y brujos del pueblo de Israel.
 
Nuestro Señor abomina la magia negra o blanca, la nigromancia, la brujería, los sortilegios, la adivinación del futuro y todos los pecados que estén relacionados con las prácticas ocultas. Por este motivo, Dios prohibió determinantemente que su pueblo se dirigiera a estos impostores poseídos por los demonios a fin de conocer el futuro.
 
En Deuteronomio 18:10-14 leemos como sigue: “No se ha hallado en ti quien haga pasar a su hijo por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que haces estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti. Perfecto serás delante de Jehová tu Dios. Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros, y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios”.
 
El profeta Isaías a su vez declaró en profecía: “Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos? ¡A ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:19-20).
 
La persona que consultaba a los hechiceros era (y sigue siendo) maldita por Dios: “Y la persona que atendiere a encantadores o adivinos, para prostituirse tras de ellos, yo pondré mi rostro contra tal persona” (Levítico 20:6). En cuanto al adivino, Dios sentenció que se le matara por apedreamiento: “Y el hombre o la mujer que evocare espíritus de muertos o se entregue a la adivinación, ha de morir; serán apedreados; su sangre será sobre ellos” (Levítico 20:27; ver también Éxodo 22:18). Dios quería que su pueblo entendiera cuán grave era cometer estos actos, y por eso condenaba a muerte a sus practicantes.
 
Las Escrituras enseñan que los espíritus de los muertos se encuentran en un lugar de reposo celestial o en un lugar de tormento. Ni los que murieron creyendo en Cristo, ni los incrédulos pueden, pues, regresar a hablar con nosotros los vivientes (Lucas 17:26-31). Por consiguiente, si los muertos no pueden venir a alabar con los participantes a una reunión espiritual, ¿quién viene? Simplemente un demonio que toma posesión de las cuerdas vocales del que está llevando a cabo ese rito demoniaco.
 
Los demonios son unos espíritus que han perdido el cuerpo glorificado que tenían en el cielo. Por eso mismo, prefieren hasta poseer un animal antes que quedarse sin cuerpo humano tienen más campo de unción (pueden usar sus cinco sentidos y su cinco cuerdas vocales).
 
Es vergonzoso señalar que hay cristianos “infiltrados entre nosotros, unos supuestos conocedores de la Biblia, pero que le echan un vistazo a los horóscopos en los periódicos o en las revistas. Se saben los doce signos del zodiaco con sus planetas ascendentes, y si alguien les pregunta cuál es su signo zodiacal, no vacilan en contestar… ¡Esto no es un juego, sino un grave pecado contra Dios! Si usted es uno de ellos arrepiéntase ahora mismo de tales prácticas.
 
LA PALABRA DE DIOS, FUENTE DE VIDA Y PAZ
 
Cuando estábamos en el mundo y en nuestra ignorancia, nos decíamos: “cristianos”, pero de vez en cuando íbamos a consultar a los curanderos para recibir salud, y a los hechiceros a fin de que nos leyeran las líneas de la mano o las cartas de tarot para predecirnos el futuro. De esta forma, caímos en la trampa de ser encadenados por el mismo Satanás en persona.
 
Éramos religiosos sinceros con altares de dos o tres pisos en nuestras casas, pero estábamos perdidos porque no conocíamos la Palabra de Dios, ni al Dios de esta Palabra. En aquel tiempo, teníamos, pues, una religión sin Biblia, en otras palabras una religión sin conocimientos de las leyes de Dios. Por consiguiente, al no conocer a Dios ni tampoco sus mandamientos, ¿cómo íbamos  a ser cristianos sin respetar las leyes de Dios? Por esto mismo Dios nos dejó la Biblia para que supiésemos quién y cómo es Él; para mostrarnos su inmutabilidad a pesar de los cambios que pudieran acontecer en este mundo. Al conocer la Biblia, el pueblo tiene acceso a la verdad, y así evitar incurrir en semejantes abominaciones (como postrarse ante imágenes religiosas; consultar a hechiceros; vivir vidas silenciosas, etc.).
 
Satanás ha inventado muchas religiones sin Biblia, que mantienen a la gente ilusionada pensando que es salva. No obstante, ¿cómo serán salvos sin conocer la Palabra de Dios y el único mediador entre Dios y los hombres, nuestro Señor Jesucristo?
 
