viernes, 23 de marzo de 2012

*Más de 700 niñas menores de 10 años fueron “casadas” en Irán *

En Irán, 716 niñas menores de 10 años contrajeron matrimonio en 2011, según datos ofrecidos por la Oficina de Registros Civiles, que también indica un espectacular incremento de enlaces matrimoniales de adultos con niñas menores de 15 años

Farshid Yazdani, miembro de la Asociación para la Defensa de los Derechos del Niño, ha declarado que está aumentado el número de niñas menores de 10 años obligadas a contraer matrimonio.

Según la activista en 2009 fueron casadas 449 niñas y 716 en 2011. En Irán, es lícito contraer matrimonio pedófilo con una niña de 9 años si se cuenta el consentimiento del padre, ya que Mahoma, como indica un hadiz, mantuvo relaciones sexuales con Aisha, su esposa predilecta, cuando ésta tenía 9 años de edad, según informa Minuto Digital.

Ha añadido Yazdani en su informe, siempre basándose en datos oficiales, que el porcentaje de niñas casadas menores de 15 años se ha incrementado en un 45%. En 2006 fueron consideradas aptas para el consumo sexual 33. 383 menores de 15 años; en 2007 la cifra superó los 35.996 casos y en 2011 el número de este tipo de transacciones ascendió a 45.459.

Mahoma, que encarna la perfección moral para los mahometanos, tuvo un sueño en el que Alá le indicó que debía casarse con Aisa. Y el Profeta cumplió la sórdida ocurrencia divina cuando frisaba los sesenta años de edad, aunque él, por supuesto, únicamente violó a niña de nueve años porque Alá así lo dispuso. Al-Bujari relata el hecho en uno de sus hadices:

Y de los tiempos del pedófilo Mahoma llagamos a la era de la República Islámica de Irán, donde los ayatolas siguen avalando en el siglo XXI la repugnante violación de niñas, como hizo Jomeini cuando indicó a los padres:”No dejéis que vuestras hijas tengan el primer sangrado en casa”.

Combatimos la pedofilia y el abuso de menores en Filipinas o Tailandia; perseguimos en Occidente a los indeseables que intercambian vídeos y fotografías de carácter pedófilo por Internet, sin embargo, obviamos, no se sabe por qué oculta razón, que tal perversión está institucionalizada en el mundo islámico. Tal vez sea necesario recordar al hipócrita Occidente, “defensor” a ultranza de los Derechos Humanos, que la condición humana de una niña filipina, iraní, saudí o yemení es la misma. Agencias/MD

Echa tu Pan a las Aguas

“Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás. Reparte a siete, y aún a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra.”
Mayordomía, a veces la palabra cansa y a veces no reflexionamos en ella, a veces evadimos el tema de tantas veces que lo hemos oído y otras simplemente debemos reconocer que no la ponemos en práctica como se debe. Usualmente la asociamos a los diezmos y ofrendas, al tiempo dedicado a Dios y a la obra… pero más allá de ello, hay una mayordomía que posiblemente no hayas escuchado mucho.
“Echa tu pan sobre las aguas…” Que te parece si lo ves como si Dios te pidiera que usemos los talentos que él nos ha dado, que echemos nuestro “pan” en las aguas, que lo multipliquemos y perfeccionemos de manera tal que una vez nuestros talentos hayan llegado a su máximo esplendor (“después de muchos días lo hallarás…”) sean usados para bendecir, para impactar las vidas de otros y disfrutar de ellos con todo lo bueno que podamos hacer. (“Reparte a siete, y aun a ocho…”)
Una característica del pan es que al caer al agua se esponja y se vuelve más grande y si te lo comes en ese estado te sentirás mas lleno al comértelo. El agua para nuestros talentos será la práctica y el aprender a usarlos para hacer el bien, al terminar no solo nos sentiremos más plenos sino también mas preparados para utilizarlos para lo mejor.
Si utilizamos nuestros talentos para hacer bien seremos instrumentos de bendición, no solo para los demás sino para nosotros mismos. El propósito de tener un talento especial en una o más áreas no es para que lo guardemos y los escodamos sino para que logremos cosas grandes y maravillosas con ellos. Nunca permitas que nada ni nadie te impida desarrollar tus talentos al máximo y hacer el bien con ellos. ¡No hay talento que no valga la pena! Y esto es parte de nuestra buena mayordomía como cristianos y seres humanos, proteger y perfeccionar nuestros talentos.

