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jueves, 15 de noviembre de 2012

Construyen monumento a la Biblia en Argentina

Con el apoyo de la Sociedad Bíblica Argentina, la Asociación de Pastores Evangélicos de Bariloche inauguró recientemente un Monumento a La Biblia. El mismo está ubicado en el ingreso a la ciudad, en la pequeña plazoleta situada frente a la Estación de trenes y a la Terminal de Ómnibus. La localidad de San Carlos de Bariloche en el sur argentino, está ubicada en una de las regiones turísticas más importante de Argentina.
“Es un viejo anhelo de toda la comunidad evangélica cristiana de Bariloche que hoy podemos concretar. Se trata de una escultura que tiene un gran valor simbólico para nuestra ciudad”, destacó el presidente de la Asociación, Hugo Spitzmaul.
La escultura, que representa una Biblia abierta, fue realizada por un artesano local. En su interior puede leerse el texto “Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz”. (Números 6:24-27)
La inauguración coincidió con la conmemoración del Día de La Biblia que se celebra en muchos países del mundo cada 26 de septiembre.
“Con este pequeño pero significativo monumento queremos expresar nuestro anhelo de que Dios traiga su paz y bendición a cada uno de los habitantes de Bariloche”, concluyó el pastor Spitzmaul.
Sociedad Bíblica Argentina apoya con entusiasmo la iniciativa de llevar la Palabra de Dios en distintos ámbitos públicos en cada una de las ciudades. Oremos para que el mensaje de Salvación transforme la vida de cada habitante en esta ciudad.

viernes, 1 de junio de 2012

Las Setenta Semanas de Daniel

Las Setenta Semanas de Daniel

Rev. Luis M. Ortiz
“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.” Daniel 9:24.
Después de 900 años del pueblo de Israel estar en posesión de su tierra en tiempos del profeta Jeremías. Dios advirtió por medio de este profeta a las dos tribus del sur, Judá y Benjamín, que si no se apartaban de la idolatría y del pecado, serían llevados cautivos a Babilonia. Ya las diez tribus del norte habían sido llevadas cautivas a Asiria.
 
Dios dijo por boca del profeta Jeremías a las dos tribus del sur, como sigue: “Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años” (Jeremías 25:11). “Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar” (Jeremías 29:10).
 
Ya los 70 años de cautividad se cumplían y el profeta Daniel, que era profeta de la cautividad, queriendo saber el futuro de su pueblo y cuál sería esa buena palabra que Dios tendría para su pueblo, escribe en el capítulo 9 de su libro, como sigue: “Yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años. Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, en cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas” (Daniel 9:2-5).
 
Aquí sigue una maravillosa oración de confesión y arrepentimiento que Daniel concluye diciendo: “Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos; y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor. Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias. Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo” (Daniel 9:17-19).
 
Antes esta oración tan sincera, tan profunda y tan intensa, la respuesta vino de parte de Dios. Y nos sigue relatando el profeta Daniel: “Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios; aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde. Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento. Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión. Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.
 
Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador” (Daniel 9:20-27).
 
Antes de referirnos propiamente a estas setenta semanas, anunciadas a Daniel por el ángel Gabriel, como un bosquejo profético e histórico del futuro del pueblo de Israel, es muy importante que señalemos una realidad histórica en todos los tratos anteriores de Dios con Israel.
 
Esto de “Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo”, parecería algo nuevo, algo raro en los tratos de Dios con Israel, pero es algo maravilloso, admirable y armonioso, que Dios siempre ha tratado con Israel a base de períodos de tiempo, de setenta semanas, de años, o sea, de 490 años. Y además, que en esos períodos de setenta semanas de años, Dios nunca ha contado el tiempo cuando Israel ha estado en cautiverio, o fuera de su tierra, o ha estado subyugado en su tierra por poderes gentiles. Notemos, pues, que en las setenta semanas de Daniel no son únicas en los tratos y en los planes de Dios con Israel.
 
Comencemos con Abraham, el padre de la nación, desde el llamamiento de Abraham hasta el Éxodo de Egipto transcurrieron setenta semanas de años, o sea, 490 años, sin contar los 15 años cuando la esclava Agar y su hijo Ismael dominaban en el hogar de Abraham. Esos años de dominio gentil Dios no los contó.
 
Desde el Éxodo de Egipto hasta la dedicación del templo de Salomón transcurrieron setenta semanas de años, o sea, 490 años, sin contar los 131 años de dominación gentil que sufrió Israel en el tiempo de los Jueces. Esos años no los contó Dios.
 
