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viernes, 1 de junio de 2012

Las Setenta Semanas de Daniel

Las Setenta Semanas de Daniel

Rev. Luis M. Ortiz
“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.” Daniel 9:24.
Después de 900 años del pueblo de Israel estar en posesión de su tierra en tiempos del profeta Jeremías. Dios advirtió por medio de este profeta a las dos tribus del sur, Judá y Benjamín, que si no se apartaban de la idolatría y del pecado, serían llevados cautivos a Babilonia. Ya las diez tribus del norte habían sido llevadas cautivas a Asiria.
 
Dios dijo por boca del profeta Jeremías a las dos tribus del sur, como sigue: “Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años” (Jeremías 25:11). “Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar” (Jeremías 29:10).
 
Ya los 70 años de cautividad se cumplían y el profeta Daniel, que era profeta de la cautividad, queriendo saber el futuro de su pueblo y cuál sería esa buena palabra que Dios tendría para su pueblo, escribe en el capítulo 9 de su libro, como sigue: “Yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años. Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, en cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas” (Daniel 9:2-5).
 
Aquí sigue una maravillosa oración de confesión y arrepentimiento que Daniel concluye diciendo: “Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos; y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor. Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias. Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo” (Daniel 9:17-19).
 
Antes esta oración tan sincera, tan profunda y tan intensa, la respuesta vino de parte de Dios. Y nos sigue relatando el profeta Daniel: “Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios; aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde. Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento. Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión. Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.
 
Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador” (Daniel 9:20-27).
 
Antes de referirnos propiamente a estas setenta semanas, anunciadas a Daniel por el ángel Gabriel, como un bosquejo profético e histórico del futuro del pueblo de Israel, es muy importante que señalemos una realidad histórica en todos los tratos anteriores de Dios con Israel.
 
Esto de “Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo”, parecería algo nuevo, algo raro en los tratos de Dios con Israel, pero es algo maravilloso, admirable y armonioso, que Dios siempre ha tratado con Israel a base de períodos de tiempo, de setenta semanas, de años, o sea, de 490 años. Y además, que en esos períodos de setenta semanas de años, Dios nunca ha contado el tiempo cuando Israel ha estado en cautiverio, o fuera de su tierra, o ha estado subyugado en su tierra por poderes gentiles. Notemos, pues, que en las setenta semanas de Daniel no son únicas en los tratos y en los planes de Dios con Israel.
 
Comencemos con Abraham, el padre de la nación, desde el llamamiento de Abraham hasta el Éxodo de Egipto transcurrieron setenta semanas de años, o sea, 490 años, sin contar los 15 años cuando la esclava Agar y su hijo Ismael dominaban en el hogar de Abraham. Esos años de dominio gentil Dios no los contó.
 
Desde el Éxodo de Egipto hasta la dedicación del templo de Salomón transcurrieron setenta semanas de años, o sea, 490 años, sin contar los 131 años de dominación gentil que sufrió Israel en el tiempo de los Jueces. Esos años no los contó Dios.
 
Desde la dedicación del templo de Salomón hasta la conclusión de la cautividad en Babilonia transcurrieron setenta semanas de años, o sea, 490 años, sin contar los setenta años que estuvieron cautivos en Babilonia. Esos años Dios no los contó.
 
Y es en este punto de la historia del pueblo de Israel, cuando la cautividad en Babilonia, se cumple, que Daniel inquiere de Dios acerca del futuro de su pueblo. Y Dios consecuente con su manera de tratar con Israel en el pasado esto es, a base de setenta semanas de años, 490 años le dice a Daniel: “Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos” (Daniel 9:24).
 
Estas setenta semanas están determinadas sobre el pueblo de Israel y sobre la ciudad de Jerusalén, es decir, tienen que ver únicamente con Israel y Jerusalén, nada tienen que ver con la Iglesia. Notemos que todos los propósitos a lograr en la conclusión de las setenta semanas están conectados con Israel y con Jerusalén:
 
1) Terminar la prevaricación de Israel con relaciona a su Mesías; 2) poner fin al pecado de Israel por su incredulidad y rechazo de Cristo, su Mesías; 3) expiar la iniquidad de Israel como nación que aceptará a Cristo como su Mesías y redentor; 4) traer la justicia perdurable a Israel que será justificado por su fe en Cristo; 5) sellar la visión y la profecía, pues con el Mesías presente, la tierra será llena del conocimiento del Señor; y 6) ungir al Santo de los santos, o sea, la limpieza y restauración del lugar santísimo profanado y desolado por el anticristo.
 
En el mismo mensaje del ángel a Daniel, estas setenta semanas son divididas en tres períodos de tiempo: la primera división, son las primeras siete semanas, o sea, 49 años; la segunda división son las siguientes sesenta y dos semanas, o sea, 434 años; la tercera división es la última semana, la semana número setenta, o sea, los últimos 7 años que completan los 490 años.
 
A su vez, estas divisiones están separadas entre sí por acontecimientos importantes. Comienzan las primeras siete semanas de años con el decreto del rey Artajerjes, en el mes de Nisán (abril), 445 años a. C. para reedificar los muros y la ciudad de Jerusalén. La historia comprueba que esta obra de reconstrucción bajo el mando de Nehemías duró exactamente siete semanas de años, o sea, 49 años. Las sesenta y dos semanas siguientes dan comienzo, desde la terminación de la reconstrucción de Jerusalén hasta la muerte de Cristo, exactamente sesenta y dos semanas de años, 434 años.
 
Cristo fue rechazado por Israel, como su Mesías, y hasta el día de hoy Israel, como nación, le rechaza, “a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11). Por la incredulidad de Israel Dios visitó a los gentiles para tener de ellos pueblo para su nombre, y por esta razón “a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hijos de Dios” (Juan 1:12). El reloj de los tratos directos de Dios con Israel se detuvo con la muerte de Cristo, esto es al concluir sesenta y nueve semanas de años, o sea, 483 años.
 
Así, como en los casos pasados, Dios no contó el tiempo de supremacía gentil hoy. Y desde la muerte de Cristo, y por causa del rechazo de Cristo por parte de Israel, el tiempo no está siendo contado con relación a los tratos de Dios con Israel, pues Dios está visitando a los gentiles para tomar de ellos pueblo para su nombre.
 
Esta detenido el tiempo con relación a los tratos directos de Dios con Israel y aún falta una semana de años por cumplirse, la semana número setenta de la profecía de Daniel, 7 años durante los cuales Dios tratará directamente con Israel y se consumarán todos los propósitos de Dios con relación a Israel y a Jerusalén y al final Israel reconocerá y aceptará a Cristo como su Mesías.
 
Pero mientras Dios esté tomando, salvando, pueblo entre los gentiles; mientras la Iglesia de Jesucristo esté presente en el mundo, Dios no se volverá a Israel como nación. Tiene la Iglesia que subir al cielo, tiene que producirse el levantamiento de la Iglesia, tienen los muertos en Cristo que resucitar primero y luego nosotros los que vivimos ser transformados y arrebatados en las nubes para recibir al Señor en el aire (1 Tesalonicenses 3:13-17).
 
