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lunes, 23 de julio de 2012

Utiliza lo que tienes en tu mano

Utiliza lo que tienes en tu mano

Exodo 4:1-2 Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová. Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara.
Moisés, dice en el versículo 1 lo siguiente: “Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová”.

 
Este versículo quiere decir que el pueblo no le creerá ni oiría su voz no darían crédito a sus palabras a no ser que les muestre una señal (aparecido) entonces fue cuando Dios actuó en esa simple vara y le da poder a Moisés para hacer milagros, detallándole tres:

 
1- La vara: Es objeto del primer milagro, milagro doble, porque arrojándola de su mano se convierte en una culebra y tomándola otra vez (por la cola, no por el cuello que es por donde las toman los domadores de serpientes) se vuelve a convertir en vara. (v. 2-4) “Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. Él le dijo: Échala en la tierra. Y él la echó en la tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella. Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y la tomó, y se volvió vara en su mano”.

 
Dios le permite este milagro a Moisés sin una frase mágica ni encantamientos. El recibir el poder de lo alto demostraba que la autoridad de Dios estaba en él. Faraón había convertido el cetro de su gobierno en serpiente de opresión.

 
2- Su mano: Su mano fue objeto de otro milagro, la metió en su seno y la saco completamente leprosa; la volvió a meter en el seno y la saco ahora sana. (v.6-7) “Le dijo además Jehová. Mete ahora tu mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno; y cuando la saco, he aquí que su mano estaba leprosa como la nieve. Y dijo: Vuelve a meter tu mano en tu seno. Y él volvió a meter su mano en su seno; y al sacarla de nuevo del seno, he aquí que se había vuelto como otra carne”. Esto significaba que por el poder de Dios, Moisés habría de producir graves enfermedades en los egipcios.

 
3- Es instruido: Es instruido para que cuando llegue a Egipto, convierta en sangre parte del agua del rio (v.9) “Y si aún no creyeren a estas dos señales, ni oyeren tu voz, tomarás de las aguas de río y las derramarás en la tierra; y si cambiarán aquellas aguas que tomaras del río y se harán sangre en la tierra”.

 
Conclusión
 

Lo llamó por su nombre Moisés, ya que le conocía como nos conoce a nosotros.

 
El sabe que guardamos en nuestro corazón, sabe nuestro deseo y disposición a servirle; conoce nuestra experiencia y todo lo que poseemos, y lo utiliza llegado el momento, para que su plan en nosotros se cumpla de manera efectiva en nosotros.

 
Israel, fue liberado, defendido, instruido, capacitado, nutrido, guiado e introducido a la tierra prometida, Canaán, tierra de Dios, prometida a su pueblo escogido.

 
Moisés es una clara referencia que en su tiempo el tiempo de Dios el plan previsto para nuestras vidas se llevara a cabo, sin importar escasez de medios que poseamos, con una sola condición, que cuando oigamos su voz simplemente digamos…. “heme aquí señor”.

 
Si ponemos a disposición todo lo que poseemos para el Señor, aunque sea una vara, Él obrará en nuestras vidas.
 
Fuente:cristoesturuta.cl

jueves, 1 de marzo de 2012

Por fe andamos...

Por fe andamos...

Rev. Luis M. Ortiz
El pueblo de Israel estaba en cautiverio en Egipto, pero Dios les lanzó el reto a seguirle para conducirles a una “tierra que fluye leche y miel”.
Cuando partieron, querían llegar enseguida sin ningún contratiempo. Ellos no estaban preparados para pelear contra los gigantes, moradores de aquellos lugares. Su fe no estaba edificada como para conquistar ciudades. Dios optó por conducirlos cruzando el Mar Rojo, a través de desiertos inhóspitos donde no había agua ni alimentos, de manera que tuviera la oportunidad de mostrar Su amor, Su poder, cuidándolos y ayudándoles en todas las cosas.
 
Dios quería que aprendieran a confiar y a depender enteramente de Él. Por eso, cuando tenían de frente al Mar Rojo, a sus lados inexpugnables montañas, y detrás el ejército del Faraón que les perseguía, Dios mostró Su amor y poder, y dividió el mar, y el pueblo cruzó a salvo.
 
Por eso, no habiendo agua en el desierto, Dios hacía que de la roca brotara agua. No habiendo alimento, les mandaba cada mañana el maná del cielo. No habiendo sombra en el desierto, les hacía sombra en el calor del día con la nube. No habiendo luz, les alumbraba en la noche con la columna de fuego. No habiendo ley en el desierto, les dio Ley. No habiendo templo, les proveyó de un tabernáculo desmontable. Dios quería que ellos ejercieran su fe en Él para cada necesidad.
 
Pero de muchos de ellos, no se agradó. No querían vivir dependiendo por fe en las promesas de Dios, y puesto que “sin fe es imposible agradar a Dios”, cayeron postrados en el desierto.
 
