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lunes, 19 de noviembre de 2012

Ministerio de taxistas transforma vidas en Uruguay


Un grupo de taxistas en Uruguay aprovecha cada servicio que brindan parar hablarle a otros el evangelio de Cristo.


El Ministerio de Taxistas Cristianos de Montevideo, capital del país, nació la madrugada del 18 de mayo de 1992, con tres taxistas reunidos en una esquina. Hoy realizan sus reuniones diarias en uno de los parques más importantes de la ciudad: El Parque de los Aliados.

“El propósito de reunirnos es orar, leer la Palabra, dar testimonio de las experiencias que vamos viviendo en la jornada. Los taxistas de la noche a la una de la madrugada, y los que trabajamos en el día a las 6 de la mañana, de lunes a viernes”, comenta Juan Rotela.

De esta forma los taxistas se reúnen para buscar la guía de Dios y así poder conocer la estrategia del día para ganar almas. Desde un comentario sobre el clima, un problema en el trabajo, hasta una enfermedad terminal, todo se convierte en la escusa perfecta para entablar una conversación y así hablar del amor de Dios.

Como parte de sus anécdotas un taxista llamado Santiago, comenta que “hace un tiempo atrás se subió un muchacho ejecutivo, con miles de problemas que le habían pasado, exportaciones que no le habían salido, cheques que le habían fallado, y dice: ¡hoy me quiero matar!, y yo le digo: dale gracias a Dios, que hoy pudiste levantarte y hacer todo eso que te falló, el lunes cuando te levantes y trabajes, vas a ver que las cosas te van a salir mejor” y dijo: “te agradezco, porque la verdad que hoy fue lo mejor que me pasó en el día”.

Muchas de las personas que toman uno de estos taxis ignoran que en el recorrido van a encontrar la mejor noticia para sus vidas. Luego de haber entregado su corazón a Jesús, se bajan llorando al haber experimentado el nuevo nacimiento en el lugar menos pensado.

“A veces uno sube a una persona y algo te dice: háblale, y gente que ha sido despedida del trabajo, y tienes que edificarle, te lloran en el auto, gente que va de un sanatorio y tiene un familiar internado, y le orás antes de entrar”, relata Cristian Bennet.

Este ministerio ha trascendido los límites del volante. En una de sus actividades de intercesión por el país, dieron siete vueltas alrededor del Palacio de las leyes, durante una semana, marcando así el comienzo de algo más. Lograron entrar en el terreno de la radio con un programa de 15 minutos y esto fue creciendo hasta llegar a tener en la actualidad 5 horas de programación semanal, en las que trabajan los taxistas de la noche y los del día. En uno de estos programas recibieron la llamada de un joven que había preparado todo para quitarse la vida.

“Oramos, le entregamos su vida a Cristo, y hoy ese hombre es un siervo de Dios, un pastor de una congregación”, explica Rotela.

Estos taxistas hacen parte de un ejército que ronda las calles de Montevideo. Para ellos la inseguridad, o el peligro de un asalto no ocupa su mente. Saben que Dios guarda sus vidas y concentran sus fuerzas en trasladar al pasajero a un viaje inesperado: un encuentro personal con Jesús.

Para muchos de ellos el taxi dejó de ser un mero sustento económico para convertirse, como ellos mismos dicen, en su púlpito andante.

viernes, 21 de septiembre de 2012

La silla de la integridad

La silla de la integridad
Rev. Jorge Álvarez
“Aquí estoy; atestiguad contra mí delante de Jehová y delante de su ungido, si he tomado el buey de alguno, si he tomado el asno de alguno, si he calumniado a alguien, si he agraviado a alguno, o si de alguien he tomado cohecho para cegar mis ojos con él; y os lo restituiré”, 1 Samuel 12:3.
Hay muchas sillas y algunas nos producen mucho descanso, pero en esta ocasión me refiero a la silla que al estar en ella nos demanda responsabilidades. El estudiante en el colegio o universidad tiene su silla y sabe que como estudiante llegará el momento en que será evaluado y algunos hasta tiemblan cuando viene la evaluación. En el trabajo también hay sillas que se ocupan dependiendo su preparación académica y en ese lugar no podemos estar con los brazos cruzados, sino que tenemos que hacer el trabajo que nos corresponde y cumplir con nuestras responsabilidades. Así que son muchas las sillas que podemos mencionar, silla de gobernación, silla presidencial, etc. Pero hay una que nos interesa abundar: La silla de la integridad.
 
En el libro de Samuel encontramos la amenaza de los filisteos, era algo terrible y esto producía crisis en el pueblo de Israel. En los tiempos de Sansón, el pueblo estaba establecido en Palestina y también los filisteos atacaron a Israel. En cierta manera, el pueblo confiaba en Sansón porque Dios lo había preparado con una fuerza especial, pero esta era para defenderlos.
 
Posteriormente, Sansón no supo emplear el poder sobrenatural que Dios le había dotado. Fue negligente en aquello que Dios había puesto en sus manos. Sin embargo, surge un líder nuevo y allí estaba David y también estaban los filisteos, pero el poder de los filisteos fue quebrantado porque David se movía con autoridad, ya que Dios estaba con él.
 