El apóstol Pedro refiriéndose al tiempo cuando Dios termine de tomar pueblo para su nombre entre los gentiles dice: “Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y le volveré a levantar” (Hechos 15:16). Y sobre lo mismo el apóstol Pablo dice: “Y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados” (Romanos 11:26-27).
 
Cuando suba la Iglesia, que ha de ser de un momento a otro, comienza a contar la semana número setenta de la profecía de Daniel. Los 7 años del gobierno del anticristo, cuando Israel es duramente probado, especialmente en los últimos 3 años y medio. Y luego, al concluir la semana será gloriosamente libertado, pues, inmediatamente después de la tribulación, aparecerá la señal del Hijo del Hombre, y lo verán viniendo sobre las nubes, con poder y gran gloria y se afirmarán sus pies sobre el monte de los Olivos, que está frente de Jerusalén al oriente (Mateo 24:29-30; Zacarías 14:4).
 
Como las sesenta y nueve anteriores, esta semana número setenta está determinado sobre el pueblo de Israel, sobre el pueblo y sobre la ciudad de Jerusalén. Todas estas semanas, ni las sesenta ya cumplidas, ni la número setenta que está por cumplirse, nada tienen que ver con la Iglesia, es con Israel.
De hecho, la semana número setenta no se cumplirá mientras la Iglesia esté en el mundo, para que los juicios y las grandes pruebas de la semana número setenta vengan sobre el incrédulo Israel y sobre todo el mundo rebelde, Dios sacará del mundo a la iglesia. Así como sacó del mundo y se llevó al cielo a Enoc antes que venga el juicio diluvio; así como libro a Lot del fuego y la destrucción de Sodoma; así como Daniel estuvo ausente del horno de fuego; así también librará el Señor a su Iglesia de los juicios de la gran tribulación, la semana número setenta que se avecina. Y es por esto que el Señor mismo dice: “Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo” (Juan 14:3). “Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada” (Mateo 24:40-41); “vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco” (Mateo 25:10-12).
 
Algunos dicen que la Iglesia pasará por la gran tribulación, pero es evidente que aquellos creyentes que no estén preparados para el levantamiento de la iglesia, sí tendrán que pasar por la gran tribulación; pues uno, los preparados serán tomados, y los otros, los no preparados, serán dejados.
 
Cinco vírgenes entraron a las bodas, cinco fueron dejadas fuera. ¿Está usted preparado viviendo en santidad? “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor” (Mateo 24:42).
 
En este mismo instante puede usted, arrepintiéndose de sus pecados, recibir a Cristo en su corazón como su Señor y Salvador. Amén.

viernes, 9 de marzo de 2012

México: un estudio revela que el pueblo evangélico creció un 72% en diez años


 
México: un estudio revela que el pueblo evangélico creció un 72% en diez años
 
En 2000 la población evangélica era el 5,26% de la población mexicana; en 2010 la cifra se elevó a 7,68%.

Un estudio realizado recientemente por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) ha revelado un hecho sorprendente en relación a la población cristiana evangélica: La misma ha tenido un aumento del 72% en los últimos 10 años.

Los primeros misioneros protestantes llegaron oficialmente a México en 1872, un año después de que  el ex sacerdote católico Manuel Aguas -en ese momento líder de la Iglesia de Jesús en la ciudad de México-  predicara  un encendido sermón  para explicar detalladamente su conversión, reconociendo la gesta de Martín Lutero en el siglo XVI . 

Según comenta el periodista  Carlos Martínez García, el mensaje testimonial tuvo gran difusión porque la publicó el periódico  El Monitor Republicano , de amplia circulación. Otros diarios y revistas de distintas ciudades reprodujeron dicho artículo, permitiendo que el mensaje llegara mucho más allá de la audiencia original, reunida en la Iglesia de Jesús.

 EXPANSIÓN DEL MENSAJE
El evangelio se extendió con lentitud en este país americano de fuerte tradición católica, donde aún hoy numerosos cristianos pertenecientes a grupos aborígenes sufren agresiones y persecución a causa de su fe, en regiones del estado de Chiapas y otros puntos del país.

 Según el informe elaborado por el INEGI, en el año 2000 la población evangélica representaba el 5,26% de la población mexicana pero en 2010 esta cifra se elevó a 7,68%, lo que viene a ser un aumento del 72,19%.

En cifras  esto representa un aumento de 3,2 millones de creyentes en el país, o lo que es lo mismo, un salto de 4,4 millones, hasta alcanzar 7,6 millones de fieles. 

martes, 7 de febrero de 2012

Hoy escuchemos : GENESIS CAPITULO 3

viernes, 3 de febrero de 2012

reflexion:La oscura caverna

La oscura caverna


Hace mucho tiempo hubo una tribu que vivía en una oscura y fría caverna. La caverna era pequeña y la tribu vivía hacinada dentro de ella temblando de frío. Durante mucho tiempo, la tribu gritaba y se lamentaba.
Era todo lo que ellos hacían. Era todo lo que ellos sabían hacer. Los sonidos que emitía la tribu en la caverna eran fúnebres; pero la tribu desconocía esto pues ellos jamás habían conocido la alegría. El espíritu de la cueva era un espíritu de muerte; pero la tribu tampoco lo sabía pues ellos nunca conocieron lo que era en verdad la vida.
 
Un día ellos escucharon una voz diferente que les dijo: “He escuchado sus lamentos. He sentido su frío y he visto su oscuridad. Es por eso que he venido a ayudarlos”.
 
La tribu permaneció en silencio. Ellos nunca habían escuchado esa voz: la esperanza, y parecía extraño a sus oídos. ¿Cómo podemos saber nosotros que usted ha venido a ayudar?, le preguntaron al hombre.
 
- Confíen en mí, contestó el hombre. Yo tengo lo que ustedes necesitan.
 
Las personas de la cueva se acercaron a través de la oscuridad para observar la figura del extraño. Él estaba apilando algo, inclinándose de un lado a otro para recoger y volverlo a apilar.
 
- ¿Qué está haciendo usted?, preguntó uno de ellos.
 
El extraño no contestó.
 
- “¿Qué está haciendo usted?” gritó otro.
 
Pero él no dijo nada.
 
“¡Díganos en este momento!” exigió un tercero.
 
El visitante estaba de pie y habló en dirección a las voces: “Yo tengo lo que ustedes necesitan”.
 
Se agachó hasta el suelo y encendió lo que había estado apilando tan cuidadosamente. La madera apilada hizo erupción y la luz llenó la caverna.
 
La tribu entró en pánico, y empezaron a gritar: ¡Apáguelo! ¡Hiere nuestros ojos!
 
- “La luz siempre hiere antes de que ayude”, contestó el extraño. Acérquense un poco más, el dolor irá pasando pronto.
 
- Yo no puedo, dijo una voz.
 
- Yo tampoco
 
- Sólo un necio se arriesgaría exponiendo sus ojos a tal luz, dijo un tercero.
 
El extraño estaba de pie al lado del fuego y les dijo: ¿Acaso prefieren la oscuridad? ¿Prefieren el frío? No tengan miedo. Tengan fe.
 