Y el Espíritu nos dice que estas cosas fueron escritas para nuestra advertencia, para que no caigamos en las mismas dudas, incredulidad y desobediencia.
 
Hay los que piensan que vivir por fe es vivir en necesidad y en penurias. Si su fe está puesta en hombres y en recursos humanos, éstos siempre fallan. Pero si está puesta en la inmutable fidelidad de la Palabra de Dios y en los inagotables recursos de la gracia y el poder de Dios, usted vivirá una vida victoriosa, de contentamiento tanto en la abundancia como en la escasez, porque sabe que todo lo puede en Cristo que le fortalece... que Dios suplirá todo lo que le falta conforme a sus riquezas en gloria; porque sabe que no hay muro que resista al impacto de la fe, no hay boca de león que se abra ante el testimonio de la fe, que no hay gloria mayor que la gloria de la fe.
 
La Biblia dice: “La justicia de Dios se revela por fe y para fe... Mas el justo por la fe vivirá”.

martes, 28 de febrero de 2012

El cumplimiento de la Visión

El cumplimiento de la Visión


Rev. Samuel David Mejía
Dios nos entrega una visión exacta de sus planes, pero no estamos exentos de cometer errores. La visión siempre es perfecta, pero nosotros somos seres humanos llenos de imperfecciones.
“Pero Jehová había dicho a Abram: vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” Génesis12:1-3.

¿Qué significa el término “visión”? La visión consiste en una meta definida que Dios pone frente a nosotros. En la que alcanzamos a ver alguna tarea o misión cumplida antes de haberla realizado. En la visión, Dios define claramente sus expectativas: tanto lo que pretende hacer con nuestras vidas, como lo que espera de nuestra parte. Para ilustrar este mensaje, recurriremos a la vida del patriarca Abraham, y analizaremos los pasos que aquel hombre de fe dio, hasta lograr cumplir la visión.

I. COMUNIÓN Y OBEDIENCIA

En los versículos que citamos, hallamos que lo primero que Dios hizo con Abraham fue mostrarle una visión y hablar directamente con él, ordenándole que saliera de Ur de los Caldeos, una tierra pagana (v. 1). Este hecho denota que Abraham gozaba de una comunión profunda con Dios, y por lo tanto, Dios tenía tratos individuales con él.

La primera visión que Abraham tuvo fue de tipo general o global. En ella, Dios le dio una serie de directrices a seguir en el presente, para así poder alcanzar las promesas futuras que también incluía la visión. En obediencia abandonó sus posesiones y privilegios en la tierra de los Caldeos, y salió rumbo a la tierra de Canaán. He aquí el primer paso a seguir para que se cumplan los propósitos de Dios en nuestras vidas: debemos obedecer ante cualquier tipo de demanda o de sacrificio que Dios exija de nosotros para el cumplimiento de la visión.

Durante su recorrido por la tierra de Canaán, Abraham tuvo un segundo encuentro de poder con Dios. En aquel lugar de peregrinación, Dios le entregó otra promesa a aquel hombre de fe, y esta fue: “A tu descendencia daré esta tierra” (Génesis 12:7). Aquella promesa consistía en un detalle o aspecto que no habían sido incluidos en la visión general que Dios le entregó a Abraham en Génesis 12:1-3. Cuando damos el paso de la obediencia, el Señor nos concede una visión más concreta e individualizada de los planes que Él tiene para con nosotros. En efecto, en la segunda visión que encierra el verso 7, Dios se muestra más exacto que en la primera visión.

Abraham supo cuál sería su participación dentro de aquella primera visión general o global. Asimismo, Dios le ha entregado a esta obra del Movimiento Misionero Mundial una visión global en cuanto a la evangelización del mundo; pero en esta visión general, nosotros tenemos una visión individual y una participación personal o específica.

II. CORREGIR LAS EQUIVOCACIONES

A pesar de haber recibido las dos mencionadas anteriormente, Abraham cometió una serie de errores. En Génesis 12:10, vemos a Abraham preocupado por el hambre que hubo en la tierra, por lo que decidió, sin consultar a Dios, descender a Egipto. A este primer error, sumó el de mentir con respecto a su esposa, Sara, a quien hizo pasar por su hermana. Faraón oyó alabar por sus súbditos la belleza de Sara, y empezó a entregarle dones como vacas, ovejas, siervos, criadas, etc.

¡Cuidado con los negocios que nos mantienen fuera de la voluntad de Dios! Los negocios no son para una persona a quien Dios le ha entregado una visión. Entre aquellas criadas que le regaló Faraón, estaba Agar, que con el transcurso de los años, se convirtió en una fuente de problemas entre Abraham y Sara.

Siempre hemos de tener presente que, aun cuando Dios nos entrega una visión exacta de sus planes para con nuestra vidas, no estamos exentos de cometer errores. La visión siempre es perfecta, pero nosotros somos seres humanos llenos de imperfecciones. El tercer paso a dar, para que se cumpla la visión, pues, consiste tanto en reconocer nuestras faltas como también estar dispuestos a corregirlas.