Más gente de lo que podamos imaginar vive atormentada día y noche por los demonios. Sienten presencias extrañas en sus casas; no soportan quedarse solos y viven angustiados; las catástrofes inexplicables y los accidentes se abaten implacablemente sobre ellos y sus seres queridos; las enfermedades le azotan sin parar y no saben lo que es vivir en paz.
 
Nada de esto proviene de Dios. Sin embargo, como estas personas no van a la Iglesia, como nadie les pone en sus manos una Biblia, se tornan hacia los hechiceros para deshacerse de lo que llaman una maldición o el mal de ojo. En realidad se encadenan todavía más, porque, de forma voluntaria, se entregan ellos mismos en la mano del diablo. Dios ha puesto en nuestras manos un poderoso mensaje, para darlo a conocer al mundo entero. Su última ordenanza fue esta: “Id por todo el mundo y predicar el Evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).
 
Cualquier amigo que esté leyendo estas líneas y que haya incurrido en estas prácticas estará, seguramente asustado. Usted puede estarlo, pero no se demore, reconozca que obró mal delante de Dios. La Biblia nos habla de reyes, que al encontrar los libros de la ley, se estremecieron y cayeron postrados; porque habían cometido estos pecados y todo el pueblo con ellos. Sin embargo, Dios nunca menospreciaría a nadie que se le acerque pidiendo misericordia. Si usted invoca el nombre de Cristo y le acepta como su Salvador, Dios quitará la maldición que posa sobre usted y su casa en estos momentos. Hay un poder que sobrepuja al infierno con todos sus demonios. Aquel que recibe la Palabra de Dios en su corazón, ni un mal tocará su morada y recibirá paz, bendición y felicidad.
 
Esta promesa es la del Señor: “Él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, ni saeta que vuele de día, ni pestilencia que ande en oscuridad, ni mortandad que en medio del día destruya” (Salmo 91:3-6). Dios le bendiga.

miércoles, 4 de enero de 2012

La Tragedia del Pecado

La Tragedia del Pecado

Rev. Carlos Guerra
Solo Cristo puede hacer de usted un hombre o una mujer nueva, y le permitirá recuperar lo que la lepra del pecado le ha arrebatado.

“Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡Inmundo! Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada”(Levítico 13:45-46).

En la Biblia se mencionan muchos tipos de enfermedades. Sin embargo, Dios hizo tal énfasis en la enfermedad de la lepra, que, a la diferencia de las demás dolencias, le dedicó varias leyes. Dicha enfermedad era peculiar, dado que no era tratada por los médicos, sino por los sacerdotes. Sus características estribaban en ser una enfermedad hereditaria, muy contagiosa y oculta, o sea, uno podía llevarla en el cuerpo muchos años sin percatarse de ello. Los primeros síntomas de la lepra eran unas pequeñas manchas blancas rojizas que aparecían en la piel, pero cuando el individuo las veía, ya era demasiado tarde para él.

El pecado funciona de la misma manera se inicia con cosas pequeñas, que juzgamos insignificantes y de las cuales pensamos que no afectan ni nuestro corazón, ni nuestra mente, ni nuestro cuerpo. La lepra del pecado se esparce poco a poco, hasta que carcome la moral y hunde al hombre y a la mujer en la más sórdida corrupción. Uno empieza con un trago de alcohol, con un cigarrillo, con una primera inyección de droga, con un poquito de pornografía y, cuando viene a darse cuenta, el pecado ya le está ahogando. Hoy día, al pecado se le ha minimizado y dicha palabra ha tomado un significado leve. Algunos prefieren pintar el pecado de otros colores, pero el pecado sigue siendo pecado a pesar de que se le cambie el color. Aunque estamos en el siglo XXI, la paga del pecado todavía es la muerte.

A través de este mensaje, deseo que logremos entender cuáles son los estragos del pecado y por qué debemos guardarnos de él. Poco importa nuestra posición en la Iglesia o en algún concilio; si el virus del pecado infecta nuestras vidas y bajamos la guardia en nuestra congregación al Señor, cualquiera de nosotros puede perder todo lo que hemos ganado.

El judío leproso no solo padecía de una enfermedad maligna, sino que también era considerado como una persona inmunda, impura, sucia. Por esta razón, tenía que vivir exiliado y alejado de su familia, de la ciudad, y se le trataba como a un paria de la sociedad. En efecto, los leprosos tampoco podían participar de las fiestas solemnes israelíes y, entre ellas, la fiesta anual de la Pascua. Dicha celebración era la más anhelada y concurrida por los judíos, quienes se sentían privilegiados al poder allegarse a la tierra santa para adorar al Señor.

