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martes, 8 de mayo de 2012

El Árbitro Divino

El Árbitro Divino
Rev. Sinaí Santiago
“No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre nosotros dos”, Job. 9:33.
El libro de Job narra la historia de un hombre poderoso en Dios que vivió lleno de abundancia y con una familia numerosa. Su hacienda era enorme y sus ganados sobrepasaban los de cualquiera de su época. Cuenta la historia bíblica que un día Job fue probado y Dios permitió que perdiera todo esto, pero Job siguió siendo fiel a Dios.
 
Luego de esto Dios le permite una sarna maligna y aunque afligido y necesitado, en todo momento se mantuvo firme y esperando en Dios y decía: “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21).
 
Ante esta terrible prueba, aunque su piel se deshacía encima de sus huesos, su condición le llevó a refugiarse en las cenizas, con firmeza y confianza dice la escritura que este se sentaba en cenizas humillándose delante de Dios en ruegos y suplicas. A todo esto, su mujer le reprochó su integridad a Dios. “Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete. Y él le dijo: “Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios” (Job 2: 9-10).
 
Cierto es que no nos gusta recibir nada malo, nada que vaya en contra de aquello que nos gusta; así nos enseña este relato. Job entendió que aunque aquello que estaba pasando era malo, él lo tomaba por bien, pues venía de parte de Dios. Es claro que hay muchas cosas que nos pasan, que aunque son malas, negativas, adversas, vienen de parte de Dios. La Escritura dice: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza” (Santiago 1:17); de modo que aunque lo sucedido a Job era malo para él, redundo en beneficios espirituales y materiales. Esta experiencia sirvió para bien a Job, pues supo discernir que aquello podía obrar en bien. La Escritura dice: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).
 
Podemos decir que Job supo que Dios estaba en el asunto y es por eso que se mantuvo sin pronunciar palabras ofensivas. Tampoco lo vemos alterado, sabemos que las virtudes de este hombre lo hacían merecedor de ser llamado justo, temeroso de Dios y apartado del mal. De allí que la Escritura dice: “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Santiago 1:19-20). De modo que Job pudo mantenerse confiado en Dios y así recibir todo como de Dios estaba obrando en su vida.
 
En el verso de instrucción (Job 9:33) encontramos una expresión de un hombre que está en necesidad, un hombre que está pasando por momentos difíciles en su vida que hasta maldijo el día en que nació y el momento en que varón fue concebido (Job 3:1-3). Era un hombre con  gran necesidad, Job estaba necesitado de salud, este hombre en un momento dado de su vida, cuando se llegó a ver en una condición de extreme necesidad física, cuando una sarna maligna forró su cuerpo a tal grado que tomaba un pedazo de barro para rascarse, clamó a gran voz pidiendo un árbitro, alguien que pudiese mediar las cosas entre Dios y su persona.
 
La Escritura dice que Job era “recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:1) en su condición de salud tan deprimente pensó cómo llegar a Dios y hablar con Él, cómo dirigirse a Él, o de qué manera podía el pasar su queja a Dios (Cap. 6:1-2); su petición no era fácil, Job quería que Dios apareciera y escuchara su queja. Él continuaba tratando que Dios atendiera su queja, sabía también que el hombre no podía  justificarse ante Dios, así que pensó que si Dios quitaba su vara de encima de él, entonces no le temería y podría hablar cara a cara con Dios. Mientras Job estaba pasando este quebranto es visitado de tres amigos que oyendo que estaba enfermo habían concertado en venir juntos a consolarle.
 
Se dice que cuando sus amigos le vieron de lejos, no le conocieron y lloraron a voz en cuello y cada uno de ellos rasgó su manto, y esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo. Estos amigos de Job estuvieron sentados con él siete días con sus noches y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande (Job 2:11-13).
 
Después de este periodo de tiempo Job abrió su boca y es allí donde le vemos dar su queja más pujante de toda su situación; es allí donde Job dejó salir su gran queja, que seguramente salía de un corazón dolido, enfermo y abatido por la experiencia vivida.
 
Sus amigos toman la palabra, y como era costumbre, el más entrado en años comenzó dando su opinión. Este es llamado ELIFAZ, al dar su opinión dice que no tenía ningún conocimiento de lo acontecido, que tomó de imaginaciones nocturnas algunas visiones y que oyó palabras dadas por un espíritu que le causa miedo. De modo que podemos decir que estas palabras degradan el sacrificio de Cristo haciendo a Dios como uno más en su lista de espíritus (Job 4:12-21). Elifaz también dice que el hombre nace para la aflicción (Job 5:8).
 