Esto requiere que tengamos un espíritu humilde. Hay personas a quienes Dios les ha entregado una visión perfecta, pero que se han desviado del propósito de Dios, y en vez de corregir su error, se mantienen empecinados en su conducta. No tienen la capacidad de doblegarse y humillarse ante Dios para reconocer sus faltas.

Asimismo, por su orgullo, se niegan a confesar sus errores ante los demás.

Abraham recapacitó, y rectificó su conducta. En Génesis 13:3-4, leemos: “Y volvió por sus jornadas desde el Neguev hacia Bet-el, hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Bet-el y Hai, al lugar del altar que había hecho allí; e invocó allí Abram el nombre de Jehová”. Es menester que volvamos al lugar donde Dios quiere que estemos, si por equivocación nos hemos salido del lugar que Dios nos había mostrado, como individuos, iglesias locales o concilio. No importa cuál sea la posición que ocupemos en la obra de Dios, si no somos capaces de corregir nuestras faltas, no servimos.

Por ejemplo, hay líderes que salen de la posición que Dios les ha dado, y cuando se le llama la atención para que vuelvan a ocupar su lugar, se enfurecen, se sienten mal, y comienzan a defender sus propios puntos de vista. Es que el orgullo humano hace que no corrijamos nuestras equivocaciones, y que empecemos a justificar nuestros errores. Uno piensa que, aunque se encuentra en Egipto y fuera de la voluntad de Dios, la visión habrá de cumplirse en nuestras vidas. Sin embargo, esto no es así. La visión se cumple en la tierra que Dios nos ha mostrado (Génesis 12:1), en la posición que él nos ha dado, en el lugar espiritual que Dios ha escogido para usted en la iglesia. Cuando una persona decide apartarse de la visión, las repercusiones en su vida espiritual y personal son inmediatas.

Hermano, si usted quiere que la visión se cumpla en su vida, no tiene otra opción sino la de regresar al lugar de la revelación, allí donde está el altar de Jehová. De no hacerlo, la visión quedará truncada, cortada a mitad de camino.

III. TENER UN CONTACTO FÍSICO CON EL OBJETO DE LA VISIÓN

En Génesis 13:14-17, Dios le revela a Abraham un detalle suplementario de la visión que tenía para él: “Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti a tu descendencia para siempre (...) Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré”.

Dios ordenó a Abraham que éste recorriera la tierra de Canaán de norte a sur y de este a oeste. En otras palabras, Dios quería que Abraham tuviera un contacto físico con la tierra que Él le había otorgado. Esto indica que la visión no puede cumplirse, si no tenemos un contacto directo con el objeto de esa visión. Por ejemplo, si Dios le indica a una persona que lo usará como predicador, esta visión no se cumplirá si la persona no empieza a predicar en su propio barrio o en la puerta de su casa. Si usted no tiene ese contacto directo con la visión, la misma se atrofia y nunca se llegará a cumplir.

La visión genuina o auténtica siempre confronta obstáculos y problemas. Por lo tanto, si Dios le ha llamado, póngase en contacto con la visión, y camine a lo largo y a lo ancho, para que se le quiten los temores.

Dios quería que Abraham sintiera, tocara, y palpara el objeto de su visión. Dios le instó a que conociera de cerca el lugar que Él le habría de dar. Durante su vida, Abraham sólo poseyó un cementerio en Canaán, porque él no tenía el dinero suficiente para comprar toda la tierra. Sin embargo, no necesitaba hacerlo, porque Dios se la había entregado. Cuando el patriarca empezó a recorrer la tierra a lo largo y a lo ancho, se olvidó de sus limitaciones, de sus temores, del hecho de que no tenía dinero para comprarla.

Al recorrer la tierra, al tener contacto con el objeto de la visión, Abraham recibió la fe de aquel territorio que le pertenecería un día. Asimismo, amado lector, usted ha de mantener un contacto mínimo con la visión que Dios le ha dado. Esto le infundirá fe de que la visión le pertenece, y que Dios cumplirá su promesa.

IV. ENCONTRARNOS CON EL SUMO SACERDOTE

En Génesis capítulo 14 leemos acerca de cuatro reyes que se aliaron para hacerles la guerra a las ciudades de Sodoma y de Gomorra. Aunque aquella guerra no le concernía, vemos que Abraham se vio indirectamente involucrado en la misma, por cuanto su sobrino, Lot, residía en Sodoma y fue llevado cautivo. Por causa de Lot, pues, Abraham armó a sus criados y fue a pelear contra aquellos reyes para rescatar a su sobrino.

Tras haber perseguido y vencido a aquel ejército, Abraham tuvo un encuentro con un hombre a quien no conocía: Melquisedec, rey de Salem y sacerdote de Dios (Génesis 14:18-20). Aquel sacerdote lo bendijo, y Abraham le entregó el diezmo de todo cuanto poseía. Hasta aquel momento, Abraham siempre había tenido encuentros con el Dios Altísimo.

