Mostrando entradas con la etiqueta Rv Jorge alvarez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rv Jorge alvarez. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de febrero de 2012

Los peligros del éxito

Los peligros del éxito


Rev. Jorge Álvarez
“Pero los hijos de Israel cometieron una prevaricación en cuanto al anatema; porque Acán hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá, tomó del anatema; y la ira de Jehová se encendió contra los hijos de Israel. Después Josué envió hombres desde Jericó a Hai, que estaba junto a Bet-avén hacia el oriente de Bet-el; y les habló diciendo: Subid y reconoced la tierra. Y ellos subieron y reconocieron a Hai.
Y volviendo a Josué, le dijeron: No suba todo el pueblo, sino suban como dos mil o tres mil hombres, y tomarán a Hai; no fatigues a todo el pueblo yendo allí, porque son pocos. Y subieron allá del pueblo como tres mil hombres, los cuales huyeron delante de los de Hai. Y los de Hai mataron de ellos a unos treinta y seis hombres, y los siguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los derrotaron en la bajada; por lo cual el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua”, Josué 7:1-5.
 
Siempre que Dios nos permita alcanzar el éxito, cuidémonos de no caer en las peligrosas redes del fracaso. El momento más vulnerable del creyente es cuando este está en el disfrute máximo del éxito, o la bendición.
 
Luego de que Jehová le dijo a Josué que le había entregado a Jericó en sus manos, el pueblo de Israel vio caer los muros de aquella gran ciudad; y después de haber alcanzado el éxito ahora frente a otros de sus adversarios, los habitantes de Hai, vino el fracaso para el pueblo de Israel. ¿Qué ocasionó que luego del éxito, se produjera este fracaso? Es que el éxito también acarrea grandes peligros de los cuales nos tenemos que cuidar.
 
El secreto del éxito
 
La caída de Jericó fue seguida por la caída temporal de Israel. Dios le dio instrucciones claras y específicas a Josué de cómo sería conquistada aquella ciudad. Jericó era una ciudad que tenía sus puertas bien aseguradas por temor a los israelitas, nadie podía salir o entrar.
 
Sus muros impenetrables hacían más difícil su conquista. El Señor le dio un plan estratégico a Josué, humanamente era imposible y fuera de lo común. Lo único que tendría que hacer el pueblo, era marchar alrededor de la ciudad una vez por seis días. Siete sacerdotes llevarían trompetas hechas de cuernos de carneros, y marcharían frente al arca. El séptimo día marcharían siete veces, mientras los sacerdotes tocarían las trompetas y cuando todos escucharan el toque de guerra, el pueblo gritaría a voz en cuello, entonces los muros de la ciudad se derrumbarían y entrarían sin impedimento. “Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía. Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante” (Josué 6:1-5).
 
Dios le dijo al pueblo a través de Josué que todo lo que encontraran en esa ciudad era anatema y que sería destruido al exterminio. Los únicos habitantes que se habrían de salvar de aquella ciudad eran Rahab, una mujer ramera que les prestó ayuda a los espías del pueblo, y su familia. “Mas Josué salvó la vida de Rahab la ramera, y a la casa de su padre, y a todo lo que ella tenía; y habitó ella entre los israelitas… por cuanto escondió a los mensajeros que Josué había enviado a reconocer a Jericó” (Josué 6:25).
 
Josué obedeció las instrucciones y el pueblo de Israel conquistó a Jericó. Luego que cayeron los muros, la ciudad de Jericó fue conquistada, Acán confiado en la victoria que Dios le había dado a Israel, tomó del anatema, incurriendo en un grave y fatal peligro para él y para Israel. En medio del regocijo por el éxito alcanzado, surge que tenían que ir a conquistar otra ciudad. El pueblo entrevió la victoria anticipadamente, ya que se enfrentarían a pocos hombres y era una ciudad muy fácil de conquistar. Sin embargo, comienza el relato bíblico diciéndonos en el capítulo 7:1 de Josué, que los israelitas desobedecieron al Señor conservando lo que Él había decidido que fuera destinado a la destrucción, pues un hombre del pueblo provocó la ira de Dios. Este hombre se llamaba Acán que significa perturbador, hijo de Carmi, de la tribu de Judá. Aquí observamos los peligros del éxito: La desobediencia, la codicia y el fracaso.
 