Terrassa: el imán que no amaba a las mujeres

 
Terrassa: el imán que no amaba a las mujeres
 
 
 
 
 
 
"¡Amonestad a las rebeldes, pegadlas!". El fiscal muestra frases de sus sermones que incitan a la violencia contra la mujer.


 El análisis de los sermones del imán de Terrassa que incluye la querella del fiscal por incitar a la violencia contra la mujer, deja frases muy reveladoras, en las que, el clérigo, citando en ocasiones al islam, revela a los fieles como afrontar los problemas conyugales con la esposa e insta explícitamente a acudir a "los golpes" tras utilizar previamente otros métodos.

 La querella analiza dos sermones , el primero pronunciado el 16 de diciembre de 2011 y el segundo, el día 20 de enero de este año. En el primero, el imán plantea los conflictos "que pasan dentro del hogar" y se apresura a aportar "soluciones" rechazando además que se deba acudir al divorcio.  Citando el Corán, el imán proclama: "¡Amonestad a aquéllas de quienes temáis que se rebelen, dejarlas solas en el lecho, pegarlas!  si os obedecen, no os metáis más con ellas" (sic.).

Más adelante y siguiendo este mandato, el imán advierte que no hay que utilizar "soluciones o métodos que el Islam no nos ha aconsejado" e insta al hombre a, primeramente, "enseñar a su esposa las obligaciones y deberes que Dios nos ha dictado". Si ello no funciona -continúa el sermón-, el imán indica que el paso siguiente es que "el hombre deje sola a su esposa en el lecho, solamente en el lecho, negándole las relaciones sexuales".

Según sigue el imán,  "los golpes" son el siguiente método a acudir, aunque 'matiza' que "los golpes no son lo que provocan las fracturas de los huesos, no son los que hacen correr la sangre, no son los golpes en la cara..." para concluir que los únicos permitidos son los que se propinan con el Siwak, "una barra de madera que tiene la medida de un dedo" , según indica el traductor del sermón en una nota de la querella. Tal como describe la querella, el imán escenifica durante el sermón como se debe golpear con el citado artilugio.

Seguidamente, el imán insiste en que "en el Islam los golpes son una práctica tolerable, pero tienen límites a los que se llega cuando las otras soluciones no son efectivas". Y va más allá, posteriormente cuando claramente aconseja que estos golpes sean discretos y que "nadie sepa de ellos fuera de la vida conyugal...".

 NO DENUNCIAR A MARIDOS MALTRATADORES
 Durante los dos sermones analizados, el líder religioso también se dedica a criticar "las leyes contrarias a las leyes islámicas" que protegen "lo que se hace llamar los derechos de la mujer" e insta a las mujeres musulmanas a no denunciar y a obedecer al marido. El imán amenaza a las mujeres e hijos que decidan denunciar, que sus actos tendrán consecuencias . "Que la mujer, que la chica, que el hijo sepan todos que en el día del juicio final no habrá nadie que les pueda cubrir", asegura. E insiste: "Que la persona, en el día del juicio final, no tendrá ni dinero, ni hijos, ni policía, ni gendarme que le puede ayudar. Se tendrá en cuenta la fe, la buena obra, la obediencia al marido, la obediencia al marido y la obediencia a los padres".

 QUERELLA CRIMINAL
 El fiscal de Delitos de Odio y Discriminación en Catalunya ha interpuesto una querella criminal contra el imán de Terrassa (Barcelona) Abdeslam L., acusado de incitar a la violencia contra la mujer.

En la querella, presentada ante el juez decano de Terrassa, el fiscal de Delitos de Odio y Discriminación en Catalunya, Miguel Ángel Aguilar, acusa al imán de incitar a la violencia contra la mujer. La Fiscalía considera que Abdeslam L. "estaría aprovechando su condición de líder religioso dentro de la comunidad musulmana de Terrassa para proferir mensajes claramente discriminatorios y vulneradores del principio de igualdad y del derecho a la integridad física y moral de la mujer", describe la querella".

Trescientos abogados musulmanes impiden la defensa de un cristiano en Egipto

Trescientos abogados musulmanes impiden la defensa de un cristiano en Egipto
EGIPTO.- Más de trescientos abogados musulmanes han impedido en la provincia sureña de Egipto de Assuit que el abogado defensor de un cristiano, Sayed Ahmad Gabali, pudiera acceder al palacio de justicia.
 