En cada uno de aquellos encuentros, Dios le había revelado su omnipotencia y su magnificencia. Sin embargo, para que la visión se cumpliera, Abraham tuvo que ver a Dios en su verdadera dimensión. Hay quienes le sirven a Dios, quienes le han entregado sus corazones a Cristo, pero que no han conocido a Dios en su verdadera dimensión. No obstante, hasta que no hayan tenido ese encuentro de poder con Dios, esas personas nunca serán capaces de cumplir la visión que Dios tiene para ellas. En efecto, como seres humanos que somos, tenemos limitaciones y vemos todo desde nuestro prisma limitado. Dios quería que Abraham ampliara su visión, porque si nos mantenemos confinados en nuestras limitaciones, encerrados en nuestros miedos, nunca podremos llegar a nada con Dios.

Si usted ha recibido una visión y tiene temores, es porque no conoce a Dios en su verdadera dimensión, ¿Acaso existe algo imposible para Dios? ¡Nada! Por lo tanto, aquel que conoce a Dios en su verdadera dimensión, no le da lugar al miedo ni al temor.

Después de la batalla, Abraham conoció a Dios como el Dios Altísimo. Este hecho implica que tenemos que estar dispuestos a pelear, a entrar en la batalla contra nuestros pensamientos y nuestros conceptos humanos. Dios dice en su Palabra: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos” (Isaías 55:8).

Cuando recibimos una visión de Dios, tenemos que preservarla y pararnos firmes sobre ella. No podemos permitir que nada ni nadie nos aparte de la misma. El Señor nos da esta advertencia en las Sagradas Escrituras: “He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona” (Apocalipsis 3:11).

V. LA MUERTE DE LA VISIÓN MISMA

En Juan 12:24, leemos: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”. Este es el paso más doloroso, difícil y delicado de todos, es decir: que la visión misma muera.

Existe un proceso triste para todo aquel que tiene una visión de parte de Dios. Este es que dicha persona debe estar dispuesta a ver morirse la visión. Cuando Moisés salió a visitar a sus hermanos, recibió la visión divina relativa a su función de libertador. Así que, cuando vio al capataz egipcio golpeando a un israelí, decidió matarlo y esconderlo en la arena. Sin embargo, le denunciaron a Faraón, y tuvo que huir como un criminal a la tierra de Madián. En aquel lugar, y tras una espera de cuarenta años, la visión murió.

Después de aquellas cuatro décadas, Moisés vio una zarza ardiendo, la cual no se consumía. Cuando él se acercó, Dios le ordenó que quitara el calzado de sus pies porque se encontraba en un lugar santo. Moisés obedeció, y se postró delante de Dios. En aquel momento, Dios le llamó y le ordenó que sacara al pueblo de Israel. Las diferentes excusas que puso Moisés para no obedecer al llamado, nos plantean una serie de preguntas. ¿Qué había sucedido con lo que él había experimentado y sentido cuarenta años atrás? ¿Por qué él había querido, en aquella época, libertar al pueblo, y ahora se negaba a hacerlo? Porque la visión había muerto en él.

Es necesario que la visión muera en nosotros. ¿Por qué? Para que se nos desgarre el corazón al constatar que está muerta; y también para que Dios pueda resucitarla desde el medio de la zarza. La visión resucita en el desierto, en terreno santo y divino. Aquel día, la visión de liberación resucitó para Moisés. Amado lector, hoy ha llegado el día para que la visión resucite. Acércate al lugar santo, y Dios lo hará desde el medio de la zarza. Para Él no existe nada imposible. Dios les bendiga.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Jocabed, una madre para la crisis

Jocabed, una madre para la crisis
Rev. Alberto Ortega
“Un varón de la familia de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví, la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses.” Éxodo 2:1,2.
En estos últimos días de la Dispensación de la Gracia, nuestra sociedad ha ido perdiendo una asombrosa cantidad de fundamentos, se ha producido una hemorragia de los valores ciudadanos, morales, familiares. Esta situación ha llevado a muchos a bajar los brazos, y a dejarse llevar por lo que el apóstol Pablo llamó: “la corriente de este mundo” (Efesios 2:2). Una estadística reciente ha revelado que el 83% de los jóvenes que están cumpliendo condenas proceden de hogares en dificultad; hablando claramente, provienen de hogares donde existe la violencia doméstica, el divorcio, las drogas, el alcohol, madres solteras, etc.
 
Un niño de apenas un año de edad murió por falta de atención de sus progenitores que no le alimentaban correctamente ni le daban la medicina que los servicios sociales le proporcionaron gratuitamente; pero lo más terrible de esto, es que murió rodeado de nueve adultos que no hicieron nada por él. A pesar de los esfuerzos de los gobiernos y las asociaciones cada vez más numerosas, este mundo está cada vez peor porque estamos viviendo las consecuencias de una sociedad que le ha dado la espalda a Dios y a Su Palabra única fuente de bienestar para el hombre y la mujer.
 