El segundo de los amigos llamado BILDAD, representa a los religiosos de este mundo, lleno de conocimiento, pero escasos de misericordia, carentes de amor. Es de aquellos que piensan en Dios como algo inaccesible, no tomando en cuenta que Dios es Dios perdonador. Es tipo de aquel religioso que jamás piensan en el hombre caído que Dios puede restaurar, en su bondad le dice: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). La enseñanza de Bildad no surgió efecto alguno en Job (Job 8). Job sabía que el hombre no podía justificarse delante de Dios.
 
El tercero de los amigos llamado ZOFAR, representa la ciencia, que en tantas ocasiones hemos visto atacar la fe. Este sabio confiesa que Dios es mudo, que si Dios hablara podía responder a aquellos que tuvieran alguna queja (Job 11:5). De los tales Pablo dice: “Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia, la cual profesando algunos, se desviaron de la fe” (1 Timoteo 6:20-21). A todo esto Job le contesta muy creído que Dios habla y que seguiría esperando en Él.
 
Después de haber oído a estos tres amigos, Job sigue esperando en aquel árbitro, pues no pudieron cambiar su fe en Dios. Job vuelve a su reclamo esperando un árbitro que interceda entre Dios y él. Si consideramos el tiempo de este acontecimiento ciertamente notamos que la data de tiempos patriarcales donde no había ley, ni nada escrito que favoreciera la solicitud de Job. Podemos decir que en su quebranto llegó a la idea de que siendo Dios, uno tan grande, podía éste suplirle un mediador entre Dios y él. De esta manera podemos decir que Job sabía que este mediador no solo intercedía por él, sino que también le restauraría su cuerpo enfermo quitando su vara de sobre él.
 
Job confió que Dios podía proveerse de un mediador, retó a Dios en esta petición, pues sí había preparado para el hombre caído un mediador, Dios si había provisto para el hombre este mediador y tal como lo describió Job este podía aplacar la ira de Dios y también traería sanidad al cuerpo enfermo. El apóstol Pablo habló de este mediador diciendo: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5).
 
Amado lector, Job en su quebrantamiento de salud sacó tiempo para meditar en Dios, intensificó su búsqueda hasta poder llegar desde aquel tiempo antiguo hasta lo que conocemos como la gracia. Job en su condición buscó a Dios a tal grado que subió la cima divisoria de las edades y los tiempos y pudo ver a aquel mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo. Job levantó su mirada al calvario, allí vio al unigénito Hijo de Dios dando su vida en rescate por una humanidad perdida, dando hasta la última gota de sangre para redimir al hombre, para que así se cumpliera la Escritura que dice: “y sin derramamiento de sangre no se hacer remisión (de pecados)” (Hebreos 9:22; Levítico 17:11). Vemos a Job clamando a aquel que le podía responder, pues sabemos que la Escritura dice: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3).
 
Job estaba necesitado de ayuda y Dios siempre estuvo allí para ayudarlo y responder a su queja. Si, allí estaba el mediador respondiendo al llamado, y para que ese mediador venga a nosotros, él espera que le llamemos. El apóstol Pablo dio el nombre de aquel mediador, en ese nombre los demonios huyen, en ese nombre somos restaurados para seguir adelante venciendo obstáculos, porque a ese mediador le fue dado “un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:9-11).
 
Job, sin conocer de aquel mediador, confió que Dios podía ayudarlo. La petición de Job era clara, alguien que estuviese entre dos. Sabía que un Dios tan grande podía usar su misericordia para con todo y para con él, pero no bastó para Job el conocer que había un Dios, le fue necesario llamar a este Dios y pedir misericordia y la gracia de Dios la que evita que en su ira seamos consumidos. “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias” (Lamentaciones 3:22).
 
Job quiso que aquel mediador se parara en el medio, quería que su carga fuera aliviada. Los amigos no habían podido hacer nada, eran sabios y entendidos en diferentes ciencias, pero lamentablemente no conocían a Dios, todo lo que hicieron fue molestarse y acusarle.
 
Amigo, hoy día tampoco encontrarás amigos que te ayuden en tu necesidad, si te enfermas es posible que pierdas a algunos de ellos y si te quedas sin trabajo quizás el resto te abandonen, pero hay un amigo que jamás te abandonará, es Jesús el mediador del nuevo pacto, y te invita a acercarte a Él para que como un buen árbitro interceda por ti en esta lucha que estás librando, ven a Él y deposita en Él tu carga, tu problema, tu enfermedad.
 