Además del sufrimiento del aislamiento, el leproso pasaba por la terrible humillación de tener que advertir a los transeúntes sobre su enfermedad, pregonando ¡inmundo! por las calles mientras caminaba. Imagínese usted el terror que experimentarían los niños al ver a aquel personaje sin orejas, sin nariz, en harapos y hediondo dado la putrefacción. La gente se apartaba lo más posible de él, porque temían al contagio. Cuando el gentío se había alejado lo suficiente, entonces el leproso pedía si alguien le pudiera dar algo de comer; según la costumbre, se les hacía limosna de un trozo de pan o de algún pescado.

Amados, cualquiera de nosotros podía haber sido un leproso. Pero, en esta ocasión, vamos a imaginar que se trataba de un joven profesional, a quien todo le sonreía tanto en lo profesional como en su vida personal. Un día, su esposa nota algo extraño en su piel que se asemeja a unas manchas blancas rojizas, y le pregunta qué es aquello. Sin duda, él le contesta que eso no es nada, porque esta es la primera expresión que suelen emitir los que ya han sido infectados por el virus del pecado. A medida que las llagas se multiplicaban en el cuerpo, la mujer alarmada le indica que vaya al médico para un chequeo, y el joven empieza a preocuparse también. Qué sorpresa la suya cuando el médico le indica que, por ley, no tiene el derecho de diagnosticar esa enfermedad y le manda ante los sacerdotes.

Amados, existen dolencias que los médicos de esta tierra no entienden ni pueden solucionar. En sus vanos intentos y limitaciones, los especialistas le recetan a las personas somníferos o bien electrochoques. Sin embargo, lo único que hace la ciencia es mandar al paciente otra vez a su casa, sacudido por las descargas eléctricas recibidas y soñolientas, ¿por qué? Porque la medicina humana se encuentra sin recursos ante las enfermedades espirituales y las dolencias del alma, que tan solo un milagroso toque divino puede sanar y restaurar. Jesucristo es el único especialista que puede sanarle de la depresión, y de toda enfermedad moral que esté afectando su vida.

Entonces, aquel joven se dirige preocupado al templo, preguntándose cuál será la causa de aquellas manchas rojizas que el médico no puede diagnosticar. El sacerdote examina con cautela al paciente y, antes de emitir una opinión definitiva, le informa que lo va a encerrar durante siete días. El muchacho, pues, se va a despedir de su familia, prometiéndole, quizás, volver dentro de una semana. Todavía está convencido de que su enfermedad es benigna. A su regreso al templo, el levita le entrega el libro de la ley, para que lo lea y se familiarice con las reglas concernientes a los leprosos. El joven, extrañado, ojea el libro y se dice que no lo necesita porque no está enfermo. La más terrible tragedia del pecado es que la persona es completamente inconsciente de su estado, y piensa que todo está bien. El mal le está carcomiendo, y el pecador no se percata de ello.

Las manchas, no obstante, se siguen multiplicando y la angustia del joven también crece. Al final de los siete días el sacerdote le llama y, al verle, le declara lo que es obvio: éste padece de lepra. La primera reacción del joven es estallar en llanto y gritar de desesperación, porque su vida, su familia y sus planes están destruidos. Amados hermanos y amigos, esta es la segunda tragedia del pecado: destruye las vidas, las familias, los sueños, las ilusiones, las metas, la salud, las finanzas, etc. Nada ni nadie se puede escapar de sus garras, y afecta tanto al individuo como a todos los que le rodean.

A continuación, la próxima reacción del leproso es el rechazo ante la realidad. Nuestro joven se niega a aceptar las consecuencias del pecado y de la lepra que padece. ¿Cuántos no hacen como él? Esconden el rostro en la arena para no atenerse a las consecuencias que entrañan sus actos, pero este tipo de actitud no hace desaparecer los efectos del pecado.