Ser padres hoy se limita a una función biológica, los padres y las madres han dejado que el príncipe de este mundo, Satanás, gobierne sus mentes, sus hogares, sus familias; le han dejado a este ser maléfico los plenos poderes sobre sus hijos. ¡Es hora que haya un despertar y que el príncipe de las tinieblas salga de los hogares, de la televisión, de la prensa!
 
Moisés, uno de los líderes más sobresalientes de la nación judía, reconocido por toda la cristiandad, vino a la existencia por medio de unos padres que amaban y obedecían a Dios de todo corazón. En el libro del Éxodo, tenemos a Satanás operando a través de Faraón, rey de Egipto, para la destrucción de los niños judíos (Éxodo 1:22). Pero en medio de aquel violento ataque, ciertos padres decidieron no dejarse vencer por aquel edicto real. “Un varón de la familia de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví, la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses.” (Éxodo 2:1,2). Esta decisión salvó la vida de Moisés, el cual llegó a ejercer uno de los ministerios más extraordinarios narrado en la Biblia. Era el hombre que hablaba cara a cara con Dios. “Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero” (Éxodo 33:11).
 
Moisés doblegó el poderío de Egipto con un mensaje: “Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo…” (Éxodo 5:1). Pero, ¿cómo llegó a cumplirse todo esto? ¡Por la entrega que Jocabed, su madre, hizo de él! Esta mujer con su ejemplo nos enseña la necesidad de vivir entregados a Dios, debemos entregarnos nosotros mismos, también nuestros anhelos, nuestros seres queridos. Hay una secuencia hermosa en la vida de esta madre que hizo posible la entrega de este niño a Dios, el cual formó un líder sin par.
 
LA ENTREGA A LA FE
 
“Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey.” Hebreos 11:23.
 
Primero, para poder vencer la crisis en su familia, Jocabed se entregó junto a su esposo a la fe en el Dios vivo. Dios les impartió fe, esa fe se adueñó del corazón de ellos, y aunque había un edicto de Faraón que les exigía entregaran su hijo a la muerte, ellos decidieron esconderlo; desafiaron aquella orden, aquella intimidación, cuando muchos otros se dejaron arrebatar a sus hijos. Ellos decidieron desposeer a Satanás de aquel niño, y aunque estaban corriendo peligro de muerte, se pusieron con su bebé en las manos del Dios vivo, tenían fe en que Dios guardaría a aquel niño.
 
Es necesario que en esta hora se levanten las Jocabed de Dios para decirle a Satanás que no le van a dejar a sus hijos en sus manos, ¿cuál madre pondría a su hijo en las manos de un asesino? Satanás es el asesino más grande de todos los tiempos, Jesús lo describe diciendo: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir” (Juan 10:10). El poder maléfico de este ladrón es incuestionable, ¿cómo podemos dejarle en sus manos a nuestros hijos, nuestras familias?
 
Jocabed decidió luchar, pelear aquella batalla y Dios la respaldó. Dios estaba en el asunto, Él está interesado en nuestros hijos, en nuestra familia. Ésta es una batalla que tenemos que pelear por la fe y al lado del Señor. No importa cuánto se tenga que luchar, arriesgar, sufrir, no se puede dejar en las manos de Satanás a nuestros hijos, la fe en Dios vence al mundo y sus poderes (1 Juan 5:5).
 
LA ENTREGA DE LOS SENTIMIENTOS.
 
Jocabed tuvo que entregar sus sentimientos de madre a los pies del Señor, la Escritura dice: “Pero no pudiendo ocultarle más tiempo…” (Éxodo 2:3).
 
Llegó el momento que no podía hacer más por aquel niño; sus sentimientos de madre tenían que gritarle: “quédatelo contigo, no te puedes separar de tu bebé, ¿quién lo cuidará?”
 
Aquellos sentimientos estarían desgarrando todos los días su corazón de madre, por ella entendió que sus sentimientos no podían salvar a aquel hijo; los sentimientos no tienen la capacidad de resolver los conflictos, los problemas, las dificultades. Muchas veces estamos luchando con nuestros sentimientos, aunque pensamos que es la fe, pero solo se trata de nuestros sentimientos. La fe no tiene que ver con lo que uno siente, sino a quién dirigimos la mirada. “Puestos los ojos en Jesús, el autor y el consumador de la fe…” (Hebreos 12:2).
 
Mas hay algo asombroso, algo que falta en toda la historia de Moisés, no encontramos en toda la Biblia el nombre que Jocabed le dio a Moisés, ¿puede una madre tener un hijo y aun después de tres meses no darle nombre? El nombre de Moisés “sacado de las aguas” no le fue dado por Jocabed, sino por la hija de Faraón, nunca oímos otro nombre sino el de Moisés. Cuán terrible debe ser esto para una madre. ¿Cómo logró esto? Estregando sus sentimientos en las manos del Señor, dejar que fuera Dios quien decidiera por ella.
 