1. El primer peligro es la Desobediencia (Acán tomó del anatema)
 
Notemos que uno sólo es el culpable, pero se le imputa la ofensa o prevaricación a toda la congregación. Esto ocurre cuando se desobedecen los mandatos y la voluntad de Dios. Es entonces que “Él” ha prescrito, vergüenza y desgracia al pueblo. Ante un pueblo como Hai, tan pequeño y sin muchas posibilidades, Israel perdió treinta y seis hombres, en una vergonzosa derrota. Hubo terror en todo el campamento y lo único que puede hacer el ejército israelita fue huir ante el enemigo. El Señor fue claro en sus instrucciones, en Josué 6:18, leemos: “Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis”. Acán pecó a sabiendas, no en ignorancia. El hecho de ocultar lo tomado hablaba de su mala intención y acción. Así encontramos que muchas personas prefieren el mundo y lo que en él hay, ocultándose con una apariencia de santidad, engañando a los hombres, pero no a Dios.
 
La actitud hipócrita de Acán es reflejada en muchos hombres de hoy, y tristemente aun entre cristianos y obreros de Dios. Esconden pecados creyendo engañar a Dios, pero Dios no puede ser burlado.
 
Surge que a través de aquella victoria de conquista, nacieron en Acán unos sentimientos de los cuales debemos de cuidarnos porque son muy peligrosos después de haber alcanzado el éxito. El orgullo y confianza en sí mismo. Lucifer, el ángel resplandeciente, se enorgulleció por el resplandor, por el brillo que no emanaba de él, el cual pensó que lo irradiaba.
 
2. El segundo peligro es la Codicia
 
“Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello”, Josué 7:21.
 
En medio de la victoria por el despojo obtenido en Jericó y el éxito que celebraban, el pecado entró con una mirada. Debemos cuidar donde ponemos nuestra mirada. La Biblia nos exhorta a que pongamos nuestra mirada “en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:2). El pecado comienza con una mirada. Eva vio el fruto y fue tentada, aunque Dios había dicho “mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás” (Génesis 2:17). Ella sucumbió ante la tentación porque miró con insistencia. También tenemos otro caso; el de David, quien también miró y codició la mujer que no le pertenecía (2 Samuel 11:2). Amado, cuidémonos de no mirar y codiciar. Muchas veces escogemos por lo que miramos y no buscamos la voluntad perfecta de Dios.
 
El pecado de Acán no sólo fue ver el oro, sino que lo codició, es decir, amó la ganancia prohibida y el deseo hizo que su mano lo alcanzara. Es por eso que debemos cuidarnos porque el pecado se contempla, luego se desea, lo codicia, lo atrae y cuanto más lo mira más lo desea. Acán ocultó su pecado pero la Palabra de Dios nos enseña que no hay nada oculto que no salga a la luz.
 
En el libro de Josué 7:18, la Palabra de Dios nos dice: “Hizo acercar su casa por los varones, y fue tomado Acán hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá”. Entre los miles que había en Israel, Acán fue descubierto.
 
Nada queda oculto de nuestro Dios, sale a la luz pública cada cosa escondida. Es necesario que examinemos si en nosotros hay algo que esté mal o socavando los preceptos y mandamientos de Dios. Debemos limpiarnos con corazones contritos y humillados, y sacar lo que no edifica e impide una relación efectiva con Dios, no sea que Dios lo saque a la luz pública. Acán creía que tendría más éxito, entre más escondiera los despojos de Jericó.
 
En ocasiones hemos visto que no son despojos ni ambiciones personales las que se esconden, sino que son situaciones o acciones realizadas por otros, los cuales ocultamos. El mejor ejemplo es la contestación dada a Dios por Caín, luego de haber asesinado a su hermano. “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” (Génesis 4:9), estaba justificando su propia mala acción. Pero a veces conociendo nosotros de falta y pecados de otros, nos queremos justificar ante el Señor diciendo lo mismo que Caín. Es mejor señalar o declarar las faltas y corregirlas a tiempo, antes que el juicio de Dios caiga sobre toda la congregación.
 
3. Otro de los peligros es el Fracaso
 
“Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron después de apedrearlos”, Josué 7:25. No hay vía de escape, ¿cómo escaparemos? Observemos que existe un contraste entre la casa de Rahab la ramera y la casa de Acán: la casa de Rahab la ramera fue la salvadora – Josué 6:25, la casa de Acán fue fracasada, condenada y destruida. La casa de Rahab obró en obediencia, la casa de Acán desobedeció. Como padres, ministros y hermanos en la fe, ¿cómo actuaremos? ¿Cómo Rahab o como Acán? ¿Cuál será el final de nuestra casa? ¿Salvación y Vida o Destrucción y Muerte? Tenemos en nuestras manos la respuesta. Nosotros decidimos.
 