Quizás Job estuvo atento a sus amigos pensando cuál de ellos le traía palabras de parte de Dios. Esto pasa cuando nuestras amistades no lo conocen, son buenas, pues nos visitan en el día del quebranto, pero no nos pueden consolar, pues no tienen que dar.
 
La palabra que consoló a Job vino inspirada por Dios. “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios” (Job 19:25-26). Allí Job rechazó la enseñanza de sus amigos y venciendo miró “a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (Hebreos 12:24).
 
Amigo, tú puedes hacer de la misma manera que hizo Job, rechaza la enseñanza de los amigos que te desvían cada día más de Dios con sus ideas llenas de engaño y de sutilezas huecas y vacías. Te invito a tomar este consejo: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano” (Isaías 55:6); si estás enfermo, prueba al Dios de aquel patriarca Job, éste necesitó de un mediador, tú también necesitas un mediador, Cristo es el Mediador, el árbitro. El que está entre Dios y el hombre, Jesús solo espera que te acerques a Él para mediar por ti ante el Padre Celestial.
 
Job tuvo que vencer los inconvenientes de su enfermedad, la burla de sus amigos, el rechazo de su mujer y todo esto para poder participar de la gracia redentora de Cristo. Jesús dice: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37); “venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). La Biblia dice: “Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros.” (Santiago 4:8).
 
Amigo, si le permites a Jesús entrar a tu vida en este día, te aseguro que tu vida al igual que la de Job cambiará. La Escritura dice: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31). Job también tuvo que confesar a Jesús como su Salvador cuando le llamó su Redentor; así termina el libro de Job diciendo: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:5). Dios le permitió a Job pasar por momentos malos y difíciles, pero al fin reconoció que solo Cristo podía solucionar su situación.
 
De igual manera pude pasar en tu vida, acércate y da tu vida al que puede ayudarte en todo tiempo y limpiar tu corazón y hacer de ti una nueva criatura. “No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre nosotros dos”, Job 9:33.

lunes, 7 de mayo de 2012

¿Andarán dos juntos, si no están de acuerdo?

¿Andarán dos juntos, si no están de acuerdo?
Rev. Ramón L. Aponte
Debemos virar y abandonar ese camino equivocado, confesar y abandonar nuestros pecados, acudiendo al Señor, pidiéndole que nos perdone y nos de la libertad por amor de Jesús.
Si queremos ser pueblo de Dios, y andar con Dios, debemos estar de acuerdo con Él. En primer lugar debemos de estar de acuerdo con Él respecto del pecado. Dios declara en forma inequívoca, categórica, en las Sagradas Escrituras, que todos hemos pecado, que todos hemos escogido nuestro propio camino (Salmo 14:1-3).
 
Lo primero que nos dice Dios es que nos arrepintamos, que cambiemos de dirección. Hemos estado andando en la dirección equivocada, transitando por el camino del yo, del egoísmo. Debemos virar y abandonar ese camino equivocado, confesar y abandonar nuestros pecados, acudiendo al Señor, pidiéndole que nos perdone y nos de la libertad por amor de Jesús.
 
Ahora bien, existe un arrepentimiento que podríamos calificar de religioso y que solo busca eludir la sanción, librarse del castigo. Pero debemos dar un paso más, hasta alcanzar lo que podríamos llamar el arrepentimiento genuino, cristiano. Ese arrepentimiento abarca no solamente el temor al castigo, sino una pena genuina por haber pecado contra el amoroso Padre Celestial, un dolor piadoso porque hemos ofendido a Aquel que nos amó e hizo provisión para que alcanzásemos el perdón y la limpieza.
 
Debemos llegar a otro acuerdo si andamos con Dios, un acuerdo respecto del señorío de Cristo. Indiscutiblemente debemos considerarlo como nuestro Redentor Salvador. Con frecuencia leemos las Sagradas Escrituras que “todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:13). En esta oración resaltan dos palabras. Una de ellas naturalmente es salvo, pero la otra palabra importante en este pasaje bíblico es el vocablo Señor. Debemos ponernos de acuerdo con Dios respecto del Señorío de Cristo. Si hemos sido perdonados, si hemos nacido de nuevo, no es para que vivamos esta vida a nuestro antojo. Dios nos ha redimido y renovado para que cumplamos Sus propósitos. El único descanso, paz y gozo verdaderos se sienten al encontrar nuestro verdadero lugar con relación al Señorío de Jesucristo.
 