Durante mucho tiempo nadie habló. Las personas trataban de cubrir sus ojos con las manos y escondiéndose unos de tras de otros. No se animaban a acercarse. El extraño estaba al pie del fuego y les dijo para animarlos: “Está caliente aquí”.
 
De pronto una voz salió del fondo de la cueva. “Él tiene razón”, dijo. Es más caluroso…
 
El extraño volteó y vio acercarse a una mujer hacia el fuego. “Ahora puedo abrir mis ojos. Ya puedo ver” dijo la mujer.
 
- “Acércate”, le dijo el extraño.
 
Ella obedeció y caminó hacia el anillo de luz.
 
¡Es tan caluroso aquí!, dijo la mujer mientras extendía sus manos. “Ya no siento frío”. “Vengan acérquense, sientan el calor”, les dijo a sus demás compañeros.
 
¡Cállese!, gritó una voz. ¿Cómo te atreves a invitarnos a tal tontería? Déjanos, déjanos y toma tu luz. Llévatela, no la queremos.
 
¿Por qué no vienen? ¿A que le temen?, dijo la mujer al extraño.
 
Él respondió:
 
- “Ellos escogen el frío, pues aunque está frío, es lo que ellos conocen. Prefieren morir de frío antes de confiar y arriesgarse por algo nuevo, por algo diferente, que los salvará”.
 
- “¿Y vivir en la oscuridad para siempre?”
 
- Sí, y vivir siempre en la oscuridad. La mujer permaneció en silencio. Miró primero a la oscuridad y luego al extraño.
 
El extraño entonces le preguntó:
 
- “¿Dejarías tú el fuego?” Ella hizo una pausa, y entonces contestó:
 
- No podría permanecer más en el frío. Pero tampoco estaría en paz sabiendo que mi gente muere en la oscuridad de esta cueva.
 
- “Eso no será necesario”, respondió el hombre. Ten, extendiéndole un palo que ardía en fuego. Lleva esto a tu gente. Diles que la luz está aquí, que la luz es portadora de calor, de vida. Diles que la luz es para todo aquél que la desea, para todo aquél que tiene fe.
 
Ella tomó la pequeña llama y caminó entre las sombras.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Video : Rodolfo Gonzalez Cruz - Respuesta Pastoral - Venid a mi y descansad


lunes, 23 de enero de 2012

Mensaje:¿Sobre qué has fundado tu casa?

¿Sobre qué has fundado tu casa?

Rev. José Soto Benavides
Cuando se hace un edificio se tiene que tomar algunas precauciones, hay que examinarse el suelo y el subsuelo, debe hacerse un estudio profundo de este terreno. Así parecido es la vida espiritual.
“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” Mateo 7:24-29.
 
La casa va a necesitar siempre fundamentos donde estar afianzada. Cuando se hace un gran edificio tiene que tomar algunas precauciones, tiene que examinarse el suelo y el subsuelo, debe hacer un estudio profundo de ese terreno. Así parecido es la vida espiritual. Hay que hacer un examen sobre las grandes religiones en el mundo, sobre que terreno vamos a construir, por ejemplo: el budismo, el mahometismo, el judaísmo, el cristianismo, entre otros.
 
El Budismo. Muy practicado en la India y también en China.
 
El Mahometismo. Muy practicado por los árabes, que es un número proporcionalmente mayor que el cristianismo. El mahometismo es obligatorio en su país, allí nadie se convierte, allí la gente nace siendo musulmana, simplemente porque sí; muy distinto que el cristianismo, que es abierto y la gente en forma voluntaria (como siempre) decide buscar al Señor, creer en Jesucristo el salvador. Pero no hay duda que la religión musulmana es una de las más grandes religiones del mundo.
 
El Judaísmo. Una religión tal vez no tan grande y diseminada, más concentrada en la nación hebrea, pero es una importante religión; por cierto, la única como religión bíblica que existe, porque está detallada en la Biblia del Antiguo Testamento.
 
Todas estas religiones vistas así de esta manera, con sus ramas, con sus divisiones que la convierten ya en una muchedumbre, en una enorme cantidad de personas que pertenecen a esas distintas religiones y divisiones, ¿cuántas ramas de estas serán de Cristo? Esa es la pregunta que nos debe quedar en la mente.
 
El capítulo 7 de Mateo, es el capítulo del gran sermón del monte, que tiene su culminación con el pasaje que acabamos de leer, de los dos fundamentos del sabio y del necio; el sabio que fundó sobre roca y el necio que fundó en un terreno arenoso, y cada uno edificó su casa. Cuando la multitud terminó de oír al Señor, no hay duda que se estaría cuestionando si eran sabios o necios.
 
¿Sobre qué está fundamentada tu vida? Es un asunto muy importante, de allí depende dónde pasará la eternidad, de allí depende la salvación o la condenación, de allí depende la luz o la oscuridad, de allí depende la ruina o la bendición; de esto dependen muchas cosas que son esenciales. Podemos ver que el propósito de ambos constructores era el mismo, los dos querían construir, edificar una casa, es decir, un “abrigo” o una “protección”, el propósito era el mismo.
 
Por lo menos cuatro cosas, por lo menos cuatro corrientes hacen que la gente quiera buscar a Dios, y estas son: 1) Por la sabiduría que hay en la naturaleza, 2) la voz de la conciencia, 3) la predicción, y 4) el miedo a lo desconocido.
 
1) POR LA SABIDURÍA QUE HAY EN LA NATURALEZA
 
Cuando se observa todo lo que hay en la naturaleza, uno dice: ¿Quién creó esto? Según las historias más antiguas judías, eso es lo que le pasó a Abraham, cuando estaba en Ur de los caldeos, que era un pueblo adorador especialmente de los astros, de allí salieron los doce signos del zodíaco, dividiéndolo en las doce constelaciones que son precisamente los doce signos, ellos lo inventaron y todavía la gente lo lee en los periódicos, ¡eso no es de Dios! porque obedecer lo que dice un horóscopo es empezar el día encomendándose o dedicándose a Satanás.
 
Los caldeos adoraban el sol, la luna y las estrellas; de allí surgieron otras formas de adoración que usan las grandes religiones del mundo, entre ellos los musulmanes, que no se dan cuenta que están rindiendo culto a la luna. Las raíces del nombre Alá, vienen de los pueblos arameos que adoraban diosas, entre ellas la luna.
 
Cuando el hombre contempla la naturaleza tiene que ver la sabiduría de Dios, dice la Biblia: “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.” (Romanos 1:20). “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?” (Salmos 8:3-4). El que observa la naturaleza observa la sabiduría de Dios, hay gente que sólo observando ha buscado el camino de Dios, se ha detenido en la vida para decir: “Alguien tiene que haber puesto todo esto, yo lo voy a seguir, y yo lo voy a adorar”.
 