Desde la dedicación del templo de Salomón hasta la conclusión de la cautividad en Babilonia transcurrieron setenta semanas de años, o sea, 490 años, sin contar los setenta años que estuvieron cautivos en Babilonia. Esos años Dios no los contó.
 
Y es en este punto de la historia del pueblo de Israel, cuando la cautividad en Babilonia, se cumple, que Daniel inquiere de Dios acerca del futuro de su pueblo. Y Dios consecuente con su manera de tratar con Israel en el pasado esto es, a base de setenta semanas de años, 490 años le dice a Daniel: “Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos” (Daniel 9:24).
 
Estas setenta semanas están determinadas sobre el pueblo de Israel y sobre la ciudad de Jerusalén, es decir, tienen que ver únicamente con Israel y Jerusalén, nada tienen que ver con la Iglesia. Notemos que todos los propósitos a lograr en la conclusión de las setenta semanas están conectados con Israel y con Jerusalén:
 
1) Terminar la prevaricación de Israel con relaciona a su Mesías; 2) poner fin al pecado de Israel por su incredulidad y rechazo de Cristo, su Mesías; 3) expiar la iniquidad de Israel como nación que aceptará a Cristo como su Mesías y redentor; 4) traer la justicia perdurable a Israel que será justificado por su fe en Cristo; 5) sellar la visión y la profecía, pues con el Mesías presente, la tierra será llena del conocimiento del Señor; y 6) ungir al Santo de los santos, o sea, la limpieza y restauración del lugar santísimo profanado y desolado por el anticristo.
 
En el mismo mensaje del ángel a Daniel, estas setenta semanas son divididas en tres períodos de tiempo: la primera división, son las primeras siete semanas, o sea, 49 años; la segunda división son las siguientes sesenta y dos semanas, o sea, 434 años; la tercera división es la última semana, la semana número setenta, o sea, los últimos 7 años que completan los 490 años.
 
A su vez, estas divisiones están separadas entre sí por acontecimientos importantes. Comienzan las primeras siete semanas de años con el decreto del rey Artajerjes, en el mes de Nisán (abril), 445 años a. C. para reedificar los muros y la ciudad de Jerusalén. La historia comprueba que esta obra de reconstrucción bajo el mando de Nehemías duró exactamente siete semanas de años, o sea, 49 años. Las sesenta y dos semanas siguientes dan comienzo, desde la terminación de la reconstrucción de Jerusalén hasta la muerte de Cristo, exactamente sesenta y dos semanas de años, 434 años.
 
Cristo fue rechazado por Israel, como su Mesías, y hasta el día de hoy Israel, como nación, le rechaza, “a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11). Por la incredulidad de Israel Dios visitó a los gentiles para tener de ellos pueblo para su nombre, y por esta razón “a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hijos de Dios” (Juan 1:12). El reloj de los tratos directos de Dios con Israel se detuvo con la muerte de Cristo, esto es al concluir sesenta y nueve semanas de años, o sea, 483 años.
 
Así, como en los casos pasados, Dios no contó el tiempo de supremacía gentil hoy. Y desde la muerte de Cristo, y por causa del rechazo de Cristo por parte de Israel, el tiempo no está siendo contado con relación a los tratos de Dios con Israel, pues Dios está visitando a los gentiles para tomar de ellos pueblo para su nombre.
 
Esta detenido el tiempo con relación a los tratos directos de Dios con Israel y aún falta una semana de años por cumplirse, la semana número setenta de la profecía de Daniel, 7 años durante los cuales Dios tratará directamente con Israel y se consumarán todos los propósitos de Dios con relación a Israel y a Jerusalén y al final Israel reconocerá y aceptará a Cristo como su Mesías.
 
Pero mientras Dios esté tomando, salvando, pueblo entre los gentiles; mientras la Iglesia de Jesucristo esté presente en el mundo, Dios no se volverá a Israel como nación. Tiene la Iglesia que subir al cielo, tiene que producirse el levantamiento de la Iglesia, tienen los muertos en Cristo que resucitar primero y luego nosotros los que vivimos ser transformados y arrebatados en las nubes para recibir al Señor en el aire (1 Tesalonicenses 3:13-17).
 
El apóstol Pedro refiriéndose al tiempo cuando Dios termine de tomar pueblo para su nombre entre los gentiles dice: “Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y le volveré a levantar” (Hechos 15:16). Y sobre lo mismo el apóstol Pablo dice: “Y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados” (Romanos 11:26-27).
 