Las Sagradas Escrituras afirman que Cristo cargó nuestros pecados en la cruz. “Quien llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia…” (1 Pedro 2:24). Ahora bien, esta provisión se hizo para todos, en todas partes, pero no nos beneficiaron hasta que sepamos de ella y hagamos los ajustes morales y espirituales necesarios, es decir, la confesión y el abandono de todo pecado, recibiendo a Jesucristo como Señor y Salvador.
 
Las Sagradas Escrituras declaran a sí mismo que Cristo no solamente cargó sobre sí nuestros pecados en la cruz, sino que llevó los pecados de todos los hombres de todo el mundo, de toda la raza humana en la cruz. Pero esto tampoco nos beneficia hasta que lo sepamos y hasta que hagamos el necesario ajuste moral y espiritual, que significa una rendición a Dios total, incondicional e irrevocable, Jesús nos dice que equivale a tomar la cruz y seguirle. El apóstol Pablo, después de haber experimentado esta entrega, declara: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí…” (Gálatas 2:20). Esta crucifixión también está incluida en el andar de acuerdo con Dios.
 
Efesios 5:18 nos da otro imperativo: “Sed llenos del Espíritu Santo”. El Espíritu habita en todos los creyentes que han nacido del espíritu, pero necesitamos este revestimiento del Espíritu Santo a fin de fortalecer nuestro carácter cristiano y ser como Cristo. También el bautismo en el Espíritu Santo, que es una unción de poder, y que nos da como resultado una vida fructífera.
 
Un estudio muy provechoso de la Biblia de parte de cada uno de nosotros sería la búsqueda de otras formas en virtud de las cuales es de necesidad imperativa que estemos de acuerdo con Dios, a fin de que en forma inequívoca, podamos andar con Él. Amén.

lunes, 12 de marzo de 2012

Dos Reinos

Dos Reinos

Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida, por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundan­cia de la gracia y del don de la justicia. Romanos 5:17.
El versículo de hoy habla de dos reinos. El primer reino es el de la muerte; entró por Adán. Si lees en Génesis 5, el capítulo de las generaciones de Adán, verás que hay una dramática repetición de la expresión “Y murió”. Todos murieron porque, con la caída de Adán, entró el reino del pecado y, consecuentemente, la muerte.
Pero, Pablo afirma que también por uno, esto es, por Jesús, entró el reino de la justicia y de la vida. Nota que Pablo coloca la vida como un sinónimo de la justicia: justicia es vida; vida plena, exuberante. Jesús dijo: “Yo he veni­do para que tengan vida, y la tengan en abundancia”.
 
¿Cómo se consigue esa vida abundante? O, mejor, ¿qué es la vida abun­dante? Romanos 5:19 trae la respuesta: “Porque así como por la desobedien­cia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también, por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos”. Pablo co­rrelaciona la desobediencia con la muerte, y la obediencia con la vida. Es de lamentar que el ser humano piensa que obedecer le quita libertad y que, sin libertad, no puede vivir la vida abundante.
 
Dios piensa de otra forma: lo que te quita la libertad, te hace infeliz y te lleva a la muerte no es la obediencia, sino el pecado, o desobediencia. Tal vez por eso, la palabra “pecado”, en el idioma griego, es amartía. Significa “errar el blanco”.
 
Te olvidas de la voluntad de Dios, echas a un lado su santa Ley; escoges tus propios caminos, tratando de ser feliz. ¿Y cuál es el resultado? La muerte, la infelicidad, la desesperación: yerras el blanco. Pero, entonces, viene Jesús y obedece; y, por su obediencia, trae la vida, y te ofrece su justicia y su vida abundante. Pero, esta vida abundante involucra obediencia; sin ella, volverías de nuevo al reino de la muerte.
 
Vivir o morir: ¡esa es la cuestión! Decidir o no decidir; entrar o salir; correr a los brazos de Jesús o huir de él. ¿Qué harás? Antes de responder, recuerda: “Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida, por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia”.
 