2) LA VOZ DE LA CONCIENCIA
 
¿Quién le dice al hombre que algo es imperfecto? Hay algo dentro de nosotros, sin haberlo leído, sin que nadie nos lo hayan enseñado, algo que nos hace entender si es bueno o es malo. Aquellos antiguos aborígenes que poblaban nuestras tierras de América nunca oyeron el Evangelio, pero sabían que matar era malo, sabían que robar era malo, ¿quién les enseñó esos principios que son bíblicos? Algo que está en el corazón del hombre que se llama “la conciencia”. La conciencia es capaz de quitarle la tranquilidad a alguien, aunque ese algo que haya hecho haya sido a favor de él, pero dentro de su corazón esa voz le dice: “¡Eres un ladrón, eres un corrupto, eres un mentiroso!”
 
Hay quienes han perdido la paz, el sueño, la tranquilidad, y hasta se han suicidado por causa de la voz de la conciencia. La conciencia es la voz de Dios, en el rincón del corazón del hombre tal vez no tan desarrollada como la misma Palabra revelada y la Palabra escrita, pero al fin una parte de la voluntad de Dios, en ese corazón de aquel que fue hecho a imagen y semejanza del Altísimo. Y estas cosas que convierten al hombre en una persona imperfecta, porque llega a darse cuenta como Pablo, que hay fuerzas que luchan contra él que no le permiten hacer el bien y ante esa disyuntiva ante esa encrucijada, mucha gente ha dicho: “¡Bueno, yo voy a buscar ayuda, yo sé que hay un poder que me puede ayudar a ser mejor!”
 
3) PREDICCIÓN
 
Es parte de nosotros, trata acerca de la inmortalidad y del más allá, es esa campanita de Dios que se nota aun en culturas antiguas y que hacían algunas cosas para expresarlas, ese sentir de que tenía que haber algo más allá, porque es que el hombre a veces pregunta: “¿Quién ha ido allá para decirme que de verdad hay algo?, ¿quién se ha muerto y ha regresado para decirme que hay en el más allá?”
 
Me han preguntado si alguien ha ido y ha vuelto al más allá, pues hay varios que han ido y han vuelto. El primero que fue y vino, y estuvo, fue y volvió a venir, y se fue otra vez, se llama Jesucristo. Y nosotros le creemos a Él.
 
Además de eso conozco a Pablo en la Biblia que fue y vino. Leemos: “Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.” (2 Corintios 12:2-4). Pablo fue al paraíso de Dios, donde oyó cosas inefables que al hombre no les ha dado repetir, fue y vino y dijo lo que había y lo que oyó allá, “palabras inefables”, que no se pueden decir, no se pueden narrar; y nosotros le creemos a Pablo.
 
Pero también le creo a Juan, la Biblia dice: “Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta.” (Apocalipsis 1:10), y cuando el vuelve para mirar la voz como de trompeta allí mismo el cielo lo recibió, y estuvo no sé cuántos días caminando, yendo, viniendo, y oyendo las explicaciones del ángel escritas en el Apocalipsis, y es un hombre que fue y vino. De manera que hay testigos bíblicos y gente que vio a Jesús resucitado, y dieron testimonio de estas grandes verdades de lo que se llama el más allá.
 
4) EL MIEDO A LO DESCONOCIDO
 
Hay gente que por ese temor intuitivo también buscan a Dios. Ellos no saben lo que les puede ocurrir en la vida, no saben lo que les puede ocurrir ahora en el tiempo presente, y mucho menos en el tiempo futuro; entonces ante esta perspectiva muchos buscan edificar su casa de fe, muchos buscan dónde hacerla, lo importante aquí es cómo la estás edificando o dónde la estás edificando. Todos sabemos que el Espíritu de Dios es el que trabaja para que un alma venga a los pies de Cristo; es el Espíritu Santo que convence de pecado, de justicia y de juicio, y después de decirle al hombre que es pecador, le señala el calvario y le dice: “¡Allí es donde tienes que ir, allí es donde tienes que llegar para que la sangre del nuevo pacto te limpie y te haga libre de toda atadura!” El único que puede ayudarte es Jesucristo, con tu problema eterno.
 
La gente hace su casa, quiere hacer su habitación donde pueda guarecerse; el indio cree en buda y dice: “¡Allí estoy arena!” ¡Qué problema!, el árabe dice: “¡Mahoma, ese es el profeta!”, y hace su casa en ese fundamento. Problema para el catolicismo romano, problema para el protestantismo, eso es su casa, ante esa situación y ante estas inquietudes del espíritu. También hay gente que oyendo la Palabra de Dios tan clara, están edificando sobre arena, y ¡cuidado! Porque les gusta la edificación fácil, como ellos lo quieren, donde a ellos les gusta.
 
Muchos no tienen tiempo para detenerse e investigar cómo y dónde están los fundamentos, no es sólo buscar el lado fácil, hay que ser consciente del peligro. Cuando se va a construir hay que examinar el terreno, por ejemplo: un terreno arenoso no se debe usar para construir, porque sin duda alguna allí hay un manto freático, quiere decir un manto de agua donde hay arena, hay humedad, hay agua subterránea, si edificas allí no hay donde agarrar, realmente no se va a sostener, es un terreno inestable, además si metes allí un hierro la acción del elemento de la humedad va empezar a corroer, entonces no se debe construir en un terreno arenoso.
 
¿Sabe de dónde viene su religión? Sólo confía en algo que le han dicho, aquí no es lo mismo, aquí cada uno tiene una Biblia y hay librerías cristianas por dondequiera que cualquiera pueda investigar y leer buenos libros, hay buenos y hay malos. El que es engañado es porque quiere ser engañado, pero nosotros no vamos a basarnos en una tradición que trajo el tatarabuelo, ¡no! Aquí es lo que dice la Palabra de Dios. Allí está la Biblia y está abierta para todos; la Iglesia verdadera de Jesucristo nunca ha dicho que la Biblia no se puede leer, que no se puede escudriñar, al contrario el dueño de la Palabra ha dicho: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).
 
Hubo un tiempo en que la circulación de la Biblia fue prohibida; muchas Biblias fueron destruidas en plazas, en el centro de las ciudades, imperios enteros se levantaron contra esta Palabra. Al diablo no le conviene que se sepa en qué fundamento uno está.
 
Si alguien me dice: ¡Ven y adora a este ángel que se me apareció ayer! Yo voy a ver qué me dice la Biblia de adorar ángeles, yo voy a ver qué me dice la Biblia sobre adoración y voy a encontrar desde el principio, en el libro de Éxodo, ¿qué dice? Leemos: “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen” (Éxodo 20:3-5).
 
Voy a encontrar que toda la Biblia me dice que yo no puedo adorar un ángel y hay gente que ve una piedra donde aparece una imagen y al día siguiente le están prendiendo velas, llevándole flores, adorándole, y llevando gente, esto es un fundamento arenoso, que cuando escudriñas la Palabra se cae como un castillo de arena, no aguanta el mínimo, ¿sabes de dónde viene los dogmas que practicas? ¿Tiene fundamento bíblico? Porque la Biblia es la que nos dice a nosotros si un fundamento sirve o no, leemos: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca” (Mateo 7:24); “pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena” (Mateo 7:26).
 