En efecto, déjeme decirle que tan solo un cigarrillo le hace fumador, un trago de licor le hace alcohólico, una inhalación de marihuana le hace drogadicto. Si no consagramos nuestras vidas, el virus de la lepra puede infectarnos a todos. Quizás sus ojos tienen lepra, porque le ha echado un vistazo a una película o a una revista pornográfica; tal vez usted tiene las orejas leprosas, porque ha oído lo que no tenía que oír; quizás usted tiene la lengua leprosa, porque ha hablado mal de los siervos de Dios, de sus superiores, o de sus hermanos en Cristo; quizás tiene usted los pies leprosos, porque ha ido donde no tiene que ir; quizás tiene usted el bolsillo leproso, por haberle robado los diezmos al Señor.

La ley condenaba al leproso a ser exiliado con los demás enfermos durante el resto de su vida. ¡Qué terrible! Imagínese la tragedia hogareña que se armaría cuando la esposa y los hijos ven llegar al enfermo con las ropas rasgadas, como señal de gran calamidad. Ya no puede acercarse a sus familiares, menos abrazarles y, lo peor de todo, ha de gritarles que es inmundo.

Amado lector, otra de las tragedias del pecado es que quebranta a las familias, a los ministerios, a las iglesias y hasta los concilios. En efecto, el pecado es una fuente de división, de disensión, de alejamiento y de rechazo hacia los que le rodean a uno.

Como nos pasaría a todos, la llegada al pueblo de los leprosos en aquel joven provoca frustración, amargura de espíritu, tristeza y el sentimiento de haberlo perdido todo. Después de semanas y de meses en la leprosería, nuestro personaje piensa en el pasado y en lo bien que le iba la vida. También, con remordimientos, pide una oportunidad para hacer las cosas de forma diferente.

Querido amigo, no se mienta a sí mismo: aunque usted tuviera la oportunidad de volver a empezar en cero, volvería a cometer los mismos errores. En efecto, ni el remordimiento ni el hecho de torturarse a sí mismo pueden solucionar nada en su vida de pecado. Lo único que le permite empezar una vida nueva es el arrepentimiento que significa, en griego “dar media vuelta y seguir en la dirección opuesta”.

Pero, a medida que transcurre el tiempo, la condición del leproso no cesa de empeorar y ya casi está irreconocible. Hermanos, también es esta la tragedia del pecado: transforma al hombre en un monstruo, y los demás no logran creer que se trata de su hijo, de su padre, de su esposo, de un hermano de la congregación, de un gran evangelista, de un supervisor, de un presbítero. El pecado desfigura y destruye al hombre, a la mujer e incluso al niño.

Todo su cuerpo está hecho una llaga, tan solo conoce el dolor y desea morirse. Además, conforme la enfermedad empeora, los leprosos se tornan en personas maldicientes, irrespetuosas, de humores insoportables y odiosos. En efecto, maldicen a Dios, a la sociedad, a su familia y a toda persona que se les acerque. La depresión les embarga y pierden las ganas de vivir, de seguir hacia adelante, porque no le encuentran ningún sentido a su existencia en la tierra. El diablo, entonces, aprovecha la ocasión y les susurra al oído que se suiciden tirándose de un puente, tomando barbitúricos o disparándose una bala en la cabeza. Créame, esa no es la solución al problema de la lepra del pecado. Lo único que hace desaparecer esa lepra que está matando a fuego lento, es entregarle su corazón a Cristo.

Estimado lector, aún hay esperanza para usted, pese a la pésima condición en la que se encuentra. No importa lo que haya hecho o la situación por la cual está pasando. Tenga confianza, porque existe alguien quien es el remedio infalible contra la lepra que le carcome. Cristo sana los enfermos, abre los ojos a los ciegos, resucita a los muertos, y también sana a los leprosos.

Imagínese el encuentro del leproso con Jesús. Cuando el primero oye que se acerca una multitud, se levanta, listo para pregonar su condición de inmundo y verles apartarse de su camino. La caravana se detiene, en efecto, observando en silencio a ese monstruo que se aproxima, desfigurado por la enfermedad y hediondo. Pero, cuando alza la mirada, ve a alguien que, en vez de alejarse como los demás, se acerca a él. Amado, ¡Cristo no es como los demás! Haga como el leproso, quien “se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme” (Lucas 5:12).

La reacción de Cristo y los efectos de su toque divino no se hicieron esperar: “Entonces, extendiendo Él la mano, le tocó, diciendo: Quiero, sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él... sino ve, le dijo, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación, según mandó Moisés, para testimonio a ellos” (Lucas 5:13-14). El pecado destruye y desfigura, pero el toque purificador de Cristo entraña la restauración del individuo. 