Retomando el libro de Samuel encontramos que Israel se estableció en Silo, ellos gozaban del tabernáculo del cual Elí era el Sumo Sacerdote. En ese tiempo la religión estaba en una decadencia absoluta, faltaba la integridad en su totalidad, pues Elí no enseñó a sus hijos la reverencia en la casa de Dios. La Biblia dice que Ofni y Finees no tenían conocimiento de Jehová. La situación era crítica porque sus hijos eran indisciplinados, sin conocimiento, sin reverencia y así como estaban, su padre los tenía en el templo ministrando como sacerdotes.
 
Aquellos impíos comenzaron a aprovecharse del pueblo cuando aducían los sacrificios. El pueblo venía a Silo porque quería adorar y bendecir a Dios, pero no había ministración sacerdotal, sencillamente lo primero que hacían era pedir la porción sacerdotal y después se hacía el sacrificio. No se permitía entrar a la adoración sin antes entregar la porción sacerdotal. Su comportamiento era desagradable porque profanaban el santuario con el libertinaje, sin importarle la vida espiritual del pueblo. La ceremonia la estaban llevando a cabo rutinariamente, de forma tradicional, pero sin temor reverencial. Lo más lamentable lo sufrió el pueblo de Israel.
 
En ese ambiente de corrupción, donde los dirigentes y líderes estaban en pecado, se levantó Samuel. Ya Dios lo estaba preparando para unos fines específicos y a pesar de ese ambiente, reaccionó de forma agradable delante de Dios y asumió la responsabilidad ante el llamado divino. El entendió que tenía que comenzar a organizar todo aquel desorden.
 
El descuido de Elí provocó el juicio, por dos ocasiones Dios le habló para que enmendara su camino y corrigiera todo aquello que estaba haciendo. En 1 Samuel 2:30 encontramos que el profeta le habló a Elí y le declaró: “Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco”. En otras palabras Elí estaba honrando a sus hijos más que a Dios. La segunda advertencia se la dio cuando Dios llama a Samuel y trata con él y le dice la condición de la familia y el hogar. “Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin. Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado”, 1 Samuel 3:12-13.
 
Cabe aclarar que cuando no hay integridad se piensa que hay tolerancia de parte de Dios. Hasta se dice que Dios es amor, la realidad es que nuestro Dios no tolera el pecado, Él quita y pone, hace cambios. En el registro sagrado palpamos estos cambios en los cuales Dios obra con mano fuerte. Isaías dice que Él desnudó su brazo, dejando ver su autoridad, poder y gloria. A Elí le llegó el día del juicio, quizás pensó que no iba a acontecer nada. Estando los hijos de Elí en la batalla, los filisteos comenzaron a prevalecer, entonces los hijos de Elí planificaron traer el arca; en realidad, ellos no debían estar en la línea de batalla porque no andaban bien delante de Dios. Así hay muchos que quieren estar en la línea de batalla y aparentar ser hombres de guerra, de pelea, pero son unos fracasados. El traer el arca, era forzar a Dios a que les diera la victoria. Sin embargo, la derrota de Israel fue aplastante y los hijos de Elí murieron.
 
Ante este desastre entra Samuel como juez, profeta y sacerdote, se producen cambios bajo su gobierno. Inmediatamente captura el arca de Dios, surge un despertar espiritual, obtiene victorias nuevas. Note usted que Samuel no era del linaje de Aarón, pero ofició como principal sacerdote. En una ocasión el pueblo de Israel y Samuel se reunieron en Mizpa. Dios les estaba ministrando, ellos estaban en sus ayunos y sacrificios. Cuando estamos en ayuno y oración Dios mira la trama del enemigo y nos defiende, nos libra de muchas situaciones que a veces desconocemos.
 
Los filisteos oyeron que los hijos de Israel estaban en Mizpa y subieron para atacarlos. Cuando el profeta Samuel vio aquella situación no utilizó el estilo de los hijos de Elí, no trajo el arca para forzar a Dios, sino que buscó a Dios en ayuno y oración. Porque su estilo era el sacrificio delante de Dios y allí sin mover las manos, sin hacer mucha fuerza, obtuvo la victoria. Jehová había guiado a Samuel a encaminar, a levantar la vida espiritual del pueblo de Israel, ahora estaban pidiendo un rey ante la excusa del envejecimiento de Samuel. Esto por supuesto no agradó a Samuel y oró a Jehová e inmediatamente llegó la respuesta: “No te han desechado a ti, sino a mí, me han desechado para que no reine sobre ellos”.
 
Fue entonces que Samuel, por dirección de Dios, ungió a Saúl por rey de Israel, sus comienzos fueron extraordinarios como siervo de Dios. Lo que me llama la atención es que en privado Saúl fue ungido, pero fue aclamado y proclamado públicamente. Las cosas de Dios comienzan en privado, en la cámara secreta, a solas, en la intimidad nos revela, nos indica sus propósitos para nuestras vidas. Llegó el momento en que Samuel se tenía que despedir del pueblo y es allí que se presenta ante ellos con la prueba de la integridad. Él dice: “Aquí estoy; atestiguad contra mí delante de Jehová y delante de su ungido, si he tomado el buey de alguno, si he tomado el asno de alguno, si he calumniado a alguien, si he agraviado a alguno, o si de alguien he tomado cohecho para cegar mis ojos con él; y os lo restituiré”. Es por eso que Samuel se sienta en la silla de la integridad, silla de acusados para que el pueblo pruebe su integridad, su conducta y proceder delante de ellos.
 
