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miércoles, 22 de febrero de 2012

Abriendo los oídos a Jesús

Abriendo los oídos a Jesús
Rev. Alberto Ortega
Jesús es el restaurador de las deformaciones espirituales y morales que existen en la naturaleza humana. “Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga?”, Mateo 20:32.
Esta fue la pregunta que nuestro amado Salvador Jesucristo hizo a dos ciegos de Jericó: “¿Qué queréis que os haga?”. Estos dos hombres vivían en la oscuridad. Jesús dijo en una ocasión: “La lámpara del cuerpo es el ojo” (Mateo 6:22), y las lámparas del cuerpo de estos ciegos estaban irremisiblemente dañadas, no había posibilidad humana que se restituyeran sus lámparas, no existía tratamiento médico que restablecieran la luz en sus ojos, estaban fuera de alcance de cualquier esperanza de recuperar la visión.
 
¿Qué más podían hacer los que transitaban el camino e Jericó sino apiadarse de ellos, y darles una limosna? Pero Jesús pasó por aquel lugar de desesperación, de pobreza, de imposibilidades; llegó la luz del mundo, paso al lado de ellos el Creador del cuerpo, del alma y del espíritu humano, Él creó al hombre sin anomalías, sin defectos.
 
En Inglaterra, las compañías de seguros acaban de conseguir un decreto del gobierno por el cual se les autoriza a pedir un mapa genético a los que deseen contratar una póliza de seguros. Con este mapa de los genes se puede detectar si la persona tiene alguna anomalía genética, alguna enfermedad que no aparece en los análisis clínicos, pero que la persona está propensa a desarrollar en un futuro.
 
Si estos dos ciegos viviesen hoy en Inglaterra se les negaría el derecho de tener una póliza de seguros. Esto solo es un vislumbre de lo que el hombre del siglo XXI estará trayendo a la humanidad, ¡verdaderamente aterrador! La mayoría de estos científicos de la genética son ateos confesos, que pretenden ser los reparadores de los errores de la vida, se sienten como dioses, no sabiendo que el pecado cometido por Adán y Eva, en el huerto del Edén, es el verdadero causante de tantos sufrimientos humanos, tanto en lo físico como en lo moral.
 
La humanidad entera está sufriendo la horrenda consecuencia de vivir separada de Dios, pero no hay científico que se detenga a pensar cómo se puede reparar el comportamiento humano, cómo se puede regresar a la armonía con el Dios Todopoderoso que perdimos en el Edén. Pero Jesús pasó al lado de estos ciegos; Él es el restaurador de las deformaciones espirituales y morales que existen en la naturaleza humana, Él es el único que nos puede devolver a la comunión gloriosa con nuestro Dios y Padre.
 
Jesús se acercó a lo irreparable, a lo olvidado, a lo adolorido; aquellos dos ciegos no tenían visión pero tenían oído “cuando oyeron que Jesús pasaba”, empezaron a usar lo que tenían, Dios puede obrar cuando usamos lo que tenemos. Estos ciegos nos dan una tremenda lección primero usaron el oído, la Biblia dice que “la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios” (Romanos 10:17). Luego fueron más lejos, no solo usaron el oído, sino que “clamaron, diciendo: “¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!” Pablos nos recuerda: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10).
 
Qué bueno es prestarle al Señor el oído, el corazón y la boca, porque esto trajo la pregunta de Jesús: “¿Qué queréis que os haga?” Jesús está ahora junto a tu camino de desesperación, está pasando a tu lado, quizá la justicia te ha sentenciado como irrecuperable, la medicina te ha declarado incurable, o cuánta cosa negativa has podido oír, ¿por qué no usas en este instante tu oído para Jesús?
 
Por qué no clamas a Él: ¡Señor... ten misericordia de mí! Ahí mismo donde te encuentras, en tu camino de Jericó. Solo así obtendrás la respuesta divina, la restauración y la victoria. “Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y enseguida recibieron la vista; y le siguieron” (Mateo 20:34).
 
Amado, Jesús no ha cambiado, todavía está llamando, todavía está preguntando: “¿Qué queréis que os haga?”

jueves, 19 de enero de 2012

El valor de la sangre

 Óscar Margenet Nadal
Os sugiero repasar tanto nuestros conocimientos seculares como bíblicos. 

El valor de la sangre ¿Quién no ha escuchado, alguna vez, diálogos semejantes a éstos?:

- No nos apresuremos, querida, esperemos un poco a ver qué ocurre – dijo él.
- Con tu  sangre de horchata,  esperando, nunca haremos nada – le respondió ella.

- ¡Qué momento para pitar un penalti! Si lo convierte ganaremos… - se adelantó él.
- Tendrá que ejecutarlo alguien que tenga mucha  sangre fría  –acotó ella.