DIOS TE BENDIGA

martes, 14 de febrero de 2012

Nigeria: Ejército mata 12 islamistas de Boko Haram

El Ejército de Nigeria dijo haber matado anoche a 12 miembros de la secta radical islámica Boko Haram en la ciudad norteña de Maiduguri, mientras los rebeldes por su parte aseguraron haber acabado con la vida de 12 militares.
El teniente coronel Hassan Mohammed, portavoz de la Fuerza de Intervención Conjunta (JTF, sus siglas en inglés), desplegada en Maiduguri, dijo a los periodistas anoche que sus soldados habían matado a 12 miembros de Boko Haram en una redada de uno de los escondrijos de la secta el pasado domingo por la noche.
Sin embargo, un representante de Boko Haram, que se identificó como Abul Qaga, afirmó por su parte en declaraciones en una conferencia telefónica con los periodistas que sus efectivos habían acabado con la vida de 12 soldados nigerianos en una emboscada en Maiduguri.
Pero los Servicios de Seguridad del Estado (SSS) de Nigeria aseguran que Qaga está bajo su custodia y que por lo tanto no pudo hacer esas declaraciones.
Según cifras de la organización Human Rights Watch (HRW), desde julio de 2009, cuando Boko Haram inició su campaña terrorista, 935 personas han muerto en sus atentados terroristas, el mayor de todos el cometido en la ciudad septentrional de Kano el pasado 20 de enero, que acabó con al menos 185 personas.
Boko Haram, cuyo nombre significa en lengua local "la educación no islámica es pecado", lucha supuestamente por instaurar la ley islámica ("sharia") en el norte de Nigeria, de mayoría musulmana, mientras que el sur del país es predominantemente cristiano.
Con más de 150 millones de habitantes integrados en más de 200 grupos tribales, Nigeria, el país más poblado de África, sufre múltiples tensiones por sus profundas diferencias políticas, religiosas y territoriales.

lunes, 6 de febrero de 2012

Sirviendo de verdad y de corazón

Sirviendo de verdad y de corazón
Rev. Gustavo Martínez Garavito
El pueblo de Israel renunció al gobierno de Dios. Samuel les advirtió sobre el mal que vendría. El pueblo más tarde se dio cuenta que más que un error era un pecado.
“Entonces dijo todo el pueblo a Samuel: Ruega por tus siervos a Jehová tu Dios, para que no muramos; porque a todos nuestros pecados hemos añadido este mal de pedir rey para nosotros. Y Samuel respondió al pueblo: No temáis; vosotros habéis hecho todo este mal; pero con todo eso no os apartéis de en pos de Jehová, sino servidle con todo vuestro corazón. No os apartéis en pos de vanidades que no aprovechan ni libran, porque son vanidades. Pues Jehová no desamparará a su pueblo, por su grande nombre; porque Jehová ha querido haceros pueblo suyo. Así que, lejos sea de mí que peque yo contra Jehová cesando de rogar por vosotros; antes os instruiré en el camino bueno y recto. Solamente temed a Jehová y servidle de verdad con todo vuestro corazón, pues considerad cuán grandes cosas ha hecho por vosotros. Mas si perseverareis en hacer mal, vosotros y vuestro rey pereceréis”, 1 Samuel 12:19-25.
 
Cuando nosotros le servimos a Dios le estamos adorando, le estamos ministrando, le estamos obedeciendo. Estos versículos nos hablan de aquel día cuando el pueblo de Israel había pedido rey, el pueblo quería ser similar a las demás naciones, querían tener su propio rey. Dios ministraba directamente a través de Samuel, pero este pueblo quiso estar como los demás pueblos que no conocen de Dios. Samuel había envejecido, y sus hijos no andaban en el temor de Dios.
 
Samuel llevó esa queja a Dios, le pareció muy grave, y dijo Dios a Samuel: “No te han desechado a ti, sino a mí, me han desechado, para que no reine sobre ellos” (1 Samuel 8:7). Renunciaban prácticamente al gobierno de Dios y pedían ser gobernados directamente por los hombres. Era un cambio muy drástico pero a veces eso es lo que el hombre prefiere, no ser guiado por Dios sino por los hombres, pensando que el hombre lo haría mejor. Samuel les advierte sobre el mal que vendría. El pueblo más tarde se dio cuenta que más que un error era un pecado. Samuel vio que el pueblo se atemorizó, les dice: “No temáis; vosotros habéis hecho todo este mal; pero con todo eso no os apartéis de en pos de Jehová, sino servidle con todo vuestro corazón” (1 Samuel 12:20).
 