Amado, si estás desechando la Palabra, si ahora mismo estás diciendo: “¡Qué me dice ese pastor! Si por allá adoran una luz y por allá adoran a una virgen y por allá adoran no sé a qué santo, y ahora ¿a quién quieren otra vez poner como Santo Padre, para adorarlo y pedirle?, eso es una tradición que yo tengo desde la Santa Madre Iglesia…” Estás desechando y haciendo a un lado la Palabra, te estás colocando en el terreno de arena, y cuando venga el movimiento de Dios para juzgar, tu casa se va a caer y va ser grande tu ruina, dice la bendita Palabra: “Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate (porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás)” (Salmo 49:7-8). Nadie puede redimir tu vida, únicamente Jesucristo, ahora el diablo no quiere que uno se preocupe en encontrar la verdad.
 
¿No ha encontrado eso en su camino de evangelización? No ha encontrado personas que le dicen, por ejemplo: ¡Estoy demasiado ocupado, no tengo tiempo para eso! Es decir, descuidan el aspecto principal de la vida. A otros el diablo les convence y les dice: ¡Todo saldrá bien, no hay problema, vive tu vida, que después cuando mueras Dios te va a meter al cielo, de alguna manera vas a ir a parar al cielo, porque Dios no es tan malo para mandarte al infierno, sigue tu vida, no te preocupes, por eso no hay problema todo va salir bien!
 
A otros les dice el diablo: ¡No te preocupes que no habrá ningún juicio, eso es cuento de los pastores, esos locos que predican en los medios de televisión y radio, que andan predicando por todos los lugares, no creas en eso de juicios, no hay infierno, no hay lago de fuego, cuando despiertes allá te vas a dar cuenta! Pero va a ser tarde, son argumentos mediante los cuales el diablo trata de destruir ese principio, de que la persona quiera buscar a Dios de verdad, a otros les dice: ¡No es muy urgente! ¡Tú estás tan joven todavía, falta mucho tiempo, así que no tengas cuidado con eso!
 
¿Pero sabe qué es lo que dice la Biblia? El hombre entendido ve el peligro y se aparta, no le hagas caso al diablo, esto es más serio de lo que la gente piensa, usted sabe que son millones los que mueren todos los días. Sabe que hay millones de personas que hoy en la mañana se levantaron, hicieron lo de siempre, se arreglaron para salir y vivir un nuevo día, pero ahora mismo están metidos en una morgue; un accidente, una de esas enfermedades inusitadas que matan, nadie está seguro; Dios no ha hecho un contrato con alguien, para decirle: ¡Tienes hasta el 2045!
 
Si les dijera que es más rápido construir en un fundamento de arena, porque escarbar en la arena es lo más fácil del mundo, hay gente que hace un castillo entero en cuestión de un día. En la roca es distinto, porque allí hay que romper, hay que poner sacrifico, hay que esforzarse, hay que hacer fuerza, eso es lo que el Señor dijo cuando alguien le preguntó: “¿Son muchos los que se salvan? Jesús les dijo: ¡Esfuérzate a entrar tú, porque muchos no podrán!” No le habló de números, le habló de algo personal, a ti solo te dice: “¡Esfuérzate para entrar por la puerta estrecha, es la puerta que conduce al camino angosto es el camino!” Cualquiera quiere edificar fácilmente, pero eso no es el programa de Dios, el problema es que al final lo fácil se destruirá.
 
¿Cómo estamos edificando?, cuando vemos algunas características de un mal terreno, tenemos que pensarlo tres veces para construir, se examina para ver si hay arena, si hay agua, porque no van con un buen fundamento, pero aun en la construcción moderna se ve donde estamos edificando, ver por ejemplos vertientes de agua, hay que apartarse de allí porque si se mete a construir en la orilla de un río y alguien le dice: ¡No, si este río tiene veinte años que no se desborda, con una sola vez que se desborde se pierde todo! Hay que tener mucho cuidado.
 
Puede ser hace 20 años, pero ¿qué pasa ahí? En el año 21 le da por salirse y hay gente que construye en lugares peligrosos, puede haber hasta una inundación; ahora mismo se ve hasta la dirección del viento, hacia dónde sopla, para dónde acondicionar; en una construcción se ve hasta el curso del sol en el día, de manera tal que no afecte la buena estabilidad de una construcción, o la comodidad de la misma, se ven muchos factores y si un ingeniero ve esas cosas y las examina, ¿qué hace? Deciden construir en otro lugar porque allí no se puede edificar.
 
Cuando Pedro dio aquel testimonio precioso de su fe, aquella declaración de fe: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 16:16-17). Uno conoce a Cristo por revelación, el verdadero cristiano está siguiendo a Cristo por revelación del Espíritu de Dios. “Porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” (Mateo 16:17-18). No es cualquier fundamento estamos sobre la roca, aquel que ha entregado su vida a Cristo, porque el Padre se ha revelado, está aquí no por un instinto, está aquí no por una religión, sino porque ha tenido una gran revelación de Dios.
 
Cuando empezó el Señor a hablar su doctrina, su Palabra, y hablarles que esto no era un jueguito, que esto era una vida de obediencia y de entrega. “Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” (Juan 6:66-69). Buda no tiene Palabra de vida eterna, ni Mahoma tiene Palabra de vida eterna, las religiones no tienen Palabra de vida eterna, el único que te puede asegurar vida eterna se llama Jesucristo.
 
¿Por qué sigue hoy a Jesús? Por sanidad, para prosperidad, para que el negocio le vaya bien, para que le vaya bien todo en la vida. Todo eso puede suceder en la vida cristiana, pero eso no es la razón fundamental hay que tener la casa en la roca. Y la Roca es Jesucristo.

viernes, 20 de enero de 2012

mensaje:La eficacia del Mensaje de Dios


La eficacia del Mensaje de Dios
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Rev. José A. Soto
“Naamán, general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso.” 2 Reyes 5:1.
La palabra que se utiliza para poder de Dios en el idioma griego es dunamis. Dunamis significa: poder, virtud, poderío y fuerza; la palabra dinamita, dinámica y dinamo tienen el mismo origen. El apóstol Pablo refiriéndose al mensaje del Evangelio dice: “Porque no me avergüenzo del Evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.” (Romanos 1:16). Ese es el Evangelio que tiene en sí mismo un poder sobrenatural que es capaz de muchas cosas, el Señor encomienda a su Iglesia llevar este mensaje. “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Marcos 16:15-16).

Esa es el principal encargo, llamada la gran comisión de la Iglesia del Señor, es decir, ser depositaria para entregar al mundo un mensaje que Dios le ha dado, un mensaje que no sólo son palabras, sino una experiencia viva que tiene todo aquel que ha nacido de nuevo y por lo tanto tiene que predicarlo. Aquel centurión romano que le dijo a Jesús: “Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero dí la palabra, y mi siervo será sano.” (Lucas 7:6-7).

Hay un poder sobrenatural y salvador en el mensaje de Dios, como dice Pablo: “Cerca de ti está la Palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la Palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” (Romanos 10:8-9). El poder que envuelve el mensaje que predicamos, es el que ha venido del cielo, es el que Dios nos ha dejado. También somos como Juan el Bautista: “una voz que clama”, nosotros sólo somos voceros, porque el Verbo, “la Palabra”, es Cristo. Cristo es la sustancia, es la estructura de este mensaje y cuando se habla bajo el poder del Espíritu de Dios, con una experiencia firme y una vida entregada al ministerio verdadero, contamos entonces con un arma poderosa capaz de pisotear al diablo.