- Veamos, mi amigo - le dijo el psicólogo con profesional afecto – cuénteme qué le impulsó a consultarme.
- Vengo a que me diga por qué me hago mala sangre  con cualquier problema – le respondió el paciente.

- ¿Cuántas veces debo repetirles lo mismo para que aprendan? – preguntó la fatigada
maestra; mientras recordaba los tiempos en que la enseñanza se apoyaba en el
lema:  “La letra con sangre entra ” con una mezcla de resignación y esperanza
arengó a sus alumnos: ¡Hala! Intentémoslo una vez más…

 No sé si a los lectores les habrá pasado lo mismo que a mí; que de tanto usar ciertos términos de manera coloquial, es como si me hubiese ido alejando de su correcto significado . Los estudiosos de nuestra maravillosa lengua podrían explicar mejor que yo cuál es la razón; aquí solo deseo plantear la posibilidad de que hayamos descuidado el real valor de algunas palabras clave. Y, si así fuese, contribuir para comenzar a recuperarlo.


 En esta serie  Con sangre todo cambia  os invito a recorrer, juntos, el camino que nos conducirá –eso espero- a una mejor comprensión del significado de la sangre tanto en la vida creada por Dios como en su plan de redención de la Creación. Para ello os sugiero repasar tanto nuestros conocimientos seculares como bíblicos. Lo haremos desde tres tópicos. La presente nota que titulamos:  El valor de la sangre ; la segunda:  Sin sangre no hay vida ; la tercera:  La sangre: agente de cambio sostenible.

 LA HEMATOLOGÍA
Para definirla de manera simple esta la rama de la ciencia médica que se encarga del estudio de la sangre, su estructura, sus bondades, sus trastornos y las enfermedades consecuentes. Los especialistas en esta rama muy avanzada de la ciencia médica son los hematólogos.

Con permiso de los profesionales médicos y bioquímicos, y para hacer simple esta nota, digamos que la sangre es un  tejido fluido que circula por la extensa red conformada por  capilares ,  venas y  arterias tanto en los seres humanos como en los animales  vertebrados e  invertebrados . ¿Por qué es roja? Por los hematíes o eritrocitos que llevan el oxígeno a las células de todo el cuerpo; ellos –que son mayoritarios- contienen ese  pigmento hemoglobínico característico, por lo cual se los conoce por el nombre de  glóbulos rojos ; junto con los glóbulos blancos y las plaquetas son la fase sólida de la sangre; mientras que el plasma sanguíneo es su fase líquida.

Desde  Hipócrates (c.460 a.C. – c.370 a.C.), aceptado como el padre de la medicina (de allí el “juramento hipocrático” de los médicos), pasando por Miguel Servet, René Descartes, William Harvey y hasta mediados del siglo XIX predominó en Europa la teoría greco romana de los cuatro humores o  teoría humoral , que establecía que la bilis, la bilis negra, la flema y la sangre eran los cuatro líquidos básicos que hacían funcionar el cuerpo humano. En los últimos 150 años los avances en el conocimiento de la importancia de la sangre han sido fenomenales.

 TIPOS DE SANGRE Y LAS TRANSFUSIONES
Entre los avances que ha permitido salvar la vida de cientos de miles de personas: están las transfusiones de sangre. Los experimentos comenzaron tan temprano como en el siglo XVI; pero recién en la primeradécada del siglo XIX se identificaron los diferentes tipos de sangre, y se supo que la incompatibilidad entre la del donante y el receptor podía causar la muerte.

 Karl Landsteiner (Viena, 1868-Nueva York, 1943)  Premio Nobel de Fisiología y Medicina (1930) descubrió que las personas tenían diferente tipo de sangre y que las transfusiones no eran compatibles entre personas de diferente tipo. En 1901 describió el sistema de ABO y en 1940 el sistema Rh.El método de conservación de sangre humana para su uso diferido en transfusiones, mediante la adición de citrato de sodio, fue desarrollado en 1914 por el médico argentino  Luis Agote (Buenos Aires  1868 -  1954 ).

Un especial recuerdo de mi juventud universitaria me remonta a los campamentos de verano de ABUA  en  Ongamira, sierras de Córdoba, Argentina; en uno de ellos tuvimos la inolvidable visita del Dr. Reinaldo Decoud Larrosa [1] quien nos deleitó con sus conocimientos; en particular, sus recomendaciones sobre la conveniencia de conocer si hay compatibilidad sanguínea antes de formalizar un noviazgo. Un tema tan novedoso para la época que en el diario del campamento dio lugar a bromas con la escenificación de hipotéticos diálogos entre posibles parejas de novios:  “Me gustaría conocerte mejor, ejem …¿cuál es tu Rh?”