A veces, los sentimientos de la madre o del padre malogran los propósitos de Dios para con los hijos, se cree que esto o aquello conviene más y nos anteponemos a los propósitos de Dios. ¿Cuántos hijos sufren durante toda la vida las malas decisiones u orientaciones que no estuvieron respaldadas por la oración delante de Dios? ¿Cuántos ministerios se han malogrado a causa de las decisiones paternas y maternas? Tenemos una enorme responsabilidad, esta no puede ser llevada a cabo si no dependemos de Dios.
 
LA ENTREGA A LAS AGUAS
 
“Tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y colocó en ella al niño y lo puso en un carrizal a la orilla del río.” Éxodo 2:3.
 
Tuvo que entregar su hijo a las aguas, pero lo más hermoso fue la forma como lo hizo. Se aseguró de que los materiales en los cuales iba a depositar al niño. En Egipto el junco era la materia prima con la que se construían las embarcaciones; luego la calafateó, la untó con asfalto y brea, le puso dos protecciones. El asfalto se recogía de pozos de petróleo naturales que brotaban a la superficie de la tierra, esto le daba a la arquilla una protección contra las infiltraciones de agua. La brea es una resina que pega y solidifica la estructura para que no se deshaga.
 
Jocabed se aseguró de que aquello sobre lo cual entregaba a su hijo a las aguas fuera adecuado, resistente a las aguas del Nilo. Nuestros hijos tienen que hacer frente a unas aguas impetuosas en las escuelas, universidades, compañías, están rodeados de un ambiente decadente y agresivo contra todo concepto moral. La Biblia es cuestionada por maestros, amistades, estamos viviendo en los días del fin, y las aguas contaminadas del pecado han tomado proporciones universales. ¿Estamos usando lo que puede vencer ese río impetuoso y contaminado? ¿Nos preocupa lo que estamos usando para la arquilla de nuestros hijos?
 
Jocabed fue cuidadosa en la elección del junco, en la aplicación de la brea y de la resina para la arquilla, no quería que las aguas se infiltraran en el lecho de su hijo y acabara ahogándose. Entregó al río Nilo a un niño condenado a muerte por el decreto del rey, pero por la fe lo puso en las manos de Dios, para que guiara aquella arquilla. El río estaba plagado de cocodrilos peligrosos, pero Dios no permitió que aquellas fieras atacaran aquella diminuta embarcación. Cuando ponemos algo en las manos de Dios, Él lo guarda. La mano poderosa de Dios iba llevando al niño Moisés hacia la hija de Faraón. ¿Qué mejor lugar que la casa de la hija del Faraón quien había condenado a Moisés? No había en todo Egipto un lugar más seguro que ése. Moisés pasó de debajo de la amenaza de muerte a la protección regia. ¿Quién se atrevería a matar en el palacio del rey al protegido de Faraón?
 
Dios tocó el corazón de la hija de Faraón para que se lo entregara de nuevo a la madre sin tan siquiera saberlo, leemos: “Entonces su hermana dijo a la hija de Faraón: ¿Iré a llamarte una nodriza de las hebreas, para que te críe este niño? Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño, a la cual la hija de Faraón: Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño y lo crió” (Éxodo 2:7-9). María, la hermana de Moisés volvió a casa para pedirle a Jocabed que fuera al palacio a recoger a Moisés para criarlo; además de esta bendición, recibió una paga del fondo de gobierno egipcio para criar a su propio hijo. ¡Cuán grande es Dios! Jocabed vio entrar de nuevo a su hijo en su casa sano y salvo, y además con la protección de Faraón.
 
RENOVANDO LA ENTREGA
 
“Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué.” Éxodo 2:10.
 
Jocabed había tenido aquel hijo en sus brazos unos años más, sin embargo, cuando llegó la hora, lo tuvo que entregar por segunda vez. Ésta es otra clave hermosa: tuvo que renovar la entrega cuando el niño creció. Jocabed tuvo que sacrificar de nuevo sus sentimientos, su amor de madre para que los propósitos de Dios se cumplieran con su hijo y la nación de Israel. La elección era dura, pero ¿qué era mejor, un hijo vivo en otras manos o un hijo muerto en las suyas? ¿Preferimos un hijo vivo en las manos de Dios o un hijo muerto en nuestras manos? Algunas veces nos aferramos, y traemos muerte en vez de la vida.
 
Es en el proceso de la entrega, del sufrimiento que nacen las grandes liberaciones; todo un pueblo esclavizado estaba recibiendo liberación por medio de una madre que supo renovar su entrega. Jocabed entregó al río a un niño condenado, un instrumento escogido por Dios, y éste le entregó a Israel un libertador. ¡Cuán grandes cosas produce la entrega a Dios!
 