Cuando una persona hace daño o hace mal, el propósito es no detenerse a reflexionar, sino que se deja llevar por el enemigo que le dice: “ya pecó, ya no le queda otra cosa que seguir por el camino equivocado, Dios no le va a perdonar, lo que Dios tenía para darte quedó anulado, ya no cuenta contigo”. Entonces la persona en lugar de frenar su carrera lo que hace es acelerar hacia el mal, pero pudo haberlo corregido, pudo haber ido a Dios en busca del perdón, pero no lo hace sino que por lo general tiende a apartarse y a enlodarse en el pecado. Por eso es que Samuel les dice que han hecho mal, pero mejor es y para su propio bien que no se aparten del Señor, sino que se arrepientan y comiencen a servir a Dios con todo el corazón.
 
Recordemos que Dios es misericordioso y la Biblia dice: “Si fuéremos infieles, Él permanece fiel” (2 Timoteo 2:13). Dios no es como los hombres, Él cuando perdona olvida nuestra maldad, “sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados” (Miqueas 7:19). Si ha fallado a Dios lo mejor es que se detenga, haga un alto en su camino, vuelva arrepentido, y comience a servirle de verdad con sinceridad y de todo su corazón.
 
Samuel les sigue diciendo: “No os apartéis en pos de vanidades que no aprovechan ni libran, porque son vanidades” (1 Samuel 12:21). En otras palabras no vayan a desviarse a la idolatría, a darle la gloria a otro que no es Dios, no se vayan a apartar porque Jehová a querido haceros pueblo suyo, el propósito de Dios es hacerle bien, es llevarle adelante, es darle descanso, darle paz a su corazón. El verso 25 dice: “Mas si perseverareis en hacer mal”, quiere decir que si el hombre persiste, si sigue en su pecado, si sigue en su maldad, entonces “vosotros y vuestro rey pereceréis”. Si la persona persiste en hacer mal entonces Dios tiene que traer una tremenda disciplina o juicio. Lo peor es cuando se hace esclavo del pecado, persiste en ello, entonces Dios le abandona y deja que venga sobre su vida el juicio.
 
Pero si la persona obró mal, si pecó, pero se arrepintió, se apartó del pecado, lo confesó a Dios, como dice la Biblia: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13). Lo que Dios quiere es que le sirvamos, por eso en 1 Samuel 12:24 les dice: “Solamente temed a Jehová y servidle de verdad con todo vuestro corazón, pues considerad cuán grandes cosas ha hecho por vosotros”. Quiere decir que tenemos que servirle de verdad y de corazón, el solo hecho de pasar por alto nuestro pecado, vale la pena, estamos endeudados eternamente para servirle, para adorarle, para alabarle, para obedecerle en todo lo que Él diga a través de su Palabra, porque Él derramó su sangre para redimirnos.
 
La epístola a los Hebreos 12:28 nos dice: “Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia”. No éramos nada, no merecíamos su gracia ni su amor, pero nos hizo merecedores, nos hizo dignos por su misericordia y nos dio un reino inconmovible. Entonces si hemos recibido de Él un reino inconmovible, levantándonos no siendo nada, estando en el polvo de la tierra, entonces “tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios”, seamos agradecidos. El servicio a Dios debe ser fruto de nuestra gratitud, porque estamos agradecidos eternamente, agradecidos por lo que Él ha hecho con nosotros.
 
Hay los que conocen la Palabra, y cuántas bendiciones Dios les ha dado, Dios los ha prosperado, los ha guardado y no muestran con su vida y con su servicio gratitud al Señor, son más bien desagradecidos. Como aquellos nueve leprosos que cuando se vieron libres de la enfermedad no regresaron, sólo uno regresó a rendirle gratitud al Señor. Jesús le dijo: “¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?” (Lucas 17.17); se habían ido tras las cosas de este mundo pero no se dieron tiempo para regresar. Que una persona confinada a una enfermedad como la lepra, que no había medicina alguna, y que en un instante sea sanado y quede liberado de ese flagelo, y no tenga ni siquiera el más mínimo detalle de darle gracias al Señor es inconcebible.
 
Qué terrible, pero a veces nos escandalizamos de esos nueve ingratos y no nos damos cuenta de que en muchas ocasiones somos similares a ellos, porque lo que Dios ha hecho con nosotros es grande, la carga que quitó de nosotros es grande, como para que vivamos agradecidos diariamente, y le rindamos a Dios un servicio de verdad, no de apariencia, no de hipocresía sino de verdad, de corazón, porque nos salvo, porque nos dio vida, y como si fuera poco puso en nosotros su Santo Espíritu.
 