Conocer la compatibilidad sanguínea y la historia clínica tanto del donante como del receptor y verificar que la sangre no contiene virus es fundamental antes de proceder a una transfusión. Millones de transfusionados fueron contagiados de HIV/SIDA por esa falta de precaución. De la misma manera otros contagios han sido producto de transfusiones.

 En países empobrecidos a causa de la corrupción, es común que se compre y venda sangre de manera ilegal, como ocurre con la droga . Muchos viven gracias a vender su sangre tantas veces como pueden. Y mucho mueren a causa de infecciones o debilitamiento extremo.

De cualquier manera, cuando los cuidados se extreman, y los bancos de sangre son seguros, se pueden salvar miles de vidas humanas cada día en todo el mundo.  (Consumer Reports afirmó en 1999 que esa cifra llegaba a 10.000 vidas salvadas cada día).

Es ya común en muchos países del mundo, que en el carnet de conductor de vehículos vaya el Rh de su sangre, y si es donante de órganos en caso de muerte. A pesar de todo, a muy poca gente el tema de la sangre le resulta simpático o atractivo. Prefieren cambiar de tema.

viernes, 13 de enero de 2012

Mensaje: La Potencia creadora de la Obra de Dios


Rev. Álvaro Garavito
Con esta revelación de Dios no hay tempestad, no hay demonio que nos detenga, porque hay un poder dentro de nosotros y esa es la Palabra del Señor.
“La mano de Jehová vino sobre mí… y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor… y por cierto secos en gran manera. Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos... Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso. Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu. Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán. Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo”, Ezequiel 37:1-10.
 
La Palabra de Dios nos muestra un panorama terrible en cuanto a la nación de Israel y como el pueblo había llegado a una condición de sequedad, de muerte, de destrucción, de desconsuelo, era una situación terrible en todos los sentidos. Cuando el pueblo estaba cautivo en Babilonia los de aquella nación le pidieron que cantaran, pero ellos estaban tan tristes, que habían colgado en los árboles los instrumentos musicales. Amados, las aves cantan, los grillos cantan y las chicharas cantan, así que nosotros también podemos cantar, alabar y bendecir a Dios.
 
Sin embargo, cuando se vive en esta situación, cuando se está cautivo, se va hasta el deseo de cantar; solamente que tenga una potencia en su espíritu podrá cantar, podrá adorar. Esa persona puede alabarle al Señor en cualquier circunstancia, en cualquier momento, ya sea herida, con dolor, o en situaciones contrarias podrá levantar sus manos, podrá bendecir a Dios, pero solamente cuando hay en él un fortalecimiento poderoso en el espíritu, porque conoce al Dios verdadero.
 
La Biblia registra que Pablo junto con otros compañeros, fueron golpeados, heridos y puestos presos en la cárcel. Sin embargo, siendo ya de noche sin importarles las circunstancias que estaban atravesando, empezaron a cantar, abrieron la boca para adorar y bendecir a Dios y la cárcel empezó a temblar, los cimientos del edificio se sacudían, porque la presencia de Dios estaba en ese lugar, porque donde está el Espíritu de Dios, allí hay libertad. El caso de Israel era diferente, la situación llegó a hacerse tan crítica, que ellos colgaron los instrumentos, cerraron la boca y cuando les dijeron que cantaran, ellos respondieron: ¡No podemos cantar en tierra extraña! Israel fue llevado a cautiverio y se secó su espíritu, secándose su alma, secándose su corazón.
 
Pero vino el tiempo cuando el Espíritu de Dios tomó al profeta Ezequiel y le dio tremenda revelación. Habían pasado muchos años, pero ahora viene la revelación de la Palabra sobre aquel instrumento de Dios que fue llevado por el Espíritu de Dios, a un valle enormemente grande, y ese valle estaba lleno de huesos, eran huesos secos en extremo. Llama la atención, porque cuando un cuerpo vivo se muere, tiene un proceso, y cuando llega a un estado de sequedad (y en este caso de resequedad), es porque ha pasado mucho tiempo; aquellos huesos estaban secos en extremo, demasiados secos.
 
El Señor le pregunta a aquel profeta: “Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?” Y la respuesta es: “Señor Jehová, tú lo sabes”. El Señor le dijo al profeta: “Profetiza sobre estos huesos…” Y ¿qué les voy a profetizar, qué les voy a decir si son huesos secos? Porque hay gente que está muerta en delitos y pecados, y hay que profetizarles con la Palabra, el Señor dice: “Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd Palabra de Jehová”. ¡Qué maravilla es oír la Palabra de Jehová! Y esa Palabra se metió en las venas, se metió en la sangre, se metió en los huesos, se metió en el corazón, se metió en el alma y nos cambió, nos transformó, nos dio vida. El Señor dijo: “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”, Juan 6:63.
 