Amigo que lee estas líneas, solo Cristo puede hacer de usted un hombre o una mujer nueva, y le permitirá recuperar lo que la lepra del pecado le ha arrebatado. Pídale misericordia, Él extenderá su mano y le tocará con su poder. No se quede manchado; todavía hay limpieza en Cristo para usted. Dios le bendiga.

Argentina: aborígenes wichis se convierten por el testimonio de un cacique

Argentina: aborígenes wichis se convierten por el testimonio de un cacique

 El despertar espiritual comenzó cuando el cacique Juárez, recién convertido a la fe cristiana, compartió su experiencia.
    
La organización evangélica Cruzada a Cada Hogar (CCH) en la Argentina informó que en las últimas semanas centenares de wichis, un pueblo originario del norte del país, radicados en la frontera con Bolivia, han tomado una decisión de seguir a Cristo . La ola de conversiones comenzó cuando el cacique Ramón Juárez quiso compartir su propia experiencia de acercamiento a Dios.

"Hay muchos hermanos wichis y guaraníes en Bolivia que nunca han escuchado este mensaje", comentó el cacique Juárez a Francisco Méndez, misionero de CCH entre las comunidades indígenas de la provincia de Salta.
 
EL CREADOR DE LA PACHAMAMA
Méndez y Juárez viajaron a la localidad de Aguaray  en el norte de de Salta, limítrofe con Bolivia, donde vive una colectividad wichi de 3.000 habitantes . En la primera reunión con el cacique local, el dirigente fue claro con los visitantes: No quería abandonar sus tradiciones y el culto a la "Pachamama" (Madre Tierra) porque los aborígenes creen que es la que les provee los frutos para mantenerse y deben honrarla y adorarla.

Como respuesta, Francisco Méndez explicó que ellos venían a “hablarle del Dios que había creado la Pachamama”. El cacique se mostró intrigado ante la novedad teológica y les pidió que volvieran para contarles del "nuevo" Dios.

 "Quiere que les contemos en idioma wichi quién creó a la Pachamama", dijo Juárez al misionero Méndez. Varios misioneros wichis de CCH comenzaron a recorrer pueblos y aldeas de la región y fue así que centenares de indígenas radicados en esta región del sur de Bolivia recibieron por la fe a Cristo en sus vidas.

Méndez inició por estos días un trabajo misionero similar en Paraguay.

 CASA POR CASA EN TODO EL MUNDO 
 CCH es filial de la organización evangélica Every Home for Christ (EHC), con oficinas en más de 100 países, con 65 años de servicio ininterrumpido y nuevos planes de distribución de folletos entre los 15.000 grupos menos evangelizados del mundo. Su objetivo es distribuir literatura cristiana casa por casa en todo el mundo.

EHC ha anunciado recientemente la reapertura de una oficina nacional en Lima, Perú, bajo la dirección del pastor Henry Romero. Se trata de un relanzamiento del ministerio, que entre 1963 y 1989 funcionó como la Cruzada de Literatura a Cada Hogar, la segunda oficina más antigua de EHC en América latina. Entre 1963 y 1979 distribuyó más de 28 millones de piezas de literatura, con más de 55.000 respuestas. "Nos sentimos felices y satisfechos al ver el crecimiento de la obra del Señor, en especial en lo que tiene que ver con la distribución de folletos para evangelizar", señaló el pastor Rino Bello, presidente de Cruzada a Cada Hogar en la Argentina.

Está previsto que la nueva oficina inicie su tarea de provisión de literatura evangelística para las iglesias y organización de campañas evangelísticas en marzo de 2012.

Hallan un sello de dos mil años usado en el Templo de Jerusalén


 
Hallan un sello de dos mil años usado en el Templo de Jerusalén
 
Marcaba como 'santo´o `puro´ para Dios objetos del culto en el templo de Jerusalén.
 
Los arqueólogos han descubierto un sello de arcilla de 2.000 años de antigüedad en Jerusalén. Ha sido la Autoridad de Antigüedades Arqueológicas de Israel la institución que ha encontrado este raro sello, del tamaño de una moneda.
 
El sello presenta dos inscripciones, ambas en arameo, en las que se leen las palabras "santo" ( o "puro") y "Dios". Por lo tanto, la traducción de la inscripción sería "Santo para Dios" (puro para Dios, o apartado para Dios, en su sentido literal).
 