Amados hermanos que podamos caminar con pasos firmes y victoriosos. Que el éxito que el Señor nos permita alcanzar no sea motivo para que optemos por caminar con pasos dirigidos al fracaso o hacia un final deshonroso.
 
Aprendamos en medio del éxito y la conquista, a colocar nuestra confianza en Dios y no en nosotros mismos. Que no actuemos en confusión. Que aprendamos a escudriñarnos y a humillarnos delante de Dios. Que entendamos que Él todo lo examina y que nuestras actitudes pesan mucho en su presencia. El Señor aborrece el pecado, pero ama al pecador que se arrepiente. No nos quedemos con los anatemas del mundo. No permitamos que el anatema entre en nuestras casas, en nuestras iglesias y sobre todo en nuestros corazones. Que siempre tengamos en mente que el verdadero autor de nuestros éxitos, es el Dios Soberano y a Él sea la gloria y la honra por siempre. Amén.

jueves, 19 de enero de 2012

Palabra de Jehová contra Israel

Palabra de Jehová contra Israel

Rev. Jorge Álvarez
La Palabra de Dios, a través del profeta Malaquías, nos dice:“Profecía de la Palabra de Jehová contra Israel, por medio de Malaquías.”(1:1).
Malaquías significa “mi mensajero”, “mensajero de Jehová” o “ángel de Jehová”. Fue escrito aproximadamentehace 430 años a. C., en la última parte de la administración de Nehemías y después de la época de Hageo y Zacarías. Era una época de crisis en el ministerio sacerdotal, donde existía un gran desorden entre los sacerdotes y el pueblo de Israel, pero en medio de todo ese caos viene la voz de Dios por medio de Malaquías, quien reprende a los sacerdotes y les hace algunas acusaciones. Vamos a considerar siete aspectos, pero que a la misma vez son siete acusaciones:
 
1°)“Yo os he amado…” Malaquías 1:2. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan 3:16.
 
Había una pérdida del primer amor, no había pasión por las almas perdidas, ni había el deseo de ministrar la Palabra del Señor. Dios ama al pecador, a pesar de su condición lo ama y nosotros tenemos que estar llevando este amor por todas partes. Cuando recibimos el perdón de Dios vamos en vía de recibir una bendición, una gloria especial, porque aprendimos a amar, amar a nuestro prójimo, amarnos los unos a los otros, pero sobre todo amar a nuestros enemigos. La Palabra dice: “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros”.
 
2°)“Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos…” Malaquías 1:6. Esta acusación o advertencia estaba dirigida especialmente a los sacerdotes, debido al descuido de los ministros a las cosas de Dios.La palabraSacerdote significa “uno que ministra delante de Dios en favor de su pueblo”, se le llama también “el mensajero de Jehová”.
 
“Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? En el libro de Job 29:20 dice: “Mi honra se renovaba en mí…”, Job decía esto cuando caminaba en la luz de Dios, qué bueno es tener la luz de la Palabra, y decía Job: “¡Quién me volviese como en los meses pasados…!” (Job 29:2). Hay muchos predicadores que han dejado la gloria, la unción, las lenguas; estos son predicadores que están en los púlpitos petrificados, que no tienen la experiencia de reconocer y de darle honra a Dios y no permiten que la gloria de Dios se renueve en las vidas; no puede haber gloria sin honra.
 
“Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra.” Salmo 8:4-5. David era rey, pero deslumbraba una corona de favores, de misericordias, de honra, de bondad. Qué bueno que deseemos no la honra del hombre; antes deseamos el reconocimiento y la honra de parte de nuestro Dios, la gran herencia que nosotros tenemos es lo que Él nos ha prometido. “Los sabios heredarán honra, mas los necios llevarán ignominia.” Proverbios 3:35.
 
El verdadero profeta nos dice: “Y se escandalizaban de Él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa.” Mateo 13:57.  Lo primero que quiere hacer el diablo es quitar la honra, quitar la credibilidad, deshonrar para que no haya confianza. Dios ha ubicado alos líderes que están en esta obra y los ha honrado por encima de lo que digan, por encima de lo que publican; se ha demostrado que el pueblo de Dios es un pueblo victorioso, es un pueblo triunfante, este no es un pueblo que se esconde, este es un pueblo que sale a la luz y dice: ¡Aquí estoy para mostrar la gloria que tú me has dado Señor!
 