El cristiano Makrem Diab ha sido juzgado por haber “insultado al Profeta –Muhammad-” y ha sido declarado culpable.
Los letrados musulmanes han emitido amenazas de muerte a los abogados cristianos que asisten al acusado. Estos abogados musulmanes, más de trescientos, asaltaron al abogado Ahmad Gabali durante su traslado a la sala del tribunal, y los cuerpos de seguridad del estado no han defendido al cristiano.
 
Pedro Sarwat, un abogado cristiano, dijo que los abogados que representan a los demandantes musulmanes impidieron que el equipo de la defensa entrase en la corte. “Ellos dijeron que ningún musulmán va a defender a un cristiano. Se acordó que los abogados cristianos se harían cargo y se ofrecieron dos abogados cristianos, pero los musulmanes decidieron más tarde que incluso los abogados cristianos no lo defenderían”.

Pedro Sarwat dijo que los abogados musulmanes querían asaltar al juez principal.

El cristiano Makram Diab, secretario de una escuela fue condenado por el Juzgado de Abanoub hace dos semanas a seis años de cárcel bajo cargos de insultar al profeta del Islam. Los abogados musulmanes impidieron al abogado defensor, Sayed Ahmad Gabali, que entrase en la corte durante el período de sesiones. MD
 
Fuente:AcontecerCristiano.net

Cuando se seca el arroyo

Cuando se seca el arroyo

Rev. Gustavo Martínez Garavito
Dios espera que le sigamos viendo igual, aceptando Su soberanía, no desubicándonos espiritualmente y para ello tenemos que confiar en Dios, conocerle y esperar en Él. Si la voluntad de Dios es que esté frente a multitudes o en un desierto, mi sentir debe ser el mismo.
“Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra. Y vino a él palabra de Jehová, diciendo: Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer. Y él fue e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde; y bebía del arroyo. Pasados algunos días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra.” (1 Reyes 17:1-7).
 
Al leer estos versos de la Palabra de nuestro Dios, uno trata de meditar a la vez de imaginar el ambiente en el cual Dios sometió al profeta Elías. Era un ambiente de mucha presión, un ambiente hostil, uno muy difícil. Pero Dios, que conoce el futuro y el presente de cada persona, sabía que era necesario pasar al profeta por estas etapas dentro del proceso de formación para cumplir ese propósito por lo cual Dios había levantado a Elías.
 
En el plan de Dios hay muchas sorpresas y hasta misterios que nos sorprenden y quedamos maravillados sin respuestas, y muchas veces sin entenderlos. Dios utiliza cualquier circunstancia dentro de sus planes en la formación de un hombre. Dios utiliza las personas y las circunstancias, utiliza la familia, los amigos y aun los que no son amigos, y a otras muchas personas en nuestra preparación para que podamos llegar y dar una medida al servicio de Dios como Él quiere.
 
“Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.” (v.1). Vemos cosas importantes con las que Dios trabaja y perfecciona la vida de un hombre. ¿Por qué el Señor saca a Elías de la comodidad de la ciudad? Puesto que era una persona muy conocida, con fama y respeto, pero Dios le da un mensaje para que lo lleve al Rey Acab, un mensaje sencillo, corto, pero muy comprometedor porque no le está anunciando victorias, no le hablaba de prosperidad –que es lo que hubiese querido oír Acab– y tal vez muchas personas deseen oír estos mensajes, mensajes que los exalten, que levanten su ánimo y su ego, mensajes  de prosperidad y victorias, y de cosas extraordinarias.
 
El Señor le da el mensaje para que lo comunique a Acab, mensaje que decía que no llovería, que no habría lluvia ni rocío en años, no en una semana ni un mes ni dos, sino de años, sabemos que la sequía duró más de tres años en Israel, “que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.” Así como Dios utilizó a este hombre para anunciar la sequía, lo utilizaría para que volviera a llover. Este mensaje despertó furia e ira en Acab y se sentía impotente para atacar al profeta, pero después de pensarlo usted ve que Acab mandó a buscar al profeta por todos los rincones y por todos los lugares.
 
“Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer.” (vv.3, 4). Dios ordena a Elías a esconderse en el arroyo de Querit. Primero para ser librado de la persecución de Acab y segundo para enseñar al profeta a depender de Dios en sus necesidades diarias. “Y él fue e hizo conforme a la Palabra de Jehová” (v.5). Elías era un hombre obediente, sumiso, respetuoso, entendido de lo que es la voz y la Palabra de Dios, que no debe contradecirse, posponerse, sino que debe obedecerse y acatarse tal como Él lo dice. Obedeció, “fue e hizo conforme a la Palabra de Jehová”. Si hay algo difícil es hacer las cosas conforme se nos ordena. El hombre prefiere hacer las cosas a su manera, pero no de la manera que le ordena Dios. Pero el profeta obedeció e hizo conforme a la Palabra de Jehová. Si hay algo que Dios toma en cuenta es cuando se hace conforme a su voluntad. Él se da cuenta y procura se haga conforme lo ha ordenado.
 
Se puede obedecer, pero hacerlo a su manera y no a la manera de Dios. Los hombres de Dios no se deben maravillar por lo que en un momento dado Dios pueda hacer con ellos en un lugar. Esto no es lo que hace admirable al hombre de Dios. Es su conducta, son sus acciones lo que le hace admirable a una persona, es esa sencillez, esa madurez, esa sensatez para actuar en los momentos difíciles, en los momentos adversos, en su actitud para obedecer, para atender la voz de Dios. Es ahí donde se sabe quién es quién. ¿Cómo actúa esa misma persona en sus momentos de crisis? ¿Cómo actúa frente a la prueba, frente a la crítica, a la aflicción, en aquellas áreas donde parece que Dios no estuviera? ¿Acaso mantiene esa misma calma, sabe que callar cuando hay que callar; es prudente cuando actúa, murmura, trata de pasar a los demás por su misma amargura a través de su desconfianza, de su resentimiento, a través de lo que esta moviéndose dentro su corazón?
 
Ahí es donde como oyentes y como personas tenemos que medir su trayectoria, y cómo se ha desarrollado a través de los tiempos, cómo ha actuado cuando hay gloria, admiración o cuando hay desprecios, críticas o cuando se está atravesando por un desierto. Es ahí donde se sabe la calidad de cada profeta, de cada predicador, de cada hombre de Dios porque en los momentos de euforia cuando todo está bien, todos respondemos bien. Cuando no respondemos bien es “CUANDO SE SECA EL ARROYO”. Es ahí donde fallamos, donde decimos quiénes somos y qué trato de Dios hemos tenido, a quién creemos, si esta Palabra la estudiamos para aplicársela a otros, pero no para nosotros en los momentos difíciles.
 
Cómo reaccionaría si le dijera Dios: deje todo y retírese un tiempo, escóndase donde nadie lo conozca, deje sus cargos y responsabilidades y siéntese atrás. ¿Cuál sería su actitud? ¿Vendría de la misma manera, ofrendaría con el mismo gozo? Porque si el motor que nos mueve es el motor de los cargos, de los nombramientos, entonces somos dignos de conmiseración, dignos de lástima. Lo que nos debe mover es el amor de Cristo, es el amor de Su obra redentora. Debemos estar dispuestos a servir a Dios tanto en la multitud como el desierto. Debemos aprender a aceptar las cosas dentro de la voluntad de Dios, aceptando Su soberanía. Cuando nos acostumbramos a cargos y de pronto no los tenemos, pensamos ¿qué paso? ¿Acaso no dice la Palabra que iremos de poder en poder?
 
Cuando pensamos lo que pudo significar para Elías el que Dios le dijere vete, escóndete (dejar de ser reconocido para agradar a Dios), Elías tuvo la misma disposición que cuando llevó el mensaje a Acab al palacio, no se le ve que se haya restado su ánimo ni amargado por las pruebas, vemos un hombre sereno y tranquilo, capaz de dominar las circunstancias, sirviendo a Dios de la misma manera. Dios puede suplir, dar, guardar, sanar, Él puede dar vida, provee, suple, oye, salva, liberta, pero, también Dios puede reservarse el derecho de no hacerlo.
 
Aceptamos y declaramos que Dios es sanador, pero Él puede decidir no obrar. Aceptamos todas las cosas que Dios puede hacer, pero no aceptamos las que no quiere hacer. De momento Dios decide voy a ver cómo reaccionará mi hijo “CUANDO SE LE SEQUE EL ARROYO”, para ver cómo se comporta. Él espera que le sigamos viendo igual, aceptando su soberanía, no desubicándonos espiritualmente y para ello tenemos que confiar en Dios, conocerle y esperar en Él. Si la voluntad de Dios es que esté frente a multitudes o en un desierto, mi sentir debe ser el mismo. Tenemos que aceptar Su soberanía, aceptar la voluntad de Dios para no amargarnos.
 