Cristo vino a la tierra para deshacer las obras de Satanás. “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”, Juan 10:10. Por esta Palabra han cambiado matrimonios, han cambiado familias, han cambiado terroristas, han cambiado pandilleros, han cambiado prostitutas, han cambiado ladrones, han cambiado drogadictos, han cambiado borrachos, y todos los que han oído la Palabra y han abierto el corazón han sido transformados. Jesús les dijo a sus discípulos: “Ya vosotros estáis limpios por la Palabra que os he hablado”, Juan 15:3.
 
Hoy estamos en un tiempo tan difícil, porque hay muchos maestros de la Palabra, mediocres, temerosos, miedosos, pusilánimes, y hasta cobardes. Estos maestros no enseñan la Palabra, lo que enseñan son medias verdades y por eso existen medios creyentes; y como no se les enseñó la Palabra completa no hay un cambio completo, pero el verdadero Evangelio produce una verdadera transformación interna y externa; qué maravilloso cuando oímos la Palabra de verdad, que produce tremendos cambios. Jesús dijo: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, Juan 8:32. Por eso el Señor envió al profeta a declararle al pueblo, no para declararle cualquier simpleza, ni para contar chistes ni payasadas, sino que fue a predicar la Palabra de verdad.
 
“Profeticé, pues, como me fue mandado...”, Ezequiel 37:7. Cuando hablamos de parte de Dios, la Palabra va a hacer una obra, va a lograr un efecto extraordinariamente poderoso. Dijo el profeta: “Profeticé como se me había mandado, y cuando di la Palabra los huesos se juntaron, y empezaron a resucitar esos muertos”; porque donde hay Palabra de Dios se revoluciona hasta el cementerio. La Palabra es espíritu y es vida, y donde hay un pastor o un predicador que la enseñe, habrá una revolución tremenda, todos los días habrá testimonios, todos los días la gente testificará, porque la Palabra tiene poder para cambiar al hombre. Cuando Ezequiel profetizó, vio que los huesos se juntaban unos a otros y se armaban y fueron levantándose y se formó una multitud, como un gran ejército.
 
El Evangelio verdadero es poder de Dios, Pablo dijo: “Porque no me avergüenzo del Evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego”, Romanos 1:16. Ahora muchos predican un evangelio acomodado, un evangelio sin poder, que no produce cambios. ¿Cómo podrán entender aquella gente que está dentro de una congregación, dentro de un templo mundano, liberal, viviendo como le da la gana?, ellos creen que ese es el Evangelio. En realidad, el Evangelio es una potencia, es poder que produce una explosión dentro de nuestro ser, y se operan grandes cambios.
 
La Biblia nos dice que un funcionario de Etiopía, había venido a Jerusalén y estaba leyendo al profeta Isaías. “Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? Él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare?”, Hechos 8:30-31. “Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro? Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta Escritura, le anunció el Evangelio de Jesús. Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó”, Hechos 8:30-38.
 
Llama poderosamente la atención cuando la Escritura dice: “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”, Hebreos 4:12. Cuando oímos esta Palabra verdadera, pasamos de muerte a vida, de las tinieblas a la luz admirable.
 
Nuestro Señor Jesucristo estaba peleando la batalla en el desierto y habían pasado cuarenta días de verdadero ayuno. No como esos ayunos que hacen muchos en su cuartito con aire acondicionado, con alfombras, con jugo de naranja o de zanahoria, esos son ayunos inventados por el diablo; hasta dicen que Daniel ayunaba con jugo de zanahoria, ¡mentira de Satanás! Los verdaderos ayunos que encontramos en la Biblia, eran días y noches sin tomar agua, sin comer nada. Pero no hay quien haya ayunado como el Señor, no hay nadie todavía, ni lo encontraremos jamás.
 
En una ocasión me dijo uno: “Yo ya superé un poquito al Señor Jesucristo, he hecho cuarenta y cinco días de ayuno”. Le dije: “¿Cómo hizo su ayuno, y de qué hora a qué hora?” Me dijo: “Pues como es normal de 8 a 12 del día, todos los días ayunando”. Eso se llama desayunar tarde, pero eso no es el verdadero ayuno.
 
¿Sabe dónde fue el ayuno del Señor? Fue en un desierto, donde sólo hay espinas, arena candente, calor tremendo; y nuestro Señor en ayuno, orando y clamando. Cuando llegaba la noche venía el frío del desierto, ese aire terrible hace temblar a cualquiera, y al amanecer aparecía un sol abrasador. “Y vino a Él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”, Mateo 4:3-4. De toda Palabra que sale de la boca de Dios vivirá el hombre; porque de ella somos vivificados, y con ella nos alimentamos espiritualmente.
 
Amados, con esta revelación divina no hay tempestad, no hay demonio que nos detenga, porque hay un poder dentro de nosotros y esa es la Palabra del Señor.