Dice la Palabra: “Si soy señor, ¿dónde está mi temor?” Cuando se pierde el temor, aparece la corrupción, por eso hay sacerdotes desechados, despreciados por Dios. Esaú menospreció su primogenitura y su bendición, y esto le trajo ser despreciado, ser desechado. Mientras nos pongamos en las manos del Señor para que nos use, para que nos bendiga, ahí vendrá el respaldo, ahí vendrá la respuesta de parte de Dios.
 
3°)“Oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?” Malaquías 1:6.
 
No había temor al nombre de Dios, no se reverenciaba el nombre del Señor. Nos dice la Palabra: “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.” Mateo 1:23. Esto quiere decir un salvador, y nosotros proclamamos el nombre que es sobre todo nombre, el nombre de Jesús.
 
Cuando estuve en África había una joven que era hija de uno de los pastores y había llevado a una amiga, esta persona nunca había escuchado el nombre de Jesús, y yo le dije: “Repite conmigo ¡Jesús, Jesús!” Y ella dijo: “¡Qué nombre más lindo!” Y de pronto comenzó a llorar, y seguía repitiendo: “¡Jesús, Jesús!” Porque ese es el nombre sobre todo nombre.
 
Cuando el régimen en Rusia estaba muy fuerte ocurrió algo especial, tenían encarcelado a un hombre de Dios, quien arrancaba las páginas de la Biblia y las pasaba por las celdas, y de esa manera se convertían los presos; y fue advertido que no podía hacerlo y que la próxima vez iba a ser castigado. Continúo haciéndolo y cuando se le acabaron las páginas de la Biblia, empezó a escribir lo que Dios le inspiraba y seguía regando la Palabra. Lo castigaron tremendamente, y le dijeron: “Si sigues escribiendo te vamos a cortar la mano derecha”. A él no le importó la amenaza, continuó la labor, y llegarona cortarle la mano dejándole tirado en la celda para que se muriera, él se arrastró hasta llegar a una de las paredes y con la sangre que salía de su mano escribió el nombre de Jesús. Dejó allí el nombre de Jesús, porque ese nombre es sobre todo nombre.
 
 
4°)“En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable.” Malaquías 1:7.“Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos.” Malaquías 1:8.
 
El Señor les dice:“Ofrecéis sobre mi altar pan inmundo”;esto era un sacrificio despreciable, el pan inmundo no era aceptable a Dios. Y dijeron: “¿En qué te hemos deshonrado?”; se nota su gran indiferencia a las cosas de Dios. Este es un mensaje a los sacerdotes que no cumplían con sus responsabilidades, ellos teníanque llevar el pan con seriedad. Dios en el desierto le dio a su pueblo pan de ángeles, el maná no se podría guardar, hay que sacarlo, el pan hay que entregarlo, sino se podriría y se llenaría de hongos. Entonces hay que llevar la Palabra de Dios con seriedad.
 
Una vez me tocó predicar, pensé que tenía un mensaje grande, y decía: “Voy a guardarlo para tal ocasión”. Pero mientras lo guardaba, detenía esa fuente de producción de parte de nuestro Dios, he aprendido que cuando llega la Palabra tengo que entregarla rápido, hay que dejar que fluya, ese es el pan de vida. Por ahí hay muchos panes viejos que están llenos de hongos, están ya podridos, son inmundos, es palabra adulterada.
 
Jehová sigue reprendiendo a los sacerdotes: “Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos.” Malaquías 1:8. Lo ciego es malo, lo ciego no tiene visión; lo cojo es enfermo, si lo cojo no puede caminar derecho, si está torcido, consintiendo y tolerandoal pecado, entonces es malo. Mas nosotros somos un ejército que estamos contra el pecado, porque esta Misión no acepta el pecado.
 
5°)“Habéis hecho cansar a Jehová con vuestras palabras. Y decís: ¿En qué le hemos cansado? En que decís: Cualquiera que hace mal agrada a Jehová, y en los tales se complace; o si no, ¿dónde está el Dios de justicia?” Malaquías 2:17.
 