Job, un hombre que conocía en verdad a Dios, no lo veía como en un momento de emoción. ¿Cuál fue la actitud de este hombre ante tanta adversidad? Job adoró a Dios y retuvo su integridad. Siempre hablaba de la bondad de Dios y no pecó. Decía Job: “De oídas te había oído” (Job 42:5), después de salir del crisol le dice a Dios que siente Su gloria. Ahora veo que Tú eres Dios eternamente y para siempre (Job 42:5). Siguiendo la Palabra, cuando se está triste uno no adora, llora, se aflige, se siente y se queja.
 
Conocemos la prueba que enfrentó Job, la diferencia era que Job conocía a Dios. Job dijo: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá” (Job 1:21). Pero su mujer, que carecía de una experiencia con Dios y era menos espiritual, dijo: “Maldice a Dios, y muérete” (Job 2:9). Una persona que ha tenido un encuentro con Dios no se expresa de esta manera, una persona así necesita tener un encuentro real con Dios porque los encuentros con Dios nos cambian, nos hacen dóciles, nos transforman, nos sensibilizan, nos hacen buenos cristianos. Un hombre de Dios no anda hablando despropósitos, no anda sembrando cizaña, criticando, ni anda quejándose. Dios tiene derecho a bendecirnos como decidir no bendecirnos.
 
Como buenos cristianos debemos aprender a aceptar la soberanía de Dios, así como Job la aceptó. En ocasiones Dios nos mete en el crisol para que seamos oro puro, para que seamos verdaderos hombres y mujeres de Dios. Dios permite la adversidad en nuestras vidas, no para destruirnos sino para que tengamos un conocimiento más amplio. Dios quiere que tengamos un carácter fuerte y diferente; quiere hombres y mujeres que hagan las cosas según Él las ha ordenado. Dios quiere gente responsable, gente creyente que acepte la soberanía de Dios, quiere que tengamos un encuentro con su gloria. Dios solamente quiere verdaderos cristianos que sobrevivan “CUANDO SE SECA EL ARROYO”. Dios le bendiga.

jueves, 22 de marzo de 2012

Los sueños

destacados animo , pensamientos cristianos, oraciones cristianas, mensajes cristianos para jovenes, devocionales cristianos
Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía. Génesis 37:5.
La historia de José es una historia de sueños. La Biblia lo llama “José, el soñador”. El centro de sus sueños era Dios. Aquella tarde, cuando sus hermanos lo vendieron y fue llevado a Egipto, una tierra distante, miró por última vez desde la colina hacia las tiendas de su padre, e hizo una promesa a Dios: “Señor, no sé adónde voy ni adonde me llevan; pero, pase lo que pase, cueste lo que costare, nunca dejaré de amarte.
Las personas pueden quitarme la libertad, pueden intentar acabar con mis sueños, pueden arran­carme los brazos, las piernas, e incluso alejarme de mi familia. Voy a un país donde no tengo amigos, y nadie me conoce. Voy como esclavo; tal vez, para comenzar lavando platos y limpiando baños. Pero voy contigo y, pase lo que pasare, nunca dejaré de amarte”. El amor de Cristo inspiró la vida de José todos los días. Fue vendido como esclavo, y se mantuvo fiel frente a las más audaces tentaciones. Y ¿cuál fue la recompensa que recibió por su fidelidad? La prisión.
En este mundo, no siempre tu fidelidad va a traerte, como recompensa, el cielo. En esta tierra, a veces, la fidelidad va a traerte hambre, pobreza, renuncia, y hasta el desprecio de tus amigos. No te preocupes. Si Jesús está contigo, si le has entregado la vida a Cristo, vayas a donde vayas, el Señor irá contigo.
Y desde la prisión, desde la mazmorra, desde la desgracia, te va a levantar y te va a convertir en un príncipe, porque tú eres hijo del Reino; has nacido para serlo y, finalmente, llegarás a serlo.
José es el hombre que nunca dejó de amar a Dios. Por su amor a Dios, descendió a las profundidades del dolor y del sufrimiento; pero, también, fue levantado de allí, hasta las cumbres más elevadas. Llegó a ser el segundo hombre más poderoso de Egipto, una nación pagana.
Si tú luchas en busca de un futuro mejor, amas a Jesús y nunca te apar­taste de su amor, y pese a eso, parece que todo te va mal; si, no obstante, mantienes tu amor y tu fidelidad por Cristo, créeme que Dios te va a colocar en los lugares más altos.
Haz de este un día de sueños; que el más grande de todos sea permanecer fiel a Dios hasta el fin, a pesar de la incomprensión de tus hermanos. Porque “soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía”.