Cuando suba la Iglesia, que ha de ser de un momento a otro, comienza a contar la semana número setenta de la profecía de Daniel. Los 7 años del gobierno del anticristo, cuando Israel es duramente probado, especialmente en los últimos 3 años y medio. Y luego, al concluir la semana será gloriosamente libertado, pues, inmediatamente después de la tribulación, aparecerá la señal del Hijo del Hombre, y lo verán viniendo sobre las nubes, con poder y gran gloria y se afirmarán sus pies sobre el monte de los Olivos, que está frente de Jerusalén al oriente (Mateo 24:29-30; Zacarías 14:4).
 
Como las sesenta y nueve anteriores, esta semana número setenta está determinado sobre el pueblo de Israel, sobre el pueblo y sobre la ciudad de Jerusalén. Todas estas semanas, ni las sesenta ya cumplidas, ni la número setenta que está por cumplirse, nada tienen que ver con la Iglesia, es con Israel.
De hecho, la semana número setenta no se cumplirá mientras la Iglesia esté en el mundo, para que los juicios y las grandes pruebas de la semana número setenta vengan sobre el incrédulo Israel y sobre todo el mundo rebelde, Dios sacará del mundo a la iglesia. Así como sacó del mundo y se llevó al cielo a Enoc antes que venga el juicio diluvio; así como libro a Lot del fuego y la destrucción de Sodoma; así como Daniel estuvo ausente del horno de fuego; así también librará el Señor a su Iglesia de los juicios de la gran tribulación, la semana número setenta que se avecina. Y es por esto que el Señor mismo dice: “Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo” (Juan 14:3). “Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada” (Mateo 24:40-41); “vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco” (Mateo 25:10-12).
 
Algunos dicen que la Iglesia pasará por la gran tribulación, pero es evidente que aquellos creyentes que no estén preparados para el levantamiento de la iglesia, sí tendrán que pasar por la gran tribulación; pues uno, los preparados serán tomados, y los otros, los no preparados, serán dejados.
 
Cinco vírgenes entraron a las bodas, cinco fueron dejadas fuera. ¿Está usted preparado viviendo en santidad? “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor” (Mateo 24:42).
 
En este mismo instante puede usted, arrepintiéndose de sus pecados, recibir a Cristo en su corazón como su Señor y Salvador. Amén.

jueves, 24 de mayo de 2012

Hallan evidencias arqueológicas sobre la existencia de la ciudad de Belén bíblica



Arqueólogos israelíes han hallado en Jerusalén un sello de arcilla con la inscripción "Bat Lejem", que supone la primera evidencia arqueológica de la existencia de Belén durante el periodo en que aparece enunciada en la Biblia, informó hoy la Autoridad de Antigüedades de Israel.

Se trata de una especie de esfera de arcilla que se usaba para sellar documentos u objetos, de 1,5 centímetros, desempolvada en las polémicas excavaciones del "Proyecto Ciudad de David", en el poblado palestino de Silwán, en el territorio ocupado de Jerusalén Este.

La pieza dataría de los siglos VII u VIII antes de Cristo, por lo que es medio milenio posterior a las Cartas de Amarna, una correspondencia, sobre todo diplomática, inscrita en lengua acadia sobre tablillas de arcilla entre la Administración del Egipto faraónico y los grandes reinos de la época o sus vasallos en la zona.

Allí aparece mencionada por primera vez "Bit-Lahmi", en una misiva en la que el rey de Jerusalén pide ayuda al egipcio para reconquistarla.

El descubrimiento anunciado hoy remite a una época posterior, la del Primer Templo Judío (1006 - 586 a. C.), en la que aparece citada en el Antiguo Testamento como parte del reino de Judea.

"Es la primera vez que el nombre de Belén aparece fuera de la Biblia en una inscripción del período del Primer Templo, lo que prueba que Belén era una ciudad en el reino de Judea y posiblemente también en periodos anteriores", señaló el responsable de las excavaciones, Eli Shukron, en un comunicado.

A tenor de la inscripción, Shukron estima que "se envió un cargamento desde Belén al rey de Jerusalén en el séptimo año del reinado" de un monarca que no se especifica, pero que podría ser Ezequías, Manases o Josías.