Samuel expresa: “Si he tomado el buey de alguno”. Éxodo 22 nos dice que aquel que robare un buey tenía que pagar con cinco bueyes. El buey es símbolo de trabajo. También les dice: “si he tomado el asno de alguno...”, este es el animal de la carga, esto representa el sustento. Si nosotros dejamos a alguien desamparado no le hemos dado lo que esa persona necesita, y no hemos suplido su necesidad estamos fallando. Continúa diciendo: “si he calumniado, si he difamado...” En 1 Pedro 3:16 dice: “Sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo”. Los íntegros no pueden robar bueyes, ni desear aquello que otros tengan. Vivimos en un tiempo de tantos celos que muchos desean hasta el estilo de ministerios de otros y a veces se imita y se copia la forma de ministrar y de cantar. ¿Podremos sentarnos en la silla de la integridad como Samuel?
 
Podrá usted decir: “Si yo he agraviado”; hay quienes se satisfacen en ofender, debemos guardarnos de esto. Que no haya prejuicio entre nosotros, el Señor nos llama a ser íntegros en todo. Podrá usted decir: “Si he tomado cohecho, soborno, si he entrado en este proceso de corrupción”; la integridad reclama limpieza de manos y actitudes. Hay que tener cuidado, no podemos confabularnos con nadie para destruir a nuestro hermano, tenemos que amarnos y ayudarnos.
 
Samuel se sentó esperando el señalamiento del pueblo y luego dice, “si acaso yo lo he hecho, yo lo restituiré”, así que, el valiente, limpio e íntegro restituye (devuelve) y acepta públicamente si ha cometido alguna falta porque desea agradar a Dios. Zaqueo tuvo un encuentro con Jesús y fue confrontado porque había tomado lo que no le pertenecía y allí entendió que tenía que devolver pero no sólo devolvió, sino que supo multiplicar lo que había tomado y restituyó.
 
¿Te atreves a sentarte en la silla de la integridad? ¿Te sientes limpio o hay algo que Dios tiene que quitar? Devuelve, restituye y ve a la presencia de Dios y disfruta de ella con libertad.
 
El ministro debe ser íntegro y cumplir con sus responsabilidades ante la grey que Dios ha puesto a su cargo. Hay muchos que comienzan bien pero con el transcurrir de los años sufren cambios terribles y evaden cualquier señalamiento porque no son íntegros.

martes, 8 de mayo de 2012

El Árbitro Divino

El Árbitro Divino
Rev. Sinaí Santiago
“No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre nosotros dos”, Job. 9:33.
El libro de Job narra la historia de un hombre poderoso en Dios que vivió lleno de abundancia y con una familia numerosa. Su hacienda era enorme y sus ganados sobrepasaban los de cualquiera de su época. Cuenta la historia bíblica que un día Job fue probado y Dios permitió que perdiera todo esto, pero Job siguió siendo fiel a Dios.
 
Luego de esto Dios le permite una sarna maligna y aunque afligido y necesitado, en todo momento se mantuvo firme y esperando en Dios y decía: “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21).
 
Ante esta terrible prueba, aunque su piel se deshacía encima de sus huesos, su condición le llevó a refugiarse en las cenizas, con firmeza y confianza dice la escritura que este se sentaba en cenizas humillándose delante de Dios en ruegos y suplicas. A todo esto, su mujer le reprochó su integridad a Dios. “Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete. Y él le dijo: “Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios” (Job 2: 9-10).
 
Cierto es que no nos gusta recibir nada malo, nada que vaya en contra de aquello que nos gusta; así nos enseña este relato. Job entendió que aunque aquello que estaba pasando era malo, él lo tomaba por bien, pues venía de parte de Dios. Es claro que hay muchas cosas que nos pasan, que aunque son malas, negativas, adversas, vienen de parte de Dios. La Escritura dice: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza” (Santiago 1:17); de modo que aunque lo sucedido a Job era malo para él, redundo en beneficios espirituales y materiales. Esta experiencia sirvió para bien a Job, pues supo discernir que aquello podía obrar en bien. La Escritura dice: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).
 
Podemos decir que Job supo que Dios estaba en el asunto y es por eso que se mantuvo sin pronunciar palabras ofensivas. Tampoco lo vemos alterado, sabemos que las virtudes de este hombre lo hacían merecedor de ser llamado justo, temeroso de Dios y apartado del mal. De allí que la Escritura dice: “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Santiago 1:19-20). De modo que Job pudo mantenerse confiado en Dios y así recibir todo como de Dios estaba obrando en su vida.
 
En el verso de instrucción (Job 9:33) encontramos una expresión de un hombre que está en necesidad, un hombre que está pasando por momentos difíciles en su vida que hasta maldijo el día en que nació y el momento en que varón fue concebido (Job 3:1-3). Era un hombre con  gran necesidad, Job estaba necesitado de salud, este hombre en un momento dado de su vida, cuando se llegó a ver en una condición de extreme necesidad física, cuando una sarna maligna forró su cuerpo a tal grado que tomaba un pedazo de barro para rascarse, clamó a gran voz pidiendo un árbitro, alguien que pudiese mediar las cosas entre Dios y su persona.
 
La Escritura dice que Job era “recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:1) en su condición de salud tan deprimente pensó cómo llegar a Dios y hablar con Él, cómo dirigirse a Él, o de qué manera podía el pasar su queja a Dios (Cap. 6:1-2); su petición no era fácil, Job quería que Dios apareciera y escuchara su queja. Él continuaba tratando que Dios atendiera su queja, sabía también que el hombre no podía  justificarse ante Dios, así que pensó que si Dios quitaba su vara de encima de él, entonces no le temería y podría hablar cara a cara con Dios. Mientras Job estaba pasando este quebranto es visitado de tres amigos que oyendo que estaba enfermo habían concertado en venir juntos a consolarle.
 