Cinco pasos para el cumplimiento de la Visión

Cinco pasos para el cumplimiento de la Visión
Rev. Samuel David Mejía Ibáñez
En Génesis 12:1-3, leemos: “Pero Jehová había dicho a Abraham: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”.
Todos nosotros hemos oído hablar, algún día, de la visión. Ciertamente, Dios tiene algo especial que realizar en la vida de cada persona, e inicia esa labor preciosa entregándole una visión.
 
¿Qué significa el término “visión”? La visión consiste en una meta definida que Dios pone frente a nosotros. En otras palabras, se trata de un “cliché fotográfico” en el que alcanzamos a ver alguna tarea o misión cumplida antes mismo de haberla realizado. En la visión, Dios define claramente sus expectativas; tanto lo que Él pretende hacer con nuestras vidas, como lo que Él espera de nuestra parte. Para ilustrar este mensaje, recurriremos a la vida del patriarca Abraham, y analizaremos los pasos que aquel hombre de fe dio, hasta lograr cumplir la visión.
 
I. COMUNIÓNY OBEDIENCIA
 
En los versículos que citamos, hallamos que lo primero que Dios hizo con Abraham fue mostrarle una visión y hablar directamente con él, ordenándole que saliera de Ur de los Caldeos, una tierra pagana (v.1). Este hecho denota que Abraham gozaba de una comunión profunda con Dios, y por lo tanto, Dios tenía tratos individuales con él. La comunión con Dios consiste en una condición insoslayable para alcanzar a ver con claridad cuáles son las expectativas que Dios tiene para nuestras vidas.
 
La primera visión que Abraham tuvo fue de tipo general o global. En ella, Dios le dio una serie de directrices a seguir en el presente, para así poder alcanzar las promesas futuras que también incluía la visión. En obediencia a las ordenanzas de Dios, Abraham, pues, abandonó sus posesiones y privilegios en la tierra de los Caldeos, y salió rumbo a la tierra de Canaán. He aquí el primer paso a seguir para que se cumplan los propósitos de Dios en nuestras vidas: debemos obedecer ante cualquier tipo de demanda o de sacrificio de Dios exija de nosotros para el cumplimiento de la visión.
 
Durante su recorrido por la tierra de Canaán, Abraham tuvo un segundo encuentro de poder con Dios. En aquel lugar de peregrinación, Dios le entregó otra promesa a aquel hombre de fe, y esta fue: “A tu descendencia daré esta tierra” (Génesis 12:7). Aquella promesa consistía en un detalle o aspecto que no habían sido incluidos en la visión general que Dios le entregó a Abraham en Génesis 12:1-3. Cuando damos el paso de la obediencia, el Señor nos concede una visión más concreta e individualizada de los planes que Él tiene para con nosotros. En efecto, en la segunda visión que encierra el verso 7, Dios se muestra más exacto que en la primera visión.
 
Abraham supo cuál sería su participación exacta dentro de aquella primera visión general o global. Asimismo, Dios le ha entregado a esta Obra del Movimiento Misionero Mundial una visión global en cuanto a la evangelización del mundo; pero en esta visión general, nosotros tenemos una visión individual y una participación personal específica.
 
II. CORREGIR LAS EQUIVOCACIONES
 
A pesar de haber recibido las dos visiones mencionadas anteriormente, Abraham cometió una serie de errores. En Génesis 12:10, vemos a Abraham preocupado por el hambre que hubo en la tierra, por lo que decidió, sin consultar a Dios, descender a Egipto. A este primer error, sumó el de mentir con respecto a su esposa, Sara, a quien hizo pasar por su hermana. Faraón oyó alabar por sus súbditos la belleza de Sara, y empezó a entregarle dones como vacas, ovejas, siervos, criadas, etc.
 
¡Cuidado con los negocios que nos mantienen fuera de la voluntad de Dios! Los negocios no son para una persona a quien Dios le ha entregado una visión. Entre aquellas criadas que le regaló Faraón, estaba Agar, que, con el transcurso de los años, se convirtió en una fuente de problemas entre Abraham y Sara.
 