La pieza es del grupo de las "fiscales", es decir, sellos administrativos "usados para sellar cargamentos de impuestos que se enviaban al sistema fiscal del reino de Judea a finales de los siglos VII u VIII antes de Cristo", agrega el experto. EFE/AcontecerCristiano.net

lunes, 27 de febrero de 2012

Cosas Pequeñas

Cosas Pequeñas

De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos”. (Mateo 5:19)
 
Lot había ido progresivamente acercándose a Sodoma, hasta que se quedó a vivir allí.
 
 Aunque no aprobaba la maldad del lugar en que vivía, poco a poco se fue acostumbrando a su modo de vida idólatra y mundano. Las comodidades de la impía ciudad superaban en mucho a la sacrificada vida rural que antes llevaba.
 
 Cuando los ángeles aparecieron con su mensaje, dudó en dejar su casa y sus posesiones. Su vacilación casi le cuesta su vida y la de los suyos. Los ángeles tuvieron que llevarlos arrastrando para poder salvar la vida del patriarca y su familia.
 
 “Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas. Pero Lot les dijo: No, yo os ruego, señores míos. He aquí ahora ha hallado vuestro siervo gracia en vuestros ojos, y habéis engrandecido vuestra misericordia que habéis hecho conmigo dándome la vida; mas yo no podré escapar al monte, no sea que me alcance el mal, y muera. He aquí ahora esta ciudad está cerca para huir allá, la cual es pequeña; dejadme escapar ahora allá (¿no es ella pequeña?), y salvaré mi vida”. (Génesis 19:17-20)
 
 La seducción del pecado es tal que hasta nos cuesta abandonar un modo de vida que nos está destruyendo. Hipnotizados por sus encantos, miles resisten la invitación de Cristo a escapar por sus vidas de la malignidad del pecado.
 
 También como en el caso de Lot, clasificamos los mandatos de Dios en grandes y pequeños.
 
 Cuando él finalmente estuvo dispuesto a escapar de Sodoma, negoció con el Señor para ir a una ciudad más pequeña (allí los pecados ¿serían mas pequeños?).
 
 Le parecía que aún podría obtener lo mejor de dos mundos. Alcanzar la salvación sin dejar de gozar de las comodidades y placeres a los que se había acostumbrado. Este es un triste error que muchos cometen.
 
 Tendemos a clasificar las cosas en orden de importancia y eso está bien. Pero en cuanto a los mandatos de Dios no existen cosas grandes y pequeñas.
 
 Por lo general, la mayoría de los cristianos no caemos en el pecado grosero y repudiable en que caen los mundanos. Pero somos atrapados con frecuencia por las cosas pequeñas, por los pecados “chiquititos” que solemos resguardar en el ámbito privado.
¡Y cuidado que alguien diga algo respecto a ellos! Enseguida lo tildamos de fanático legalista.
 
 Los cristianos que son escrupulosos tienden a ser vistos por los demás como personas ingenuas, débiles o faltas de experiencia. Se ven estos a sí mismos como “más equilibrados” al descartar lo que consideran simples detalles sin importancia.
 
 Aunque todos repudien la conducta de un violador, son pocos los que tienen reparos en mirar las mismas obscenidades en la la pantalla del televisor.
 
 Razonamos que está mal cometer un robo seguido de asesinato y condenamos al que los comete; pero participamos de chismes, robando el honor y matando la reputación de nuestros hermanos.
 
 ¿Ha escuchado alguna vez?:
  • ¿Qué tiene de malo hacer …?
  • ¿Por qué no se puede…?
  • No hay que ser tan fanático en algo sin importancia…
  • Lo hice solamente una vez…
 Estos argumentos son los argumentos de Lot.
 
Demuestran que estamos tan familiarizados con el pecado que despreciamos las órdenes directas de Dios. Le dicen a los demás (y al universo entero), que no estamos en verdad dispuestos a dejarlo todo por Jesús.
 
 Lo peor es que nos engañamos a nosotros mismos con ellos. Quedamos satisfechos con obedecer parcialmente los mandatos divinos, y nos hacemos pequeños en el reino de los cielos.
 
 Cuando alguien sin experiencia se pierde en la selva, su temor principal es ser atacado por grandes fieras como los tigres. Pero en realidad corre más peligro -mucho más real y concreto- de ser atacado por pequeños animales (mosquitos, moscas, arañas, hormigas, etc.) que pueden acabar con su vida tan ciertamente como los grandes felinos.
 
 Deberíamos temer las cosas pequeñas.
 
 Los pecados “menores”, las pequeñas transgresiones, ceder a un pequeño defecto de carácter, a los vicios pequeños, o las pequeñas concesiones que hacemos al mal.