Moisés nunca negó el nombre que recibió de la hija de Faraón, sino que se identificó plenamente con ese nombre; se entregó plenamente a los propósitos de Dios porque su madre supo prevalecer en la crisis. Puede que no hayamos tenido las mejores condiciones en nuestra vida, pero no debemos vivir amargados, resentidos, frustrados, sino abiertos a la utilidad que nuestro Dios nos quiera dar, todavía Él puede hacer algo con nosotros y con nuestros hijos.

viernes, 3 de febrero de 2012

Mensaje de hoy: Cruzando la línea

Cruzando la línea
“Se unieron asimismo a Baal-peor, y comieron los sacrificios de los muertos. Provocaron la ira de Dios con sus obras, y se desarrolló la mortandad entre ellos.
Entonces se levantó Finees e hizo juicio, y se detuvo la plaga; y le fue contado por justicia”, Salmo 106:28-31.
¿Se justifica matar en nombre de Dios? ¿Puede alguien ser “justificado” por quitar la vida a otras personas?
La respuesta no es sencilla, pero está a nuestro alcance mediante un estudio honesto y desprejuiciado de las Escrituras.
Para aquellos a quienes todavía les cuesta entender al Dios “sanguinario” del Antiguo Testamento, pues les parece cruel que ordenara tales matanzas, quiero referirles la siguiente historia de la Biblia:
“Moraba Israel en Sitim; y el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab, las cuales invitaban al pueblo a los sacrificios de sus dioses; y el pueblo comió, y se inclinó a sus dioses. Así acudió el pueblo a Baal-peor; y el furor de Jehová se encendió contra Israel. Y Jehová dijo a Moisés: Toma a todos los príncipes del pueblo, y ahórcalos ante Jehová delante del sol, y el ardor de la ira de Jehová se apartará de Israel. Entonces Moisés dijo a los jueces de Israel: Matad cada uno a aquellos de los vuestros que se han juntado con Baal-peor.” Números 25:1-5.
Como el falso profeta Balaam no pudo maldecir al pueblo de Israel, intentó hacerlo cruzar la línea por otros medios. Las mujeres madianitas y los moabitas fueron y los invitaron a participar de una fiesta; pronto el convite degeneró en orgía y en adoración idolátrica. Comieron “los sacrificios de los muertos”, bebieron hasta embriagarse, cometieron inmoralidades sexuales -que acompañaban tales cultos-, y adoraron a dioses paganos.
Esto trajo el desagrado del Señor y ordenó que los responsables fueran ejecutados, y que los que habían participado fueran muertos por sus propios hermanos como una señal de lealtad a Dios. Este juicio sumario era necesario por causa del desenfreno en que habían caído los hijos de Israel.
No conforme con su propia apostasía, uno de ellos avanzó en su rebelión, llevándola dentro mismo del campamento hebreo. Es que está en la naturaleza misma del pecado extender su infección a cuanto toca.
“Y he aquí un varón de los hijos de Israel vino y trajo una madianita a sus hermanos, a ojos de Moisés y de toda la congregación de los hijos de Israel, mientras lloraban ellos a la puerta del tabernáculo de reunión. Y lo vio Finees hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, y se levantó de en medio de la congregación, y tomó una lanza en su mano; y fue tras el varón de Israel a la tienda, y los alanceó a ambos, al varón de Israel, y a la mujer por su vientre. Y cesó la mortandad de los hijos de Israel. Y murieron de aquella mortandad veinticuatro mil.” Números 25:6-9.
Como Jesús al limpiar el templo de Jerusalén, y actuando con santo celo por la causa divina, Finees tomó una lanza e hizo justicia. Su acción fue aprobada por Dios y se detuvo la matanza.
“Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo: Finees hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, ha hecho apartar mi furor de los hijos de Israel, llevado de celo entre ellos; por lo cual yo no he consumido en mi celo a los hijos de Israel. Por tanto diles: He aquí yo establezco mi pacto de paz con él; y tendrá él, y su descendencia después de él, el pacto del sacerdocio perpetuo, por cuanto tuvo celo por su Dios e hizo expiación por los hijos de Israel.” Números 25:10-13.
De este texto podemos sacar lo que se nos ocurra, o podemos entenderlo tal como está escrito. Podemos escandalizarnos o podemos aprender. Podemos renegar de Dios o afirmar nuestra fe.
No obstante, este relato no está allí para justificar el crimen, ni la guerra religiosa, ni la Inquisición o cualquier tipo de violencia que pueda ejercerse invocando el nombre de Dios. El cielo no aprueba ninguna clase de maltrato del hombre por el hombre; el mandamiento de “no matarás” es suficientemente claro en cuanto al valor de la vida.
Lo que sí podemos extraer de este pasaje es que: El pecado produce muerte (Romanos 6:23).
La rebelión contra Dios tiene un límite más allá del cual no se le permitirá desarrollarse (Deuteronomio 7:9,10).
El Señor tiene la soberanía para ejercer juicio contra el pecador usando el medio que crea conveniente, ya se trate de la naturaleza o de los hombres (Ezequiel 14:21).
Si sentimos celo por su causa no permitiremos el avance del mal sin intervenir (Malaquías 3:16).
Dios bendice y aprueba la obra de los que son celosos por su causa (Salmos 106:31).
No es que Finees resultó justificado por haber matado. El texto bíblico inicial simplemente dice: “Le fue contado por justicia” o sea que su intervención fue aprobada por Dios. El que conoce las intenciones del corazón pudo ver en este joven pureza de motivos, y lo bendijo por ello.
Por otra parte, al actuar así, Finees evitó que siguiera la mortandad, salvando la vida de quienes podrían haber sido arrastrados por el ejemplo de los malvados.
Malentienden a Dios los que objetan la inspiración de estos relatos, pero al mismo tiempo se quejan de que no hace nada para detener el avance del mal.
Dios está activo en la historia, manejando los tiempos, las acciones de las naciones y de los individuos. Ha trazado una línea sobre la cual no permitirá que el pecado avance y no dejará sin castigo a quien la cruce.
La humanidad se encuentra hoy en su conjunto al borde de esa línea divisoria. Cuando la haya cruzado renegando de Dios, de su ley y de su gracia, el ángel de la misericordia levantará vuelo para nunca más volver. Entonces se ejecutará la sentencia: “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía” (Apocalipsis 22:11). La gracia habrá cumplido su cometido, y los juicios divinos caerán sobre todos los que se amaron más a sí mismos que a su Creador.
Su destrucción, sin embargo, representará la liberación del pueblo de Dios.
¿De qué lado estarás en aquel gran día?