El día que a Saúl lo fueron a nombrar rey se escondió, no quería aparecer en la escena, temblaba, le daba miedo, se dio cuenta que era insignificante; y el Señor sabía que lo estaba haciendo de corazón, Dios vio que se sentía insignificante. Cuando Dios comenzó a bendecirnos, nos sentíamos insignificantes, sin valor, pero después nos llenamos de una falsa confianza, nos sentimos fuertes sin serlo, olvidando que si hay algo en nosotros digno de alabanza no es por nuestra fuerza, es por la gracia de Dios en nuestra vida.
 
La Biblia registra lo que le pasó a los hijos de Judá, ellos eran piedras preciosas, valiosísimas, eran de ese oro puro finísimo, con ese brillo único que los caracterizaba, pero el profeta dice de ellos: “¡Cómo se ha ennegrecido el oro! ¡Cómo el buen oro ha perdido su brillo! Las piedras del santuario están esparcidas por las encrucijadas de todas las calles. Los hijos de Sion, preciados y estimados más que el oro puro. ¡Cómo son tenidos por vasijas de barro, obra de manos de alfarero!” (Lamentaciones 4:1-2). Dios ha puesto un tesoro en nosotros que somos vasijas de barro, si hay algún brillo, si hay alguna atracción es lo que por dentro hay, el día que perdamos ese tesoro, esa riqueza, seremos catalogados como vasijas sin valor, nadie se nos acercará, nadie nos consultará, si hoy la gente busca algún valor es por la gracia de Dios.
 
El Señor dirigiéndose a una de las iglesias del Asia Menor a través de Juan le dijo: “Retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona” (Apocalipsis 3:11). Si no nos ponemos a producir lo que Él nos ha dado, lo que piensa tener le será quitado y dado a cualquier otro que tiene más. Job también dice: “La bendición del que se iba a perder venía sobre mí” (Job 29:13), por eso es que cada día prosperaba y cada día era más bendecido, la bendición de los que la despreciaban venía sobre él. ¿Quiere la bendición de Dios? Sírvale de verdad, con sinceridad, sin incertidumbre de fe, con corazón sincero e íntegro, haga las cosas con amor para el Señor, para agradarle a Él.
 
En Deuteronomio 10:12 dice: “Ahora pues Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma?”; eso es lo que Dios pide de su pueblo. El verso 20 dice: “A Jehová tu Dios temerás, a Él sólo servirás, a Él seguirás, y por su nombre jurarás”; cuando dice a “Él sólo servirás” está hablando de un servicio único, de un servicio exclusivo, ese servicio que se le rinde a Dios no lo puede recibir otro, cuando se refiere directamente a Él es un servicio único exclusivo, nadie más puede ser servido como se sirve a Dios.
 
Qué triste que a veces mostramos más interés en servirle a los hombres, y no con ese mismo interés ni ánimo para servirle a Dios, a veces con pereza, con desgano, y si le queda algún tiempo. Pero para servirle a los demás siempre hay voluntad, tenemos ánimo pronto para correr a lo que nos beneficia humanamente. La gente como tiene que cumplir un compromiso con el hombre madruga, pero el día que no tiene que trabajar o estudiar ese día no madruga, porque solamente madruga cuando es el trabajo o es un viaje, para el Señor no nos queda tiempo. Nos esmeramos porque vamos detrás de una recompensa, de que alguien se lleve un buen concepto de nosotros. Pero sepa que Dios nos recompensará mucho más, vayamos tras la recompensa que encontraremos halla en el reino de los cielos.
 
Nuestro servicio tiene que ser único, exclusivo y aceptable. Romanos 12:1 dice: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”; un culto con entendimiento, con sabiduría, un culto aceptable que no va a ser rechazado, sino que va a ser tenido en cuenta porque ese es el culto que Dios quiere, eso es lo que Dios espera de nosotros que le ofrezcamos, Dios quiere un culto donde tiene que ver todo nuestro ser, un culto con todo nuestro entendimiento, con toda nuestra entrega. En Juan 4:23, leemos: “Porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren”; anhela el Padre adoradores que le adoren en espíritu y en verdad, en verdad porque hay gente que le sirve pero no de verdad.
 