El arqueólogo Ronny Reich de la Universidad de Haifa, cree que  el sello data de entre el siglo 1 aC al 70 dC . El científico de la Universidad Hebrea explica que se corresponde con el período durante el que las fuerzas romanas sofocaron una revuelta judía y destruyeron el templo de Jerusalén, por lo que es muy difícil de encontrar objetos de este tipo.
 
De hecho, el descubrimiento  es el primero de su clase para ese período de la historia de la ciudad de Jerusalén; y supone según Reich la primera vez que se ha recuperado un sello de este tipo en una excavación, proporcionando evidencia arqueológica directa de la actividad ritual en el templo tal y como se describe en los textos bíblicos del Antiguo Testamento cristiano.
 
PARA EL CULTO EN EL TEMPLO 
En principio pues todo indica que está vinculado a los ritos religiosos en el Templo, lo que se refuerza por el hecho de haber sido encontrado bajo el llamado "Arco de Robinson", muy cerca del Monte del Templo. 
Los arqueólogos interpretan que el uso del sello era marcar qué objetos habían sido aprobados para su uso ritual, como por ejemplo el aceite, o un animal para el sacrificio. 
 
Los elementos utilizados para el servicio religioso en el Templo debían cumplir con las estrictas directrices que se encuentran en el texto legal judío, la Mishna, que precisamente menciona el uso de sellos.
 
  UNA ZONA CANDENTE 
 
Muy pocos son los utensilios relacionados con su uso en alguno de los templos de Jerusalén que se han descubierto; en parte porque en su lugfar de ubicación, el actual Monte del Templo (donde está el Muro de las Lamentaciones) está ocupado por una mezquita, y en el centro de continuos conflictos y tensiones religiosas y políticas. Se trata del tercer lugar más sagrado del islam. Además, la Autoridad Palestina quiere hacer de esta zona la capital del Estado de Palestina.
 
El lugar donde se ha encontrado el sello está situado cerca de esta zona, en la parte antigua de Jerusalén, como prolongación de otra excavación más amplia que se realiza en la zona conocida como la ciudad de David, en el interior del vecino barrio palestino de Silwan.

Premio Pulitzer concluye que la Biblia es el libro más influyente en literatura


 
Premio Pulitzer concluye que la Biblia es el libro más influyente en literatura
 
En un estudio cuyas conclusiones ha publicado Robinson, en el New York Times. 
 
Marilynne Robinson, cuya novela Gilead ganó el premio Pulitzer en 2006, acaba de escribir en el New York Times las conclusiones de un trabajo de investigación que ha estado realizando sobre el papel de la Biblia en la literatura contemporánea.

"La Biblia es el modelo y objeto de mayor arte y pensamiento de aquellos de nosotros que vivimos dentro de su influencia, consciente o inconscientemente, jamás conocido", escribió Robinson, que es una erudita presbiteriano (calvinista) que además de ganadora del Premio Pulitzer es una conocida escritora.

En su estudio, Robinson concluye que la Biblia es el precursor de un amplio abanico de grandes obras de la literatura moderna, desde  El Paraíso perdido de Milton  hasta  El ruido y la furia de Faulkner , y la razón de ello es un argumento que Robinson ha basado en la "teoría de la intertextualidad" ; que consiste en la idea de que el significado derivado de la comprensión de la lectura de un solo libro es el que condiciona cómo se comprende el resto de libros que se lea.

 TEORÍA DE LA INTERTEXTUALIDAD
Según la teoría de la intertextualidad si los lectores concluyen que el significado de un texto es determinante o básico influye luego en todo lo que luego han leído y experimentado. Realizando un paralelo, aduce Robinson que tiene el mismo sentido que la Biblia, un best-seller permanente, difundido y culturalmente extendido, se relacione con muchos otros textos que se han escrito. De hecho, la Biblia es el libro más estudiado y leído del mundo.

Por todo ello  Robinson sostiene que sencillamente muchas grandes obras de la literatura están escritas desde el supuesto (consciente o inconsciente) de que los lectores están familiarizados con la Biblia , al menos como contenido literario, por lo que es eternamente una referencia o una verdad, independientemente de las afiliaciones religiosas de cada escritor.