Siempre hemos de tener presente que, aun cuando Dios nos entrega una visión exacta de Sus planes para con nuestras vidas, no estamos exentos de cometer errores. La visión siempre es perfecta, pero nosotros somos seres humanos llenos de imperfecciones. El tercer paso a dar para que se cumpla la visión, pues, consiste tanto en reconocer nuestras faltas como también estar dispuestos a corregirlas.
 
Esto requiere que tengamos un espíritu humilde. Hay personas a quienes Dios les ha entregado una visión perfecta, pero que se han desviado del propósito de Dios, y, en vez de corregir su error, se mantiene empecinados en su conducta. No tienen la capacidad de doblegarse y humillarse ante Dios para reconocer sus faltas.
 
Asimismo, por su orgullo, se niegan a confesar sus errores ante los demás hombres.
 
Abraham recapacitó, y rectificó su conducta. En Génesis 13:3,4, leemos: “Y volvió por sus jornadas desde el Neguev hacia Bet-el, hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Bet-el y Hai, al lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram el nombre de Jehová.” Es menester que volvamos al lugar donde Dios quiere que estemos, si por equivocación nos hemos salido del lugar que Dios nos había mostrado, como individuos, iglesias locales o concilio. No importa cuál sea la posición que ocupemos en la Obra de Dios, si no somos capaces de corregir nuestras faltas, no servimos.
 
Por ejemplo, hay líderes que salen de la posición que Dios les ha dado, y cuando se les llama la atención para que vuelvan a ocupar su lugar, se enfurecen, se sienten mal, y comienzan a defender sus propios puntos de vista. Es que el orgullo humano hace que no corrijamos nuestras equivocaciones, y que empecemos a justificar nuestros errores. Uno piensa que, aunque se encuentra en Egipto y fuera de la voluntad de Dios, la visión habrá de cumplirse en nuestras vidas. Sin embargo, esto nos es así. La visión se cumple en la tierra que Dios nos ha mostrado (Génesis 12:1), en la posición que Él nos ha dado, en el lugar espiritual que Dios ha escogido para usted en la iglesia. Cuando una persona decide apartarse de la visión, las repercusiones en su vida espiritual y personal son inmediatas.
 
Hermano, si usted quiere que la visión se cumpla en su vida, no tiene otra opción sino la de regresar al lugar de la revelación, allí donde está el altar de Jehová. De no hacerlo, la visión quedará truncada, cortada a mitad de camino.
 
III. TENER UN CONTACTO FÍSICO CON EL OBJETO DE LA VISIÓN
 
En Génesis 13:14-17 Dios le revela a Abraham un detalle suplementario de la visión que tenía para él: “Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre […] levántate, ve por la tierra a lo largo de ella, y a su ancho; porque a ti te la daré.”
 
Dios ordenó a Abraham que recorriera la tierra de Canaán de norte a sur y de este a oeste. En otras palabras, Dios quería que Abraham tuviera un contacto físico con la tierra que Él le había otorgado. Esto indica que la visión no puede cumplirse, si no tenemos un contacto directo con el objeto de esa visión. Por ejemplo, si Dios le indica a una persona que lo usará como predicador, esta visión no se cumplirá si la persona no empieza a predicar en su propio barrio o en la puerta de su casa. Si usted no tiene ese contacto directo con la visión, la misma se atrofia y nunca se llegará a cumplir.
 
La visión genuina o auténtica siempre confronta obstáculos o problemas. Por lo tanto, si Dios le ha llamado, póngase en contacto con la visión, y camine a lo largo y a lo ancho, para que se le quiten los temores.
 
Dios quería que Abraham sintiera, tocara, y palpara el objeto de su visión. Dios le instó a que conociera de cerca el lugar que Él le habría de dar. Durante su vida, Abraham solo poseyó un cementerio en Canaán, porque no tenía el dinero suficiente para comprar toda la tierra. Sin embargo, no necesitaba hacerlo, porque Dios se la había entregado. Cuando el patriarca empezó a recorrer la tierra a lo largo y a lo ancho, se olvidó de sus limitaciones, de sus temores, del hecho de que no tenía dinero para comprarla.
 
Al recorrer la tierra, al tener contacto con el objeto de la visión, Abraham recibió la fe de que aquel territorio le pertenecería un día. Asimismo, amado lector, usted ha de mantener un contacto mínimo con la visión que Dios le ha dado. Esto le infundirá fe de que la visión le pertenece, y que Dios cumplirá su promesa.
 