Se dice que cuando sus amigos le vieron de lejos, no le conocieron y lloraron a voz en cuello y cada uno de ellos rasgó su manto, y esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo. Estos amigos de Job estuvieron sentados con él siete días con sus noches y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande (Job 2:11-13).
 
Después de este periodo de tiempo Job abrió su boca y es allí donde le vemos dar su queja más pujante de toda su situación; es allí donde Job dejó salir su gran queja, que seguramente salía de un corazón dolido, enfermo y abatido por la experiencia vivida.
 
Sus amigos toman la palabra, y como era costumbre, el más entrado en años comenzó dando su opinión. Este es llamado ELIFAZ, al dar su opinión dice que no tenía ningún conocimiento de lo acontecido, que tomó de imaginaciones nocturnas algunas visiones y que oyó palabras dadas por un espíritu que le causa miedo. De modo que podemos decir que estas palabras degradan el sacrificio de Cristo haciendo a Dios como uno más en su lista de espíritus (Job 4:12-21). Elifaz también dice que el hombre nace para la aflicción (Job 5:8).
 
El segundo de los amigos llamado BILDAD, representa a los religiosos de este mundo, lleno de conocimiento, pero escasos de misericordia, carentes de amor. Es de aquellos que piensan en Dios como algo inaccesible, no tomando en cuenta que Dios es Dios perdonador. Es tipo de aquel religioso que jamás piensan en el hombre caído que Dios puede restaurar, en su bondad le dice: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). La enseñanza de Bildad no surgió efecto alguno en Job (Job 8). Job sabía que el hombre no podía justificarse delante de Dios.
 
El tercero de los amigos llamado ZOFAR, representa la ciencia, que en tantas ocasiones hemos visto atacar la fe. Este sabio confiesa que Dios es mudo, que si Dios hablara podía responder a aquellos que tuvieran alguna queja (Job 11:5). De los tales Pablo dice: “Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia, la cual profesando algunos, se desviaron de la fe” (1 Timoteo 6:20-21). A todo esto Job le contesta muy creído que Dios habla y que seguiría esperando en Él.
 
Después de haber oído a estos tres amigos, Job sigue esperando en aquel árbitro, pues no pudieron cambiar su fe en Dios. Job vuelve a su reclamo esperando un árbitro que interceda entre Dios y él. Si consideramos el tiempo de este acontecimiento ciertamente notamos que la data de tiempos patriarcales donde no había ley, ni nada escrito que favoreciera la solicitud de Job. Podemos decir que en su quebranto llegó a la idea de que siendo Dios, uno tan grande, podía éste suplirle un mediador entre Dios y él. De esta manera podemos decir que Job sabía que este mediador no solo intercedía por él, sino que también le restauraría su cuerpo enfermo quitando su vara de sobre él.
 
Job confió que Dios podía proveerse de un mediador, retó a Dios en esta petición, pues sí había preparado para el hombre caído un mediador, Dios si había provisto para el hombre este mediador y tal como lo describió Job este podía aplacar la ira de Dios y también traería sanidad al cuerpo enfermo. El apóstol Pablo habló de este mediador diciendo: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5).
 
Amado lector, Job en su quebrantamiento de salud sacó tiempo para meditar en Dios, intensificó su búsqueda hasta poder llegar desde aquel tiempo antiguo hasta lo que conocemos como la gracia. Job en su condición buscó a Dios a tal grado que subió la cima divisoria de las edades y los tiempos y pudo ver a aquel mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo. Job levantó su mirada al calvario, allí vio al unigénito Hijo de Dios dando su vida en rescate por una humanidad perdida, dando hasta la última gota de sangre para redimir al hombre, para que así se cumpliera la Escritura que dice: “y sin derramamiento de sangre no se hacer remisión (de pecados)” (Hebreos 9:22; Levítico 17:11). Vemos a Job clamando a aquel que le podía responder, pues sabemos que la Escritura dice: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3).
 
Job estaba necesitado de ayuda y Dios siempre estuvo allí para ayudarlo y responder a su queja. Si, allí estaba el mediador respondiendo al llamado, y para que ese mediador venga a nosotros, él espera que le llamemos. El apóstol Pablo dio el nombre de aquel mediador, en ese nombre los demonios huyen, en ese nombre somos restaurados para seguir adelante venciendo obstáculos, porque a ese mediador le fue dado “un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:9-11).
 
Job, sin conocer de aquel mediador, confió que Dios podía ayudarlo. La petición de Job era clara, alguien que estuviese entre dos. Sabía que un Dios tan grande podía usar su misericordia para con todo y para con él, pero no bastó para Job el conocer que había un Dios, le fue necesario llamar a este Dios y pedir misericordia y la gracia de Dios la que evita que en su ira seamos consumidos. “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias” (Lamentaciones 3:22).
 
Job quiso que aquel mediador se parara en el medio, quería que su carga fuera aliviada. Los amigos no habían podido hacer nada, eran sabios y entendidos en diferentes ciencias, pero lamentablemente no conocían a Dios, todo lo que hicieron fue molestarse y acusarle.
 