 RAZONES DE LA INFLUENCIA DE LA BIBLIA
La influencia de la Biblia como libro básico existe dentro y fuera del ámbito de su lectura, dice Robinson, ya que sus contenidos, ideas e imágenes trascienden el tiempo y el espacio, y además –expone- su análisis de la condición humana es tan relevante hoy como lo fue hace siglos.
 "Muchas de las grandes obras de la literatura occidental se dirigen de manera muy directa a las mismas preguntas que surgen en el seno del cristianismo", escribió Anderson. "Los autores de estas obras responden a un idéntico impulso de tener un contenido de ideas o doctrinal, como la Biblia, para luego exponerlas por medio de la imaginación creativa dramatizando relatos, algo que es claramente visible en escenas como la Anunciación o el camino a Damasco."

martes, 3 de enero de 2012

Presidente internacional del MMM envió mensaje por fin de año (video)




El presidente internacional del Movimiento Misionero Mundial, reverendo Gustavo Martínez Garavito, envió un caluroso saludo ante la finalización de un y el comienzo de otro.
En ese sentido, refirió que el lema sometimiento significa renunciar a los deseos personales para darle paso al cumplimiento de los mandamientos divinos consignados en la Palabra de Dios. “Los invitos a someternos a la voluntad de Dios”, añadió.
Finalmente expresó el deseo de que la Obra de Dios se siga expandiendo en el planeta, rescatando así más almas para Cristo.

Año nuevo, Vida nueva

Año nuevo, Vida nueva
Rev. Luis M. Ortiz
No necesitamos esperar un año nuevo, ni estrenarnos un traje nuevo para gozar la sensación de lo nuevo, porque nosotros mismos todo nuestro ser, ha sido hecho nuevo. 
Para este tiempo del año la gente piensa mucho en lo nuevo, traje nuevo, calzado nuevo. La humanidad tiene una tendencia irresistible hacia lo nuevo, y equivocadamente consideran a los verdaderos seguidores de Cristo como gente anticuada y de mal gusto.
 
Nosotros los cristianos somos la gente de las cosas nuevas. No necesitamos esperar un año nuevo, ni estrenarnos un traje nuevo para gozar la sensación de lo nuevo, porque nosotros mismos todo nuestro ser, ha sido hecho nuevo. Vivimos en novedad de vida, y nuestro hombre interior se renueva de día en día. Igualmente hay los que consideran la Biblia como un libro anticuado, fuera de moda, pero la Biblia es un manantial de cosas nuevas, en ella nosotros encontramos en primer lugar: noticias nuevas.
 
El mundo estaba perdido en el laberinto del paganismo con sus millares de dioses y semidioses, con sus exigencias de sacrificios humanos, fundido en las tinieblas de la superstición enseñada por los sacerdotes paganos a través de los siglos.
 
Los hebreos aunque habían recibido más luz, con todo sus rituales y ceremonias les dejaban vacíos y necesitados, vivían bajo el pesado yugo de la ley. En la interminable sucesión de siglos, el mundo pagano se aferraba a sus antiguas prácticas buscando la salvación. Y el mundo hebreo se adhería a la letra de la ley, pero todo era inútil. Mas una noche serena y hermosa el espacio resonó con nuevas noticias para unos y para otros: “os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:11). Y cuando estas noticias nuevas son creídas y aceptadas, producen un nuevo nacimiento.
 
A causa del pecado la imagen de Dios en el hombre fue desfigurada. El hombre está muerto en delitos y pecados, se requiere un nuevo principio, una nueva creación, un nuevo nacimiento, a eso se refería el Señor cuando dijo a Nicodemo: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). En este nuevo nacimiento, somos engendrados de Dios por medio del Espíritu Santo. Si la creación del primer hombre fue la obra maestra de la creación, la regeneración o la nueva criatura es la obra maestra de la eternidad. La multiforme sabiduría de Dios es notificada a todo el universo por medio de los nacidos de nuevo, el que “está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).
 
Esta nueva criatura posee un nuevo corazón. El corazón es el asiento de nuestras emociones, es el centro mismo de nuestro ser, por naturaleza el corazón es engañoso y perverso. Cristo declaró que “del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, lo adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez” (Marcos 7:21-22). En vista de estas cosas, es que Dios dice: “Os daré un corazón nuevo… y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne” (Ezequiel 36:26).
 
