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jueves, 23 de febrero de 2012

¿Puedo vivir en santidad?

¿Puedo vivir en santidad?
“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.” Mateo 5:8. Podemos alcanzar cierto grado de pureza en esta vida, pero ella viene de Dios.
Si fuere imposible vivir en santidad, Dios no lo hubiera ordenado. El Señor dice: «Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios» (Levítico 19:2). Ser santo significa ser separado para Dios. La santidad la define la propia naturaleza de Dios. Ser apartados para Dios nos hace santos.
Las buenas obras no nos hacen santos. Somos hechos santos por medio de la fe en Cristo, y también por fe somos salvos. Poco a poco, mientras crecemos y vivimos en el Señor, nos parecemos más y más a Él (2 Corintios 3:18).
Si ponemos nuestra vista en el Señor Jesús, pensamos en Jesús, estudiamos su vida, oramos a Jesús, y buscamos seguir su ejemplo, nos pareceremos más a Él. Comenzamos a pensar y actuar como Él. Nos asemejaremos a Él porque hemos sido apartados para Él. Esta es la verdadera santidad.
Si eres cristiano, dentro de diez años tu vida será considerablemente diferente de lo que es ahora. Tus motivos y deseos serán cada día más elevados, en la medida que te acerques a Él.
Jesús dice: «Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios» (Mateo 5:8). Podemos alcanzar cierto grado de pureza en esta vida. Pero ella viene de Dios, a medida que crecemos en la fe y nos acercamos cada día más a Él. Aunque la perfección no se alcanza completamente en esta vida, debemos buscarla y aspirar a ella en todo momento, porque la madurez cristiana y la santidad forman parte de la vida de los hijos e hijas de Dios responsables. La santidad es también práctica. La madurez en la santidad se observa en aquellos que han dejado de preocuparse por sus propias necesidades y se han identificado totalmente, dentro de la visión global de su Padre, con la tarea de transformar un mundo herido. La santidad engendra la actitud madura que nos impulsa ha convertirnos en instrumentos de Cristo, para cumplir con los anhelos de la oración del Señor (Mateo 6:10).
“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” Hebreos 12:14.

viernes, 27 de enero de 2012

Ven, Señor Jesús

Ven, Señor Jesús


Amado, preocúpese por arreglar su vida y enderezar lo torcido, para ser tenido digno por Dios, y ser tenido por fiel en aquel día que el Señor venga.
En Mateo 25 hay un cuadro que conmueve y es la condición de diez mujeres vírgenes, cinco eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas no tomaron consigo aceite, mas las prudentes tomaron consigo aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Cinco fueron tomadas y cinco rechazadas, pero esa no era la voluntad de su Señor, ese no era el plan de Dios.
 
Qué triste que sus lámparas no tenían aceite, reaccionaron demasiado tarde, ¿cuándo reaccionaron? Cuando se dieron cuenta que el esposo venía y que sus lámparas se habían apagado, que no tenían aceite, y les dijeron a las cinco prudentes “dadnos de vuestro aceite”. Pero esta santidad y esta vida de obediencia no la podemos vender, la santidad y la vida de obediencia no se puede comprar, no se puede comprar oraciones ni ayunos.
 
Esto no se encuentra en los supermercados o las tiendas, la santidad se adquiere a través de Jesucristo. Cuando reaccionaron fue demasiado tarde, llegó el esposo y las dejó, su respuesta fue “no os conozco”. Fueron desconocidas por Cristo, y todo aquel que no esté preparado y hallado digno será desconocido por el Señor.
 
Si queremos vivir en santidad y ser hallados dignos, tenemos que despojarnos del peso y del pecado que nos asedia y correr esta carrera como Dios manda, como la Biblia nos enseña y tenemos que predicar tal y como Dios nos da el mensaje, para que el que oiga se arrepienta, para que el que anda con los pies afuera los vuelva adentro, para que lo torcido se enderece.
 
También hay una esperanza gloriosa y un gozo para la Iglesia que vive sin mancha que tiene su vestidura limpia. “Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas”, Apocalipsis 3:4. En el versículo 4 hay un elogio “pero tienes unas pocas personas… que no han manchado sus vestiduras… que son dignas”, en Sardis había una Iglesia grande, pero solo pocas personas se mantuvieron en santidad y no mancharon sus vestiduras.
 
Siempre en la historia de la Iglesia hubo un remanente que se mantuvo fiel. Elías en una ocasión dijo: “sólo yo he quedado” (1 Reyes 19:14), y la respuesta divina fue “yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron” (1 Reyes 19:18).
 
Amado, preocúpese por arreglar su vida y enderezar lo torcido, para ser tenido digno por el Señor, y ser tenido por fiel en aquel día que el Señor venga.
¡
Iglesia de Dios, el Señor Jesús viene pronto! Salga de la tibieza y del conformismo, busque la santidad. La Iglesia verdadera dice: “Ven, Señor Jesús” (Apocalipsis 22:20).