Amigo, hoy día tampoco encontrarás amigos que te ayuden en tu necesidad, si te enfermas es posible que pierdas a algunos de ellos y si te quedas sin trabajo quizás el resto te abandonen, pero hay un amigo que jamás te abandonará, es Jesús el mediador del nuevo pacto, y te invita a acercarte a Él para que como un buen árbitro interceda por ti en esta lucha que estás librando, ven a Él y deposita en Él tu carga, tu problema, tu enfermedad.
 
Quizás Job estuvo atento a sus amigos pensando cuál de ellos le traía palabras de parte de Dios. Esto pasa cuando nuestras amistades no lo conocen, son buenas, pues nos visitan en el día del quebranto, pero no nos pueden consolar, pues no tienen que dar.
 
La palabra que consoló a Job vino inspirada por Dios. “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios” (Job 19:25-26). Allí Job rechazó la enseñanza de sus amigos y venciendo miró “a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (Hebreos 12:24).
 
Amigo, tú puedes hacer de la misma manera que hizo Job, rechaza la enseñanza de los amigos que te desvían cada día más de Dios con sus ideas llenas de engaño y de sutilezas huecas y vacías. Te invito a tomar este consejo: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano” (Isaías 55:6); si estás enfermo, prueba al Dios de aquel patriarca Job, éste necesitó de un mediador, tú también necesitas un mediador, Cristo es el Mediador, el árbitro. El que está entre Dios y el hombre, Jesús solo espera que te acerques a Él para mediar por ti ante el Padre Celestial.
 
Job tuvo que vencer los inconvenientes de su enfermedad, la burla de sus amigos, el rechazo de su mujer y todo esto para poder participar de la gracia redentora de Cristo. Jesús dice: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37); “venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). La Biblia dice: “Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros.” (Santiago 4:8).
 
Amigo, si le permites a Jesús entrar a tu vida en este día, te aseguro que tu vida al igual que la de Job cambiará. La Escritura dice: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31). Job también tuvo que confesar a Jesús como su Salvador cuando le llamó su Redentor; así termina el libro de Job diciendo: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:5). Dios le permitió a Job pasar por momentos malos y difíciles, pero al fin reconoció que solo Cristo podía solucionar su situación.
 
De igual manera pude pasar en tu vida, acércate y da tu vida al que puede ayudarte en todo tiempo y limpiar tu corazón y hacer de ti una nueva criatura. “No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre nosotros dos”, Job 9:33.

viernes, 4 de mayo de 2012

Todo Tiene Su Tiempo y Su Hora

Todo Tiene Su Tiempo y Su Hora

Cuando no logramos alcanzar algo que deseamos para nuestra vida, nos preguntamos por que otros si tienen esas cosas que tanto queremos, y nosotros no. Aunque a nuestro parecer, estemos supuestamente bien preparados para manejarlas. Pero aun así, no siempre llegan cuando queremos.
Han visto a un niño lo que es capaz de hacer con un solo dulce?, ahora bien, sería capaz de administrar 100 dulces?. O que pasaría, si un día en nuestro trabajo nos dieran por adelantado un año de salario, seriamos capaces de pasar ese año ordenadamente y gastar solamente lo necesario mes a mes?
 
Dios que conoce todas las cosas, sabe cuando darnos lo que necesitamos y como ponerlo en nuestras manos. El Señor dice en su Palabra: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? “ Romanos 8:32; y “Todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo de cielo tiene su hora”. Eclesiastés 3:1
 
Así que no debemos afanarnos por las cosas que no podemos tener, sino esperar que Dios tiene un tiempo especial para todas ellas.
 
Bendiciones !!!
 
Fuente:reflexiondevida.com

jueves, 3 de mayo de 2012

Palabras en tu Boca

Palabras en tu Boca

Cada vez que oyes una palabra, Lees la Biblia o un devocional es Dios poniendo sus palabras en tu boca para que te transformes en un baluarte de su reino en contra de las tinieblas.
Mientras los demás confiesan miseria, crisis, y destrucción; tú declaras Esperanza, Paz, Gozo y la bendición de Dios sobre ti y los tuyos ya que no hablas el idioma humano sino el Divino, No confiesas cosas terrenales sino celestiales, No vives de acuerdo a los noticieros sino de acuerdo a la Palabra de Dios.
 
A partir de ese momento Dios le dijo a Jeremías que lo había puesto sobre reinos y naciones, es decir, Cuando sus palabras están en tu boca, no hay poder, dominio y autoridad que no se sujete a la Palabra de Dios que está en tus labios. Ya no eres cola sino cabeza, ya no estás debajo sino encima, la ruina y pobreza no son tus dueñas sino la abundancia y riquezas de Dios, ya no eres esclavo sino rey y sacerdote.
 
Como tú te sujetas a la palabra que Dios ha puesto en tus labios, las adversidades y tempestades se sujetan a ti y tú no te sometes a ellas. Dios siempre ha estado buscando corazones de hombres en los cuales depositar su palabra para trastornar el reino de Satanás y deshacer las Obras del diablo. Hoy es día en el cual debes erradicar desde la raíz toda queja, murmuración y confesión contraria a las palabras de Dios que hay en tu corazón para empezar a proclamar el Poder y Dominio de Dios sobre ti.
 
Fuente:Reflexiondevida.com

miércoles, 2 de mayo de 2012

Como debe ser un cristiano

Reconociendo mi incapacidad de alcanzar estos objetivos por mis propias fuerzas, proclamo las palabras de la Biblia: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.