Además de un corazón nuevo también nos es dada una mente nueva. La mente es la antesala del espíritu humano, a la mente acuden los demonios con sus malos pensamientos. Cuando esos pensamientos son recibidos en la mente, llegan hasta el corazón y de allí dominan el espíritu. La mente ejerce un poder tan determinante en nuestras vidas, que dice la Palabra de Dios: “como el hombre piensa, así es él”.
 
La mente del hombre sin Cristo está llena de pensamientos impuros, es por ello que la Palabra de Dios nos exhorta a renovarnos en el espíritu de vuestra mente (Romanos 12:2). Entonces con una mente nueva podemos pensar en todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo que es de buen nombre, en todo lo virtuoso (Filipenses 4:8).
 
Y como un complemento indispensable de esta nueva criatura también nos es dado un cuerpo renovado. El cuerpo del hombre sin Cristo es juguete de las pasiones del alma. El alma pecaminosa tiene su gratificación impura por medio del cuerpo. Los miembros del cuerpo son ahora instrumentos de iniquidad, el amo es el espíritu humano controlado por el alma pecaminosa, el cuerpo es el esclavo, el alma pecaminosa manifiesta su maldad por medio del cuerpo. “Y manifiestas son las obras de la carne (esto es el alma operando por el cuerpo), que son: adulterio, fornicación, inmundicia… y cosas semejantes a estas” (Gálatas 5:19-21).
 
Se hace pues necesario que nos sea dado un cuerpo renovado. “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros… vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu” (Romanos 8:11) para que vuestro espíritu, alma y cuerpo sea guardado entero, sin reprensión, en paz. Y con este cuerpo renovado nuestros miembros son presentados a Dios como instrumentos de Justicia: manos, pies, ojos, lengua, oído, todo consagrado a Dios, no para que se manifieste un alma pecaminosa, sino para que se manifieste el Espíritu de Dios.
 
Esta nueva criatura, con corazón, mente y cuerpo nuevo, no queda desconectada o aislada del Señor. El hombre sin Cristo es víctima del diablo, es débil, no tiene fuerzas morales, ni espirituales, ni físicas para resistir al demonio, pero la nueva criatura tendrá nuevas fuerzas. Ahora esta nueva criatura puede cumplir el primer y grande mandamiento que dice: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22:37; Deuteronomio 6.5). Y puede cumplirlo porque tiene todo su ser renovado.
 
El mundo está lleno de violencia, de odios, de guerras. ¿De dónde vienen esas cosas? De la codicia y el egoísmo, estas dos pasiones humanas son las que rigen las relaciones humanas (Santiago 4:1-2). Pero ahora esta nueva criatura es gobernada por la virtud del amor. “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros”, aun a sus enemigos, “amad a vuestros enemigos” (Juan 13:34; Mateo 5:44). Y “en esto conocerán todos que sois mis discípulos (que somos nuevas criaturas), si tuviereis amor los unos y los otros” (Juan 13:35). “Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4:7-8).
 
Y para esta nueva criatura están reservadas las más brillantes y gloriosas perspectivas, tendrá un nombre nuevo. De aquellos que viven olvidados de Dios, dice la Escritura que serán escritas en el polvo, un lugar muy inseguro para escribir, pronto se borra toda, pero de la nueva criatura se dice: “Y te será puesto un nombre nuevo que la boca de Jehová nombrará”. Y también dice: “Y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe” (Apocalipsis 2:17).
 
También viviremos en una nueva ciudad, la morada final de los perdidos es escrita en las Escrituras con las palabras solemnes y terribles: tinieblas de afuera, hornos de fuego, él ha visto el infierno, lago de fuego y azufre, y si esta descripción es tan terrible, ¿cómo será la realidad? Pero la nueva criatura adorará en las regiones celestiales de mi Dios, la Nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo de mi Dios, una nueva ciudad cuyos fundamentos son piedras preciosas,  cuyas puertas son perlas, cuya plaza de oro como vidrio trasparente, cuyo templo es el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero, cuya luz es el resplandor de Dios, y el Cordero es su lumbrera. En ella no entrará cosa sucia que hace abominación y mentira, sino los que están escritos en el libro de la vida del Cordero, allí serán también los Cielos Nuevos y la Tierra Nueva (Apocalipsis 21 y 22).
 
Y como un glorioso resumen de todo esto, nuestro Dios enfáticamente declara: “He aquí, yo hago nueva todas las cosas” (Apocalipsis 21:5).