La Biblia dice que había gente que le sirvió a Dios pero no de perfecto corazón, eso quiere decir que le ofrecieron un culto no agradable, no le dieron la gloria que Él debería recibir. Dios tuvo que decir: “Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí” (Isaías 29:13); uno puede aparentar servir a Dios, pero de qué le sirve esa alabanza, ese culto no lo recibe el Señor porque no es de verdad. Dios habita en medio de la alabanza, por eso cuando uno alaba a Dios el cielo se abre, los demonios huyen, hay libertad, hay restauración, y hay vida. Cuando una Iglesia alaba y adora a Dios, no hay diablo que la pueda destruir. Cuando el pueblo le alaba la presencia de Dios se mueve, cae la presencia de Dios como el rocío, cuando se alaba a Dios suceden cosas maravillosas.
 
Amado, a Dios hay que servirle de todo nuestro corazón. “Solamente temed a Jehová y servidle de verdad con todo vuestro corazón, pues considerad cuán grandes cosas ha hecho por vosotros”. Amén.

jueves, 2 de febrero de 2012

La lepra, mal bíblico que aún pervive

El día 29 de enero se celebra el Día mundial de la Lepra, una enfermedad que aparece en la Biblia pero sigue entre nosotros, aunque es una de las menos contagiosas.

Manchas en la piel con trastornos de la sensibilidad en esas zonas, hormigueo, adormecimiento, pérdida de fuerza, rinitis, sensación de obstrucción en la nariz y hemorragias nasales son los síntomas que con más frecuencia llevan a los pacientes a la consulta del especialista, señala Cecilia Medina, coordinadora de la Campaña Nacional de Lepra de la Sociedad Argentina de Dermatología.

Medina explica que esta patología “tiene un tiempo de incubación muy prolongado. Pueden pasar desde un mínimo de cinco años hasta más de dos décadas desde el momento de la infección hasta que aparecen los primeros síntomas”.
Los expertos hacen hincapié en el diagnóstico precoz como medida para evitar las secuelas que la lepra puede causar. Una de las más comunes es la pérdida de la sensibilidad. Según comenta la doctora Medina, un paciente puede quemarse o clavarse algo y no darse cuenta de ello.
La disminución o pérdida de la fuerza muscular, la alopecia de cola de cejas y el aplastamiento del tabique nasal también son secuelas frecuentes. “En casos más avanzados pueden producirse diferentes consecuencias como la mano “en garra”, el pie caído, úlceras plantares, lagoftalmos, úlceras de córnea y ceguera”, apunta la especialista.
El diagnóstico precoz permite instaurar el tratamiento específico, lo que resulta fundamental para prevenir dichas secuelas. “El tratamiento consiste en la utilización de varios antibióticos combinados”, indica Medina.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) proporciona el tratamiento de manera gratuita a todos los pacientes que lo precisen.
La doctora aclara que los afectados por la lepra “deben seguirlo durante seis meses si padecen alguna de las formas paucibacilares de la enfermedad y por lo menos durante un año si se trata de las multibacilares”.
Según afirma Medina, “los pacientes que realizan el tratamiento de forma regular se curan”. En este sentido, la dermatóloga subraya que es “muy importante” no suspenderlo. Además, en cuanto un paciente comienza el tratamiento deja de contagiar la enfermedad.
La lepra o enfermedad de Hansen se contagia de persona a persona mediante un contacto directo. “Se necesita un tiempo prolongado de contacto con el paciente bacilífero y es necesario que el huésped sea susceptible”, detalla Medina.
De hecho, el noventa por ciento de la población presenta una resistencia natural y no enferma. “Por eso se dice que la lepra es la menos contagiosa de las enfermedades infecciosas”, expone la especialista.
La lepra, pese a todo, continúa representando un importante problema de salud en varias regiones del mundo.

La OMS indica que algunas de las zonas más afectadas son Angola, la India, Madagascar, Mozambique, Nepal, la República Centroafricana, la República Democrática del Congo, la República Unida de Tanzania y Brasil.
De hecho, de los 47.612 nuevos casos de lepra que se registraron en Hispanoamérica en 2006, 44.436 se produjeron en Brasil, según recoge la Organización Panamericana de la Salud. Ese mismo año hubo 768 nuevos enfermos en Venezuela, 412 en Argentina, 404 en Paraguay y 398 en Colombia.
Concienciar a la comunidad y cambiar la imagen de la lepra con el fin de alentar a los propios afectados a que busquen asistencia es una de las medidas que la OMS propone para erradicar la enfermedad.

FUENTE: LA VANGUARDÍA MÉXICO