                         Como ENOC, caminar en compañerismo diario con el Padre celestial.



                                   Como ABRAHAM, confiar incondicionalmente en Dios.


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                             Como MOISÉS, obedecer a Dios aunque esto signifique sufrir.

 

                                            Como JOSÉ, dar la espalda a la tentación.

 

                       Como JOSUÉ y CALEB, no permitir que me desanimen los obstáculos.




                                Como EZEQUÍAS, preparar mi corazón para buscar a Dios.



                Como DAVID, alzar mis ojos a los montes y recordar que mi socorro viene de Jehová.



                                    Como JOB, ser paciente bajo cualquier circunstancia.




                                      Como DANIEL, vivir en comunión constante con Dios.





                                      Como ANDRÉS, guiar a mis hermanos a Cristo.

 

                      Como ESTEBAN, manifestar un espíritu de perdón hacia los que me hieren.



Como PABLO, olvidar lo que está atrás y proseguir a la meta.


Fuente:parcelacristiana

lunes, 30 de abril de 2012

La verdadera libertad


La verdadera libertad
Es frecuente escuchar sobre la violación de los derechos humanos y el intento de instituciones internacionales, lideres comunitarios y religiosos para que las personas sean libres, sin distingo de raza o color.
Sin embargo, otro tipo de esclavitud azota nuestras generaciones, pues hay esclavos de la rutina, del afán, de la ansiedad, de los pensamientos y sentimientos de soledad, la depresión y la amargura, los cuales asaltan las mentes en búsqueda de escapes o salidas rápidas, y en algunos casos, el suicidio como alternativa.
 
Jesús dijo: “Si permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” Juan 8:31-32. Esa verdad descansa en el hecho de que Dios propició un camino para salvar y sanar al hombre, dándole sentido y esperanza.
 
Fuente:parcelacristiana.foroactivo.com
Su compañía nos garantiza la derrota a la soledad; su amor nos da la victoria sobre la depresión y su fidelidad nos garantiza que nada nos faltará pudiendo así derrotar la ansiedad.

martes, 24 de abril de 2012

Alégrese el corazón de los que buscan a Jehová.



Alégrese el corazón de los que buscan a Jehová.
El corazón alegre hermosea el rostro; mas por el dolor del corazón el espíritu se abate. Proverbios 15:13

El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos. Proverbios 17:22

 
Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción;
pero confiad, yo he vencido al mundo. Juan 16: 33

 
Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho. Hechos 27:25

 
Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará. Deuteronomio 31:6

 
Se alegrará el justo en Jehová, y confiará en él; y se gloriarán todos los rectos de corazón. Salmos 64:10

... Alégrese el corazón de los que buscan a Jehová. Salmos 105:3

 
... A quién amáis sin haberle visto, en quién creyendo; aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso... 1 Pedro 1:8
 

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4:7

 
Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome aliento vuestro corazón.
Salmos 31:24

 
...no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza. Nehemías 8:10

 
Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. 1 Tesalonicenses 5:16-18

 
Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. Habacuc 3:17-18

Nuestra ayuda y fortaleza está en el Dios que hizo los cielos y la tierra, su nombre es Jehová.

lunes, 23 de abril de 2012

Dejando de mirar las manos de Dios para mirar su rostro

Dejando de mirar las manos de Dios para mirar su rostro


Rev. Sinaí Santiago
Dejando de mirar las manos de Dios para mirar su rostro

Nos hemos acostumbrado al cúmulo de bendiciones. Entonces nos cegamos, y apartamos la mirada del rostro de Dios, para fijarnos solamente en Su mano que bendice. Hoy en día, hay mucha gente que conoce al Señor solamente como alguien que da.
“También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.

Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como uno de los jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo, y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.” Lucas 15:11-24.

Este pasaje de las Sagradas Escrituras se conoce como LA PARÁBOLA DEL HIJO PRÓDIGO, y nos da una enseñanza preciosa. Se trata de la historia de dos hermanos, y cómo el menor de estos decidió alejarse de su hogar y de su familia, para malgastar toda su herencia con sus amigos. Y asimismo, cuando una persona se aparta de Dios, entra en un éxtasis, en un túnel, en la oscuridad de las tinieblas, porque se aleja de Cristo, que es la luz del mundo. Por eso, desecha las bendiciones y los tesoros eternos de Dios, a cambio de los placeres vanos, costosos y efímeros.

Este joven lo perdió todo, no solamente quedó en la ruina sino que el país lejano donde vivía sufrió una hambruna, y tuvo que pedir trabajo a una hacienda. Para no morirse de hambre aceptó, pues, ejercer una ocupación que era abominable para los judíos: apacentar cerdos.

No obstante, con el transcurso de los meses y el aumento de la miseria, aquel hombre volvió en sí, y se acordó de la abundancia de la casa de su padre. Recordó aquellas manos que le habían entregado su herencia, y que lo habían bendecido tantas veces. Recordó que en la casa del padre, hasta los jornaleros tenían abundancia de pan. Recordó que su padre lo amaba y era misericordioso, y decidió volver.

Las Escrituras indican que su padre lo reconoció de lejos, y fue movido a misericordia, y corrió hacia, y se echó sobre su cuello, y le besó. De la misma manera, cuando uno de Sus hijos decide regresar a Su casa, el corazón de Dios, que rebosa de amor, se apiada de él.