Eso era lo que ellos decían: “Cualquiera que hace mal agrada a Jehová”. O sea, que lo malo es bueno, ahora muchos dicen: “¿Por qué tanta prohibición, por qué tanta exigencia?” Esto no nace de nosotros, esto nace de la Palabra, y queremos sujetarnos a la Palabra, queremos vivir en la santidad, vivir en la pureza, es que “sin santidad nadie verá al Señor”. A Dios no le agradan los carnales, no le agrada la idolatría, la mentira, la murmuración, la vanidad, el adulterio, la fornicación, la homosexualidad, la mundanalidad, las falsas enseñanzas, la astrología, las hechicerías, los celos ministeriales, tenemos que alejarnos de todo lo que ha Dios no le agrada.
 
Por eso aparece esta interrogante: “¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando Él se manifieste?Porque Él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores.” Malaquías 3:2. “Y será grata a Jehová la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, y como en los años antiguos” Malaquías 3:4. Dios ha limpiado a todo aquel que quiere vivir la Palabra y la limpieza es para todos.
 
6°)“Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos?” Malaquías 3:7. Abandonaron las leyes, abandonaron los mandamientos, abandonaron la Palabra escrita. Los antiguos profetas hablaban: “Así ha dicho Jehová”, y “escrito está”.Ellos no hablaban por hablar, hablaban lo que Dios les decía, eran los antiguos profetas y la palabra profeta empieza con pro, uno que está en pro de la fe, PRO-FE; es como el micrófono que es leal a mi voz, no habló una cosa y el micrófono dice otra. Tenemos que ser leales a Dios y a la Palabra que pone en nuestros labios para que nosotros prediquemos con la verdad de Dios.
 
Cuando Satanás vino a tentar a Jesús, el Señor lo venció con la Palabra y le dijo: “Escrito está…” En la epístola a los Efesios capítulo 6, encontramos la vestidura que usaban los soldados, pero dentro de la vestidura había una espada y era la única arma ofensiva. Oí en un noticiero que Irak odia a los judíos, a los cristianos y a todo el mundo, que para el 2015 tendrán misiles que saldrán de Irak y llegarán a los Estados Unidos.Pero no son las armas humanas las que se necesitan,la única arma que necesitamos es la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.
 
7°)“¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.” Malaquías 3:8.
 
Leemos en la Biblia: “Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.” Hebreos 4:13.Ante Dios no hay cosa que se pueda esconder, no podemos ser como Ananías y Safira (Hechos 5), que diciendo una cantidad engañosa no pudieron recibir la bendición que Dios tenía reservada para ellos; robarle al padre celestial es una necedad, robar a su benefactor es robar de la mano que le da de comer, ¿cómo puede el hombre robar a Dios?No hay error en cuanto a esto, pues Dios contesta: “En vuestros los diezmos y ofrendas”.
 
Muchos pueden ser fieles en los diezmos, pero Dios espera también de nosotros nuestras ofrendas. Hay gente que se molesta en recoger ofrendas, en muchos lugares ya no se practica esto, porque la gente no tiene la sensibilidad y la responsabilidad en la Palabra. El pueblo dice: “¿En qué te hemos robado?” Ellos han perdido toda espontaneidad para dar a nuestro Dios.Hay una diferencia entre ofrendar y diezmar; los diezmos son un pago a Dios, no lo estamos dando, estamos pagándole a Dios; las ofrendas si se la damos a Dios, esto no es para la organización, esto es para Dios. Muchos no reciben bendición porque no le dan a Dios. “Dad, y se os dará…” Lucas 6:38. La ofrenda misionera, que no es diezmo ni tampoco ofrenda, es una ofrenda de sacrificio por la carga de los misioneros por las almas que están pérdidas, hay que darlo.
 
La Palabra dice: “Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.” Malaquías 3:10. Eso es nuestra obligación, traer a la iglesia los diezmos, es parte de la adoración a Dios, el motivo es para que haya alimento en la casa de Dios y supla las necesidades, quiere decir comida espiritual. “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado…” 1 Corintios 16:2. Es un momento cuando Dios quiere que nosotros lo hagamos, el resultado de pagar los diezmos dice Dios: “Dame a mí primero y yo te daré a ti”. Por eso es que promete: “Probadme ahora en esto…” Es una promesa que Dios hace y luego la apoya con un reto: “Probadme ahora en esto”.
 
Cuando Dios está diciendo: “Abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendiciones hasta que sobreabunde”, está prometiendo una bendición no hasta que abunde, sino hasta que sobreabunde, quiere decir que la bendición es muy grande.