Apartarnos en lo más mínimo de la voluntad divina es muy peligroso. No nos toca a nosotros seleccionar que hemos de obedecer y que no.

Sigamos el ejemplo de Samuel, de quién la Biblia dice:
 
“Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras” (1 Samuel 3:19)

lunes, 20 de febrero de 2012

«Las pequeñas zorras»

«Las pequeñas zorras»
“Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; porque nuestras viñas están en ciernes”, Cant. 2:15. Las zorras pequeñas son muy comunes en Palestina. Estas zorras son muy aficionadas a las uvas; cavan hoyos en los jardines y desarraigan las viñas.
Si no se les vigila estrictamente pueden destruir viñedos enteros,Las zorras representan cualquier cosa que puede dañar, a hurtadillas y con astucia, nuestras vidas.
La mayoría de nosotros da mucha importancia al tamaño de las cosas; en el mundo se enfatiza la condición física, una casa grande, autos grandes, grandes ciudades, grandes negocios, dinero a lo grande. Las pequeñas necesidades, las pequeñas consideraciones, no cuentan.
 
En algunas ciudades ocurren ciclones que arrasan con las cosechas causando grandes pérdidas; sin embargo, las plagas de langostas ocasionan más daño que los ciclones. LAS COSAS PEQUEÑAS SIGNIFICAN MUCHO. Más gente se pierde por las pequeñas cosas que hacemos los cristianos, que por los grandes pecados que cometemos. En Palestina, la belleza y productividad de una viña se veía reducida por la invasión de zorras pequeñas. Las pequeñas cosas pueden acabar con nuestra vida.
 
Debemos cazar esas pequeñas zorras, PERO tomando en cuenta lo siguiente:
1- No pasemos por alto las cosas pequeñas: generalmente las tratamos como si no importaran. Esto no significa que debemos ser quisquillosos con todo. Significa que las pequeñas molestias de la vida pueden estorbarnos para gozar de cosas más grandes.
2- Las cosas pequeñas tienen la capacidad de crecer: si dejamos que crezcan, sin hacer nada al respecto, pueden causar grandes daños.
El Sermón del Monte: Jesús cazó las zorras pequeñas en Mateo, capítulos 5 a 7; la gente a la que Jesús hablaba estaba preocupada por las zorras grandes. Eran estrictos respecto al asesinato, pero al Señor le preocupaban más la ira y el odio que llevaban al hombre al asesinato.
 
A esta gente les molestaba el adulterio; al Señor, la manera en que la gente miraba a los del sexo opuesto, las miradas lujuriosas y el codiciar el cuerpo ajeno. Ellos estaban enojados con los ladrones, mientras que a Él le preocupaba más la codicia del hombre por las posesiones del otro, pensando que la vida vale por la abundancia de bienes.

lunes, 13 de febrero de 2012

¿Lo Volveré a Ver en el Cielo?

¿Lo Volveré a Ver en el Cielo?
El médico llegó a la casa de un comerciante de la ciudad, cuyo hijo único pronto iba a morir de una enfermedad incurable. Penetró en la silenciosa habitación donde los padres asistían en una muda angustia a los últimos momentos de su hijo.
Un momento más tarde el moribundo abrió los ojos y, mientras una hermosa sonrisa iluminaba su rostro, tendió su delgada mano al médico, diciéndole: –Adiós, doctor, ¿volveré a verlo en el cielo?
La pregunta del enfermo alcanzó al médico como una flecha. Por primera vez en su vida este hombre entendió que ser cristiano no es un ideal vago, sino una inquebrantable certeza. Permaneció en pie observando silenciosamente el apacible rostro del moribundo, iluminado por una sonrisa cual nunca antes había visto. Después de un débil murmullo el niño se reunió con su Salvador. Durante las semanas siguientes una terrible lucha se entabló en la mente del médico. La mirada apacible de ese niño lo llevó a comprender que realmente se puede poseer a Jesús como Salvador.
¿Desea usted poseer la paz reflejada sobre ese rostro que tanto impresionó al médico? Ante la muerte no hay falsos pretextos; sólo cuenta la realidad. Si la fe en Dios sólo fuera una actitud psicológica, no resistiría en esos momentos difíciles. ¡Cuántos ateos han muerto en horrorosas angustias!
Jesucristo no sólo quiere acompañarnos para atravesar la muerte, sino que también quiere ser nuestro guía durante toda la vida.