IV. ENCONTRARNOS CON EL SUMO SACERDOTE
 
En Génesis 14 leemos acerca de cuatro reyes que se aliaron para hacerles la guerra a las ciudades de Sodoma y de Gomorra. Aunque aquella guerra no le concernía, vemos que Abraham se vio indirectamente involucrado en la misma, por cuanto su sobrino, Lot, residía en Sodoma y fue llevado cautivo. Por causa de Lot, pues, Abraham armó a sus criados y fue a pelear contra aquellos reyes para rescatar a su sobrino.
 
Tras haber perseguido y vencido a aquel ejército, Abraham tuvo un encuentro con un hombre a quien no conocía: Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo (Génesis 14:18-20). Aquel sacerdote lo bendijo, y Abraham le entregó el diezmo de todo cuanto poseía. Hasta aquel momento, Abraham siempre había tenido encuentros con el Dios Altísimo.
 
En cada uno de aquello encuentros, Dios le había revelado Su Omnipotencia y Su magnificencia. Sin embargo, para que la visión se cumpliera, Abraham tuvo que ver a Dios en su verdadera dimensión. Hay de quienes le sirven a Dios, quienes le han entregado sus corazones a Cristo, pero que no han conocido a Dios en su verdadera dimensión. No obstante, hasta que no hayan tenido ese encuentro de poder con Dios, esas personas nunca serán capaces de cumplir la visión que Dios tiene para ellas. En efecto, como seres humanos que somos, tenemos limitaciones y vemos todo desde nuestro prisma limitado. Dios quería que Abraham ampliara su visión, porque si nos mantenemos confinados en nuestras limitaciones, encerrados en nuestros miedos, nunca podremos llegar a nada con Dios.
 
Si usted ha recibido una visión y tiene temores, es porque no conoce a Dios en su verdadera dimensión. ¿Acaso existe algo imposible para Dios? ¡Nada! Por lo tanto, aquel que conoce a Dios en su verdadera dimensión, no le da lugar al miedo ni al temor.
 
Después de la batalla, Abraham conoció a Dios como el Dios altísimo. Este hecho implica que tenemos que estar dispuestos a pelear, a entrar en la batalla contra nuestros pensamientos y nuestros conceptos humanos. Dios dice en Su Palabra: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos” (Isaías 55:8).
 
Cuando recibimos una visión de Dios, tenemos que preservarla y pararnos firmes sobre ella. No podemos permitir que nada ni nadie nos aparte de la misma. El Señor nos da esta advertencia en las Sagradas Escrituras: “He aquí, yo vengo pronto, retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.” (Apocalipsis 3:11).
 
V. LA MUERTE DE LA VISIÓN MISMA
 
En Juan 12:24, leemos: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.” Este es el paso más doloroso, difícil, y delicado de todos, es decir: que la visión misma muera.
 
Existe un proceso triste para todo aquel que tiene una visión de parte de Dios. Este es que dicha persona debe estar dispuesta a ver morirse la visión. Cuando Moisés salió a visitar a sus hermanos, recibió la visión divina relativa a su función de libertador. Así que, cuando vio al capataz egipcio golpeando a un israelí, decidió matarlo y esconderlo en la arena. Sin embargo, le denunciaron a Faraón, y tuvo que huir como un criminal a la tierra de Madián. En aquel lugar, y tras una espera de cuarenta años, la visión murió.
 
Después de aquellas cuatro décadas, Moisés vio una zarza ardiendo, la cual no se consumía. Cuando él se acercó, Dios le ordenó que quitara el calzado de sus pies porque se encontraba en un lugar santo. Moisés obedeció, y se postró delante de Dios. En aquel momento, Dios le llamó y le ordenó que sacara al pueblo de Israel. Las diferentes excusas que puso Moisés para no obedecer el llamado, nos plantean una serie de preguntas. ¿Qué había sucedido con lo que él había experimentado y sentido cuarenta años atrás? ¿Por qué él había querido, en aquella época, libertar al pueblo, y ahora se negaba a hacerlo? Porque la visión había muerto en él.
 
Es necesario que la visión muera en nosotros. ¿Por qué? Para que se nos desgarre el corazón al constatar que está muerta; y también para que Dios pueda resucitarla desde el medio de la zarza. La visión resucita en el desierto, en terreno santo y divino. Aquel día la visión de liberación resucitó para Moisés. Amado lector, hoy ha llegado el día para que la visión resucite. Acércate al lugar santo, y Dios lo hará desde el medio de la zarza. Para Él, no existe nada imposible. Dios les bendiga.