Amado lector, si usted es el hijo pródigo de esta historia, ya es hora que vuelva en sí, que recapacite y regrese a la casa del Padre Celestial. Si un padre humano fue capaz de perdonar la traición y los errores de su hijo… ¿Cuánto más lo hará el Señor por usted? Él se encuentra con los ojos puestos en el camino, esperando que usted regrese a su casa. Cuando lo vea de lejos, Él correrá los últimos metros hacia usted, le abrazará y dará la orden a Sus ángeles, para que le vistan con los vestidos del heredero, y que le vuelvan a poner el sello que ha perdido.

El fallo inicial de aquel joven consistió en que puso sus ojos en los bienes, en las regalías, y en las bendiciones de su padre. La Palabra de Dios revela que: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17). No obstante, en ciertas ocasiones, las bendiciones celestiales pueden volverse contraproducentes y tornarse en algo negativo, esto es, cuando nuestra vida espiritual está fundamentada y enfocada en las bendiciones que recibimos del cielo.

Cuando esto sucede, corremos el mismo peligro que el hijo pródigo. En efecto, nuestra vida espiritual empieza a patinar, porque nos hemos acostumbrado al cúmulo de bendiciones. Entonces nos cegamos, y apartamos la mirada del rostro de Dios, para fijarnos solamente en Su mano que bendice. Hoy en día, hay mucha gente que conoce al Señor solamente como alguien que da, y sus oraciones consisten siempre en exigencias y solicitudes. Nunca oran por su familia, los hermanos, los pastores, y los que andan perdidos en este mundo sin salvación. Y estos son como el hijo pródigo, quien le dijo a su padre: “dame lo que me corresponde”.

Así, pues, como muchos de nosotros, aquel joven nunca vio claramente el rostro de su primogenitor, sino solo de sus manos. En otras palabras, nunca le dio importancia a la bondad de su padre, no gustó de su misericordia, ni tampoco supo apreciar la mirada de amor que reservaba a sus hijos. El hijo menor se centraba de forma exclusiva en los beneficios materiales que podía sustraerle a su padre en su calidad de heredero. Amados, si fijamos la mirada en las manos del Padre Celestial, quedarán opacados Sus demás atributos, y perderemos bendiciones quizá más profundas todavía.

En el momento cuando el padre vio a su hijo perdido venir de lejos, corrió hacia él porque sabía que la actitud de éste había cambiado. Aquel hombre sabía que el joven ya no podía exigirle dinero ni herencia, por cuanto se las había entregado. Si volvía a la casa del padre, era sin intereses personales, por cuanto ya no le esperaba nada allí, excepto el perdón y trabajar como cualquier jornalero para ganar su pan de cada día.

LA BENDICIÓN DE PONER LOS OJOS EN EL ROSTRO DEL PADRE

Aunque no le quedaba ningún beneficio económico por recibir, el hijo pródigo decidió acercarse de nuevo a la casa paternal para morar en el lugar de bendición. Decidió cambiar la mirada que le dedicaba a su padre, y verlo como los jornaleros que trabajaban en su hacienda.

Después de abrazarlo y perdonarlo, el padre dio órdenes con respecto a su hijo: 1) Que lo vistieran con las mejores ropas; 2) que le pusieran un anillo en su mano; 3) que lo calzaran; 4) que mataran al becerro engrosado; 5) que se celebrara el retorno. Como denotan estos actos, el padre devolvió a aquel joven todo lo que el mundo y su descarrío le habían arrebatado. Más allá de recibir de nuevo bienes terrenales pasajeros, importaba que fuera restaurado como hijo y heredero de la casa. Y también desde una perspectiva espiritual, aquel joven resucitó: “Este mi hijo muerto era, y ha revivido” (Lucas 15:24).

El reencuentro con Dios cambia la vida del ser humano. El padre pudo ver de lejos que su hijo volvía diferente; el mismo joven que se había mostrado arrogante, que exigió su herencia antes de tiempo, venía ahora cabizbajo, humillado, reconociendo que no merecía que su padre lo recibiera de nuevo en su casa. Aquel hijo era nuevo, y había desplazado su mirada de la mano de su padre para fijarla en su rostro bondadoso.

También el padre dijo que el muchacho se había perdido, pero que ahora había sido hallado (Lucas 15:24) Y es que cuando uno se va de la casa del padre, no importa dónde se meta ni a quién frecuente, está igualmente perdido. Mas cuando regresa, los cielos celebran su retorno con fiestas. Esto lo dijo el propio Señor Jesucristo: “Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento […] Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.” (Lucas 15:7-10).

Jacob también fue un hombre que abandonó la casa de su padre a causa de sus errores. No obstante, en el vado de Jacob, aquel hombre tuvo un encuentro con Dios que transformó su vida para siempre; porque, por primera vez alzó sus ojos para ver el rostro del Padre: “Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.” (Génesis 32:30). Pero este encuentro con Dios tuvo consecuencias, y fue que Jacob nunca más volvió a caminar como solía. El varón que luchó con él le descoyuntó la cadera: “Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba […] Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera” (Génesis 32:25-31).

Cuando Jacob miró a Dios cara a cara, dejó de ver en Él únicamente la mano que suple. En efecto, en su huida de la casa de su padre, dijo: “Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios.” (Génesis 28:20-21) ¡Qué diferencia con las palabras que expresó Jacob después de su encuentro con Dios! (“Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.”). Aquel hombre dejó de ver la mano que le suplía, para poner sus ojos en el rostro de Dios.