En este pasaje de las Escrituras se narra la historia de un general del ejército de Siria en los días del profeta Eliseo, este personaje era importante, su nombre era Naamán, él pertenecía a un pueblo gentil. Naamán era un extranjero, una persona inconversa, ciega espiritualmente, no conocía los mandamientos del Señor, estaba involucrado en la idolatría; sin duda Naamán era un gran adorador y devoto de “Rimón”, dios del pueblo sirio, por la tanto, un hombre necesitado de Dios, uno que necesitaba oír el mensaje de Dios. La Biblia dice que era muy apreciado por todos y especialmente por el rey de Siria, tenía una posición honrosa; era un general de características especiales, “valeroso en extremo”, “estratega militar”, era un “héroe nacional”, un hombre querido en todo el país, por medio de él Dios había dado salvación a Siria.

Este general era valeroso en extremo, había demostrado en el campo de batalla que era un militar a carta cabal, pero cuando oímos esa lista de cosas tan positivas y ciertas acercas de Naamán el sirio al final todo se desploma, porque era leproso. La lepra va carcomiendo irremisiblemente hasta acabar con la persona, es una enfermedad repugnante, que todavía existe y hace estragos al que lo padece, aislándola, marginándola y obviamente incapacitándola para cualquier función que valga la pena. La lepra en la Biblia es un símbolo de pecado, el pecado como una mancha mortal en el género humano.

La lepra es usada como símbolo del pecado, porque así es el pecado en la raza humana, no importa si eres una persona con grandes títulos, no importa si eres muy apreciado en tu medio ambiente, no importa si hay recurso a diestra y siniestra, si no se encuentra la medicina para esa enfermedad de tu vida y de tu corazón que se llama pecado, entonces todo lo demás pierde importancia, el único que puede librarnos del pecado se llama Jesucristo. Sólo hay un camino para poder salir de esa ruta de perdición, y ese camino es Cristo el Señor. La única forma de llegar a Cristo es a través del mensaje de la Palabra de Dios.

Mencionaremos tres mensajes que fueron dados al general Naamán. El primer mensaje se la dio su propia esclava, el segundo mensaje fueron sus propios criados, y el tercer mensaje fue del siervo del profeta Eliseo.

PRIMER MENSAJE

El primer mensaje surgió de la esclava de la esposa de Naamán, ella vivía en la misma casa y probablemente había llegado a tener confianza con esta familia, siendo adolescente la habían traído a Siria, había sido vendida como si fuera una mercancía. Se dio cuenta que el general estaba enfermo de lepra, y cuando tuvo la oportunidad le dijo a la esposa de Naamán: “Si mi Señor Naamán fuera a Samaria, el profeta Eliseo lo sanaría de la lepra” Nunca habían oído un mensaje así, sabiendo que en ese tiempo la lepra no tenía cura, pero la esclava estaba declarando con una convicción firme que Naamán sería sano de la lepra. Ella pudo haberse quedado callada si hubiera mirado las circunstancias en las que vivía, pero sabía que Dios está por encima de todas las circunstancias.

EL SEGUNDO MENSAJE

El segundo mensaje que recibió fue el de sus propios siervos, porque cuando Naamán llegó a Israel, Eliseo no se apersonó, sino que envió a su siervo, para que le hablara. “Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a las puertas de la casa de Eliseo. Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio. Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra. Abana y Farfar,  ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio? Y se volvió, y se fue enojado.” (2 Reyes 5:9-12).

En 2 Reyes 5:13 sus siervos lo detuvieron y le dijeron: “Pero mi señor, si el profeta te hubiera mandado algo muy difícil ¿no lo hubieras hecho?, si te hubiera pedido que conquistes una ciudad, estarías en camino, pero te ha dado un mensaje sencillo, sólo hazlo, él te ha dicho que tu lepra desaparecerá, que serás limpio”.

EL TERCER MENSAJE

Fue del siervo de Eliseo, y le dijo así: Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio.” (2 Reyes 5:10). Siempre el mensaje va a llegar con insistencia y el Señor va a utilizar distintos causes, porque los tres que le predicaron a Naamán le dijeron: “Si haces así tu lepra desaparecerá, serás limpio”.

Cuando Nicodemo vino de noche, para que no lo viera nadie, le dijo a Jesús: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?… Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?” (Juan 3:2-12). Le está diciendo: “Lo que tú eres no sirve para nada, tienes que nacer otra vez para que puedas ver el reino de los cielos”.

La Biblia nos dice que Nabucodonosor se llenó de orgullo y Dios lo volvió como un animal que comía hierba en los rastrojos de Babilonia y así estuvo por siete años hasta que un día levantó sus ojos y dijo: “Verdaderamente tú eres el soberano Dios que reina en la tierra”. Dios tiene que luchar con el ego humano, con el yo, por eso es que Dios da el mensaje del reino, tiene que golpear el yo de las personas. El Señor lo golpeó, y Naamán entendió.

Dios golpeó el ego de Naamán, el mensaje de Dios golpea el yo. Cuando llegó a la casa de Eliseo, esperaba cierto protocolo, después de todo él era el gran general, el hombre que no se arrodillaba ante nadie, al cual todos los demás le tenían que rendir honores. Y ahora llega a la casa de Eliseo y el que sale es el criadito, el que ayudaba a llevar el agua, el que ayudaba a conseguir las sandalias a Eliseo, el que ayudaba a lavar los pies del profeta, este mismo criado atendió a Naamán y le dijo: “Dice mi Señor Eliseo que te zambullas siete veces en el río Jordán y tu carne será limpia”.

El yo de este hombre se sintió despedazado, y dice: “Que se habrán creído, yo soy grande, yo soy importante”; pero el general no entiende los tratos de Dios. Dios sigue tratando con el hombre; porque hay una necesidad perenne en el corazón de los hombres, el ser humano necesita volver a las manos de Dios, sólo volviendo a las manos de Dios, de donde salió, encontrará paz y podrá satisfacer los más profundos deseos e inquietudes nobles del espíritu humano.

El general se quiso ir, pero nuevamente el mensaje brilló y ahora dice: “Abana y Farfar,  ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio?” Esos ríos existen en Damasco y son ríos de gran importancia en el Medio Oriente, él dice: “No me hablen de ríos, allá en Siria hay mejores ríos”. No importa que sea el insignificante Jordán de agua chocolatera, de agua no muy clarita, no tan majestuoso, ni tan grande, pero ese es el río de Dios, es allí donde tiene que zambullirse. Lo que cambia la sociedad, no es la educación, no es el escalar posiciones sociales y el estar en estratos mayores, ¡no señor!, lo que cambia la sociedad para bien es el poder transformador del Evangelio de Cristo.