viernes, 27 de enero de 2012

Moisés podría ser el próximo Indiana Jones de Spielberg

 
<em> Moisés</em>  podría ser el próximo <em> Indiana Jones</em>  de Spielberg
Steven Spielberg
 
         
La Warner quiere a Spielberg para una nueva versión de "Los diez mandamientos", cuyo título provisional es "Gods and kings" (Dioses y reyes)
26 DE ENERO DE 2012, ESTADOS UNIDOS
Estos últimos meses con dos realizaciones aún en cartel, "Caballo de guerra" y "Las aventuras de Tintín", y tras un tiempo en el que se ha centrado más en la producción que en dirigir cine, Steven Spielberg se ha impuesto una mayor presencia tras la cámara y acaba de terminar otra "biopic", esta vez de un personaje más real, Lincoln (en el film homónimo).

Ahora  el cineasta estadounidense está próximo a cerrar un compromiso para realizar una superproducción bíblica sobre el personaje de Moisés, cuyo título provisional es "Gods and kings" (Dioses y reyes) . El personaje de Moisés, ya fue llevado al cine en varias películas, como las dos conocidas versiones de "Los diez mandamientos", ambas de Cecil B. DeMille, y forma más parte esencial de la historia bíblica.

"Gods and kings" no es el único proyecto judío de la Warner.  Mel Gibson y el guionista Joe Eszterhas trabajan en otra cinta de acción y batallas épicas sobre el personaje de Judas Macabeo , que serviría para que el actor-director -acusado en varias instancias por sus comentarios antisemitas- se reconcilie con esa comunidad.

 BASADA EN EL REALISMO Y NO EN EL 3D
Aunque uno pensaría al ver a Spielberg de director que el formato va a ser 3D, en principio parece que no se utilizará a pesar de su espectacularidad en los hechos sobrenaturales propios de la famosa historia bíblica, sino que Warner Bros quiere a Spielberg para que dote a la historia del mismo nivel de realismo crudo que se vió en “Rescatando al soldado Ryan”.

 En el actual proyecto de la Warner, más que una aproximación religiosa a la figura del líder espiritual judio que liberó a su pueblo de la esclavitud en Egipto, este filmo iría orientado al entretenimiento y la acción, "al estilo "Braveheart" , según fuentes del estudio.

 INICIO DEL RODAJE EN 2013
Deadline avanza que la Warner quiere poner el proyecto en producción en los primeros meses del año próximo, y podría tener una respuesta del cineasta a más tardar este mismo mes.  Caso de confirmarse, y si la agenda de Spielberg lo permite, el plan es comenzar la producción en marzo o abril de 2013.

Es conocido que periódicamente, Spielberg regresa a sus raíces étnicas y religiosas. Pero aún no ha dado el sí definitivo dado su volumen de trabajo, compromisos y planes como productor y director, pero  ya leyó el pasado septiembre el libreto del guión, escrito por Stuart Hazeldine ("Paradise lost") y Michael Green ("Linterna verde") . Matti Lesham y Dan Lin serán los productores.  Deadline asegura que antes que concluya este mes, Steven Spielberg firmará con Warner Bros.