Los efectos de mirar el rostro bondadoso de Dios fueron espirituales y eternos, como el apaciguamiento de la terrible angustia de su alma. Pero hay más. En el libro de Hebreos, leemos lo que sigue acerca de la muerte de Jacob. “Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón.” (Hebreos 11:21).

Hasta el día en que expiró, el patriarca se apoyó, pues, en un bastón para poder caminar. Cuando miró a Dios cara a cara, no solamente cambió su forma de andar, sino que también empezó a usar un bordón para apoyar sus pasos. Ese bordón se convirtió en su compañero de ruta hasta el fin de sus días, y Jacob nunca pudo separarse de él. La vara de Jacob tipifica al Espíritu Santo, a ese paracleto que va a nuestro lado, que guía cada uno de nuestros pasos. Dicen las Escrituras: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda verdad” (Juan 16:13).

Más allá de conocer a Dios como la mano que nos bendice, es menester que alcemos los ojos y miremos Su rostro. No importa que en ese encuentro salgamos cojeando, porque saldremos apoyados en Aquel que guía al hombre a toda verdad y a toda justicia. El hijo pródigo, como también el sumo sacerdote Josué, fue revestido con vestiduras nuevas (Zacarías 3:3-5); le quitaron las vestiduras viles y sucias que llevaba, y le pusieron ropa de lino fino blanco. Definitivamente, aquel que tiene un encuentro con Dios, camina en novedad de vida.

A su regreso, el hijo pródigo no fue recibido como un jornalero, aunque lo merecía, sino que retomó la posición de hijo.

Amados lectores, Dios nunca ha cesado de ser bondadoso, y este es el día para que miremos Su rostro, y apartemos la mirada de las bendiciones y de las añadiduras. La bondad de Dios y Su infinito amor nos devolvieron la esperanza y nuestra posición de herederos del reino de los cielos. Para ello mandó a su Hijo para redimirnos de nuestra condición pecaminosa: “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.” (Tito 3:4-7).

Cuando nació nuestro Señor Jesucristo, los ángeles testificaron acerca de Su bondad y benevolencia para con el hombre: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:14). Muchas veces oímos este versículo deformado como sigue: “En la tierra paz para con los hombres de buena voluntad”. La buena voluntad fue de Dios, y no del hombre; porque nosotros no merecíamos nada de Su parte.

Sin embargo, la bondad de Dios nos otorgó el perdón de nuestros pecados, y nos dio redención, paz y gozo. El Señor nos vistió con las vestiduras limpias de la salvación, nos selló con su Espíritu Santo y nos dio el calzado del Evangelio de la paz.

Que apartando la mirada de la abundancia y de los obsequios, fijemos nuestros ojos en el rostro bondadoso de Dios. Que las bendiciones no opaquen Su rostro. Y si, como el hijo pródigo, usted se encuentra lejos de la casa del Padre, vuelva en sí y regrese a ella. Dios no le recibirá como un jornalero, sino como a un hijo, y ese reencuentro cambiará su vida para siempre. Dios le bendiga, y que Su paz, la cual sobrepasa todo entendimiento, guarde sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús (Filipenses 4:7). Amén.

jueves, 5 de abril de 2012

¡Sólo pídelo!

¡Sólo pídelo!

Durante la guerra Hispano-Americana, Clara Barton estaba supervisando el trabajo de la Cruz Roja Americana en Cuba.
 
Un día, el Coronel Theodore Rooselvet acudió a verla, queriendo comprar alimentos para sus enfermos y heridos en Rough Riders. Pero ella rehusó venderle nada. Rooselvet quedó perplejo. Sus hombres necesitaban ayuda, y él estaba dispuesto a pagarla de su propio dinero.

 
Cuando preguntó a alguien por qué no podía comprar los suministros, le dijeron: -Coronel, lo que tiene que hacer es pedirlo- El rostro de Rooselvet se iluminó con una sonrisa. Ahora lo entendía, las provisiones no estaban a la venta. Todo lo que había de hacer era sencillamente pedirlas, y le serían dadas gratuitamente. Así es como el pecador recibe la vida eterna.

 
La salvación es un don. Si pudiese ser comprada en una subasta, los millonarios competirían por la compra y la mayoría de la gente quedaría excluida.
 
 
Si se pudiese ganar trabajando por ella, los fuertes y capaces empujarían a los débiles y enfermos fuera de la carrera. Pero el perdón que Dios ha provisto por medio de Jesucristo es gratis, solo ha de pedirse. Nada que podamos hacer podrá ganarla. Sólo por medio de la fe en Cristo y en lo que El ha hecho en el Calvario podemos recibir provisión para la más honda necesidad de nuestra alma.

 
¿Tienes vida eterna por medio de Jesucristo? ¡Está a tu dispocisión si reconoces con humildad tu pecado, y sencillamente pides a Jesús que te salve! P.R.V.

 
PORQUE POR GRACIA SOIS SALVOS POR MEDIO DE LA FE; ... Y ESTO ES UN DON DE DIOS. Sn. Pablo (Efesios 2:8)

 
Para pensar... ¿Porqué pagar el precio de perderse, cuando la salvación es gratuita?

lunes, 19 de marzo de 2012

Rev. Luis Meza Bocanegra - El mundo y el cristiano