Algunos quieren componer la sociedad educándola, el pecado no desaparece con la educación, la educación es importante y ocupa su lugar. Siempre decimos a los jóvenes en nuestras congregaciones que hay que estudiar, que salgan profesionales, ingenieros, arquitectos, doctores, etc.; gente comprometida con Dios, que puedan colaborar con la sociedad. Queremos que se gradúen profesionales en nuestras Iglesias, como realmente suceden, para que no solamente tengan una profesión, sino lo valores, los principios cristianos, que deben gobernar una buena sociedad, gente que puedan tener fundamentos del temor de Dios. Nosotros somos por la gracia de Dios, creadores y propugnadores de valores verdaderos, de principios profundos, de costumbres y hábitos que honran al ser humano.

Si no fuera por este milagro acontecido en su vida, un idolatra como Naamán no aparecería en la Biblia y quizás de ninguna historia. Como cualquier pagano, adorador de ídolos, Naamán no conocía a Jehová, pero ahora llega con una necesidad, sabe que a su lepra no hay quien le pueda curar y le han dicho que el Dios de Israel es capaz de sanarle. De parte de Dios recibió un golpe duro en su “yo”, en su vanidad, ahora entiende que su posición no es nada delante del Señor, ahora comprende que su “yo” se ha despedazado en la presencia de Dios. Entonces obedientemente va y se zambulle siete veces en el río Jordán; cuando salió la séptima vez la llaga ya no estaba, la llaga había desaparecido, su piel se volvió como la de un niño, hermosa, tersa, sana.

Naamán entiende que Dios es real y le dice al profeta: “Te ruego, pues, ¿de esta tierra no se dará a tu siervo la carga de un par de mulas? Porque de aquí en adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni ofrecerá sacrificio a otros dioses, sino a Jehová. En esto perdone Jehová a tu siervo: que cuando mi señor el rey entrare en el templo de Rimón para adorar en él, y se apoyare sobre mi brazo, si yo también me inclinare en el templo de Rimón; cuando haga tal, Jehová perdone en esto a tu siervo.” (2 Reyes 5:17-18). Está diciendo que cuando el rey vaya al templo de Rimón, tenía que acompañarlo, porque el rey se apoyaría en su brazo, tenía que ir por obligación, y que no adoraría al dios Rimón, sólo lo haría por un protocolo, porque de ahora en adelante su Dios sería Jehová el Dios de Israel.

¡Dios transforma! El poder del Evangelio de Dios es el que transforma, porque el mensaje de Dios resulta eficaz para muchas vidas.

jueves, 19 de enero de 2012

Palabra de Jehová contra Israel

Palabra de Jehová contra Israel

Rev. Jorge Álvarez
La Palabra de Dios, a través del profeta Malaquías, nos dice:“Profecía de la Palabra de Jehová contra Israel, por medio de Malaquías.”(1:1).
Malaquías significa “mi mensajero”, “mensajero de Jehová” o “ángel de Jehová”. Fue escrito aproximadamentehace 430 años a. C., en la última parte de la administración de Nehemías y después de la época de Hageo y Zacarías. Era una época de crisis en el ministerio sacerdotal, donde existía un gran desorden entre los sacerdotes y el pueblo de Israel, pero en medio de todo ese caos viene la voz de Dios por medio de Malaquías, quien reprende a los sacerdotes y les hace algunas acusaciones. Vamos a considerar siete aspectos, pero que a la misma vez son siete acusaciones:
 
1°)“Yo os he amado…” Malaquías 1:2. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan 3:16.
 
Había una pérdida del primer amor, no había pasión por las almas perdidas, ni había el deseo de ministrar la Palabra del Señor. Dios ama al pecador, a pesar de su condición lo ama y nosotros tenemos que estar llevando este amor por todas partes. Cuando recibimos el perdón de Dios vamos en vía de recibir una bendición, una gloria especial, porque aprendimos a amar, amar a nuestro prójimo, amarnos los unos a los otros, pero sobre todo amar a nuestros enemigos. La Palabra dice: “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros”.
 
2°)“Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos…” Malaquías 1:6. Esta acusación o advertencia estaba dirigida especialmente a los sacerdotes, debido al descuido de los ministros a las cosas de Dios.La palabraSacerdote significa “uno que ministra delante de Dios en favor de su pueblo”, se le llama también “el mensajero de Jehová”.
 
“Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? En el libro de Job 29:20 dice: “Mi honra se renovaba en mí…”, Job decía esto cuando caminaba en la luz de Dios, qué bueno es tener la luz de la Palabra, y decía Job: “¡Quién me volviese como en los meses pasados…!” (Job 29:2). Hay muchos predicadores que han dejado la gloria, la unción, las lenguas; estos son predicadores que están en los púlpitos petrificados, que no tienen la experiencia de reconocer y de darle honra a Dios y no permiten que la gloria de Dios se renueve en las vidas; no puede haber gloria sin honra.
 
“Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra.” Salmo 8:4-5. David era rey, pero deslumbraba una corona de favores, de misericordias, de honra, de bondad. Qué bueno que deseemos no la honra del hombre; antes deseamos el reconocimiento y la honra de parte de nuestro Dios, la gran herencia que nosotros tenemos es lo que Él nos ha prometido. “Los sabios heredarán honra, mas los necios llevarán ignominia.” Proverbios 3:35.
 
El verdadero profeta nos dice: “Y se escandalizaban de Él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa.” Mateo 13:57.  Lo primero que quiere hacer el diablo es quitar la honra, quitar la credibilidad, deshonrar para que no haya confianza. Dios ha ubicado alos líderes que están en esta obra y los ha honrado por encima de lo que digan, por encima de lo que publican; se ha demostrado que el pueblo de Dios es un pueblo victorioso, es un pueblo triunfante, este no es un pueblo que se esconde, este es un pueblo que sale a la luz y dice: ¡Aquí estoy para mostrar la gloria que tú me has dado Señor!
 
Dice la Palabra: “Si soy señor, ¿dónde está mi temor?” Cuando se pierde el temor, aparece la corrupción, por eso hay sacerdotes desechados, despreciados por Dios. Esaú menospreció su primogenitura y su bendición, y esto le trajo ser despreciado, ser desechado. Mientras nos pongamos en las manos del Señor para que nos use, para que nos bendiga, ahí vendrá el respaldo, ahí vendrá la respuesta de parte de Dios.
 
3°)“Oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?” Malaquías 1:6.
 
No había temor al nombre de Dios, no se reverenciaba el nombre del Señor. Nos dice la Palabra: “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.” Mateo 1:23. Esto quiere decir un salvador, y nosotros proclamamos el nombre que es sobre todo nombre, el nombre de Jesús.
 
Cuando estuve en África había una joven que era hija de uno de los pastores y había llevado a una amiga, esta persona nunca había escuchado el nombre de Jesús, y yo le dije: “Repite conmigo ¡Jesús, Jesús!” Y ella dijo: “¡Qué nombre más lindo!” Y de pronto comenzó a llorar, y seguía repitiendo: “¡Jesús, Jesús!” Porque ese es el nombre sobre todo nombre.
 
Cuando el régimen en Rusia estaba muy fuerte ocurrió algo especial, tenían encarcelado a un hombre de Dios, quien arrancaba las páginas de la Biblia y las pasaba por las celdas, y de esa manera se convertían los presos; y fue advertido que no podía hacerlo y que la próxima vez iba a ser castigado. Continúo haciéndolo y cuando se le acabaron las páginas de la Biblia, empezó a escribir lo que Dios le inspiraba y seguía regando la Palabra. Lo castigaron tremendamente, y le dijeron: “Si sigues escribiendo te vamos a cortar la mano derecha”. A él no le importó la amenaza, continuó la labor, y llegarona cortarle la mano dejándole tirado en la celda para que se muriera, él se arrastró hasta llegar a una de las paredes y con la sangre que salía de su mano escribió el nombre de Jesús. Dejó allí el nombre de Jesús, porque ese nombre es sobre todo nombre.
 
 
4°)“En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable.” Malaquías 1:7.“Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos.” Malaquías 1:8.
 
El Señor les dice:“Ofrecéis sobre mi altar pan inmundo”;esto era un sacrificio despreciable, el pan inmundo no era aceptable a Dios. Y dijeron: “¿En qué te hemos deshonrado?”; se nota su gran indiferencia a las cosas de Dios. Este es un mensaje a los sacerdotes que no cumplían con sus responsabilidades, ellos teníanque llevar el pan con seriedad. Dios en el desierto le dio a su pueblo pan de ángeles, el maná no se podría guardar, hay que sacarlo, el pan hay que entregarlo, sino se podriría y se llenaría de hongos. Entonces hay que llevar la Palabra de Dios con seriedad.
 
Una vez me tocó predicar, pensé que tenía un mensaje grande, y decía: “Voy a guardarlo para tal ocasión”. Pero mientras lo guardaba, detenía esa fuente de producción de parte de nuestro Dios, he aprendido que cuando llega la Palabra tengo que entregarla rápido, hay que dejar que fluya, ese es el pan de vida. Por ahí hay muchos panes viejos que están llenos de hongos, están ya podridos, son inmundos, es palabra adulterada.
 
Jehová sigue reprendiendo a los sacerdotes: “Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos.” Malaquías 1:8. Lo ciego es malo, lo ciego no tiene visión; lo cojo es enfermo, si lo cojo no puede caminar derecho, si está torcido, consintiendo y tolerandoal pecado, entonces es malo. Mas nosotros somos un ejército que estamos contra el pecado, porque esta Misión no acepta el pecado.
 
5°)“Habéis hecho cansar a Jehová con vuestras palabras. Y decís: ¿En qué le hemos cansado? En que decís: Cualquiera que hace mal agrada a Jehová, y en los tales se complace; o si no, ¿dónde está el Dios de justicia?” Malaquías 2:17.
 
Eso era lo que ellos decían: “Cualquiera que hace mal agrada a Jehová”. O sea, que lo malo es bueno, ahora muchos dicen: “¿Por qué tanta prohibición, por qué tanta exigencia?” Esto no nace de nosotros, esto nace de la Palabra, y queremos sujetarnos a la Palabra, queremos vivir en la santidad, vivir en la pureza, es que “sin santidad nadie verá al Señor”. A Dios no le agradan los carnales, no le agrada la idolatría, la mentira, la murmuración, la vanidad, el adulterio, la fornicación, la homosexualidad, la mundanalidad, las falsas enseñanzas, la astrología, las hechicerías, los celos ministeriales, tenemos que alejarnos de todo lo que ha Dios no le agrada.
 
Por eso aparece esta interrogante: “¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando Él se manifieste?Porque Él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores.” Malaquías 3:2. “Y será grata a Jehová la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, y como en los años antiguos” Malaquías 3:4. Dios ha limpiado a todo aquel que quiere vivir la Palabra y la limpieza es para todos.
 
6°)“Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos?” Malaquías 3:7. Abandonaron las leyes, abandonaron los mandamientos, abandonaron la Palabra escrita. Los antiguos profetas hablaban: “Así ha dicho Jehová”, y “escrito está”.Ellos no hablaban por hablar, hablaban lo que Dios les decía, eran los antiguos profetas y la palabra profeta empieza con pro, uno que está en pro de la fe, PRO-FE; es como el micrófono que es leal a mi voz, no habló una cosa y el micrófono dice otra. Tenemos que ser leales a Dios y a la Palabra que pone en nuestros labios para que nosotros prediquemos con la verdad de Dios.
 
Cuando Satanás vino a tentar a Jesús, el Señor lo venció con la Palabra y le dijo: “Escrito está…” En la epístola a los Efesios capítulo 6, encontramos la vestidura que usaban los soldados, pero dentro de la vestidura había una espada y era la única arma ofensiva. Oí en un noticiero que Irak odia a los judíos, a los cristianos y a todo el mundo, que para el 2015 tendrán misiles que saldrán de Irak y llegarán a los Estados Unidos.Pero no son las armas humanas las que se necesitan,la única arma que necesitamos es la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.
 
7°)“¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.” Malaquías 3:8.
 
Leemos en la Biblia: “Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.” Hebreos 4:13.Ante Dios no hay cosa que se pueda esconder, no podemos ser como Ananías y Safira (Hechos 5), que diciendo una cantidad engañosa no pudieron recibir la bendición que Dios tenía reservada para ellos; robarle al padre celestial es una necedad, robar a su benefactor es robar de la mano que le da de comer, ¿cómo puede el hombre robar a Dios?No hay error en cuanto a esto, pues Dios contesta: “En vuestros los diezmos y ofrendas”.
 
Muchos pueden ser fieles en los diezmos, pero Dios espera también de nosotros nuestras ofrendas. Hay gente que se molesta en recoger ofrendas, en muchos lugares ya no se practica esto, porque la gente no tiene la sensibilidad y la responsabilidad en la Palabra. El pueblo dice: “¿En qué te hemos robado?” Ellos han perdido toda espontaneidad para dar a nuestro Dios.Hay una diferencia entre ofrendar y diezmar; los diezmos son un pago a Dios, no lo estamos dando, estamos pagándole a Dios; las ofrendas si se la damos a Dios, esto no es para la organización, esto es para Dios. Muchos no reciben bendición porque no le dan a Dios. “Dad, y se os dará…” Lucas 6:38. La ofrenda misionera, que no es diezmo ni tampoco ofrenda, es una ofrenda de sacrificio por la carga de los misioneros por las almas que están pérdidas, hay que darlo.
 
La Palabra dice: “Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.” Malaquías 3:10. Eso es nuestra obligación, traer a la iglesia los diezmos, es parte de la adoración a Dios, el motivo es para que haya alimento en la casa de Dios y supla las necesidades, quiere decir comida espiritual. “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado…” 1 Corintios 16:2. Es un momento cuando Dios quiere que nosotros lo hagamos, el resultado de pagar los diezmos dice Dios: “Dame a mí primero y yo te daré a ti”. Por eso es que promete: “Probadme ahora en esto…” Es una promesa que Dios hace y luego la apoya con un reto: “Probadme ahora en esto”.
 
Cuando Dios está diciendo: “Abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendiciones hasta que sobreabunde”, está prometiendo una bendición no hasta que abunde, sino hasta que sobreabunde, quiere decir que la bendición es muy grande.